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En el verano de 2007 algunos scouts y especialistas en baloncesto universitario empezaban a mirar hacia la localidad de West Lafayette, en el estado de Indiana. Anunciaban el nacimiento de uno de los equipos que, según decían, estaban llamados a ser protagonistas a nivel nacional en los cuatro años siguientes. Purdue había reclutado en una misma clase a cuatro jugadores que, junto a otros compañeros, formarían un grupo al llamarían los Baby Boilers, usando el nickname de Boilermakers de la universidad para esos jovencitos que amenazaban con dar mucha guerra. Todos entre los cien mejores prospects de ese año para los diferentes rankings especializados. E´Twaun Moore (coqueteando con el top20), JaJuan Johnson (cerca del top40) y dos chicos del Valparaiso High School, Scott Martin (entorno al top60, y que acabaría transferido a Notre Dame) y Robbie Hummel. Este último, que se movía entre los puestos 50 y 70 de los rankings de ese año 2007, acabó siendo el líder del grupo por su personalidad, energía y carisma.
 
Purdue, al mando del entrenador Matt Painter, revolucionaba la competición universitaria con un juego vistoso y un programa que se tornó ganador enseguida. Le falta un punto de madurez y temple en los momentos decisivos para convertir el potencial en éxito y títulos. Robbie Hummel deslumbraba a aficionados y scouts con su versatilidad, inteligencia, capacidad de tiro e intensidad sobre la pista. En el segundo año de estos Baby Boilers, Hummel comenzó a encender alguna alarma sobre sus debilidades físicas. Entre algunas lesiones menores, aparecían problemas de espalda que acabaron con una fractura por estrés de una vértebra lumbar, lo que le obligó a perderse algunos partidos y limitó su juego y minutaje. A pesar de las limitaciones y dolores, el ahora jugador de Obradoiro, con una incómoda protección para su dañada espalda, lideraba a Purdue al título de conferencia. Esa inercia ganadora fue parada de golpe por UConn en la segunda ronda de la Locura de Marzo.

 

 

 

 

 
Hummel era ya una figura a nivel universitario. Recibía premios y menciones, tenía muchos ojos puestos en él y su futuro parecía brillante y despejado hacia altas cotas. Ese curso 2009-10 era el gran momento. Los Boilers ya no eran tan Babies, estaban en tu tercera temporada y ya había acumulado experiencias (tanto buenas como malas) suficientes para dar el salto definitivo. El equipo era un candidato a Final Four. Catorce victorias seguidas eran un arranque perfecto. Tres tropiezos consecutivos se quedaban en un mal bache con las posteriores nueve victorias encadenadas. Y entonces llegó ese 24 de Febrero de 2010. Purdue, número tres del país por entonces, visitaba el Williams Arena de Minneapolis. A escasos días de su cumpleaños, Hummel brillaba con 11 de los 26 puntos de su equipo pasado el ecuador de la primera parte. Se lucía en un entorno familiar pues ese estado de Minnesota era lugar de veraneo habitual en casa de sus abuelos. Robbie se reencontraba con la confianza y el acierto que le habían faltado en partidos anteriores (a pesar de los 22 puntos del partido previo ante Illinois, no había tirado nada bien) y su equipo se disparaba en el marcador. Hasta que un mal paso lo cambió todo. La zapatilla derecha del de Valparaiso resbalaba sobre la pista y su rodilla no aguantó la tensión ni el movimiento. El ligamento cruzado anterior cedió. Comenzaba el calvario. Rápidamente los médicos confirmaban que Hummel tenía que decir adiós a la temporada (que acababa con Purdue cayendo ante Duke en tercera ronda del torneo nacional), pasar por quirófano y comenzar una larga rehabilitación.
 
Todo un proceso que iba a desembocar a tiempo para comenzar el cuarto y, en teoría, último curso. La temporada 2010-11. La última oportunidad de esa histórica generación de los ya seniors Hummel, Moore y Johnson. Un equipo con tres futuros NBA, un claro candidato a entrar en la final four y pelear por el título nacional. Ilusiones acumuladas que se acabaron de golpe, el 16 de Octubre de 2010, de nuevo con el chasquido de la rodilla derecha de Hummel en uno de los primeros entrenamientos de pretemporada. Otra vez el ligamento anterior cruzado. De vuelta a ese tortuoso proceso de la cirugía, la recuperación, la rehabilitación y, quizá sobre todo, estar apartado de la pista. Robbie haría las veces de ayudante dentro del seno del equipo, dedicaría el año trabajar su musculatura y mejorar sus conocimientos tácticos viendo los partidos desde la banda. Nunca se quejó. Nunca se rindió ni sintió pena de sí mismo. Simplemente fue paciente, maduró, mejoró y trabajó duro. Las malditas lesiones nos habían privado de un jugador exquisito y enérgico. Pero no consiguieron tumbarle.
 
Las normas de la NCAA le permitían pasar ese año en blanco (redshirt) y poder disfrutar de un cuarto año de elegibilidad la temporada siguiente. La 2011-12, aunque ya sin sus compañeros de andanza, Johnson y Moore. Sin Hummel, ambos habían conseguido meter al equipo en la Locura de Marzo de nuevo, aunque cayeron ante VCU, la gran revelación del torneo, en segunda ronda. Esta pasada temporada Purdue no ha conseguido acercarse al nivel ofrecido en años anteriores. Pero al menos los aficionados al baloncesto universitario hemos tenido la oportunidad de disfrutar, de nuevo, de Robbie Hummel en una pista de baloncesto. Un jugador algo diferente, más fuerte y en un claro proceso de adaptación a sus nuevas condiciones físicas. Recuperado por completo, según explicaban médicos y entrenadores, pero aún retomando sensaciones perdidas, movilidad, agilidad y explosividad. Sólo con algún problema aislado de calambres en las piernas como único susto médico/físico. Robbie volvía a brillar en las canchas NCAA con números extraordinarios (16´4 puntos y 7´2 rebotes) y ese despliegue de inteligencia y pasión por el juego. Los Boilermakers cayeron ante Kansas en segunda ronda del torneo final y Hummel decía adiós a su etapa universitaria, entre lágrimas, en la rueda de prensa posterior a la derrota ante los Jayhawks.
 
Se había convertido en historia de la Universidad de Purdue. Sus estadísticas figurarán entre las mejores del programa de West Lafayette a pesar de estar sesgadas por las lesiones, y quizá habríamos visto alguna bandera más colgar del techo del pabellón de la universidad de no ser por ese maldito ligamento. Pero lo que significó para aficionados, entrenadores y el equipo no podrá ser mermado por nada ni nadie. Premios deportivos y académicos le condecoraban. Hummel, en palabras de sus compañeros y técnicos, ha dejado un legado imborrable.
 
 
Cerrada la etapa de Purdue, Robbie Hummel afrontaba el gran reto. El gran salto. Su futuro profesional se había complicado bastante, pues esas dos lesiones de rodilla y otros recurrentes problemas físicos habían creado muchas dudas entre los managers y scouts de la NBA. Nadie dudaba de su talento por un segundo, pero su fragilidad física era un factor de riesgo elevado en un jugador que además partía con ciertas dudas sobre su proyección y adaptación a la NBA. Robbie recorrió medio país y acumuló un work-out tras otro con varias franquicias de la liga estadounidense. Las sensaciones parecían positivas, el propio Hummel se mostraba muy animado y esperaba poder salir en la zona media-alta de la segunda ronda del draft. Sin embargo, las dudas pudieron demasiado y las elecciones pasaban sin que su nombre apareciese. Fue ya casi al final, en la 58º elección, cuando los Timberwolves se hacían con sus derechos. Precisamente Minnesota, ese lugar de buenos recuerdos veraniegos que acabó tornándose en escenario de pesadilla aquel Febrero de 2010.
 
Muchos esperaban que Hummel pudiese pelear por un puesto en el roster de los Wolves en el training camp, pero el jugador ha optado por venir a Europa como trampolín de vuelta a la NBA. Santiago de Compostela, Obradoiro y la liga Endesa…parecen un destino perfecto.
 
 
Robbie Hummel era definido como “combo-forward” en su etapa universitaria. Un jugador que podía operar como tres y cuatro, si bien en Purdue fue básicamente un ala-pívot abierto. En casi todas las noticias y comentarios que han salido al respecto sobre su fichaje como Obradoiro, se le presenta, o se le destaca, como un tirador. Pero Hummel es mucho más que eso. Seguramente sean su inteligencia baloncestística, por así llamarlo, su tremenda energía en la pista, su visión de juego y su ejecución y adaptación tácticas los factores que hacen de Robbie el jugador que es. Es talentoso, técnico, equilibrado y maduro. Un tipo de jugador y persona que ya casi parece un rara avis en el baloncesto universitario estadounidense.
 
Bien es cierto, claro, que el tiro exterior es uno de sus grandes puntos fuertes. Jugando como cuatro abierto, Hummel atrae al interior rival, crea espacios y desequilibrios y “agranda” la pista. Es un buen tirador de larga distancia en estático, que ha ido mejorando su mecánica y acierto de forma progresiva en la universidad. No es especialmente efectivo cuando lanza saliendo de dribbling, sobre todo ahora que parece que ha perdido algo de potencia en las piernas para equilibrarse y armar mejor el tiro empezando por la base. Puede anotar también así, pero se ha mostrado bastante menos acertado que tirando en estático. Se eleva bien y el release es alto y relativamente rápido, lo que ayuda a poder sacar el lanzamiento sin necesitar tanto espacio, tanto en estático como saliendo del bloqueo. Algo importante en un jugador al que, en cierto modo, le cuesta crear su tiro propio.
 
