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Según la ciencia, un agujero negro nace después del colapso interno de una estrella. Esa estrella se hace, consume su energía y acaba explotando. La estrella sufre un colapso gravitacional, creando una zona en la que la fuerza de atracción es tan grande que nada se puede escapar de ella, ni siquiera la luz.

 

Después de mucho pensarlo creo que esta es la mejor solución que puedo encontrar y explicar a lo ocurrido al equipo este fin de semana. La metáfora del agujero negro sería perfecta para describir lo que le tocó vivir a las jugadoras en el partido que perdimos por 127-12.

 

Nunca antes había vivido una situación parecida y espero no tener que vivirla porque fue muy desagradable. No por el resultado, porque si un equipo ACB puede perder de 50, o el Ciudad Ros Casares es capaz de ganar de 80 puntos en Euroliga femenina, no es una locura pensar que en equipos de formación se pueda dar una diferencia igual o mayor. Y más viendo como la federación valenciana ha organizado la competición, juntando equipos de categorías diferentes en una única. Para que os hagáis una idea es como si se juntara la ACB con la LEB... pero a lo bestia.

 

Digo a lo bestia por las diferencias existentes son mayores, porque el equipo que nos ganó es un equipazo, no sólo por físico sino porque está muy bien trabajado y pretende ir al campeonato de España, mientras que nosotras estamos muy lejos de su nivel de competitividad (tampoco disponemos de los mismo recursos económicos o humanos)... aunque somos el cuarto equipo del grupo, es decir, que no somos ni de lejos los peores de la competición.

 

Dicho esto, no es excusa la mala planificación federativa para justificar el desastre del sábado y menos viendo el inicio del partido. A los siete minutos de partido el marcador era de 10-7. Sí, ellas frescas, presionando a tope y nosotras, a pesar de jugar con nueve y tener varias titulares en casa, manteniendo el tipo.

 

Realmente estaba muy orgulloso de cómo iban las cosas porque pese al miedo existente (todas sabían que tocaba paliza), la disciplina a la hora de salir la presión y atacar en estático estaba dando resultado. Pero entonces llegó el desastre. Hubo un tiempo muerto, hubieron cambios y entonces, como una estrella, nos colapsamos. Se pasó del 10-7 al 72-10 con el que terminó la primera parte.

 

Un parcial de 62-3 en menos de 13 minutos que guardaba en su interior un segundo cuarto donde encajamos 45 puntos. No había forma de atacar, por momentos no se cruzaba el medio campo y las canastas del rival se sucedían en apenas pocos segundos. Éramos absorbidas hacia el interior de un agujero negro deportivo.

 

 

 

Al descanso, pude haberme enfadado, de hecho lo estaba, pero en mi balanza interior pesaba más la decepción. La sensación de bajar los brazos antes de tiempo, de caos (ya nadie se ponía en sus posiciones para atacar ni hacía caso a mis instrucciones) era horrible, pero el ver que a algunas de las jugadoras les daba igual lo que estaba pasando era mucho peor. Era evidente que nos costaba mucho anotar y eso lo podía entender, pero no comprendía que en defensa nadie presionara, nadie incomodase al rival.

 

Habían muchas formas de perder y habíamos elegido la peor de todas, sin luchar. No me cabe duda que todas estaban fastidiadas y que nadie quería ser barrida de la pista, pero pocas o nadie demostraron hacer algo para evitarlo. La charla fue breve porque preferí dejarlas un par de minutos a solas para que hablasen entre sí y cambiaran la cara al salir del vestuario. De lo que dentro se habló no tengo ni idea, pero nada cambió.

 

Ya sin hacer presión el equipo rival (esta competición no les sirve ni para entrenar y tienen que hacerlo jugando amistosos con equipos masculinos), seguimos siendo un autentico desastre. Los 100 puntos llegaron antes de acabar el tercer cuarto y nosotras sólo fuimos capaces de meter una canasta.

 

Llegaron las lágrimas y la impotencia a algunas de las jugadoras. No es que me gustase la imagen pero al menos había orgullo en ese gesto; en otras no había expresión alguna, sus miradas perdidas en el banquillo eran propia de personas cuya mente estaban muy lejos del pabellón donde estaban jugando.

 

Evidentemente con cada fallo nuestro, el equipo se hundió y en toda la segunda parte sólo fue capaz de anotar una canasta, no podía creer que el mismo equipo que había aguantado un cuarto, recibiera un parcial de 102-2 en tres cuartos.

 

Está muy claro que para que se diera ese resultado (dejando ausencias de lado) a nosotras no nos salió nada, pero también es evidente que es una consecuencia lógica de lo mal que he trabajado de un tiempo atrás. Porque sí, no hubo ni lucha, ni orgullo, ni pasión, elementos que siempre intento inculcar a mis equipos. He fracasado porque no vi amor propio o pasión por este juego. Los entrenadores también debemos asumir nuestros errores y este era muy evidente para mí.

 

Lo reconozco soy muy competitivo, quiero ganar todos los partidos incluso en los que juego contra un rival de entidad superior y quizá tenga razón un amigo cuando decía que la diferencia que existe entre mi equipo y su entrenador es que la noche del sábado la pasaría yo jodido pensando en el partido, mientras que la mayoría de las jugadoras estarían de fiesta pasándoselo bien y olvidando lo sucedido.

 

No digo que una cosa sea buena y la otra mala, es más creo que debería de relativizar más las cosas, pero no puedo. Vivo demasiado este juego y la decepción que sentí el sábado (por la actitud, no por el resultado) tardará en irse.

 

Ahora, tengo claro que este partido no va a hacer nada más que motivarme más para que algún día sea uno de mis equipos el que meta los 127 puntos. Si las jugadoras quieren yo les ayudaré entrenando más si cabe. Caer está permitido, levantarse es obligado

 

 

PD: Si duro fue perder, peor ha sido dar explicaciones a todo el mundo. Por desgracia fui el único que vio el partido así que tampoco sé muy bien que decir. "No hablo sin presencia de mi abogado. No voy a decir nada que pueda ir en contra en mi juicio", le dije al padre de una jugadora.

 

Lo único que se me ocurre decir es que para que hayan equipos ganadores, siempre tiene que haber perdedores, para que existan palizas tienen que haber apalizados. Sí, somos unas paketes, pero algún día el mundo será de los paketes y ese día sonreiré como el gran loser que soy.

¡Y por fin me he dignado a escribir (pensaréis muchos jeje)!
 
Dicen que toda espera tiene su recompensa y esta actualización será algo especial y novedosa. No esperéis encontrar una historia, una anécdota de viaje o algo parecido. Más bien es una idea un poco más cercana a todos vosotros y que conllevaba su tiempo de preparación. Dejo ya la intriga a un lado y voy al grano. Para todos aquellos que seguís este blog, que tengáis preguntas que hacer, historias que queráis compartir, os propongo algo diferente: Una cena conmigo, o una cena con Sílvia Domínguez si suena mejor así jeje.
 
La cena se realizará en Salamanca el dia 6 de marzo a las 21:30, en el Restaurante Aguaclara (es como mi segunda casa aquí). El precio oscilará alrededor de los 24 euros. Las inscripciones se podrán realizar en el restaurante Aguaclara situado en la calle Dimas Madariaga nº34 donde tendréis que preguntar por Rubén. El límite es de 40 personas así que si estáis interesados os recomiendo que no tardéis mucho.
 
Aún así me gustaría pedir a aquellos que hayáis podido coincidir conmigo en algún otro encuentro con alguna peña, que al ser una cena con aforo limitado deis la oportunidad a otros que no la hayan tenido aún. Creo que es una buena manera de compartir un poquito de mi tiempo con las personas con las que me une un mismo sentimiento: nuestro equipo. No sé qué dará de si la noche, pero lo que sí os puedo prometer es que os vais a chupar los dedos y que todos los asistentes volveréis a casa con un obsequio, además de tener la posibilidad de conseguir una camiseta mía de la Selección Española que se sorteará al final de la cena entre todos los asistentes.
 
Éstas son las novedades que aporto al blog aunque desde la última vez hayan pasado muchas cosas, pero creo que hay algo de nuevo en todo esto porque ¡¡es algo que no propongo todos los dias!!
 
¡Espero que sea un éxito, así que allí nos vemos!
S.Domínguez
Reconociendo la absoluta singularidad de cada jugador en nuestro deporte, de todos y cada uno de ellos, es realmente difícil encontrar a estas alturas del tiempo ejemplares que aparenten una diferencia mayor de lo común sobre el resto. Jugadores presentados al mundo con su camino bajo el brazo y sobre los que resulte muy complicado establecer analogías.

 

De la actual hornada de novatos hay uno que apenas concentra atención. Y esto es debido principalmente a dos razones: jugar este terrible año en New Jersey y no destacar en ninguna tabla estadística.

 

Si alguien quisiera saber algo más del joven Terrence Williams probablemente acudiría a sus números. Se encontraría con algo como 6.8 puntos, 3.9 rebotes y 1.9 asistencias con un discreto 37 por ciento de acierto en apenas 20 minutos por noche. O sea, una fulminante invitación a pasar a otra cosa.

 

Y sin embargo esos fast finders no saben lo que se pierden.

 

 

 

 

Imaginemos, de entrada, un jugador en torno al 1.96 con unas cualidades atléticas prodigiosas que gusta además de ratificar a la menor ocasión. Lo que de costumbre se conoce por un matador.

 

Ocurre hoy día que términos como matador, tirador o taponador acumulan tal carga histórica consigo que automáticamente se tiende a imaginar el perfil físico -y casi técnico- de cada uno de ellos.

 

Un taponador figura enseguida la imagen del clásico hombre alto de brazos alienígenas. Un tirador al alero algo perezoso de sobresaliente lanzamiento lejano. Y un matador, a esa posición intermedia de anatomía estilizada que se reconoce, y a menudo exclusivamente, por las felinas predaciones al hierro.

 

Se da entonces un interesantísimo caso en el novato Terrence Williams. Porque, reuniendo todas y cada una de las propiedades del matador, y gustando además de ellas, carece en prioridad de todo lo que suele acompañar a ese perfil.

 

A la pregunta de si es Terrence Williams un matador la respuesta es rotundamente sí. Gusta en especial de los salvajes embates en carrera a una mano valiéndose de un vertical en torno al metro. Pero con él se enfrenta uno de entrada al paradójico caso de un matador que parece disfrutar mucho más con todo aquello que el matador no es.

 

Cada vez que sale a pista lo primero que se observa es un jugador que gusta del balón tan sólo para entregarlo. O mejor, con una acusada obsesión de crear juego. Williams posee unas cualidades innatas para el pase que le hacen disfrutar por igual un envío de circulación y uno terminal. Toda la vanidad que podría exhibir con los mates se ve satisfecha con los pases.

 

Ni mucho menos se detiene ahí. Ninguna de sus acciones está a salvo de un convincente sentido espectacular del juego, de forma que cualquiera de sus rebotes (20/10 en Milwaukee, 24 defensivos en dos noches seguidas) tiene lugar siempre a más de tres metros del suelo y a veces de manera innecesaria, con ese natural exceso de algunos guardametas en el fútbol a quienes se acusa de palomiteros.

 

Con el balón en las manos en el juego estático repliega todo su tronco recortando el bote al máximo y manteniendo la cabeza erguida. Adopta entonces la exacta posición de los cambios de ritmo en jugadores como Wade o Rose. Y sin embargo no lo hace. Simplemente está decidiendo a quién pasar el balón.

 

A ello se añade unas fabulosas virtudes para la reacción defensiva. Su velocidad de desplazamiento y una firme voluntad de molestar el ataque rival le convierten en un jugador defensivo de enorme versatilidad.