Hummel es bastante habilidoso en el dribbling, capaz de cambiar dirección y manejar la pelota con confianza, aunque no se le podría catalogar como un penetrador verdaderamente disruptivo. De nuevo, la pérdida de potencia y movilidad provocada por la doble lesión de rodilla se hace patente, y sin demasiada explosividad no le resulta fácil sacar ventaja al defensor. No es un mal atleta, pero tampoco ha sido un privilegiado físicamente. En determinadas situaciones, sobre todo ya en movimiento y con la defensa más desequilibrada, si debería poder ser incisivo en su ataque al aro y desbordar con más garantías.
 
A priori, el ex de Purdue parece que recibirá un papel principal en el ataque gallego. Hummel ha demostrado esta pasada temporada que es capaz de recibir una mayor carga ofensiva, con mayor atención de la defensa rival, sin perder prácticamente eficacia. Una eficiencia, por cierto, que es otra de sus grandes virtudes. Inteligente con el balón en sus manos, toma buenas decisiones y rara vez fuerza acciones. Así pues, Robbie parece preparado para convertirse en un referente anotador, aunque tendrá que demostrar que está capacitado para generar en ataque en una liga de tanto nivel como la española. No cabe pensar en problemas de adaptación a la dinámica de equipo, pues el jugador nunca ha mostrado ni tan siquiera insinuado altivez ni egoísmo, encajando bien en un ambiente de equipo y aceptando repartos de roles. Liderando con el ejemplo, trabajando al máximo, pero sin necesidad de sentirse protagonista o absorber juego por decreto. Además, juega bien sin balón, es activo sin la bola, y es capaz de distribuirla y repartir asistencias con cierta solvencia.
 
Durante los largos periodos de inactividad (baloncestística) debidos a las lesiones de rodilla, Hummel dedicó mucho tiempo a trabajar en el gimnasio para fortalecer su tren superior. Ya progresaba a buen ritmo en sus dos primeras temporadas, pero de vuelta de la lesión la evolución era aún más contundente. Esto le ha permitido pelear con más garantías frente a los cuatros rivales en la pintura, buscar algunas acciones de poste bajo y resistir mejor contactos a la hora de finalizar sus penetraciones.
 
Junto a la concatenación de serias lesiones y continuos problemas físicos, la defensa era el otro aspecto que más dudas generaba entre los scouts NBA. Robbie Hummel queda a medio camino entre los puestos de tres y cuatro en este sentido. Le falta la velocidad lateral, explosividad y movilidad (más aún tras la lesión) para sujetar a un exterior explosivo y habilidoso. Y a su vez, aunque la altura no es del todo mala para el puesto de cuatro, no posee una longitud (bastante standard) ni fortaleza de garantías para aguantar las embestidas de un interior poderoso. Se le veía como un tweener, estancado entre dos posiciones, considerándosele una posible liability (lastre o debilidad) defensiva. El fortalecimiento de su tren superior y la menor exigencia física del baloncesto europeo le permitirán rendir mejor en defensa, aunque está por ver que sea capaz de ser solvente en dicha faceta, evitando sufrir demasiado ante cuatros de corte interior. Tácticamente si está bien preparado y trabajado en defensa (defensa sin balón, rotaciones, ayudas, etc.), y el esfuerzo y la intensidad es algo que se entienden como asegurados.

 

Foto Obradoiro CAB

 
El jugador ayudará en tareas reboteadoras tal y como ha hecho en la universidad, aunque también tiene que demostrar que puede moverse en guarismos similares una vez la exigencia física y competitiva será mayor. Producirá intangibles y sería extraño que no se ganase rápidamente el cariño de la afición gallega.
 
Robbie Hummel, ahora que comienza la pretemporada, despierta dos grandes e intensas sensaciones. Ilusión y emoción, gracias a su juego, su personalidad, su estética como jugador de baloncesto, y la promesa de todo lo bueno que pueda aportar a Obradoiro. Al otro lado, surgen las dudas y la tensión, producto de la fragilidad de un jugador que ya ha visto su carrera demasiado herida por las lesiones y que podría ser un factor inestable en la planificación táctica y deportiva del equipo. Si está sano, sería muy raro no verle rendir a buen nivel. Los aficionados gallegos, y cualquier amante del baloncesto, desearán (y desearemos) con todas sus fuerzas que se cumpla eso que se dice cuando no te toca la lotería de navidad: “al menos que no nos falte salud, que es lo importante”. Obradoiro tendrá su hombre referencia. El resto disfrutaremos de un jugador exquisito. Y Robbie Hummel recibirá el justo premio al talento, la pasión y el trabajo siempre ha demostrado y que ahora trae consigo a España.

 

Alejandro González
@Eil82

Uno de los fenómenos más interesantes del ultimo lustro baloncestistico en Europa ha sido sin duda, la fulgurante aparición de Montenegro como selección a tener en cuenta. Apenas tres años después de su debut como selección independiente, Montenegro culminaba en Lituania una primera etapa de su trayectoria marcada por el denominador común del éxito. Tras ascender en 2009 a la división A sin conocer la derrota, en el verano siguiente la selección montenegrina conseguía la clasificación directa al eurobasket liderando el grupo el grupo A, por delante de selecciones de la talla de Israel o Italia. Si bien en la cita baltica los resultados no fueron los esperados, la buena labor en categorías de formación y la excelente marcha en el actual Preeuropeo, donde ya ha sido capaz de imponerse a selecciones como Israel o la propia Serbia en Belgrado, confirman la buena salud del emergente baloncesto montenegrino.

Más allá de las cuestiones clasificatorias, si algo llama la atención en las formaciones del pequeño país (no llega a los 700.000 habitantes), es la abundancia de jugadores grandes, dotando a los balcánicos de una las “pinturas” más extensas del continente. Con los Nikola Pekovic y Vucevic en la Nba, la liga endesa ha visto pasar estos años a toda una serie de jugadores montenegrinos de un perfil preponderantemente interior entre los que se podría citar los casos de Mirotic, Todorovic, Dragicevic, Milko Bjelica, Dasic, Sekulic o Dragicevic. A esta amplia nomina se une ahora, el reciente fichaje del Valencia Basket Bojan Dubljevic, una apuesta a medio plazo que llega avalada por su papel importante en la actual selección y por una gran temporada en la que, entre otras cosas, fue elegido en el segundo mejor equipo de la Eurocup.

 

Valenciabasket.com
 

 

Nacido en Niksic el 24 de octubre de 1991, Dubljevic comenzó a dar sus primeros pasos en el KK Nilsic local, debutando en el primer equipo en la temporada 2008/09, alternando su presencia con el vinculado, el KK Ibon de la 1B montenegrina. Tras lograr el tercer puesto ese verano el bronce en el europeo U 18 b de Sarajevo, las buenas maneras ofensivas del joven pivot llaman la atención de un Buducnost que tras firmarle, le cede al Lovcen.

Con el club de Cetinje, el nuevo jugador valencianista, explota definitivamente liderando al conjunto de la antigua capital y llevándolo tanto a la final de la liga balcánica como a la de la competición domestica. Tras su buen papel, el Buducnost le recupera y le amplía el contrato consciente del potencial que comienza a atesorar. Tras una 2009-10 de toma de contacto, Dubljevic impresiona en el europeo U-20 de Bilbao formando parte del quinteto ideal del torneo con más de 22 puntos por tarde y casi 10 rebotes por partido. La última temporada, comienza para el Buducnost marcada por la presencia de un excepcional Nikola Vucevic, pero tras la resolución del lock-out y la marcha de este a los sixers, Dublijevic se convierte en la principal referencia interior del club de Podgorica, en un año en el que el Buducnost añade a su habitual hegemonía local la presencia en los cuartos de final de la Eurocup y en la final four de la liga adriatica, en lo que muy bien pudiera ser su mejor temporada desde la histórica 85/86 cuando liderados por Dusko Ivanovic y Zarko Paspalj alcanzaban el tercer puesto liguero en la antigua Yugoslavia.

A muy buen nivel estos días en el preeuropeo, Dubljevic se incorporará a un Valencia que ha perdido a algunos referentes claros como Nando de Colo, Claver o Caner Medley, pero que al fin parece haber logrado la estabilidad en los banquillos de la mano de un Velimir Perasovic que puede ser clave en la adaptación del joven jugador montenegrino.

Su juego/su impacto: Habitualmente los jugadores procedentes de la Liga Adriática, y en especial si son jóvenes, tienden a acusar el salto en cuanto a intensidad física, algo que en el caso de Bojan Dubljevic puede agravarse dado que sus 2´05 se antojan un poco escasos para la posición de 5. Con todo, su buen papel en la Eurocup y en el preeuropeo, su buen tono físico y una cada vez mayor naturalidad en el juego abierto apuntan a que el puesto de 4 no le esta ni mucho menos vetado.

Activo en defensa, sufre cuando lo aíslan en el poste bajo y tiene alguna dificultad para leer cuando debe ayudar en las penetraciones lo que junto a su falta de intimidación constituye quizás su mayor lunar. Por el contrario, su actividad y su capacidad para defender por delante le garantizan buenos recursos frente a jugadores de más tamaño, amen de que el extenso juego interior valenciano le permitirá no acusar los problemas de faltas.

 

 

Foto: FIBA.COM
 

 

Ofensivamente, Dubljevic tiende a partir abierto, destacando por su buena capacidad para poner bloqueos y por su facilidad para alternar el juego abierto con las continuaciones a canasta. Dotado de un buen tiro exterior, necesita un punto más de velocidad de ejecución ya que rango y variedad ya forman parte de su repertorio habitual con porcentajes interesantes (42% en triples en la Liga Montenegrina, 32 % en la Adriática y 41% en la Eurocup).

Relativamente ágil y rápido, carece de grande fundamentos atléticos, pero es fuerte y maneja adecuadamente su mano izquierda en las finalizaciones donde en general presenta muy buen tacto. Buen reboteador ofensivo gracias a su sentido de la colocación, en defensa se muestra más seguro bloqueando que capturando. Por lo demás, necesita mejorar su capacidad de pase, tanto a nivel de rapidez como sobre todo de lectura pues en ocasiones le cuesta doblar el balón cuando recibe ayudas defensivas.

Con estas premisas, las buenas referencias en cuanto a su disposición al trabajo y en especial la naturalidad que transmite en su juego, auguran una sólida carrera a un jugador que, si bien puede pagar un pequeño peaje en los primeros meses, apunta a ser importante ya esta misma temporada.

Iván Fernández

Fuera de la pista, Ekenechukwu Ibekwe es un tipo de sonrisa fácil. Aparenta simpatía, sentido del humor. Cuando se calza las botas, según sus palabras, salta a la cancha a “divertirse”. Y tiene su propia forma de hacerlo: básicamente, intimidando.

 

 

 

Pívot de 2,06, espigado y con una envergadura y capacidad atlética imponentes, Ekene, o E, llega al Lagun Aro para convertirse en el guardián del ‘skyline’ de Illumbe. El jugador nacido en Los Ángeles y con pasaporte nigeriano velará por la seguridad de todo lo que ocurra por encima del aro del GBC.

 

Su estadística avala su cartel de intimidador. Los números de Ibekwe han sido siempre notables en materia taponadora. En su etapa en el High-school promedió 4,4 tapones por partido y es uno de los máximos taponadores de la historia de la prestigiosa universidad de Maryland. En su año senior, su media ascendió a 2,7 tapones por noche.

 

La pasada campaña, con el Bayreuth alemán, firmó 1,6 tapones en 23 minutos. Una capacidad que, unida a sus cualidades atléticas, le convierten en una pieza importante para sostener el entramado defensivo del Lagun Aro. A Sito Alonso siempre le ha gustado tener un jugador de ese perfil en sus plantillas para poder desarrollar un estilo defensivo valiente, arriesgado, con las líneas muy arriba.

 

El año pasado no lo tuvo, por lo que su defensa se vio obligada a ajustarse dando un paso atrás. La llegada de Ibekwe puede permitir que el GBC vaya a buscar al ataque rival, que aumente su intensidad sobre las líneas de pase. Porque a su espalda estará Ekene aplicando con mano firme el derecho de admisión de la canasta guipuzcoana.

 

La defensa de contacto y, sobre todo, las faltas emergen como sus asignaturas pendientes. En la Bundesliga, su promedio superó las cuatro por partido. Puede resultar un problema, especialmente si le unimos su condición de novato en la Liga. El Lagun Aro deberá cuidar ese aspecto, ya que también Doblas y Guille Rubio son interiores con tendencia a cargarse de personales.

 

En ataque, Ibekwe se alimentará de las ventajas que generen sus compañeros. No es un pívot con habilidad para anotar de espaldas en el poste bajo o resolver en uno contra uno puro. Es básicamente un finalizador, por lo que la mayoría de sus puntos llegarán después de continuaciones o de rechaces ofensivos. Sus muelles y sus largos brazos le convierten en un peligro cargando el rebote ofensivo desde atrás, acabando a veces hacia abajo. Tiene una mano correcta desde cuatro o cinco metros, e incluso puede lanzar de tres en ocasiones, aunque su mecánica conlleva su tiempo. Es decir, para tirar necesita espacio.

 

Tras su paso por Israel, Francia, Turquía y Alemania, afronta su debut en la Liga Endesa. Curiosamente, no será el primer Ibekwe en jugar en nuestro país. Su hermana Ify disputó seis partidos en el Jopisa Ciudad de Burgos, de Liga Femenina, la pasada temporada, con más de diez puntos de media. Ala-pívot de 1,87, ha llegado incluso a jugar en la WNBA. A los 27 años, al sonriente E le llega la gran oportunidad de su carrera.

Borja Santamaría

Diario Vasco

Emmanuel A. Quezada Martínez nació el 13 de abril de 1985 en Washington Heights, uno de los barrios más problemáticos y pobres del estado de Nueva York, y cuya demografía destaca por el 74% de familias con ascendencia dominicana. Quezada, como su amigo James Feldeine, es uno de esos neoyorquinos de familia de la República Dominicana.

 

 

Desde muy pequeñito empezó a jugar al baloncesto y destacó por su gran rapidez. Su periplo universitario no fue fácil: solo aguantó un año en Rutgers, donde apenas jugó 6 minutos por encuentro. La Universidad de Dakota no quiso arriesgarse con él por estimarle ''muy bajo'', y finalmente encontró su sitio con los San Francisco Dons de la West Coast donde jugó tres temporadas.

 

Tanto en la universidad de Nueva Jersey como en la californiana, Quezada jugó de base. Era un base, eso sí, muy americano: gran baza anotadora de la Universidad de San Francisco, él era tanto el guionista, director y actor del juego ofensivo de los Dons. En sus tres años allá, promedió 12,5 puntos, 3,5 asistencias y 3,1 rebotes, erigiéndose como un jugador con carisma y vocación ofensiva, con la vista puesta siempre en la canasta.

 

Este estilo no pasó desapercibido para el Baloncesto León. El cuadro leonés fichó a Manny Quezada para que fuese el escolta del equipo -después de que el de Puerto Plata jugase en el Sameji de Dominicana, y en los Gaiteros de Zulia venezolano, promediando 16 y 15 puntos por partido respectivamente-, la referencia anotadora, y no base, como había sido hasta ahora. La adaptación del neoyorquino, tanto al cambio de posición como al cambio de juego, fue óptima. En su primer año en la Adecco Oro, Quezada fue capaz de aportar 14,1 puntos por noche al León, confirmándose su apuesta como un acierto. Sus porcentajes no fueron del todo buenos: 47% en tiros de dos y 28% en triples, pero añadió a sus números 3,2 asistencias y 2,9 rechaces. Estas estadísticas mejoraron en su segunda campaña: 16,5 puntos con 47% en tiros de dos y 40% en triples, 3,4 asistencias y 3,1 rebotes. En valoración, pasó de 11,2 a 15.

 

Quezada es escolta por naturaleza. Su juego en NCAA, a pesar de realizarlo desde el puesto de 'point guard', era de 'shooting guard'. Se le nota cómodo siendo la referencia ofensiva y busca siempre el contacto con el balón. Tiene un buen físico que, en unión con su velocidad de piernas, le permite buscar las cosquillas a su defensor en los 1x1. También sabe jugar sin la pelota y es capaz de tirar tras bloqueo gracias a su rápida y fluida mecánica de tiro. Si bien no es un tirador, ha mejorado durante su carrera su tiro desde el perímetro, pero no reniega nunca de la esencia callejera, del 1x1, del dribbling y de penetrar en busca de la bandeja.

 

Es un jugador, sin lugar a dudas, espectacular. Pero tiene carencias. Su altura, que le puede venir bien para atacar a rivales más corpulentos y no tan rápidos, es un hándicap cuando las tornas se giran y es a él a quien le toca defender. Si bien es un jugador arrojado, que se lo deja todo, a veces le es imposible contrarrestar el poder de sus rivales sobre él. Esta brega y pasión, siempre bien recibida por el aficionado que disfruta de él, le juega a veces muy malas pasadas. En ocasiones se obstina, ya sea con un jugador o con una situación, y la pasión le hace decidir mal. En la Adecco Oro promedió 3,1 pérdidas en sus dos campañas, casi todas provenientes de penetraciones demasiado arriesgadas. En otras ocasiones, su ímpetu provoca que se borre del partido. Debe controlarse más en esas situaciones para ser útil a su equipo, y no ser un lastre.

 

La traducción de su altura al juego de la Liga Endesa es la gran duda. En cuanto a talento, está claro que pertenece al grupo de los mejores. Pero deberá trabajar muchísimo en su defensa y en su concentración para convertirse en el referente anotador que el FIATC Joventut necesita desde el perímetro. 

Jesús Morales
@MoralesJAlmeida

Criado en la cantera del Partizan del Belgrado y posteriormente en el Atlas Belgrado, Milovan Rakovic está llamado a ser uno de esos nombres que llegan a la Liga Endesa con la garantía de ser un fichaje solvente. Quizá supone un giro a lo que se había visto en Bilbao las últimas temporadas, pero la lucha, fuerza y sobriedad de su juego son características que se acoplan perfectamente al juego de los hombres de negro.

 

Y es que Milovan Rakovic destaca por ser un jugador entregado en la pista. Su fuerte viene en la defensa, pues es atrás donde destaca por ser un duro defensor (de esos que quieres en tu equipo, pero odias como rival), al que es difícil sacar ventaja y que en el rebote tiene uno de sus puntos fuertes.

 

Estas virtudes hicieron que en 2007 fuera drafteado por Dallas Mavericks con el número 60 y fichado por el Spartak de San Petersburgo. En Rusia, Rakovic demostró una gran proyección que le llevó en la temporada 2009-2010 a promediar 15,2 puntos y 6,4 rebotes por partido, siendo uno de los hombres más destacados de la Eurocup.