 

Y nada de lo que hace consiste en ornamento inútil. Se trata al contrario de un impulso natural que resulta técnicamente acertado. Todo ello le hace acreedor a un sentido plástico del juego que remite al primer Michael Jordan y hasta a memorias de culto como Edgar Jones o David Thompson.

 

Terrence Williams es, por todo ello, una extraña forma de shooting guard que traiciona sobre todo el primer término.

 

Cuatro años a las órdenes de Rick Pitino, Williams no ha estado libre de ciertos problemas relacionados con su entrenabilidad. Pero ninguno de ellos tan importante como su definición final como jugador. Porque gustando tanto de las fortalezas de un base no lo es. Delineado su perfil físico hacia un clásico shooting guard se lleva muy mal con el lanzamiento exterior y hasta se diría, como en James Harden, que con todo lanzamiento (su peor racha fue de 33 errores en 44 tiros). Le ocurre, como a Ricky Rubio, que facilitándose todos los accesos al hierro de manera muy favorable suspende en esa cualidad milimétrica conocida como touch.

 

Y sin embargo todas las discusiones que precedieron a su elección en el draft de 2009, que involucraron a responsables de New Jersey, Detroit o Golden State, no pusieron en duda su preciosa condición de all around. Y aquí reside su mayor valor de mercado. Un valor que su falta de minutos no le permite todavía ratificar en forma de números.

 

Williams es el único jugador en la historia de Louisville en recolectar conjuntamente 1500 puntos, 900 rebotes, 500 asistencias y 200 robos. Tras un partido ante Syracuse que le vio firmar 11 puntos, 7 rebotes, 6 asistencias y 7 robos Pitino resumió lo visto bajo el titular: "His normal brilliance". Dos de los cuatro triples-dobles en la historia de Louisville son suyos. 

 

Quienes más lejos han llevado la teoría con él le atribuyen la valiosísima y rara condición de Point Forward, como si estuviésemos ante los mismos poderes de un Pippen o un Turkoglu de menor tamaño.

 

No parecen haber reparado en un problema. Un point, en cualquiera de sus formas, sabe subir el balón en condiciones ligeras y rápidas, como un acto inconsciente. Terrence, en cambio, parece haberse saltado esa lección y ni se encuentra cómodo en ella ni es de su especial interés dirigir el juego desde la propia canasta. Prefiere hacerlo como un segundo base que recibiera el balón de un primero. Otra de sus extrañas características.

 

Así ocurre que el cuerpo técnico de New Jersey, de arriba a abajo, de Thorn a Vandeweghe, está intentando descifrarle tácticamente, lo que que en determinados momentos ofrece capítulos de un interés que difícilmente encontrar con algún otro jugador en la liga.

 

No hay noche sin prueba de ello.

 

En el tercer cuarto del partido ante Philadelphia se dio una curiosa circunstancia que verifica el sumo cuidado que siguen teniendo con su caso. Al término del descanso Del Harris y Kiki Vandeweghe estaban cerca de tomar una decisión, confirmada luego de consultar al propio jugador. Dado el OK, Terrence ejerció de base durante unos minutos sobrados de curiosidad. Para no dejarle a solas, el técnico le arropó con Keyon Dooling y Courtney Lee. A 4:05 la entrada de Hayes a pista dejó únicamente a Williams con Dooling. A 2:31 la entrada de Chris Quinn devolvió a Williams a su posición aparentemente natural. Pero hasta entonces el equipo, atascado de costumbre a mitad de pizarra, salió ileso de varias posesiones apuradas gracias precisamente a la extraña claridad de lectura del joven novato.

 

En el último cuarto volvió a ejercer de base unos minutos con incluso algún visible experimento. Durante un tiempo muerto el técnico ordenó la siguiente acción a ejecutar. TWill como base aguardaría unos segundos en la frontal del triple, se abriría después a un lado con el balón, desplazaría la defensa, enviaría un pase a su izquierda (Dooling) continuado hacia la esquina donde aguardaba Hayes para el triple. La jugada, una media cuerda nacida de Williams, salió perfecta. Esa misma acción fue la orden para la jugada decisiva del partido sin éxito. TWill ya no estaba en pista.

 

Un panorama de este tipo, con un peso inesperado hacia él, no se dio en realidad hasta el 44º partido de temporada. Noche contra los Clippers saldada con victoria, tan sólo la cuarta en la joven carrera del rookie. Terrence disputó el último cuarto al completo, movió al equipo cómo y cuando quiso y acabó siendo decisivo en los 31 minutos que estuvo en pista (7 puntos, 8 rebotes y 9 asistencias). No alcanzaba los 30 minutos desde el mes de noviembre.

 

Es hasta estos últimos partidos, y todavía con sumo cuidado, que parte del cuerpo técnico en New Jersey seguía pensando en su fuero interno por qué no fueron a por Tyler Hansbrough en el último draft. Un lamento que ha podido por fin esfumarse al completo.

 

Y nunca fue la calidad el motivo. Sino lo verdaderamente difíciles que Williams llegó a poner las cosas durante unas semanas. En ese periodo, el más doloroso del equipo, el joven se empeñó en hacerse daño. Tuvo salidas de tono con el mismo poco tacto en los medios que en su año senior en Louisville. Arremetía en el Twitter contra su falta de minutos, desafiaba seguir tirando si su par no estaba encima, perdió un par de autobuses y alguna sesión de tiro, y hasta llegó a asegurar públicamente qué distintas serían las cosas de no haber caído en New Jersey. Como resultado TWill perdió presencia en la rotación. "Durante casi un mes -firmaba Dave D'Alessandro- el novato pareció dominado por la impaciencia, la indiferencia, la frustración y, lo más curioso, el egoísmo". Tildando esta última de curiosa porque en pista Terrence ignora por completo esa conducta.

 

Y también fuera de ella. En los largos ratos de banquillo es el más alegre de todos y no deja de contagiar esa alegría, muy especialmente, a los cadáveres Josh Boone, Tony Battie, Bobby Simmons, hasta hace bien poco Devin Harris y ahora al cada vez más irreconocible Douglas-Roberts. Es, pues, ese tipo de compañero que resulta muy grato al entorno por su espíritu optimista y positivo.

 

Ahora por fin lo es.

 

 

 

 

Consciente de la nueva situación Vandeweghe le va ofreciendo minutos con cada vez mayor exigencia y, sobre todo, le ha desafiado asegurando que no emitirá un juicio sobre él hasta transcurrido un mes de esta aparente mejoría.

 

Una prueba que el chaval debiera tomar muy en serio. Ahora que los Nets parecen ser únicamente noticia por el peligroso récord negativo y el próximo draft. Ahora que no hay partido en casa que no vea sonar en el entorno los nombres de Wall, Henry, Turner, Favor o Wesley Johnson con mayor frecuencia que la propia plantilla actual, es momento para abrir camino al novato y que él decida qué hacer con esa confianza.

 

Así pues, de la dolorosa sobra de tareas que asolan a los Nets -a la que acaba de sumarse la dimisión de Del Harris- una de las más delicadas apunta a descifrar de una vez a un jugador que titula esta pieza como esbozo en paralelo al pensar del cuerpo técnico. Porque de momento, a sus 21 años, no es posible hacer otra cosa con él.

 

Constituyen el 90 por ciento de las monografías sobre jugadores de actualidad los más grandes y los más prometedores. Del 10 por ciento restante cabe sitio tanto para las decepciones como para el eventual rescate de algún jugador que aún no lo es del todo, de un embrión con el que soñar, incluso de un nonato. Pero en todo caso, de un jugador completamente diferente.

 

Aquí es donde a día de hoy cabe incorporar a Terrence Williams.

29 minutos de juego, 3 puntos, 2 rebotes, 2 asistencias y 1 de 7 en tiros de campo para un total de 3 puntos de valoración. Aunque parezca mentira, estos números son del mismo jugador que apenas hace tres semanas firmaba un 44 gracias a 35 puntos, 4 asistencias, 4 rebotes, 3 robos y un magnífico 13/20 en tiros de campo. Aunque lo peor no es que Clay Tucker hiciera el sábado uno de sus peores partidos en la ACB, sino que, los que vimos el partido, tuvimos la imagen de un Tucker apático, sin ideas y más preocupado por tener bien limpias las suelas de las zapatillas que por hacer daño al Estudiantes. En el fondo, el DKV estuvo casi 29 minutos jugando con 4 jugadores.

 

Con cuatro, e incluso con tres, llegamos a jugar -y a ganar pese a ir perdiendo de 3 a falta de 5 segundos y con dos hombres menos- en algunas ocasiones con el equipo de la residencia en mi época de universitario. No nos costaba demasiado ser uno de los equipos punteros en esa liga de la UB pese a no tener un cinco en el equipo. Porque, como bromeaba con mi gran amigo Estanis, pese a sus dos metros de altura, él no jugaba de cinco, sino de seis o de siete, pues ese era el número de tiros que necesitaba a veces para meter una :-) Los mismos que necesitó el amigo Tucker el sábado... aunque alguno menos de los que necesitó su ex compañero de equipo Ellis para meter 5 puntitos (2/13 en 33 minutos)...

 

Dos actuaciones paupérrimas, aunque no únicas esta temporada. De hecho, en más de un centenar de ocasiones hemos visto ya a un jugador más de 25 minutos en pista sin conseguir superar el 3 de valoración. Tucker, con su 0 en 38 minutos ante el Murcia y su -2 en 36 ante el Bilbao es el claro ejemplo de que no por mucho jugar, se valora más temprano. Aunque la palma se la lleva Milos Vujanic, el único capaz de hacerlo en 5 ocasiones, promediando 27.6 minutos y -1.8 de valoración en esos 5 encuentros. Bogdanovic, Ellis, Montañez, Ribas y San Miguel le persiguen con 4 partidos en los que el rendimiento que le sacaron a sus minutos fue lamentable. En este sentido, Barac, Splitter, Ricky y Navarro, por este orden, son los que más rentabilizan su tiempo en pista, mientras que Paco Vázquez, Laviña y Asselin son los que menos, necesitando casi 20 minutos para conseguir menos de 2 puntos de valoración.

 

Un dato bochornoso que los managers muchas veces no entendemos y nos hace maldecir en masa a jugadores como Tucker que son incapaces de darnos puntos pese a contar con un buen saco de minutos. Yo, lamentablemente, el domingo lo entendí a la perfección. Tras no haber bajado de 10 puntos en toda la temporada y enfrentarme a una defensa bastante asequible, el partido del domingo pintaba bien. Resultado: 40 minutos jugados, 3 puntos anotados y probablemente valoración negativa, pese a haber estado decente en otras facetas del juego. Mal partido eligieron Juan, mi querido hermano mayor al que estoy a punto de convencer para que se haga un equipo, y Sonia, mi cuñada, para ir a verme después de años sin verme jugar. Aunque la excusa está clara: no se puede jugar un partido a la una y media de un domingo, cuando el cuerpo lo que te pide es una cañita y una paella o unas buenas tapas.

 

En general, jugar el domingo a mediodía no parece ser lo ideal para sacar lo mejor de los jugadores. Pese a ser lo más habitual en la ACB, los partidos del domingo mediodía, en media, son los que tienen las valoraciones más bajas por jugador (8.35 frente a los 8.49 de las jornadas intersemanales). Pero... ¿de verdad tiene alguna relación el horario del partido con el rendimiento individual de los jugadores?

 

Aunque algunos managers dirán que sí con maldad, estableciendo la vida nocturna de los jugadores como tercer factor de la ecuación, personalmente creo que no existe relación alguna, aunque os dejo algunos datos curiosos:

 

  • Joe Ingles baja un 33% sus números cuando juega el domingo a mediodía y, curiosamente, los dos partidos que ha jugado el domingo por la tarde le han llevado a ser MVP. No sería raro que el Granada se plantease un cambio en el horario de sus partidos :)

  • Gerald Fitch espera ansioso una nueva jornada intersemanal, ya que en las dos que ha disputado ha promediado 47,4 puntos de valoración SM. Los domingos mediodía también son su horario maldito, bajando sus números un 23%.

  • Rafa Martínez y Robert Battle son los dos únicos jugadores del club del millón de broker que mejora sus números más de un 20% los domingos mediodía.

  • Mark Jackson es partidario de irse de fiesta los sábados con los debers cumplidos. Los 3 partidos que ha disputado en ese horario han acabado con 19 o más en su casillero SM. Lorbek, con 20.2 puntos de media en 6 partidos, también es de los que se lucen en los partidos adelantados al sábado.

  • En cambio, Teletovic no es capaz de superar el 12 cuando juega el sábado. ¿Presión televisiva? Su compañero Splitter lo lleva mucho mejor y promedia casi 28 en ese horario. 

  • Hernández-Sonseca es uno de los jugadores que mejor rinden el domingo por la tarde. Ha jugado 3 partidos en los que ha promediado más de 20 puntos de valoración SuperManager.

 

Lo dicho, datos más anecdóticos que significativos, pero que en algún caso puede que tengan una razón escondida. Yo, tengo que aceptar que mi patético partido del domingo nada tiene que ver con el horario del partido. Afortunadamente, ningún manager tuvo que sufrir mi 1/11 en tiros de campo... aunque los padres de mis compañeros igual piensan lo mismo de mí que el del vídeo de "Seis contra seis". Ya es demasiada coincidencia que el prota malo se llame casi como yo ;)

Jotas

 

Vale, que a lo mejor me lo merezco
bueno, pero mi voz no te la vendo
puerta, y lo que opinen de nosotros...

 

En un alarde de originalidad sin precedentes, empiezo esta entrada al blog con el estribillo de la canción "No es lo mismo" de Alejandro Sanz. Y no es que sea uno de mis cantantes favoritos (aunque sabe rodearse para hacer las colaboraciones), pero es que me viene de perlas para explicar lo que fue mi primera técnica del año.

 

Ya hacía tiempo que no me pitaban ninguna; de hecho creo que hasta me sentía raro, es como si me estuviera controlando, volviendo más sereno y, lo que es peor, mayor y más inteligente...

 

No os voy a engañar, la técnica me la merecía, fue una técnica como un piano aunque "barata" porque pensándolo bien ya que me pitan una técnica me podía haber desfogado un poco más. Bromas a parte, la realidad es que me pitaron una técnica porque en un momento dado dije repetidamente "no ves que le están dando de hostias a mis jugadoras".

 

Evidentemente eso no se puede permitir y el árbitro hizo bien en pitármela y por muy provocador que yo sea, le reconocí al árbitro, en ese mismo momento y tras el partido, que había estado bien pitada. Yo siempre lo digo, puedo ser un poco energúmeno en el banquillo pero también honesto.

 

El problema es que yo a esas alturas del partido estaba más caliente que el palo de un churrero y estallé cuando, en un rebote, el codo de una rival fue a parar "por casualidad" al rostro de una de mis jugadoras. No entendí que dijeran que no lo habían visto... ¿Qué estarían viendo si eran las dos únicas que estaban al rebote?

 

Como podéis comprobar nunca hablo mal de los árbitros, es más creo que es una solemne tontería enfadarse con ellos, primero porque sin los árbitros no podríamos jugar y hay que darles las gracias por su esfuerzo y, segundo, por que no sacas nada positivo metiéndoles presión, es más puedes irte tú y tus jugadores del partido y cagarla más aún.

 

A ver no me entendáis mal, quien reconoce sabe que protesto mucho, gesticulo y pongo malas caras, pero forma parte de mi show... si saliera en "lo que el ojo no ve" que emitía el plus se pondrían las botas los cámaras. Pero tras el partido también soy el primero en hablar con los árbitros tras los partidos, de hecho muchos de ellos leen este blog y cuando nos vemos fueras de las pistas nos reímos con ello.

 

Pero bueno también hay cosas de ellos que no me gustan y el domingo me pasó una de esas. Tras el partido, que perdimos con todo merecimiento y, por su puesto, por nuestra culpa, fui a recriminar al árbitro la excesiva dureza del equipo rival, a mi parecer no se les había penado eso que tantas veces digo el otro baloncesto. Muchos codos y brazos a destiempo a mi parecer.

 

Bueno pues la respuesta que obtuve es que él había visto diferente "intensidad". Que yo sepa la intensidad se puede medir en un terremoto según la escala Richter, pero en baloncesto yo sólo conozco un tipo de terremoto, Chicho Terremoto... ¡qué grande el perro que hablaba!  

 

Fuera coñas, entiendo lo que me quería decir el árbitro y no le faltaba razón, es decir, ellas fueron más fuertes desde el primer minuto, apartaban con el brazo cuando defendíamos fuerte, empujaban con el brazo cuando mis pivots posteaban y hacían toda una serie de cosas que yo les he explicado a las mías que también hagan... pero no hacen. Evidentemente el día que lo hagan no protestaré, pero como el sufridor era yo pues me toca llorar aquí.

 

Eso sí, otra veces, y de ahí mi queja, es mi equipo el que "barre" al rival en intensidad, queremos jugar a baloncesto con presión, dos contra uno constantes sobre el rival y no nos dejan. La razón es la misma, la intensidad.

 

Por favor, vamos a ponernos todos de acuerdos, todos sabemos que en estas categorías el mejor equipo siempre juega mejor, porque, entre otras cosas defiende mucho más fuerte e intenso. Entonces, si sabemos y todos aceptamos esta realidad, vamos a aplicarla siempre y el día en que mi equipo sea peor pues la sufriré, pero ¡ojo! que cuando mi equipo sea mejor también quiero disfrutar de la intensidad... se mida en grados, megahercios o faltas personales.

 

PD: Un saludo a la aficionada del Barça que me reconoció y se hizo una foto conmigo el otro día en la Fonteta, estas cosas me dan mucha vergüenza pero me gustan. ¿Quién sabe? Se empieza haciéndose fotos y a lo mejor este blog acaba sacándome del club de las calabazas. Si es así mi jefe tiene garantizado un monumento a la puerta de mi casa :-D  

Aunque dicen que "más vale preguntar y pasar por tonto una vez, que callar y permanecer ignorante toda la vida", la jornada 19 de la ACB nos ha dejado demasiados ejemplos del "más vale callar y parecer tonto que abrir la boca y disipar todas las dudas". Es lo bueno de los refranes: que siempre hay uno para cada situación. Incluso para dos completamente opuestas. Los que estamos acostumbrados a leer consejos  en el subforo del SuperManager (e incluso nos atrevemos a darlos de vez en cuando), podríamos pasar horas riéndonos si hiciéramos un repaso de todos los que se dieron la semana pasada.

 

Lo cierto es que, incluso viéndolo con perspectiva, la mayoría de ellos parecían bastante razonables. De hecho, mis cambios estuvieron muy alineados con lo que se decía... y así me fue. En el mejor equipo, hice el clásico "entra Vasileiadis, se marcha Suárez", que tan claro parecía viendo el historial del griego en casa y del del Estu fuera y que a tantos nos ha fastidiado la jornada. No contento con eso, me cargué a Hendrix, haciendo caso de mi desafortunado análisis que decía que sin Aguilar bajaba enteros, para poner a un Banic en estado de gracia. Y como no, siendo Navarro y Tucker fijísimos, al tercero que vendí fue a Carlitos Jiménez en su mejor partido de la temporada. Claro que sí, Jotas, eres todo un visionario. Por no hablar de la venta masiva de Rafa Martínez (donde todavía no lo había hecho), que en la vida iba a poder con la defensa del Barça, o de los fichajes de Kaloyan Ivanov que, pese a estar tocado, todos sabíamos que se iba a salir, y de Savané, que jugando en casa era imposible que no pasase de 15...

 

Pero, afortunadamente, la mayor pifia de la semana se la disputan los protagonistas del partido televisado, con permiso del pedazo de colegiado que pitó ayer el partido de España de fútbol sala. Aunque muchos son los que fallan en esos últimos segundos, Xavi Pascual y Manel Comas son los que se llevan la palma. El primero, por regalarle un tiempo muerto a su colega del Valencia que tenía a sus jugadores en lo alto de la parra; el segundo, por ganarse a pulso el premio BMV (Bocazas Más Valioso) de la semana con su "en estas situaciones está clarísimo que hay que hacer falta". Con todo respeto, y sin entrar a valorar lo acertado o no de sus decisiones, a los dos les hubiera convenido más estarse callado.

 

Igual que a todos aquéllos (entre los que me incluyo, pese a que tenía mis dudas) que decían que vender a Navarro y a Ricky era malgastar cambios.  Con 20 puntos entre los dos, a partir de ahora le haremos incluso más caso a los datos de las defensas rivales. Datos de los que sorprendentemente, todavía no os he hablado en 19 jornadas, así que os dejo algunos datos que pueden ser de interés, especialmente para los que no estéis tan acostumbrados a revisar cada semana las valoraciones recibidas por puestos:

 

  • El Murcia es el único equipo que recibe más de 100 puntos de valoración por partido, incluyendo bonus por victoria. Eso le coloca por delante de Bilbao, Xacobeo, Alicante y Fuenlabrada, todos con más de 96, y a años luz del Barcelona, que recibe menos de 57 por partido, y de Caja Laboral, Real Madrid y Valencia, todos con menos de 73.

  • El Barça es el único equipo al que ningún equipo le ha hecho más de 100 puntos de valoración en un partido (86 le hizo el Xacobeo). Además, junto con el Cajasol (23 al Murcia), es el único que ha conseguido dejar a un equipo en menos de 30 (28 al Manresa). Por su parte, a Murcia, Alicante y Bilbao les han superado los 100 de valoración más de la mitad de los equipos que se han enfrentado a ellos.

  • El Alicante es, de largo, el que más valoración ha recibido en un solo partido. 193.2 le endosó el Barça en la jornada 17. El siguiente, es el Murcia, que recibió 163.2 precisamente ante el Alicante.

  • El Granada es el equipo contra el que más jugadores han pasado de 20 puntos de valoración (33), por delante de Murcia y Fuenla. Al Barça, únicamente 7, y al Power Electronics, 12.

  • Precisamente el Power Electronics Valencia es el que más veces ha conseguido dejar a un jugador de más de 800.000 de broker por debajo de 15 puntos (inclyendo a Navarro y dos veces a Ricky). Con 40 veces, supera de largo a Barcelona y Cajasol, que lo han hecho 34 veces.

  • Barcelona, Cajasol y Caja Laboral son el terror de los bases. Ninguno de los de más de 700.000 de broker que ha jugado contra ellos ha pasado de 20. Por contra, uno de cada tres de los que lo hacen contra Murcia, Gran Canaria, DKV y Valladolid pasan de 20. De hecho, ante Murcia y Valladolid, el 70% pasa de 10 de valoración.

  • En el puesto de alero, Barça y Cajasol vuelven a ser los cocos. Sólo 2 (Rafa se une a Moran) han conseguido pasar de 20 ante el líder y 4 ante los sevillanos (Van Lacke el único desde la jornada 3). Valladolid y Valencia, que se enfrentan esta semana con sus alas clave en buen momento, sólo se lo han permitido a uno de cada seis aleros de más de 700.000 de broker. En cambio, casi la mitad de los que se han enfrentado al Xacobeo lo han conseguido y el 80% de los que se han enfrentado a Estudiantes, Fuenla y Alicante han pasado de 10.