 

Todo ello le llevó más tarde a fichar por el Montepaschi Siena donde se dio a conocer para el gran público evidenciando que en la extensa cantera de pivots serbios (ha sido internacional en categorías inferiores, siendo bronce europeo en la Sub20) todavía había mucho por descubrir. Con Siena logró el título de liga y copa y llegó a la Final Four de la Euroliga. Su temporada colectiva había sido notable, pero a nivel individual sus números bajaron pues, como era lógico, en un equipo de primer nivel debía compartir más balón.

 

De Italia pasó a Lituania donde ha firmado un año desigual en Zalgiris Kaunas. Quizá por el irregular año del equipo en Euroliga, su juego se ha resentido y aunque ha firmado buenas actuaciones, estas han quedado por debajo de lo esperado porque hay mucho juego en las manos de Milovan Rakovic.

 

 

 

 

 

 

En ataque, uno de los primeros detalles que se pueden observar en el juego de Milovan Rakovic es su buena movilidad pese a la contundencia de su físico. El pívot puede formar una gran sociedad con Raül López y ser un dolor de cabeza para los rivales ya que lee perfectamente los espacios en el pick and roll y tanto si continúa a canasta como si opta por algún lanzamiento más o menos abierto, Rakovic suele sacar gran rendimiento a esta acción del juego.

 

Seguramente no será un jugador con la capacidad de fabricarse sus propios lanzamientos de forma constante, pero por su movilidad tiene recursos más que suficientes para hacer daño ya sea cuando postea de espaldas a canastas como cuando encara el aro de cara. En cualquier caso muchos de los puntos que consiga Rakovic en la Liga Endesa vendrá del movimiento que suele hacer hacia el centro de la canasta para acabar con un gancho de derecha. Por la envergadura y la rapidez con la que ejecuta esta acción, su lanzamiento acaba siendo muy difícil de impedir y con los años ha logrado gran efectividad con él.

 

Como buen luchador del aro que es, Rakovic obtiene de los rebotes ofensivos y las segundas oportunidades otra fuente importante de puntos. Puede ser que no sea un estilista de la canasta (tiene un lanzamiento muy parabólico), pero su constancia le permite que aunque falle de primeras, en segunda o tercera instancia acabe con el objetivo de sumar puntos.

 

En definitiva, a Bilbao llega un pívot con muchas ganas de volver al primer nivel, de ser protagonistas a partir de la sobriedad de su juego. Un jugador silencioso, trabajador pero que seguro dará mucho de que hablar. Y ojo, que tiene su punto de talismán porque en los dos últimos años allá donde ha estado ha levantado títulos ¿lo hará esta temporada en Bilbao?

 

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
ACB.COM

 

En 2011 sorprendió a sus vecinos del Bronx anotando 50 puntos en un partido de la Dyckman Summer League. Todos los presentes habían acudido al Gauchos Gym para ver a Kemba Walker y Brandon Jennings, que compartían equipo y eran rivales del ''Dominican Power''. Al final, los NBA ganaron por 109-104, pero los espectadores se quedaron con la cara de aquel chaval de la dura Washington Heights que, decían, jugaba en España. Se fijaban en James Earl Feldeine Padilla.

 

 

James Feldeine nació el 26 de junio de 1988. Tras unos grandes años de instituto, decidió acudir a la modesta Quinnipiac, en Connecticut -allí jugaría contra Aaron Jackson-. Apenas jugó 12 partidos en su año de freshman, y mejoró en su segundo año promediando 27 minutos por partido y 8 puntos. En el tercer año universitario, y último, Feldeine se fue hasta los 17 puntos, 6,5 rebotes y 2,3 asistencias de media, llegando a firmar incluso un triple doble. Había explotado.

 

El salto al profesionalismo le vino de la mano del Breogán. En su primer año en Lugo, firmó unos promedios de 15,2 puntos (49,1% en tiros de 2 y 36,6% en triples), 3,1 rebotes y 1,5 asistencias para 11,3 de valoración. Estos números ascendieron en su segundo año en la Adecco Oro: 17,7 puntos (49,9% en tiros de 2 y 39,9% en triples), 4,1 rebotes y 1,7 asistencias para 16,2 de valoración.

 

Feldeine es un escolta puro y duro, muy buen anotador y con un físico envidiable que le sirve para ser también una buena baza en el rebote. Está acostumbrado a ser la referencia ofensiva, y posee un buen tiro de media y lejana distancia. Es un jugador muy completo que, aunque se caracteriza por su capacidad anotadora, es capaz de ayudar al equipo en diversos aspectos del juego. En sus dos años en Adecco Oro, se mostró muy superior a casi todas las defensas rivales. Además, sus compañeros destacan su amabilidad y simpatía, siempre dispuesto a hablar y a liderar al grupo.

 

Queda pendiente ver cómo es su adaptación al juego de la Liga Endesa. Tendrá en frente rivales más altos, más fuertes y más inteligentes. Además, suele sufrir cuando las defensas se centran en él y le cubren de manera personal. En el Mad-Croc Fuenlabrada, él será una pieza fundamental en la ofensiva del equipo, y quizá no pueda asegurar esa cuota de puntos que cualquier conjunto necesita de su ''estrella''.

 

Feldeine es un escolta con buen físico, excelsa técnica y buenos fundamentos. Basa su juego en el uno contra uno, y esto quizá se convierta en su mayor debilidad para la Liga Endesa. Sea como sea, es un jugador que dará mucho espectáculo y más de una alegría a la afición fuenlabreña.

Jesús Morales
@MoralesJAlmeida

Que te comparen con una gran estrella de la NBA puede hablar maravillas de tu juego, también puede ser un problema porque cualquier comparación suele ser odiosa, pero lo que está claro es que visualmente uno ya se lleva una primera impresión. Pues bien, si la tarjeta de presentación de Nathan Jawai cuando llegó a Estados Unidos fue su apodo de "Aussie Shaq", éste dejan bien a las claras de qué tipo de jugador estamos hablando.

 

Y es que Jawai es la versión australiana de Shaquille O’Neal por dimensiones físicas, o lo que es lo mismo, viene a ser el jugador más parecido a Sofoklis Schortsianitis (otro “baby Shaq” que nos deja la historia de las comparaciones) que podemos encontrar en el baloncesto actual.

 

El aborigen australiano es un pívot de los de antaño, un gran físico que gusta de jugar de espaldas a canasta, que se siente como pez en el agua en la zona y que se aleja de muchos estereotipos actuales de pívot que rehuye de la lucha cuerpo a cuerpo por cada rebote, por cada balón.

 

No, Jawai bien podemos incluir en el catálogo de pívots en peligro de extinción porque su juego es el más clásico de cuantos se puedan distinguir en esta noble posición baloncestística. Sin embargo, Nathan Jawai sí tiene algo de modernidad en su físico, pues la movilidad y agilidad que demuestra en cada mate nos habla de una constitución que ha sabido amoldarse al juego actual y que se adapta con brillantez a las necesidades del baloncesto de hoy en día y a la creciente urgencia de dar espectáculo en las canchas.

 

Porque Nathan Jawai impresiona por su físico, pero también por sus mates. Corre bien la pista, es ágil en los reversos a canasta y en las distancias cortas al aro se mueve con soltura siendo un jugador mucho más explosivo que de esfuerzo constante, lo cual puede dejar entrever cierta irregularidad a lo largo de sus partidos.

 

Formado en el baloncesto australiano, su envergadura no pasó por alto para los deseos ojos de los americanos y proyectaron en él a una futura estrella del baloncesto como lo era aún por entonces Shaq. Jawai aterrizó en la NBA con Toronto Raptors vía draft de 2008 tras ser elegido en el número 41 por Indiana Pacers y traspasado poco después al equipo canadiense.

 

No se puede decir que la experiencia americana fuera fructífera para Jawai, sobre todo porque su comienzo fue demoledor. Una irregularidad cardiaca detectada en un chequeo médico tuvo en vilo su futuro profesional, se dudaba que pudiera jugar y en una época donde el miedo a los infartos en el deporte ha crecido, Jawai también debía preocuparse por su vida.

 

Por suerte no todas las historias de tristes comienzos acaban en tragedia y si bien Jawai nunca brilló en la NBA, el hecho de haber jugado un puñado de partidos con los Raptors y media temporada con Minnesota Timberwolves eran la mejor noticia... y un buen curriculum de cara a su desembarco en Europa.

 

Bien pudiera ser que su físico no acaba por ser determinante en Estados Unidos (sobre todo porque debe cuidarse para no coger kilos de más), pero Europa hasta la fecha le ha valido para ir creciendo cada temporada. Partizan de Belgrado demostró con él, que tiene un ojo excelente para fichar a ex jugadores de NBA y Jawai fue la mejor noticia serbia en un año difícil donde la reconstrucción le dio un papel básico.

 

 

 

 

Sus buenos números en Serbia y Euroliga (9,1 puntos y cinco rebotes de promedio), le valieron crecer económica en Kazan el año pasado. Jawai tomó la maleta y viajó para repetir experiencia en Euroliga de la mano de UNICS Kazan.

 

Allí se cruzó en la fase de grupos con el FC Barcelona Regal y por si no hubiera anotado su matrícula, lo volvieron hacer en el cruce de cuartos. Partidos donde el experto y el aficionado pudo comprobar como Jawai es un jugador que encaja perfectamente en la estructura interior del equipo de Xavi Pascual, es grande, intimidador y con buenos números en la pintura. Un cóctel de virtudes que bien agitado (pero no mucho para no alterar a Jawai) debe ser suficiente para dotar al juego interior blaugrana de ese hombre grande y de peso que durante varias temporadas parecían buscar en el mercado.

 

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
ACB.COM

 

El 3 de diciembre de 1985 veía la luz por primera vez Marcus Darrell Williams en Los Angeles, California. Nacido en una familia de clase media, Marcus Williams llevaba los deportes en la sangre; su abuelo, Carlton Kelley jugó para los St. Louis Cardinals de la NFL. Antes de empezar con el baloncesto universitario, el angelino jugó en el Crenshaw High School y, su último año, en la prestigiosa Oak Hill Academy.

 

 

 

Desde pequeñito destacó por su talento para pasar gracias a su gran visión de juego. Veloz y con un manejo de balón propio de un chico que pasa su infancia en la cancha callejera de detrás de su casa, el baloncesto fue siempre su vida. Por eso, cuando llegó a la Universidad de Connecticut, se topó con mil y un obstáculos que a duras penas supo superar. En su primer año fue suspendido durante seis partidos por bajas notas. Mucho peor fue lo acontecido en su año junior, cuando le echaron del equipo por intentar vender unos ordenadores que había robado en el campus con la ayuda de su compañero AJ Price -hoy en los Washington Wizards-. Además, en 2009, cuando militaba en los Piratas de Quebradilla y estaba a punto de jugarse el título, dejó tirado al equipo portorriqueño para intentar volver a la NBA. Muchas malas decisiones.

 

Pero, si hablamos de baloncesto, los aficionados de Unicaja tienen muchos motivos para sonreír y esperanzarse. Marcus Williams es un base de un talento increíble, que hace jugar al equipo y que suele compensar sus pérdidas. Además, no se limita a ser un buen pasador; como todo base californiano que se precie, Williams es un muy buen anotador. En el NCAA Tournament de 2006, su último año universitario, promedió 20 puntos y 8,8 asistencias, con unos porcentajes del 52% en tiros de dos y un 56% en triples. Además, esa temporada fue capaz de lograr el sexto triple doble de toda la historia de los Huskies -18 puntos, 13 asistencias y 10 rebotes-. En Puerto Rico firmó 15 puntos por encuentro y posteriormente ha sido un referente anotador en Ucrania y China.

 

¿Qué hace, pues, fuera de la NBA? Williams fue seleccionado en el puesto 22 del draft de 2006 por los New Jersey Nets. En su año de novato promedió 6,8 puntos, 3,3 asistencias y 2,1 rebotes, jugando el partido de rookies contra sophomores en el fin de semana de las estrellas. Sin embargo, a partir de entonces empezó a descentrarse, acabó siendo traspasado a los Warriors y, posteriomente, fuera de la liga americana. Se le achaca falta de concentración y entrega, despreocupación sobre su cuerpo -varios equipos se han quejado de su sobrepeso en algunas ocasiones-, mentalidad egoísta,... Un jugador con una muy buena cabeza, pero muy mal amueblada.

 

A sus 26 años, está ante la mejor oportunidad de jugar al baloncesto que ha tenido en su carrera. En NCAA fue una estrella, pero el nivel no era significativo para su potencial; en la NBA sus alas se quedaron cortas por falta de madurez; e internacionalmente, ha carecido de una ocasión de buen nivel y de buenos minutos para demostrar todo lo que puede llegar a ser. En este renovado Unicaja, Williams tendrá sobre su cogote la respiración de un duro entrenador como es Jasmin Repesa. En su presentación se mostró comprometido, serio y consciente de lo que se le va a pedir. La gente no duda de que sea capaz de aportarlo, pero necesitará estar metido en la dinámica del equipo desde el primer día.

Jesús Morales
@MoralesJAlmeida

 

Charles Ramsdell (13 de enero de 1985) es un hombre de mundo, y nadie le podrá decir lo contrario. Salido de Oklahoma, su primer paso fuera de su estado natal -estudió en la Universidad de Tulsa- lo dio en España. Después de firmar unos buenos números en una universidad no tan buena, Ramsdell se convirtió en profesional de la mano del Beirasar Rosalía de la LEB Oro. Era la temporada 2007/08 y la primera experiencia extranjera de un chaval de Oklahoma.

 

 

 

Y la adaptación no fue tan difícil, pues aquel primero año promedió 9,3 puntos y 3,6 rebotes, y se convirtió en un factor importante del equipo revelación de aquella campaña. Tras dos temporadas en el conjunto gallego, llegaron otro par de años en LEB Plata: en Alaior Menorca y Ávila. A pesar de parecer un paso atrás, le sirvió para coger carrerilla y firmar por el Lleida de LEB Oro. Allí pasó el último año, firmando promedios de 12,2 puntos (50,9% en tiros de dos y 46,9% en triples) y 4,8 rebotes. Fue uno de los mejores jugadores de un equipo que a punto estuvo de colarse en la final por el ascenso.

 

Ramsdell es un '4' moderno, un ala-pívot contemporáneo y adaptado al actual baloncesto. Juega abierto y suele tirar de tres. Es una amenaza en el perímetro porque aúna buena mecánica y buenos porcentajes. Además, con sus 2,08 metros, es capaz de poner la bola en el suelo y penetrar con fuerza. Tiene un buen manejo de balón para su estatura y un buen control de su cuerpo, lo cual demuestra en las transiciones, siendo capaz de correr de un lado a otro de la cancha con una soltura no muy habitual. En este sentido, su juego se adaptará a las exigencias de Ponsarnau. Además, imprime una gran intensidad a todas sus acciones y demuestra un gran carácter en la cancha.

 

No obstante, no es todo bueno. A pesar de sus 2,08 metros de altura, pesa sobre los 100 kilos y la Liga Endesa es muy exigente en el poste. No tiene corpulencia ni se caracteriza por ser un buen reboteador. Además, siendo la amenaza exterior que es y poseyendo la rapidez de movimientos que posee, no suele pisar la pintura de espaldas a canasta y no suele confiar en su juego interior y sus facultades.

 

Pero todo esto lo suple, y con creces, con su dedicación y su gran ética de trabajo. Estos factores son destacados por todos y cada uno de sus entrenadores y compañeros en España. Y en Madagascar. Sí, Madagascar. Porque Ramsdell, ese chico de Tulsa, es internacional con la selección africana y de hecho hizo un gran Afrobasket en 2011, firmando 15,8 puntos y 8,8 rebotes por encuentro.

 

A todo esto hay que añadirle que hace vestuario. Suena a tópico que no se puede probar, pero lo cierto es que todos los aficionados que han disfrutado de su presencia concuerdan en que es una gran persona y un gran amigo. Un tipo afable que se detiene para firmar autógrafos o sacarse fotos con los más pequeños.

 

Se trata, en definitiva, de un jugador muy acorde con la filosofía con la que los chicos de Ponsarnau juegan en Manresa. Una persona de club para un club de personas.

Jesús Morales
@MoralesJAlmeida

El nombre de Krunoslav Simon se llevaba relacionando con el Unicaja desde hacía ya tres veranos. Por fin, el equipo malacitano confirmó este periodo estival el fichaje del escolta del KK Zagreb. De tanto leer su nombre en la prensa, el aficionado siente que ya le conoce. Pero, ¿realmente lo hace? ¿Cómo juega Krunoslav Simon?

 


Croata y zurdo son dos adjetivos que, asociándolos a su condición de escolta, debiera ya ayudar al lector a hacerse una idea de cómo es su juego. Simon (24 de junio de 1985) mide 1,97 metros y se ha formado en la escuela balcánica del KK Zagreb, con el que debutó en la temporada 2002/2003. Miembro de la selección croata del Eurobasket de 2011, Simon ha ido evolucionando cada año hasta que ha visto que tanto la Liga Adriática como el equipo de sus amores se le quedaban pequeños.

 

Aunque hablamos de un escolta croata, debemos aclarar que no es un tirador. Si bien tiene una buena mecánica y no suele encogérsele la muñeca, gusta de tener mucho la bola, de botar y de buscarse la canasta por su cuenta aprovechando su gran manejo de balón en los uno contra uno. Por ende, no es tanto una opción ofensiva a la que buscar en momentos puntuales, sino una referencia que necesita el contacto. No obstante, esto era así en un KK Zagreb donde siempre fue una de las estrellas de perímetro; en Málaga deberá adaptar su juego.

 

Tiene un físico muy fuerte, aunque a lo largo de los años ha sufrido diversas lesiones que le han hecho coger algún kilo de más. Es un escolta valiente y polivalente que no duda en penetrar y buscar siempre el contacto. No tiene problema alguno para subir la bola, aunque suele carecer de visión de juego cuando es encerrado en un dos contra uno. Es un tanto impulsivo, tanto para lo bueno como para lo malo, y esto le hace cometer errores en situaciones de presión. Aunque la defensa no es su fuerte, es capaz de emparejarse con aleros más altos que él.

 

En la última edición de la Turkish Airlines Euroleague, Simon promedió 13,4 puntos, 4,6 rebotes y 2,5 asistencias en diez partidos, con 30 minutos de media por noche. Perdió una media de tres balones por partido. A sus 27 años, se encuentra ante la primera gran oportunidad de su carrera. Primera experiencia lejos de casa, teniendo que demostrar lo que vale ante una afición desconocida. Y la Liga Endesa es una competición que suele perdonar muy poco. Sin embargo, contará con su seleccionador nacional en el banquillo y eso le acercará a su Zagreb.

Jesús Morales
@MoralesJAlmeida
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Assignia Manresa vuelve a mirar al Este de la Europa baloncestística para encontrar una pieza en el mercado que encaje en el puzle que cada año elabora. Si el año pasado fue Adam Hanga quien llegaba procedente de Hungría, esta vez será el búlgaro Aleksandar Yanev quien ratifique una temporada más el buen criterio de los ojeadores manresanos.