  • Bajo los tableros, el Valencia es nuevamente el menos permisivo. Sólo 3 pivots (Banic, Savané y Splitter) han logrado hacerle más de 20 y sólo 4 de cada 10 consiguen pasar de 10 contra los valencianos. Estudiantes, Caja Laboral, Barça y DKV le siguen en la clasificación. El Murcia es la mayor ganga interior: dos de cada tres pivots de más de 700.000 de broker han pasado de 15 ante los murcianos, y más del 80% pasó de 10.

  • El 80% de los jugadores que tienen una media superior a 10, baja sus números ante las defensas más fuertes en su posición (en media bajan un 24%).

  • Entre los jugadores importantes, San Emeterio, Vujanic, Savanovic, Battle, Kirksay, Velickovic o Freeland son los ejemplos más claros de jugadores que dependen absolutamente de la defensa rival. Cuanto mejor es la defensa, menor es su puntuación.

  • En el lado opuesto, y pese al partido ante el Estudiantes, encontramos a Sitapha Savané, que rinde más cuanto mejor es la defensa rival. Ivanov, Banic, Barnes, Suárez o Panko son otros ejemplos que superan su media cuando se enfrentan a las defensas más difíciles.

  • Los jugadores que se comportan de manera más plana (rinden igual ante cualquier tipo de defensa) destacan Nik Caner-Medley, Rafa Martínez, Kostas Vasileiadis o Esteban Batista.


Habrá que tener muy en cuenta todos estos datos para esta jornada, en la que el equipo que se enfrenta al Murcia es el Manresa de Cusworth e Ivanov, Van Lacke y Rafa Martínez se ven las caras en Valladolid, Panko recibe al "coco" Cajasol, San Emeterio a un flojo Alicante y Savané visita a la mejor defensa de pivots. ¿No tenéis clarísimos los cambios? Yo mejor cierro la boca, que la semana pasada le dije a mi novia que estaba loca por poner a 4 del mismo equipo. Ella pasó de mí... y ninguno bajó de 20...

 

Jotas

Aquí estoy de nuevo con muchas cosas que contar. En primer lugar siento mucho mi ausencia durante este tiempo… hemos empezado los conference games y estamos de viajes constantemente, con dos partidos a la semana. Aparte de esto hay que unirle el inicio de las clases, con todas las asignaturas nuevas y papeleos que hacer…

 

Bueno iré contando paso a paso como han trascurrido estos días desde el día 30 de Diciembre que escribiera mi última entrada.

 

En primer lugar se nos plantaba ante nosotros la Noche Vieja. El entrenador no quería a nadie fuera ese día, sobre todo teniendo en cuenta que la mañana siguiente entrenábamos… Así que organizó una actividad de equipo, ¡ir a la bolera! No os imagináis la cantidad de gente, familias completas, que estaban la tarde de año nuevo en la bolera. Aquí en USA, no se hacen grandes comidas familiares, es un día más de jóvenes que otra cosa, sin tradiciones como las uvas, tan solo comer jamón; no comparable con nuestro Jamón Serrano, sino parecido al Lacón gallego y cocinado de una forma muy rara que pierde todo el sabor y después por la noche todo el equipo cena en casa del entrenador, en la que estaban invitados familiares y novias… pero no se por qué no apareció nadie ajeno al equipo.

 

 Víctor recibió la visita de su novia, Elena

 

Después, por fin había llegado el gran día esperado, el 1 de Enero en el que mi novia Elena venia a visitarme a Río Grande. Nos esperaban 10 días sin parar. Días en los que Elena visitó el estado de Kentuky en nuestro partido contra Brescia, a 6 horas de autobús de Río, el cual perdimos por un punto en el ultimo segundo; reuniones más que frecuentes con Nic, Molly y Nathan, nuestros tres grandes amigos americanos; la mayor cantidad de nieve que ha habido desde que llegamos a USA; ir de compras a un Outlet americano día que Elena disfruto como el que más; comida con el equipo en un Japones, guerra de nieve y por último viaje a West Virginia en el que jugamos contra el Nº 1 de la Nación en liga NAIA (Mountain State University). Equipo invicto hasta el momento y que cuenta con la séptima persona más alta del mundo entre sus filas. Se trata de un inglés de 7.8 pies o lo que equivale a 2.40m. Además tuve la suerte de que me defendiera pues la verdad es que muy limitado el pobre. Pero fue una de las sensaciones más raras de mi vida. Tanto que no encontré respuesta a la pregunta que Elena me hizo al final del partido: ¿Cómo te has sentido siendo pequeño por una vez en tu vida? Como podréis ver en la foto me siento más que pequeño, sin saltar casi tapona mi tiro, pero puedo presumir que anoté ese tiro.

 

Vinimos en busca de aventuras y experiencias, y creo que con jugar contra un equipo así, en un pabellón así, ante 3400 espectadores y contra un hombre de 2,40m ya merece la pena el viaje.

 

Después el día 10 Elena nos dejó, después de haberse ganado a cada uno de los componentes del equipo. Y el día 11 empezaban las clases. Nuevas asignaturas, dos de ellas de inglés puro y varias específicas de mi ingeniería, temidas tanto en España como aquí, como pueden ser Materiales y Metalurgia. Pero eso no es todo, gracias a mis notas en el primer semestre 3.74/4 o lo que es lo mismo, un 9.3 español, había ganado el privilegio de entrar en el Programa de Honores de la universidad lo que me obliga a una hora a la semana de conferencias. Aparte recibí el día 12 de Enero una carta informándome de mi inclusión en la Lista Meritoria de Ohio, en la que constan todos los nombres de los estudiantes de Ohio cuyas notas medias son de sobresaliente. De esa forma me convertía en el número 1 de la promoción del 2013 de Ingenieros Industriales. Un privilegio con el que no mucha gente puede soñar.

Como veis académicamente no puedo pedir más. Parece que las interminables horas de estudio están dando sus frutos.

 

 Resulta complicado anotar cuando tu defensor mide 2,40

 

Unos días después comenzaban los partidos de conferencia en los cuales estamos metidos a fondo. Algunos televisados, 2 partidos a la semana, viajes de mas de 4 horas de autobús en los cuales el espacio no es nunca excesivo teniendo en cuenta que viajamos con el equipo femenino de Rio, etc. Esto nos limita el tiempo que no sea de estudio o baloncesto… pero para esas dos cosas vinimos aquí.

Víctor Sánchez Bande
 

Por mucho que se quiera negar a veces, un entrenador sabe cuando va a perder. Puede ser que pienses que vas a ganar y luego tu equipo pierda, pero muy pocas veces uno se equivoca y da la sorpresa ganando.

 

Durante la semana quería pensar que podía ganar, lo repetía una y otra vez pero cuanto más dice uno las cosas más duda de ellas. A lo largo de la semana se fueron cayendo jugadoras y las que se incorporaban lo hacían después de semanas sin entrenar por lesión; realmente listas y en forma llegaba con seis al partido.

 

Además tocaba jugar en Castellón, un pabellón con parqué flotante donde, al jugar cruzado (así se juegan tres partidos a la vez), el bote de balón es peor, por lo menos diferente. Todos los años se quejan mis jugadores que apenas bota el balón, pero luego llega el verano va la selección y no sé porqué a Calderón y compañía no se les escapa la pelota como a l@s mí@s.

 

Estando así las cosas, me tocó dar una charla motivacional. Quien me conoce sabe que me gusta hablar mucho y que soy bastante rollero, pero es que además creo firmemente en el papel del entrenador como psicólogo. Básicamente les dije a las jugadoras que a pesar de la falta de gente y lesiones era un buen momento para que las menos habituales dieran un paso adelante y cogieran confianza.

 

Por momentos fue bien la cosa, llegué al tercer cuarto ganando, pero ya hacía muchos minutos que la pívot titular tenía cuatro faltas y un golpe en el muslo. Además la única base, perdón la única que sabe subir el balón, jugó desde el primer cuarto con un golpe en el tobillo. Jugó unos 35 minutos y pese a que no le gusta ser base lo hizo muy bien. Al final creo que la convenceré de que es la posición más divertida del baloncesto.

 

Pero claro, jugar en el alambre a veces hace que te caigas y yo no tenía red. No todo el mundo dio ese paso adelante que pedí y el equipo perdió de nueve. No es ningún trauma, son cuartas y a lo sumo podremos ser quintas que para ser el primer año en categoría autonómica está muy bien.

 

Podría haber sido duro con ellas tras perder, pero me di cuenta que este sábado lo peor no había sido la derrota sino la tristeza de un par de jugadoras.

 

Resulta que una chica se va a Cádiz con su familia y, por lo tanto, sabe que está jugando los últimos partidos con este grupo. Yo la noto apagada y por si fuera poco, en los partidos no le están saliendo bien las cosas.

 

En su caso no hay mucho que pueda hacer, pero sí con una jugadora que dijo que no se divertía con el equipo y que al año siguiente no jugaría. En teoría jugará en el primer equipo así que no deberían ser un problema mío ninguno de los dos casos, pero yo creo que los entrenadores somos algo más que los que enseñan a jugar.

 

Creo que en estos casos tan importante es que demos ánimos como hacer más fuerte al grupo, así que el martes nada más empezar les dije a todas que pensaran en por qué querían jugar el próximo año en este equipo. No sé si funcionará o no, porque creo que el problema es que la persona en cuestión se agobia por la llegada del selectivo y la universidad; hace tanto tiempo que pasé esa época que ya no recuerdo lo mal que lo pasaría aquel año.

 

Como buen cansino que soy, seguiré dando el coñazo con este tema y seguiré inventándome cosas para hacer que dentro de la pista el equipo funcione, pero fuera de ella también, porque los jugones no son nada sin esa sonrisa que les hace tan especiales mientras juegan a baloncesto.

 

PD: No me resisto a contaros, la última que me hicieron las de mi equipo. Resulta que en mitad del partido sale mi tiradora, le digo que coja a una jugadora que tiene en frente y ella me dice que no ve el número que le estoy diciendo. "Es que no veo", replica.

 

¡Tócate las narices con la killer de mi equipo! si no ve un número grande que tiene delante como quiero que vea el aro y meta triples... lamentable :-D

 

Por cierto siguen los progresos de Pakete dentro del equipo. Siguiendo al pie de la letra las instrucciones de su mentor, cada partido se tira hasta las zapatillas. Meter no mete mucho, aunque esta semana en el acta le pusieron 15 puntos. Realmente serían unos 7 o 9 puntos (2+1 incluido), pero vamos eso es lo que metió el año pasado en toda la temporada. Si es que convierto Paketes en Navarros, ¡Tiembla Amaya Valdemoro!

Llegas al pabellón y lo primero que haces es identificarlo en la rueda de calentamiento. "Bueno, más feo que de costumbre, pero parece que está en perfectas condiciones", te tranquilizas mientras por fin empiezas a disfrutar del ambiente, en todo caso menos espectacular de lo que esperabas para ser, dicen, la segunda mejor liga del Mundo. La cuenta atrás del reloj del marcador llega a 3 minutos, suena la bocina y empiezan los nervios. Se forma un corrillo y algunos se empiezan a quitar la camiseta de calentamiento. "¿Saldrá de titular? Vamos, hombre, sácalo, que tiene que seguir cogiendo ritmo". No sólo no salta a la pista, sino que además uno de sus colegas empieza el partido saliéndose. "¿Para qué haré experimentos? ¡Si me sobraba pasta!". Minuto 5, 14-2 en el electrónico y un gesto del entrandor les hace saltar de la silla. A él y al chaval, que reaparece después de 6 partidos de baja. Falla un tiro, pasa un minuto. Coge un rebote, pasan dos. Otro rebote, fin de cuarto. "¿Ya? ¡Ganando de 20 y no ha hecho nada. Pfff, otro fracaso de jornada".