 

Muchos ven en Yanev el relevo natural de Downs y no le faltan motivos. Corre bien el contraataque, es vertical en su juego posicional y tiene un físico importante (203 centímetros) para hablar de un alero. Sin embargo, no tiene la explosividad y espectacularidad de un matador y, sí al contrario, ofrece la seguridad y estabilidad en el lanzamiento exterior de un tirador.

 

Quizá ahí radica la principal virtud de Yanev, su polivalencia a la hora de jugar a baloncesto. Su físico le puede amoldar a la posición de ala-pívot, pero su interpretación del baloncesto y habilidad perimetral le han llevado a jugar como alero. De su juego destaca la habilidad para jugar abierto, la regularidad en el tiro (con una mecánica ortodoxa y rápida para la envergadura del jugador), la importancia que tiene en el rebote defensivo y, sobre todo, la inteligencia en el juego. Pocas veces elige una mala opción o mal tiro y son escasos los balones que va a perder. Toda una virtud en los tiempos que corren.

 

 

 

 

Formado en la cantera del Cherno More, Yanev aterriza en la Liga Endesa con 21 años y un potencial todavía por exprimir. Dependerá de él conocer su propio límite pero lo que es seguro es que con cada temporada ha ido mejorando hasta dar el salto a una liga importante siendo todavía muy joven.

 

La pasada campaña promedió 16,4 puntos, 8,2 rebotes, 1,6 asistencias y 1,3 recuperaciones por encuentro en Bulgaria. Internacional por su país desde las categorías inferiores, le queda consolidarse dentro de la absoluta aunque está llamado a ser importante en el relevo generacional que ésta ha emprendido.

 

Así pues, a Manresa llega un joven talento por explotar, con una breve incursión en la liga griega (jugó tres partidos en el Kavala este año), Yanev reúne los requisitos necesarios para ser una de esas nuevas joyas que Assignia Manresa suele pulir con paciencia y entusiasmo

Álvaro Paricio
@Alvaropc23
ACB.COM

Adrien Moerman (2.01, 7/8/1988, Fontenay-aux-Roses) ha sido la primera incorporación de un jugador procedente del extranjero en el mercado veraniego de fichajes de la Liga Endesa. El Gescrap Bizkaia se ha mostrado ágil en la adquisición de uno de los jóvenes valores más prometedores de la LNB ProA francesa, que llega procedente del SLUC Nancy, campeón de liga del año pasado, y cuya temporada ha sido más discreta de lo que se esperaba.

 

Moerman, se formó en las categorías inferiores de la Chorale de Roanne, adonde llegó en el año 2003. Desde muy joven apuntaba maneras de gran jugador, pues el año siguiente, en 2004, es convocado por Lucien Legrand para formar parte de la selección francesa cadete, junto a su amigo Ludovic Vaty (actual pívot del BCM Gravelines- Dunkerque); Nicolas Batum, o Antoine Diot. En el campeonato celebrado en Grecia, se proclama campeón de Europa cadete, convirtiéndose en el máximo anotador.

 

 

En la temporada 2005-2006, el técnico del primer equipo, Jean- Denys Choulet, lo hacía debutar en la máxima categoría del baloncesto francés, la ProA, en el partido de la segunda jornada que enfrentaba a la Chorale Roanne en casa, en el Halle André Vacheresse, contra la SPO Rouen. Aquél día, el 8 de octubre de 2005, el joven Adrien, con tan sólo 17 años, veía cómo su equipo ganaba holgadamente, por más de veinte puntos, al rival. Su esfuerzo y trabajo con el equipo de Espoirs (equipo de promesas), le habían valido para participar en los entrenamientos de los profesionales e, incluso, para ir convocado al partido. Cuando sólo restaban cuatro minutos para acabar un partido sentenciado desde hacía mucho rato, JD Choulet mandaba a Moerman y a su compañero de banquillo, el escolta Yannick Zachee, a saltar a pista. Su sueño se había cumplido, y bien que lo iba a aprovechar. En los escasos cuatro minutos que estuvo en pista, Adrien Moerman ilusionó con su actuación a la calurosa afición de la Chorale, eterno rival del vecino ASVEL: 4 puntos sin fallo (2/2 en tiros de campo), 1 rebote y 1 tapón. El sacrificio y el talento de Adrien se abrían camino.

 

A lo largo de esa temporada, Moerman tendría ocasión de vestir la camiseta del primer equipo hasta en 14 ocasiones. Su partido más destacado tuvo lugar en el Docks Océane, la pista del STB Le Havre, el 11 de febrero de 2006. Aquel día, Choulet tenía problemas en el juego interior (Alí Traore había sido eliminado), y recurría a su joven promesa. El resultado no pudo ser mejor: 10 puntos (4/5 en tiros de 2) y 4 rebotes, para 13 de valoración en 13 minutos. Su equipo se hacía con la victoria a domicilio, y su entrenador se convencía de las posibilidades de su joven jugador, que comenzaría a tener más minutos y mayor continuidad en ProA a partir de este día.

 

Mientras jugaba con el primer equipo de Roanne, Adrien Moerman disputaba también la liga de Espoirs para jugadores inferiores a 20 años, donde era elegido en el quinteto ideal del campeonato, junto al base Loïc Akono (BCM Gravelines-Dunkerque); el escolta Mateusz Kasperzec (SLUC Nancy); Nicolas Batum (Le Mans), y el pívot Gary Florimont (Cholet Basket). Por aquel entonces, su repertorio de recursos ofensivos era limitado, ya que aún no había entrenado específicamente el lanzamiento de perímetro. Era un diamante por pulir.

 

Ese mismo verano de 2006 participa con Les Bleus en el campeonato de Europa junior U-18 celebrado en Grecia, consiguiendo la medalla de oro (siendo máximo anotador en la final frente a Lituania), en una selección en la que había un nivel más que notable: Nico Batum (MVP del torneo); Alexis Ajinça; Antoine Diot; Ludo Vaty; Kim Tillie; Edwin Jackson, … Y además, se llevaron el prestigioso torneo de Mannheim. Sus actuaciones no pasan desapercibidas (más de 14 puntos y casi 9 rebotes por encuentro en el Europeo), y es por ello por lo que el Real Madrid se llega a plantear ficharlo para sus categorías inferiores, como comentaba Chema de Lucas en agosto de 2006.

 

La temporada siguiente será exitosa a todos los niveles. Permanece en la Chorale de Roanne, ganándose confianza y minutos de su entrenador JD Choulet. Su equipo logra llevarse las dos competiciones más importantes de Francia, la Semaine des As (ante Le Mans) y el título de liga (ante Nancy), aunque Adrien no jugaría ninguna de las dos finales (el título de liga se disputa en Francia a partido único desde la temporada 2004-2005).

 

Durante el verano, vuelve a la selección francesa, con la que conquista la medalla de bronce en el Mundial U-19 celebrado en Serbia.

 

 

Sabedor de que necesitaba de minutos para evolucionar como jugador, y pensando en su progresión, Moerman, que nunca tuvo miedo a los retos, deja el equipo campeón para ser cedido a la JSF (Jeunesse Sportive des Fontanelles) Nanterre, equipo parisino de ProB, la segunda categoría del basket galo. Su debut en ProB, frente a Reims, es espectacular: 21 puntos y 13 rebotes, una muestra de lo que iba a ser capaz durante esa temporada.

 

Su entrenador en Nanterre, Pascal Donnadieu, consciente del potencial del jugador, intensifica el entrenamiento de su tiro exterior, y Adrien comienza a tirar cada vez más de tres puntos, lo que da una nueva dimensión a su juego. Acaba el año con unos números excelentes para un jugador de 19 años: 14.3 puntos (máximo anotador francés de la competición), 7.4 rebotes y 1.2 robos para 15.2 de valoración en 27.3 minutos de promedio. Su impacto en la categoría es evidente, siendo elegido mejor promesa y MVP francés de ProB. El propio jugador se mostraba satisfecho: “Estoy contento de mi decisión. He dado con un buen entrenador, que hace jugar a los jóvenes, y que realmente me ha hecho progresar. En realidad, el título de MVP no entraba dentro de mis objetivos”.  La progresión en su juego y en su excelencia como jugador, un elemento que será constante en su camino hacia el logro de mayores objetivos.

 

Adrien se ha convertido en un jugador muy deseado tras su exitosa campaña. Un club poderoso como Orléans entra en escena, y paga 100.000 euros a la Chorale para liberarle del contrato que aún lo vincula con el club. Moerman es nuevo jugador de la Entente Orléanaise Loiret, a las órdenes de Philippe Hervé, y vuelve a la ProA. Pese a que sigue teniendo una juventud insultante, ya no tendrá un papel residual en su nuevo equipo, sino que llega para disputarle minutos a Brian Greene, flamante fichaje estadounidense que juega también en la posición de 4.

 

En la temporada 2008-09, en Orléans, Moerman conocerá la cara amarga del deporte por vez primera. Con la EO, pierde las finales de la Semaine des As (ante Le Mans) y de liga (ASVEL). Cierra el año con 7.5 puntos de media, 4.1 rebotes y 1 robo para 7.7 de valoración en 20 minutos. Un año en el que sus porcentajes de tiro son bajos, pero tiene varios partidos por encima de los 20 puntos de valoración. Es en ese mismo año cuando, en un partido contra Le Havre a principios de temporada, Moerman sufría un golpe en el pecho al que no dio la menor importancia. Pero la mañana siguiente al partido, comenzaba a sentirse mal y a tener dificultades para respirar. Había sufrido un neumotórax que lo obligaba a pasar por el quirófano.

 

Las dos temporadas siguientes las pasaba también en Orléans, la ciudad liberada por La Pucelle durante la Guerra de los Cien Años, teniendo como entrenador a Philippe Hervé, quien le ayudaría de manera importante en su crecimiento como jugador. Hervé, consciente de las posibilidades de Adrien y de su versatilidad, lo llega a utilizar también en la posición de 3, e incluso la de 5 en determinadas ocasiones. En la campaña 2009-10 debuta en Euroliga. Vuelve a llegar a la final de la Semaine des As, pero cae por un solo punto en una final intensa y emocionante, reedición de la final por el título de la anterior liga. La Entente Orléanaise rozaba el triunfo, pues ganaba por dos puntos cuando, a 9 segundos del final, el estadounidense de ASVEL, Eric Campbell, conseguía anotar un triple que daba la victoria por 70-69 al equipo de Villeurbanne que entrenaba entonces el actual seleccionador francés Vincent Collet. Moerman perdía así con Orléans su tercera final consecutiva. Pero, al menos, iba a lograr el primer título del club con la Coupe de France, al final de esa temporada, tras imponerse a Gravelines- Dunkerque por 73-69 el 16 de mayo de 2010 en el Palais Omnisport de Paris Bercy.

 

El siguiente año, la temporada 2010-11, las cosas no fueron como se esperaba en el equipo. Se produce un cambio nominal (la Entente Orléanaise Loiret pasa a llamarse Orléans Loiret Basket, a raíz del descenso de la subvención procedente de las otras dos ciudades que, junto a Orléans, formaban la Entente) y, pese a que el OLB era el tercer mayor presupuesto de la liga, no sólo no disputaban la Semaine des As, sino que se quedaban fuera de los Playoffs por el título. Pese a ello, el papel de Moerman en el equipo ha ido creciendo en importancia, mostrando una regularidad y consistencia que haría que el campeón de Francia de esa temporada, el SLUC Nancy, se fijase en él para sustituir a Stephen Brun en el puesto de ala-pívot.

 

La pasada temporada en Nancy ha sido agridulce para Adrien. Si bien volvía a jugar Euroliga y lograba un título simbólico, el Match des Champions (partido entre campeón de liga y de Coupe), viviendo una primera parte de la temporada plagada de triunfos, durante la estancia de Nicolas Batum (fichado por Nancy durante el lockout de la NBA) en el equipo, la segunda parte de la temporada no ha sido en absoluto memorable para el conjunto lorenés: fuera del Top16 de Euroliga; vapuleado en semifinales de la Semaine des As, y eliminado en la primera ronda de los Playoffs por el título por Le Mans. En cambio, Moerman ha dado un paso más en su constante evolución, mejorando en Nancy en todas las facetas de su juego y logrando su mejor temporada en términos estadísticos (11.5 puntos y 6.4 rebotes para 12.1 de valoración). Además, fue seleccionado por vez primera en su carrera para participar en el All Star Game de la liga, donde obtuvo 22 puntos, 11 rebotes, 3 tapones, 3 robos y 3 asistencias para 35 de valoración en los 19 minutos que disputó.

 

Tras concluir la temporada, el jugador recibía dos importantes ofertas para salir del equipo. La Virtus de Bolonia también estuvo interesada en su fichaje, pero finalmente, fue el Gescrap Bizkaia quien se hizo con él. Cuando se hizo público su compromiso con el conjunto vasco, Moerman valoraba muy positivamente el tiempo pasado en Nancy: “Al venir aquí, deseaba reencontrarme, y este era el club necesario para ello, ya que Jean Luc [Monschau, entrenador de Nancy] deja jugar a sus hombres libremente. Tenía ganas de volver a encontrar el estilo con el que jugaba en Nanterre, y es gracias a él, que he podido soltarme y vivir esta temporada. Lo repito, doy las gracias al club, a mis compañeros, al staff, al público… Sin Nancy, nunca hubiera logrado este hito que supone firmar con Bilbao. He pasado tres años en Orléans. Pero, pese a que haya habido altibajos, la temporada que he vivido en Nancy me ha servido de mucho y me ha hecho crecer”.

 

Adrien Moerman ha logrado dar el salto a la mejor liga de Europa, cumpliendo con uno de sus sueños, ya que reconocía en una entrevista que entre sus metas no está la NBA, pues a él le gusta jugar, y allí no dispondría de muchos minutos como rookie. En cambio, siempre tuvo como objetivo poder disputar la Liga Endesa. Y la selección absoluta, que es su último sueño.

 

En una entrevista de octubre de 2008, hablaba de su ilusión por defender la camiseta de Les Bleus: “Cuando yo era joven, era un sueño poder jugar con la selección francesa, poder participar en campeonatos de Europa y del mundo. Soy un competidor; me entrego a tope en todas las competiciones, y espero que uno de estos días pueda formar parte de la selección A. Eso sería realmente formidable”.

 

Pese a haber sido preseleccionado en varias ocasiones por Vincent Collet, los puestos interiores en la selección francesa están realmente competidos y casi copados por jugadores NBA: Boris Diaw (San Antonio Spurs); Joakim Noah (Chicago Bulls); Kevin Séraphin (Washington Wizards); Ronny Turiaf (Miami Heat); Ian Mahinmi (Dallas Mavericks); Johan Petro (Brooklyn Nets); además de Alí Traoré (Lokomotiv Kuban, Rusia) y Florent Pietrus (Valencia Basket). Esa es la razón por la que Moerman aún no ha sido internacional con la selección absoluta, ya que calidad para ello tiene de sobra.

 

De sus características como jugador podemos decir que destaca por su intensidad y su lucha. Es de esos típicos guerreros que destacan en el rebote y no dan jamás un balón por perdido. Ello explica su fractura de nariz en abril de 2012, en un partido contra la Chorale de Roanne en el que fuera su pabellón durante varios años. De su juego ofensivo destaca su buena muñeca para el tiro exterior. Sin llegar a ser un especialista en el triple, ha ido mejorando cada año sus porcentajes de tiro desde esta distancia, convirtiéndose en un recurso que utiliza con frecuencia. Dotado de un buen dominio de balón, es capaz de encarar el aro y penetrar con fuerza o de ejecutar un fadeaway con extrema limpieza y efectividad. Tiene también un buen juego de pies que le permiten postear a sus rivales en la pintura.

 

Entre sus aspectos mejorables está la defensa, una faceta donde debe mejorar para poder controlar a ala-pívots americanos con mucha movilidad. También adolece de una cierta inseguridad, pues necesita de la confianza del entrenador para sentirse cómodo y a gusto, integrándose en el juego colectivo.

 

Pero, lo mejor de todo ello es que Moerman aún es un jugador joven que tiene mucho margen de progresión, como ha demostrado a lo largo de su carrera. Si tiene suerte y logra adaptarse rápidamente al juego de Fotis Katsikaris y a la Liga Endesa, el Gescrap Bizkaia habrá acertado con un jugador para mucho tiempo.

Sebastián Souviron Bono
@souviron
Redactor de Solobasket.com

 

*Se respetan en casi su totalidad las declaraciones vertidas en su idioma original.

 


 

 

LeBron James tiene tres grandes vicios dos de cuales son reconocidos. Su familia –Gloria, Savannah y los dos niños–, el baloncesto –su juego, historia y entorno–, y leer y escuchar cuanto se escribe y dice de él.

 

 

Pero mientras el baloncesto le resultó plenamente satisfactorio cuando la fase decisiva no estaba cerca, momento en que la enorme responsabilidad sofocaba toda diversión, las críticas hace tiempo que no lo eran. Y como alguien preocupado por no decepcionar ha venido sufriendo. Este padecimiento silencioso bien lo conocen quienes comparten territorio con él. Compañeros y entrenadores en Miami, muy especialmente en Miami, le han venido repitiendo hasta la saciedad que no se culpe tanto en la derrota, que no se obsesione con lo que él entiende que significa “decepcionarles”.

 

 

LeBron pasó la mañana previa al quinto partido de las Finales ante Dallas leyendo todo cuanto sus críticos estaban publicando. Cometió la morbosa ingenuidad de hacerlo sin tener en cuenta las consecuencias. Tuvo dificultades entonces para conciliar el sueño y apenas se atrevía a salir de su habitación. Ambos problemas, insomnio e introversión, se vieron acentuados tras consumarse la derrota. LeBron corrió a encerrarse en casa sin mayor cometido que ver la televisión ni mayor energía que el sofá, al que pronto se vería también obligado a renunciar. Porque en todos los sitios se hablaba mal de él. Muy mal.

 

 

Se refugió entonces en la música. Pero no en sus habituales pastiches motivadores de hip-hop, sino en autores que no escuchaba desde su preadolescencia como Barry White, Curtis Mayfield o Bobby Womack. Melodías que agravaban la introspección. En pocos días y sin mayor compañía que su núcleo familiar se había abismado al amargo sabor de la depresión, inactivándole por primera vez en su carrera deportiva.

 

 

Encerrado presentaba en los peores días una barba más poblada que James Harden. “I lost touch with who I was as a basketball player and a person”. Savannah podía soportarlo, entender que había que pasar por todo aquello. Pero los niños, Junior y Maximus, lo llevaban peor, confusos por aquella versión desconocida en su padre, que ni remotamente quería para ellos. De manera que una mañana, en torno al día décimo sexto, LeBron se levantó de la cama, apretó los puños y puso fin al apagón trazando esa misma jornada un minucioso plan de rescate. Había que ponerse a trabajar, seguir adelante. Y encontró como principal fuente de motivación una promesa de sus primeros tiempos como profesional: no olvidar ni un solo día la condición de privilegiado cuyo caso contrario había marcado su infancia y la juventud de su madre. “Do it with joy and do it with fun and remember that not too long ago this was a dream for you. Playing in the NBA was the dream. Don’t forget that again. Just go out and improve”. Mejorar. Un año más el mismo objetivo.