 

Para un adicto al SuperManager como yo, que encima no ha tenido la oportunidad de ver ACB en vivo y en directo casi nunca y que además no es de ninguno de los dos equipos que hay sobre el parquet, poco importa que fuera uno de los partidos más aburridos de la liga. Lo único importante del Madrid-Cajasol era que Felipe Reyes, por el que había apostado en bloque como algunos otros managers, se saliera. Así que pasaban los minutos y, entre falta en ataque, rebote y canasta sobre la bocina (que por cierto, me pareció fuera de tiempo), unos pasos que en condiciones normales hubieran sido un 2+1 y su típico tiro de 5 metros que siempre entra menos esa vez, ni los aficionados sevillanos que luego me encontré en El Rincón (el bar) lo pasaron tan mal como yo.

 

Seguro que la gente que había a mi alrededor, incluido el niño de 7 años que le narraba a su padre el partido por el móvil ("la tiene el 7, ahora el 11, ahora la tiene el 4..."), sabía que yo tenía a Felipe en mi mejor equipo. Ya lo dice el refrán: se pilla antes a un SuperManager que a un cojo. Y no me extraña porque los síntomas son claros: se muerde las uñas pese a que su equipo gana por 30, aplaude el fallo de uno que va con la misma camiseta que él, mira continuamente el marcador en busca de las estadísticas de su jugador... e incluso es capaz de mirar al banquillo durante el tiempo muerto, mientras el resto del pabellón (incluso Romay sin disimular ni un pelo) está embobado mirando a las cheerleaders en el centro de la pista. Los más avanzados tecnológicamente, no paran de toquetear su iPhone o similar, metiéndose en la jornada virtual para comprobar que, efectivamente, la apuesta buena era Velickovic y no Felipe.

 

Aprendida la lección. Los partidos, mejor por la tele o por la JV, porque los nervios del directo son insoportables. Sobre todo, si tu apuesta está sobre la cancha y es un tío que tiene, en su misma posición, tres compañeros de más de 900.000 de broker. Aunque visto de otra forma, ver por la JV que uno de tus extracomunitarios no sube de 3 ni de cachondeo a pesar de ser el único pívot de garantías de su equipo (pongamos que hablo de Hendrix), tampoco es fácil de soportar.

 

Y es que, aunque nos parezca evidente que un jugador con más minutos y menos competencia en su puesto lo tenga que hacer mejor, esto no siempre se cumple. Por una parte tenemos el caso de los pivots del Madrid (desde la llegada de Felipe, Garbajosa ha bajado 4 puntos de valoración y Velickovic 6, mientras que Lavrinovic, que debería ser el damnificado, ha subido 2); por otra, tenemos el caso del Granada, donde Hendrix promedia 8 puntos menos cuando Pablo Aguilar es baja.

 

Lo que no se puede negar es que la "compatibilidad" entre jugadores, es uno de los factores más importantes del SuperManager y, sin embargo, uno de los más difíciles de medir y controlar. Profundizando un poco en el análisis, me he dado cuenta que, tal y como dicen casi todos los medios, la sociedad Ricky-Navarro es realmente la más segura esta temporada. Con 13 partidos poniéndose de acuerdo para superar ambos los 10 de valoración (en los 5 restantes, falló Ricky), son la pareja que más veces lo ha hecho, por encima de Splitter-Teletovic (12), Navarro-Lorbek (12), Lavrinovic-Velickovic (11), Splitter-San Emeterio (11), Savané-Carroll (11) y Navarro-Vázquez (11).

 

Demasiado protagonismo para un Navarro que aún no ha bajado de 12 en toda la temporada, así que subamos un poco el umbral. Con más de 15 puntos en el mismo partido, los dominadores son Splitter-San Emeterio (8), aunque empatados con Navarro-Lorbek (8) y por delante de Thomas-Batista (7) entre otras parejas. Si subimos a más de 20 puntos, Splitter-San Emeterio (5) vuelven a dominar, con Ricky-Lorbek (4) y Splitter-English (4) por detrás. Y subiendo a 30, nos encontramos a cuatro parejas: Splitter-San Emeterio, Aguilar-Hendrix, Vasileiadis-Terry y Sonseca-Tripkovic.

 

Pero si verdaderamente queremos ver la dependencia de dos jugadores, tendremos que fijarnos en que siempre hagan valoraciones similares. Que cuando uno se sale, el otro también y viceversa. Ahí, la "pareja ideal" son dos hombres que ya no juegan juntos: Oriol Junyent y Xavier Puyada. En los 5 partidos que coincidieron, ninguno de los dos fue capaz de llegar a números positivos.

 

Pero como la estadística no es demasiado políticamente correcta (y seguramente no le interesa a nadie), nos hemos puesto a analizar los jugadores de más de 400.000 de broker, encontrando a Stephane Dumas y Fede Van Lacke como los más dependientes de la liga. Han coincidido en 5 partidos hasta la fecha y sus valoraciones han sido casi de la mano (4.8/7.2, 1/5, 13.2/13.2, 30/24 y 16.8/31.2). Vamos, que si pensáis poner a uno de ellos contra el Xacobeo, tirad el órdago y poned a los dos. Otros casos interesantes, aunque no tan llamativos, son los de Prigioni-Reyes (en las tres primeras jornadas se calcaron la valoración), Batista-Fitch (casi siempre que uno lo hace mal el otro también y viceversa), Norris-Augustine (5 de las 6 veces que el segundo ha pasado de 15, el primero también lo ha hecho) o Savanovic-Triguero (cuando el segundo pasa de 20 el primero también y cuando el primero baja de 10 el segundo también). Entre los incompatibles destacan Splitter-Ribas (sólo han pasado una vez de 20 los dos juntos), Tucker-Tripkovic (que uno se salga y el otro haga negativo es probable), Mickeal-Lorbek (dos partidos de 18 pasando los dos de 15), Savané-McDonald Ivanov-Cusworth o Llull-Velickovic.

 

Una comida de cabeza más para cuando hagamos nuestros cambios que, por cierto, esta semana serán complicados teniendo en cuenta los movimientos del mercado: ¿Serán compatibles Vujanic y Asselin? ¿Cómo se verá afectado el juego interior del Madrid con Tomic? ¿Será baja Ivanov beneficiando a Cusworth? Al menos, esta vez no sacaré los nervios de casa.

 

Y vosotros, ¿cómo lo pasáis viendo un partido en el pabellón cuando tenéis jugadores de ese partido, ya sea de tu equipo o del rival?

Jotas
A menudo las cosas más simples son las más hermosas.

 

Desde mediados de diciembre salpican los grandes canales americanos de TV, especialmente los deportivos, dos pequeñas joyas para la pantalla que merecen por lo poco unas líneas. Y las merecen porque encierran un misterio que tal vez sólo la sensibilidad de los verdaderamente apasionados por el baloncesto esté en condiciones de descifrar.

 

En estas semanas de enero, que anualmente actúan como preludio a la fiesta del All Star Game, no hay emisión NBA en las grandes cadenas que no arranque con ese par de deliciosas promos, de una impecable factura artística parte de cuyo fondo se viene hoy aquí a explicar.

 

A idea original del NBA Entertainment como nueva campaña con que potenciar el Concurso de Mates de 2010, la realización de los dos spots fue solicitada por el gigante Coca Cola a la agencia de publicidad Bartle Bogle Hegarty. Esbozada la idea sobre el papel, un nutrido casting dirigido por Ellen Lucey (directora de negocio de Coca Cola para Norteamérica) culminó con la elección el pasado verano de los protagonistas y el encargo de su realización a la prestigiosa compañía de post-producción británica Absolute, acreedora a varios galardones internacionales a pesar de que su oficina en New York lleva operando apenas tres años. El diseño elaborado por el equipo de asesores y creativos afincado en la Gran Manzana resultó crucial para el resultado final del producto.

 

La filial de la compañía para la que todo estaba elaborado se valía de un escueto pero honesto mensaje a modo de sinopsis: "...spots that showcase the art of Spoken Word with artists Marcus and Kessed from New York City. In each spot, the artists deliver messages meant to inspire great, creative performances from the soon-to-be-announced dunkers of the NBA Slam Dunk Contest".

 

No se trata del primer ensayo que vincula Baloncesto y Poesía Urbana. Pero tal vez nunca con resultados tan singularmente brillantes sin contar con una sola imagen del juego. Se supone que fueron creados para publicitar otro concurso más, trufarlo de referencias recientes (la capa que pende del aro, la cabina...) o como simple elogio del mate. Y sin embargo trascienden de largo esos pequeños motivos. Mediante un magistral uso de la elipsis y el metalenguaje, es tal el volumen de guiños y reflejos recogidos en esos 60 segundos que bien podría hablarse de obra maestra.

 

El primero de los spots es de factura abrumadoramente simple.

 

Sitúa la escena en un cuadro cotidiano que ilumina una pequeña estancia privada y casi oculta de cualquier apartamento del Harlem negro. No hay fecha ni concreta estación. Se trata de una época indeterminada que podría situarse en cualquier punto de los últimos cuarenta años. La presencia de un microondas, el sórdido emparedado y una atmósfera como perteneciente a los encantadores años setenta, tampoco ayudan demasiado. Ni falta que hace. Porque es evidente que al margen del bote de Sprite, de presencia espectral, la intención pasa por penetrar allá donde el paso del tiempo apenas ha cambiado las cosas.

 

Esa indeterminación afecta incluso a la edad del protagonista, un joven negro de rasgos convexos que tan próximos puede tener los veinte como los cuarenta años.

 

 

 

 

Imaginando, todo arranca supuestamente con su despreocupado regreso de la calle, de no muy lejos, seguramente del porche mismo de casa, aburrido de vulnerar esos carteles que inútilmente avisan NO LOITERING.

 

Dentro, allá donde las colmenas de los Projects se humanizan al gusto femenino y se cierra la puerta al peligro, en una estancia comedor donde la madre prepara un socorrido almuerzo -son las dos menos cinco de la tarde-, y luego de sacar de la nevera un Sprite que actúa como detonante, nuestro hombre toma pausado asiento en el centro de la escena para dar paso al verbo, de una dicción seductora, cadente, serena, de poderoso contraste con el espíritu de lo que está contando al extremo de liquidar de la expresión cualquier gesto del cuerpo, detenido y completamente entregado a la declamación.

 

Con ese indolente aplomo que sólo las miles de horas de calle cicatrizan, todo aflora de la boca y el rostro se verá únicamente alterado con ese ceño fruncido ("Man, I mean..." - 0:20) que impone una convicción inamovible y que han heredado como rasgo genético los negros suburbanos. En tan mínimo ademán, a salvo de edades, reposan el espíritu y la memoria de figuras de tan diverso pelaje como Isaac Hayes, Bill Cosby, Malcolm X o Rufus Thomas. Y sin embargo, no hay menos que Basketball en el mensaje. De ahí su enigmática belleza.

 

 

The Show

 

We came to see a show.

 

A creative display that will remind you

of the battles from back in the day

that icons like Spudd and Clyde the Glyde

pulling tricks too vivid to describe.

 

Man, I mean,

dunks that break so many laws of physics

that the cops'll demand to see your poetic license.

So as you ballers set your sights,

on Saturday night,

there's one thing you should know.

 

We came to see a show.

 

 

El segundo, más pretencioso, supera en complejidad artística al primero.

 

Sobre una bicicleta el muchacho se presenta estéticamente incorporado a ese bosque de cemento entre Hamilton y Washington Heights. Contrariamente al primero la expresión es aquí más rica y viva. Diríase que hasta plena. Intervienen no sólo sus gestos, jóvenes, enérgicos y honestos, sino todos los aderezos que hacen de esos treinta segundos una sucesión de sonidos e imágenes que habrían pefectamente ilustrado, como un prólogo visual, la City Game de Axthelm, la Asphalt Gods de Mallozzi y los años dorados de Thelander (Heaven is a Playground) y su oculta memoria fotográfica. De fondo no es otra cosa lo que se escucha que la profunda respiración de la New York City.

 

 

 

 

Insalubre y blanquinegra, enigmática y postmoderna, a ratos sórdida a fogonazos elegante, la gloriosa historia al completo del baloncesto negro sobre el asfalto, de Jackson a Alston, de Sellers a Matthias, sin nadie quedar fuera, aparece recogida en ese breve desfile de imágenes que el muchacho embellece con melódica oratoria y finaliza con agresivo orgullo en ese holgado before, como si una sola palabra tuviera la fuerza suficiente para sostener medio siglo.

 

 

Seen It

 

You seen it all.

 

Tomahawks, superhero capes.

Backboard stickers, measuring tapes.

 

Blowing out candles, jumping blind.

You seen every dunk of every kind.

 

But now that the legends have done their thing,

a new batch of heavyweight are entering the ring

and we wanna know what 2010 will bring.

 

You see there's been history made on our hardwood floor.

So show us something we ain't ever seen before.

 

 

 

 

Para mejor entender el precio de esos segundos, su verdadera profundidad de significado, conviene recordar que musical y artísticamente el baloncesto negro bebe de dos grandes corrientes en el último siglo.

 

Una nace al calor de la Black Expression iniciada en los ballrooms de Harlem y Chicago en los años veinte y está dominaba completamente por el jazz y sus derivados. Hasta los años setenta y la poderosa entrada del funk que arropa la Blaxploitation y la posterior deriva hacia el disco que delinea una futura escisión, la práctica totalidad melódica del mundo negro equivale a la hegemonía del jazz y el swing de altísima calidad. De Washington Jr a Gillespie a Marsalis había como una perfecta identidad entre baloncesto y música dentro de la cultura negra instalada especialmente en la New York City. Una armonía que sabía mucho de cuerda y viento y poco de percusión.

 

Así fue hasta la irrupción de la segunda corriente cuyo inicio es posible datar a partir de MC Hammer y su premonitorio Let's Get It Started (a cuya estética guiña ahora Brandon Jennings). Desde entonces y en creciente oleada, el rap y el hip-hop lo dominan absolutamente todo.

 

Veinte años después la primera corriente ha quedado tan desplazada que casi se da por desaparecida mientras que la segunda ha crecido mucho, demasiado. Tanto como que ha dominado el baloncesto NBA hasta la tiranía, como un movimiento racial y excluyente del que terminó huyendo incluso el hombre blanco. 

 

Lo que consiguen en cambio estos dos spots, de minuciosos arte y metraje, es precisamente liberar a la corriente dominante de todo cuanto la gravó en el paso de los años, remontar a los orígenes y desnudar la voz tal cual musicalmente es. En suma, volver al principio de todo.

 

Seen it y The Show no son más que dos preciosas muestras de la lírica que el baloncesto negro, exclusivamente el baloncesto negro, encierra como rito tribal.

 

Así no pocos de los artistas underground, y sobre todo, sus adoradores como arte de culto, andan molestos por ver incorporarse estas pequeñas muestras de Spoken Words a eso que con despectiva ilustración se conoce comúnmente como Mainstream. Exageran y envidian en el fondo esta salida de la caverna. Pero en su ofensiva reside precisamente la gran verdad de este asunto. Que esa poesía urbana, recogida en unos pocos fotogramas, ha llegado ahora a mucha gente a través de un gigante comercial y su libre exposición al mundo.

 

Y no es mala cosa. Bien al contrario el resultado es sencillamente delicioso y, es de temer, muy superior a la razón comercial que les da motivo, esto es, muy superior a la realidad que nos depare una nueva edición del NBA Slam Dunk, un año más de pobre y descabezado casting.

 

De hecho no es otro el motivo del texto que denunciar el deplorable proceso iniciado según el cual las campañas superan con creces al producto, la traición cometida al espíritu grandilocuente y sagrado de esos versos y lamentar -Show us something we ain't ever seen before- otra ocasión perdida.

Enero de 2010, este es el mes que Ante Tomic recordará toda su vida por ser el comienzo de su gran aventura, su gran oportunidad. Oportunidad que ha tardado en llegar, pero que venía escrita desde hace tiempo en su destino, la posibilidad de probarse e intentar triunfar en lo más alto de la escena europea.


Llevaba mucho tiempo buscándolo, sin prisas, pero de una forma u otra buscando ese gran salto. Huir de un espacio que ya se le había quedado pequeño y en el que pocas cosas le quedaban por demostrar, sobre todo después de haber sido nombrado como el mejor jugador de la pasada Liga Adriática.

 

En los últimos veranos su nombre ha sonado a bombo y platillo, siempre vinculado a los grandes de Europa, aunque especialmente, casi siempre al Maccabi Tel Aviv, donde veían en él al sustituto del gran Nikola Vujcic. Aun así, nadie se había atrevido a dar el paso final, lanzar un órdago sobre la mesa y poner la cantidad que el KK Zagreb pedía por su hombre estrella, por el jugador que trajeron de la bella Dubrovnik.

 

Allí destacaba jugando en posiciones exteriores, hasta que un crecimiento súbito, hizo que todo su aprendizaje le fuera de gran valía para el jugador que actualmente es: velocidad, habilidad con el balón, pase y control de pies. Esto le ha llevado a ser internacional croata en categorías inferiores, con papeles fundamentales y llegar a la absoluta.

 

Ante Tomic viene de ser una de las estrellas de la Liga Adriática (Foto adriaticbasket.com)

 Ante Tomic viene de ser una de las estrellas de la Liga Adriática (Foto adriaticbasket.com)

 

Esta temporada estaba liderando al equipo de moda en la Liga Adriática, el KK Zagreb, el vecino que vive a la sombra del mítico equipo de la C Roja, la Cibona. Allí ha estado conviviendo con jugadores como Kruno Simon, mitos del baloncesto croata que queman sus últimos cartuchos después de exitosas carreras como Damir Mulaomerovic o Nikola Prkacin o la nueva sensación croata Dario Saric.

 

Un equipo al que liderar (18 puntos y 9 rebotes por noche lo atestiguan), un equipo que le va a echar muchísimo en falta.

 

Porque Tomic está siendo el mejor jugador de la competición, el mejor hombre alto. Un 2,17, con buenas habilidades al poste y con una buena capacidad para finalizar con ambas manos, que además puede jugar de cara y poner el balón en el suelo para penetrar ante jugadores interiores que en general suelen ser más lentos que él. Además, cuenta con un tiro un tanto lento pero efectivo desde media distancia, que lo culmina con esa herencia de ex jugador exterior que era con una lectura adecuada de juego y capacidad de pase que ha pasado a ser su mayor virtud. Ve bien el juego, se coloca bien sin balón para que jueguen sobre él y ve con facilidad la colocación de sus compañeros para él jugar sobre ellos.

 

Un jugador que está ya preparado para su gran salto, quizá antes no lo estuviera por otro tipo de razones -sobre todo físicas, que poco a poco va solventando habiendo ganado fuerza en los últimos años-, pero Ante Tomic ya está preparado para su gran reto. Aunque eso sí, quizá el Real Madrid de Messina en estos momentos no sea lo más óptimo para él, más que nada por el rol que va adquirir aquí, estando acostumbrado a ser el jugador que marca las diferencias.

Jon de la Presa

"El SuperManager ya tiene ganador" reza el título de uno de los posts del subforo de ACB.com, en la enésima muestra del "extremismo" que mostramos los managers en determinados aspectos. Es cierto que el amigo Koke Martínez está mostrando una superioridad insultante. Cierto que lleva 118 puntos de ventaja sobre el segundo, mientras que entre éste y el 25º hay menos de 100. Y también es cierto que en las últimas jornadas ha demostrado que parece imposible que tenga un tropezón. Pero aunque el ganador de la edición pasada, Elías Iglesias, llegara a la jornada 18 con apenas 28 puntos de ventaja, todos nos acordamos de lo que pasó en la 2007/08 en la que Raga le remontó a Raya en la última jornada ¡68 puntos!

 

En pleno mes de enero, y recién llegados al ecuador del juego, parece que ya muchos se han dado por vencidos. Y es que los managers somos muy dados a eso de "tío, este año voy falta. Voy a dejar el SuperManager", algo que nos habremos repetido ya todos esta temporada entre 5 y 15 veces, el número de jornadas que nos han ido mal dependiendo de nuestra clasificación (si alguien no ha tenido ni dos jornadas buenas, seguro que no me está leyendo :-) ). Así que, al final, tarde o temprano, todos acabamos pareciéndonos al típico amigo (los menores de edad, saltad al párrafo siguiente) que tras una borrachera antológica, haber dado un paseo en helicóptero en su habitación y haber vomitado hasta la cena de Nochebuena de hace 3 años, te mira fíjamente y te suelta la mentira más repetida de la historia: "tío, no pienso volver a beber nunca más".

 

(Aquí siguen leyendo los menores) El caso es que aquí estamos todavía. Vayamos el 1º o el 300.001º (no sé como leches se leerá esto, pero seguro que rima con primero), afrontando la segunda vuelta con la misma ilusión que el primer día. Y es que esa es otra de las ventajas del SuperManager: aunque vayas último de tu privada a más de 500 puntos del penúltimo, puedes soltarle a tus colegas "oye, molaría montar una liga de la segunda vuelta, empezando todos con 6.5 millones" y quedas como un rey. ¡Y encima con posibilidades de ganar algo a final de temporada! Aunque siempre estará el típico que te diga "vale, pero los desayunos nos los seguimos jugando con la de principio de temporada".

 

De hecho yo sería uno de esos, ya que afronto la segunda vuelta desde la posición 3.387 (lejos de mi objetivo del top500 pero todavía con alguna opción) y vivo, sino líder, en casi todas las privadas que me interesan (y eso que mi novia lleva 3 jornadas seguidas pasando de 230) . Pero, sobre todo, porque mi especialidad es empezar fatal e ir progresando a medida que avanza la temporada. En pocas palabras, a medida que las estadísticas van tomando mayor representatividad.

 

Una de las estadísticas que podremos empezar a mirar ahora es cómo lo hicieron los jugadores en el partido de la primera vuelta ante su próximo rival. Aunque veamos hasta qué punto puede ser ese dato fiable.

 

Para empezar, la temporada pasada hubo 17 jugadores que hicieron su mejor partido de la primera vuelta y el mejor de la segunda ante el mismo rival. Destacan los 73.2 que le hizo Ricky al Fuenla (36 y 37.2), los 66 de Hervelle al DKV (22.8 y 43.2), los 61.4 de Thomas ante el Bruesa (38.4 y 23) o los 66 de Saúl (39.6+26.4) frente al Murcia. A Rafa Martínez (21.6 y 43.2 frente al Estudiantes) y a Savanovic (contra el Madrid 31.2 y 19) habrá que seguirles de cerca esta semana, teniendo en cuenta que se enfrentan a estos rivales esta misma jornada y, en el caso de Rafa, también se salió en la primera vuelta de esta temporada. Aunque el caso más curioso fue el de Pau Ribas: su mejor puntuación en las primeras 17 jornadas fue un 20.4 (ante el Estu y el Bilbao) y en las últimas 17, un 22.8 (también ante el Estu y el Bilbao). Habrá que pensarse el fichaje de los 11 hombres que consiguieron su mejor valoración en la 1ª jornada, entre ellos el recuperado Llull (31.2 ante el Cajasol), el sorprendete Barac (34.8 ante el Murcia) o Víctor Claver (26.4 ante el Estu).

 

Y es que haberse salido ante un equipo en la primera parte de la liga no garantiza el éxito en el siguiente enfrentamiento, como indican los siguientes números de la temporada pasada:

 

  • Jugadores que superaron los 40 (5):  sólo uno superó los 20 ante el mismo equipo y la media de esos 5 jugadores se quedó en la segunda vuelta en menos de 14.

  • Jugadores que superaron los 30 (60): el 25% no superó los 10 ante el mismo rival en la segunda vuelta y más dl 40% no llegó a los 15. Apenas 9 (y todos jugones) repitieron superando los 30.

  • Jugadores que superaron los 20 (304): el 40% no superó los 10 ante el mismo rival y sólo 1 de cada 4 volvió a superar la barrera d elos 20.

  • Jugadores que acabaron en negativo (273): el 15% volvió a hacer negativo, el 25% no hizo positivo y el 70% no llegó a los 10. Eso sí, alguno se desquitó a conciencia y 6 de ellos superaron los 30 en la segunda vuelta.


Sea como sea, la evolución de los jugadores a lo largo de la temporada se deja notar en el SuperManager y este año seguro que volvemos a ver casos de jugadores que pegan un bajón espectacular (Teletovic el año pasado pasó del 15.36 de la primera vuelta a un 6.93 la segunda) o que se ponen las pilas en la segunda fase de la liga (Mickeal pasó de 13.23 a 22). Otros casos sonados fueron:

 

  • Bajones: Oleson (-30%), Reyes (-24%), Mumbrú (-60%), H. Jasen (-36%), Thomas (-28%), Jiménez (-15%).

  • Subidas: Fran Vázquez (+47%), Rafa M. (+117%), Ndong (+69%), Hervelle (+91%), Valters (+55%), Navarro (+30%), Panko (+33%), Suárez (+33%), Savané (+28%).


Las razones de estos cambios radicales pueden ser varios: finalización de contratos, ganas de llegar a la selección, lesiones de compañeros, dosis de motivación para evitar el descenso o entrar en play-off...

 

Sea lo que sea, os recomiendo que sigáis adelante y busquéis vuestra propia motivación para continuar luchando en vuestras privadas o, si tenéis la suerte de estar muy arriba, para luchar por la general. Queda mucha liga, mucho SuperManager, mucha leña que cortar.

 

Jotas

 

Jotas
Diego_sanchez
Diego Sánchez (ViveMenorca), ante La Laguna.

El pasado fin de semana se jugó la primera jornada de la segunda vuelta. Un chequeo a la clasificación nos dice que las cosas han ido más o menos como se esperaba, aunque con matices. Todo está por decidir todavía en una categoría en la que, como en esa última jornada disputada, siempre se pueden esperar sorpresas: las derrotas de CAI Zaragoza y Melilla en Tarragona y Burgos. Toma topicazo: nadie regala nada.

 

Cuarteto de aspirantes

Las previsiones se han cumplido con bastante claridad: ViveMenorca, CAI Zaragoza, Melilla y La Laguna ocupan los cuatro primeros puestos y, salvo catástrofe, serán quienes se jueguen el puesto de ascenso directo y, si no, asegurarán el factor campo en la primera ronda de "playoffs". Nada que no pudiese intuirse en verano echando un ojo a los respectivos "rosters".

Lo que sí puede sorprender en este capítulo es el orden, porque se esperaba un CAI un poco más regular, más fiable fuera de casa, porque en el Príncipe Felipe todavía no ha perdido. Sin embargo, caer en La Palma y Tarragona le ha restado credibilidad y ha sido un segundo "toque" después de tener también un arranque  bastante dubitativo. José Luis Abós está teniendo bastantes problemas con las lesiones, pero no es excusa suficiente y tendrá que apretar mucho a sus jugadores para firmar los objetivos inexcusables de ese proyecto: subir, subir y subir.

A lo tonto, a lo tonto, los otros tres equipos punteros están aprovechando para alentar la esperanza. El Menorca también está muy bien en casa, no parece hacerle falta ningún retoque en su plantilla y hace un baloncesto vistoso. Luchará hasta el final y de hecho de momento lleva la mano ganadora siendo líder. En la segunda vuelta tiene que recibir al CAI en un partido que se prevé clave. El Melilla también está haciendo una gran temporada, pese al tropiezo de Burgos, y lo de La Laguna también hay que halagarlo: plantilla corta, pero jugadores muy buenos y un estilo maravilloso de posesiones cortas y un dominio interior apabullante con Ricardo Guillén y el insaciable Jakim Donaldson.

 

Revelaciones y revelaciones

En el segundo escalón hay un poco de todo: desde históricos que siempre viven la exigencia como el Leche Río Breogán hasta sorpresas monumentales como el Basquet Mallorca. La cosa va a estar muy abierta desde el quinto al décimo puesto, con varios equipos que se van intercambiando las posiciones a medida que van explotando sus rachas positivas.

            En principio, Breogán y Burgos parecen los más fuertes en este tramo de la clasificación. Ambos practican un baloncesto ofensivo bastante desenfadado, lo que a veces les lleva a derrotas inesperadas que les impiden estar más arriba. Pero en general parecen bien pertrechados para el invierno y acertaron en lo fundamental en la configuración de sus plantillas. León es otro equipo con americanos contrastados y algún nacional resolutivo (Bernabé, Urtasun), lo que siempre es un salvoconducto para asegurar muchos partidos.

            El Sant Josep Girona ha ido un poco a la baja en la segunda parte de la primera vuelta, pero sigue por encima de lo esperado en un principio y está bien posicionado para meterse entre los nueve primeros. Darryl Middleton sigue ejerciendo admirablemente de "padre" de un grupo de chicos con bastante talento. El caso contrario es el Aguas de Sousa Ourense, que empezó bastante mal y a raíz de la llegada de Paco García al banquillo mejoró espectacularmente y ahora es un legítimo candidato a jugar por el ascenso, a pesar de no tener grandes nombres en su plantilla. Especialmente llamativo es que haya rescatado a su afición y ahora el Pazo Paco Paz está teniendo excelentes entradas.

            Pero ya digo que el caso más alucinante para mí es el del Mallorca. Cada año con cuatro euros y medio se las ingenian para fichar fantásticamente y Xavi Sastre acierta al transmitir sus ideas, que son, por añadidura, más centradas en hacer un buen baloncesto ofensivo. Admirable, de verdad.

 

Hay que apretar, chicos

Fuera de zona de "playoff" hay una serie de clubs que tenían esa meta, como mínimo, al principio de la temporada. Están a tiempo de despegar y escalar posiciones y para ello algunos no van a escatimar en esfuerzos. Es el caso del Cáceres 2016, que tras el cambio en el banquillo de Gustavo Aranzana por Piti Hurtado, acaba de hacer dos fichajes de calibre: el base Carlos Cherry y el ala-pívot Ira Newble (ocho temporadas en la NBA jugando al lado de Lebron y Kobe, por cierto). Si ya se decía que en Extremadura había plantilla para aspirar a algo más que la mediocridad, ahora hay más motivos, pero el equipo no consigue regularidad, algo que ha desesperado a Aranzana más de una vez.

            El Tenerife, que por cierto ganó en Cáceres el viernes, es otro que tal baila. Empezó fatal y tuvo que hacer limpieza respecto al deficiente equipo que configuró en verano. Ahora con ese sabio de los tableros llamado Lou Roe, un auténtico devorador del rebote como Gustavo Ayón y un americano efectivo como David Fegerson, hay que esperar más de los de Iván Déniz. Sus vecinos de La Palma tampoco es que puedan estar felices, sobre todo con un rendimiento excesivamente blando fuera de casa, como por otro lado se va haciendo habitual en esa franquicia. También tienen tiempo para remediar errores.

 

Salvarse de la quema

A los jóvenes hay que darles tiempo. Sí, todo lo que se quiera, pero proyectos bonitos como los de Cornellá y Clínicas Rincón tienen que espabilar. Tener a tanto talento nacido en los 90 tiene un precio muy alto en ocasiones en forma de irregularidad. Se está viendo cosas interesantes en ambos equipos -la recuperación de Sinanovic, por ejemplo--, pero hay que asegurar más determinadas victorias que parecen hechas. De lo contrario, los de abajo del todo vienen apretando.

            Efectivamente, los de abajo del todo ahí andan, pese a sus estrecheces económicas, dando sustos como el del Tarragona 2017 al CAI Zaragoza, lo que le valió para salir de la zona de descenso. Va a estar reñida la cosa, porque Palencia tampoco tiene pinta de querer rendirse. Síntomas más preocupantes está dando Kics Ciudad de Vigo, colista y con problemas en aspectos fundamentales como la dirección de juego.

Javier Ortiz
Decía Brian Windhorst, con menos razón que intención, que Antawn Jamison podía haber cumplido ya un ciclo en los Wizards, equipo al que en los últimos seis años ha dado todo sin obtener gran cosa a cambio más allá de sumas acordes a su valor.

 

Debido profesionalmente a los Cavaliers el autor trataba así de aprovechar la nefasta coyuntura en la capital para proponer abiertamente a Danny Ferry la adquisición de Jamison, convirtiendo el traspaso en un tercer capítulo de la morbosa serie Winter's Pelotazos precedida por la llegada a Detroit de Rasheed Wallace o de Pau Gasol a los Lakers.

 

 

 

 

Sobre la actual coyuntura en Washington, que DeShawn Stevenson titula "Black Cloud", salta a la vista que es de río revuelto. La reciente muerte del propietario, Abe Pollin, abuelo de todos y muy en especial del propio Jamison, y el lamentable caso Arenas, que nadie sabe dónde puede terminar, han tirado por la borda buena parte de las ilusiones que ganaron al equipo hace un par de meses. Lejos queda la promesa de Arenas que hacía pensar que los Wizards venían a incendiar el Este. Nada de eso queda ahora. Es como si de repente no hubiera futuro en la capital. O no al menos el prometido. Y Saunders, como si no estuviera.

 

Ello ha provocado el descontento de la prensa capitalina, que tampoco se corta en animar al adiós de las vacas sagradas. Matthew Brown, encantado con el destierro de Arenas, apunta el rápido renacimiento sin él de jóvenes como Randy Foye o Nick Young. Y con similar influencia a la que Windhorst pretende en las oficinas de Cleveland invoca: "Los Wizards cuentan con un ramillete de jóvenes que están esperando su momento, pero con el equipo tal y como está ahora eso es imposible. (...) Jamison y Butler son lo más valioso que los Wizards pueden ofrecer. El tiempo del ‘Big Three' ha terminado".

 

Para colmo el propio Jamison ha podido solicitar su marcha.

 

Así las cosas, Windhorst trata de colarse por entre las ruinas, sumarse al calor de los rumores y espolear a la directiva de los Cavs a un (grande) esfuerzo para hacerse con los servicios de un jugador que ha demostrado a lo largo de su carrera que, estando sano, es altamente recomendable no sólo para los Cavaliers sino para cualquier fortaleza con aspiraciones de anillo.

 

Jamison es caro. Le restan dos años en proporción de (11)-13-15 millones. Sus 33 años le convierten en una de esas piezas de mercado de valor inmediato, de las que incorporar a una situación de "aquí y ahora". Y sin embargo nadie duda de que a Jamison le pueden restar aún tres años de óptimo rendimiento.

 

Preguntado Mike Brown por la posibilidad de un traspaso antes de la deadline, el técnico de los Cavs demostró que seguramente no podía dar otra respuesta. Según él este equipo está maduro para el anillo. Esencialmente no precisa de nada externo. Mo Williams se sumaba a decir lo mismo. Uno y otro deben una lógica diligencia en público que, por ejemplo, se saltaron Shaq y LeBron renunciando cucamente a hablar esa misma jornada. Alguien diría entonces que no es posible saber la verdad. Y la verdad es que hay movimiento real en las oficinas de Ohio.

 

Los dos nombres que no hay manera de sacar de la apuesta son Troy Murphy, vía Indiana, y Antawn Jamison, vía Washington. Une a los dos un factor técnico evidente: son falsos interiores con amplio rango de tiro y natural gusto por el ataque.

 

Mientras ellos suenan para llegar, desde casa para salir lo hacen Zydrunas Ilgauskas (expiring) y un J.J. Hickson de interesante progresión más inevitables rondas del draft que ningún equipo como los Wizards pediría con mayor interés. Porque los Wizzs no solamente no se niegan a mover ficha. Es que su directiva, comandada por Ernie Grunfeld, se ha mostrado abierta en la actual situación tanto a posibles intercambios como a una limpieza general que abra una nueva era en la capital. Ahora bien, no a cambio de nada.

 

Pese a su edad Antawn Jamison todavía es una perla. Siendo nominalmente un cuatro su amplísima  cobertura de actuación, su inquebrantable rendimiento anotador (sumará 20 puntos donde esté) y unas condiciones muy ligeras en pista le dotaron siempre de un bonito perfil de alero. Como tweener es un rotundo éxito y la única incertidumbre que asoma es venir a sumarse a una fortaleza defensiva, aspecto en el que nunca destacó. Su valor humano es altísimo y se da la curiosa circunstancia de que Jamison fue de los pocos que quedó fuera del Bron Attack emprendido por los Wizzs en los playoffs de 2008, tal vez como vendetta a lo ocurrido entre ambos equipos los dos años anteriores. Pudiendo, pues, tenerse ganas no parece haberlas en el terreno de los negocios.

 

 

Jamison y Haywood sorprendidos ante la flagrante cometida por DeShawn Stevenson sobre LeBron James en las series de 2008 

 

 

El hecho de que Murphy y Jamison salgan a colación para llegar a Cleveland se puede resumir bajo la compra de un shooting power-forward. Pero un poco más allá ratifica el deseo de los Cavs de hacerse con un interior que abra más espacios en la pintura y, de paso, distorsione la defensa rival.

 

En principio no es mala idea. Powe carece de ello y Varejao, aun mejorando ese aspecto, nunca será una amenaza exterior. Pero con todo, vale preguntarse si es exactamente eso lo que los Cavaliers necesitan con mayor urgencia. Y a la vez, esbozar el cuadro general.

 

Danny Ferry, mánager general, apura su último año de contrato. El proyecto LeBron, que cumple este 2010 el mismo séptimo capítulo que inició el hexanillaje de Michael Jordan, toca ya de una vez al asalto a la gloria. De hecho todo parecía marchar sobre ruedas a la sorprendente aparición de los Cavaliers en las Finales de 2007. El tiempo ha demostrado que aquello no fue más que un hachazo individual a la historia y que los Cavs no eran dignos todavía del subcampeonato. Aquella prematura presencia en las Finales pudo hacer confiar en exceso sobre las posibilidades de James y retrasar ciertos movimientos que desde el verano se apresuran en Cleveland para evitar la marcha de su estrella.

 

Pero los dos años siguientes sí tienen mucho que decir: la derrota en el séptimo partido de las semifinales del Este ante Boston, futuro campeón, comenzó a delinear el bocetto de por dónde podían ir las cosas. Y ese bocetto quedó ratificado en las últimas Finales del Este ante Orlando.

 

Desde entonces los Cavs han venido a sumar tonelaje interior con que hacer frente a la artillería pesada de los Celtics a la vez que ejercer de contrapeso a Dwight Howard. Aun con eso, sumaron a Anthony Parker y Jamario Moon como perros de perímetro con virtudes de ataque, en especial del fino Parker. Integrar ahora a Antawn Jamison supondría ganar en fortaleza allá donde no la tienen Hickson, Varejao y Leon Powe, esto es, dotarían al frontcourt de lanzamiento exterior aun a riesgo de perder el de Ilgauskas.

 

Pero el problema principal que pueden tener los Cavaliers, problema que otros muchos equipos desearían por su solitaria condición, lo pudo subrayar esta pasada semana su partido en Denver. Un backcourt rápido y agresivo puede causarles mucho daño si Delonte West no está en pista.

 

En la primera parte fue sentarse Delonte y anotar Billups 8 puntos. Volvió a pista y Chauncey no anotó. Brown volvió a sentar a West y Billups lo celebró anotando 12 puntos en 5 minutos. Todo ello por no hablar de J.R. Smith. En suma, el papel de Delonte West en este equipo es mucho más importante de lo que pudiera parecer. Y no tanto por su aportación ofensiva como por ser el único capaz de hacer de sombra a pequeños anotadores y directores de juego. No es otra la razón de que Mike Brown esté dando mayor entrada a Jawad Williams y experimentando con él, como en Portland, incluso para defender a estaturas menores. Un riesgo que probaría una flaqueza muy localizada.

 

Cleveland ha podido ver cumplidas sus aspiraciones de pintura. Son el segundo equipo de mejor diferencial reboteador en toda la liga y defensivamente están al nivel esperado. Fuerzan al equipo rival al peor porcentaje de tiro pero no así en su defensa al triple, allá donde tantas veces los asesinaron los Magic. Equipos como Knicks, Celtics o Clippers lo hacen mejor que ellos.

 

Y vale recordar además que algunas derrotas sufridas (Chicago, Dallas, Memphis y unos Bobcats muy abiertos por partida doble) invitan a pensar una vez más en la solitaria condición defensiva de Delonte.

 

De los tres equipos en los que estos Cavaliers pueden estar pensando -Celtics, Lakers y Magic- son estos últimos los que motivan devanarse los sesos con mayor razón. Con los otros dos, a una presunta igualdad interior, vale batallar el exterior con lo puesto. Pero con Orlando en mayo el problema de la defensa al backcourt podría seguir terriblemente vivo para el grupo de James.

 

David Falk, una sombra de lo que fue, asistió al partido que enfrentó en el Quickens a Wizards y Cavs. Falk sigue siendo el agente de Danny Ferry, a quien proporcionó en su día un pucherazo de 37 millones. Es de sobra conocido el recelo del propietario de los Cavaliers, Dan Gilbert, a largas extensiones contractuales (que se lo digan a Mike Brown). Por todo ello el órdago para Danny Ferry está claro: éste debe ser el año.

 

Y la adición de Jamison como última pieza garantizaría, hasta junio por lo menos, la configuración de una plantilla para la que, por fin, no puede haber queja en lo que al James Supporting Cast respecta. Pero sólo hasta junio. Y si hay anillo. Más allá todo es misterio. Porque perder a James es hacer desaparecer a Ferry del mapa, y lo que es más importante, a los Cavaliers al completo.

 

No habrá una razón superior si finalmente Antawn Jamison aterriza en Ohio.

 

Año nuevo entrada de blog nueva. Ya han pasado las fiestas y el 2010 nos ha traído de momento, frío mucho frío y nieve. Por primera vez en mi vida he visto nevar en mi ciudad. Os parecerá raro pero es que vivo al nivel del mar... en el mediterráneo.

 

Como esto no es una conversacion de ascensor sino un blog de baloncesto, dejo de un lado las cuestiones meteorológicas para contaros como han ido estas vacaciones.

 

Las navidades han sido...las navidades: mucho turrón, mucho pavo ( y no todo servido en la mesa) y pocos entrenamientos. Porque si las navidades sirven para algo en mi equipo es para cumplir todos los rituales de estas fechas.

 

Para empezar, el de la lotería. Este año me tocó "pringar" vendiendo papeletas del club de chicos, nunca lo había hecho y voy a ver si nunca más lo hago. En primer lugar porque es un fastidio ir metiendo presión a la gente para que pague una participación y no se puede decir que la nuestra fuera barata... cinco eurazos, que la economía del club está mal y hay que sacar dinero de debajo de las piedras. Dentro de lo que cabe conseguí en noviembre haberlas vendido todas (vender antes que nadie es la mejor estrategia), lo peor de todo es que tocó la devolución y ahora todo el mundo que me para por la calle me pide dinero... ¡tengo complejo de moroso!

 

Y si la lotería es un clásico, la cena de navidad es otro. Ya puedes entrenar toda esa semana con cuatro o cinco que el sábado te viene todo el equipo. Uno que es un poco sibarita para las comidas eso de cenar por 10 euros suena mal y eso que con los amiguetes seguro que no vamos al Txistu. Eso sí como dice un amigo "somos los únicos con los que ir a un chino sale caro".

 

Durante la cena hice lo que tenía que hacer, convertirme en una maruja y cotillear. Esos son los momentos donde uno se entera de quien tiene novio, quien tontea con quien y como muchas veces es con gente del club de chicos pues me monto mi propio Sálvame Deluxe. Evidentemente yo soy Jorge Javier (sí bajito y con poco pelo), aunque me falta mi Belén Esteban para dar la campanada.

 

Porque a punto estoy de dar la campanada al ver los regalos que me hizo mi equipo. Todo un clásico navideño: el tanga de la tienda de los chinos. En esta ocasión el motivo fue el de cigüeña... creo que son muy optimistas. Bromas a parte me regalaron, unos pantalones de los Sixers, saben que el rollo gangsta de Iverson me pone, jajaja.

 

De la fiesta posterior sólo os diré que fui de los primeros en regresar a casa. Hice de taxista y pronto estaba en casa. Y es que la edad no perdona y llevo un par de semanas con la ciática que está fastidiando. Quería haber corrido la San Silvestre con mi equipo, pero entre que tenía que cambiar horarios en el trabajo y que no estaba yo para correr mucho, me quedé en casita.

 

Lo de correr la San Silvestre está dentro de lo que llamo "hacer equipo". Ya que estas fechas son complicadas para las jóvenes porque tienden a desaparecer pensé que con un par de cosas fuera de lo normal se animaría. Me equivoqué.

 

Ni correr ni pachanga navideña, les cuesta mucho encontrar motivos para divertirse con el baloncesto y con las compañeras de equipo. Ojo, no todas. Como buen enfermo de esto de entrenar, preparé un entrenamiento especial el sábado 26 ¡por la mañana! y Ahí que vinieron unas cuantas. Otro día, también con las mismas, jugué un pachanguita y comprobé que mi nivel baja cada año y estoy a la altura de un junior femenino. Lo peor de todo es que jugando un KOs a triples perdí... contra pakete. Como lo oís...lamentable.

 

Mi juego va cuesta abajo y sin frenos, pero al menos me queda el consuelo de que las mías mejoran. Por perder, me toca pagar una apuesta que es llevarlas a ver el partido entre Power Electronics Valencia y el Regal FC Barcelona. Aunque el verdadero motivo es que quieren ver a Ricky Rubio...veremos lo que se puede hacer.

 

De momento esto es todo, la semana que viene más y mejor.