 

 

Y así arrancó la hoja de ruta.

 

 

Regresó entonces a su casa de Akron para tratar de envolverse de nuevo de algunas sensaciones perdidas, como si volviera a empezar. Estaría en pie cada día al poco de amanecer, tras lo cual haría en torno a 112 kilómetros de bicicleta por rutas que bien conocía. Acudió a ver a su primer entrenador en St. Vincent, Keith Dambrot, el hombre que con él nunca se anduvo con chiquitas. “Tienes que hacer cosas que no quieras hacer. Tienes que hacer más”.

 

 

Hasta entonces LeBron no había sacado coraje para revisar las Finales fallidas, cosa que pasó a hacer en las siguientes jornadas con óptica de examen. No lo haría con ninguna de las falsas victorias sino exclusiva y repetidamente allá donde peor estuvo. Y tomó cumplida nota de ello. Al cabo volaría a Houston para trabajar con Hakeem Olajuwon su mecánica inferior y no únicamente al poste bajo. Empleó una cámara para grabar las sesiones y en adelante la revisión de esos videos fue su única compañía durante los vuelos a China, España e Inglaterra. En privado trabajó lo aprendido junto a su trainer personal.

 

 

Acto seguido viajó hasta Kentucky para trabajar otro aspecto del juego que, entendía, le era aún altamente mejorable: el manejo de balón. Realizó esta nueva prueba junto a su ex compañero en St. Vincent Brandon Weems, ahora director de operaciones deportivas en los Wildcats. La parte más dura de las sesiones consistía en avanzar botando dos balones mientras Weems le forzaba, golpeaba y obligaba a perder alguno. Ello fortalecía la resistencia defensiva y su natural visión periférica.

 

 

De vuelta a Miami exprimió la nueva preparación a doble sesión diaria en el American junto al preparador jefe David Fizdale. Para entonces se sentía renovado mientras la agenda prevista de actos iniciaba igualmente su frenético curso. En uno de ellos, de los que habitualmente pasan de puntillas por la actualidad mediática, fortalecía su compromiso con el Boys&Girls Club, para el que lleva donados más de 4 millones de dólares desde el verano de 2010.

 

 

Arrancando el mes de noviembre LeBron participaba activamente en la campaña denominada Issue 14 que abogaba por sostener económicamente la escuela pública en su Ohio natal en contra de los recortes previstos en educación. Proseguía así el apoyo que el año anterior había dispensado en términos de logística, una de cuyas consecuencias pasaba por la adquisición de un millar de ordenadores para las escuelas menos favorecidas de Akron.

 

 

A los muchachos que habían aprobado el tercer grado, un total de 360, James les haría entrega a través de la Fundación que lleva su nombre, de una bicicleta, un portátil, material didáctico y una beca de verano que sufragaba todos los gastos durante dos semanas en un campus educativo. El compromiso con los estudiantes prosiguió en sendas campañas con State Farm y el programa BoostUp.

 

 

Entretanto había quien sacaba al cierre de la liga su particular tajada. Y nadie a mayor grado que Scott Raab, feliz por sacar a la venta La Puta de Akron, cuya publicación le sigue reportando un buen monto de dinero ni un centavo del cual agradecerá jamás al único motivo de su obra. De hecho, aun meses después, en plenas Finales, visiblemente inflamado por el inminente derribo de su castillo de naipes, calificaba a James como “el peor ser humano jamás nacido” y no contento con ello se despachaba contra su madre Gloria.

 

 

 

 

 

 

A mitad de noviembre, en su viaje a Liverpool, de cuyo club de fútbol es accionista minoritario, LeBron concedía a The Guardian la mejor entrevista dispensada fuera del país en su carrera deportiva. Entre un nutrido manto de confesiones pedía públicamente perdón –no era la primera vez– a quienes su marcha a Florida pudiera haber molestado. "Looking back at it now I can understand why a lot of people were upset. That definitely wasn't my intention: to upset people. My intention was to go and play for a team, play for a franchise, that believe in me, and I believe in them". En aquel viaje acudiría a la London School of Basketball para supervisar presencialmente el estado del baloncesto en la cultura del No Grass No Sport, una visita simbólica de cara a los Juegos de Londres.

 

 

A lo largo de la temporada la bicicleta, de la que siempre fue un enamorado, pasaría a formar parte de sus traslados al pabellón para partidos y entrenamientos. No fue otro el motivo de que un anónimo trabajador de la comida asiática, Peter Lee, se hiciera célebre por unos días de enero cuando, sorprendido, tomó una fotografía de LeBron sobre la bici junto a un semáforo en la intersección de Brickell y la sudeste 15. Los pedales admitirían otra de sus obsesiones por la consistencia física en el largo periodo del lockout, que empleó con la preparación propia de una temporada en marcha junto a su íntimo Kevin Durant.

 

 

Una temporada, un segundo capítulo en Florida, sobre el que pesaba de inicio una gran incertidumbre. En la primera experiencia del nuevo proyecto Miami había ido sorteando obstáculos el primero de los cuales concentraba sus mayores riesgos en el ensamblaje y una identidad que Spoelstra entregó a la fortaleza defensiva. El cuerpo técnico eludió grandes cambios asumiendo que el anillo se había quedado a tan solo dos victorias, como creyendo haber elegido el camino apropiado. Pero todo ello sobre el crucial reconocimiento de la derrota táctica ante Dallas en las Finales. La secuencia zonal que Carlisle había empleado para cerrar los partidos reveló, entre otros problemas, la enorme disfunción del ataque Heat a media pista.

 

 

Durante el mes de agosto el técnico Erik Spoelstra intuyó una revelación en el alto ritmo ofensivo imprimido por su homólogo Chip Kelly a los Ducks de Oregon. Convencido Spoelstra decidió reunirse con Kelly con el fin de imitar el modelo y replicar en los suyos el incremento del ritmo y la velocidad. La conclusión extraída de aquella reunión resultaba teóricamente sana pero algo peregrina en la práctica como al cabo demostraría la temporada. El presunto misterio resuelto sostenía que si Miami tenía problemas en los posicionales tal vez lo ideal sería evitarlos a través del contragolpe.

 

 

Así ocurrió que durante las primeras cinco semanas de competición Miami ascendió a los 99.7 puntos en contraste con los 90.9 de la temporada anterior. Y James, que nunca había criticado el juego lento ni en Cleveland ni en Miami porque compartía el presupuesto defensivo, sintió mayor placer que nunca a pista abierta, como rescatando mucho tiempo después sus años en St. Vincent, hasta entonces los más felices en su fuero interno.

 

 

Desde el estreno, como un premonitorio triunfo en Dallas, el equipo era capaz de correr dado que atrás, físicamente frescos, todo funcionaba. Y así en los nueve primeros partidos (8-1) Miami se elevó a los 108.3 puntos por velada.

 

 

Pero al igual que el resto de la liga el equipo comenzaría a sufrir ya en enero las consecuencias de una temporada compactada de 66 partidos en 115 días. Miami sufriría en una doble fase la baja de Wade, lesionado, y el dibujo táctico reculó forzosamente a las raíces del más conservador Spoelstra.

 

 

Esta circunstancia improvisaría un episodio crucial que acabó marcando el resto de la temporada (y el futuro próximo del proyecto). Desde el banquillo Dwyane Wade comprobó con renovada curiosidad las fabulosas actuaciones de LeBron sin él salvando además al equipo, que pese a ello comenzaba a dar muestras de sus defectos más recurrentes en apagones y vacíos propios de una plantilla en permanente estado de desequilibrio.

 

 

Wade decidió que debían sentarse y reinventar su relación en pista. Si hasta entonces LeBron no había encontrado la menor resistencia a ceder cierta paridad e incluso hegemonía a su compañero y amigo -al menos como finalizador-, si todavía quedaban residuos de la estrategia fallida previa a las Finales por la que James cargaría con la dirección del equipo dejando la anotación en manos de Wade, aquel fue el momento de cambiarlo todo. Ambos hablaron, discutieron una cuestión que era crítica para el devenir del equipo antes de presentársela al cuerpo técnico. Wade pidió expresamente a James que se olvidara de él como prioridad ofensiva y que jugara y actuase como lo estaba haciendo, al presumible nivel MVP que volvía a ser. En el fondo lo que Wade le pedía era una versión muy cercana a la de sus días de Cleveland. LeBron no opuso resistencia a excepción de convenientes matices.

 

 

- ¿Y tú?

 

- No te preocupes por mí. Yo sabré encontrar mi espacio. Estaré ahí. Pero tú sal a pista y sé el jugador que realmente quieres ser. (...) Go ahead, man. You're the best player in the world. We'll follow your lead.

 

 

Desde su llegada LeBron sentía un respeto insobornable al emblema que Wade suponía en Miami, a su jerarquía simbólica. Lo hizo de manera natural como probaba la total y absoluta ausencia fisuras entre ellos, del menor roce reconocible. Una parte del imaginario mediático se asentaba sobre la suspicacia de que James se había unido a Wade como el invitado, como una especie de escudero de lujo. La metáfora Pippen estuvo de hecho demasiado presente desde el origen del proyecto. El motivo de la suspicacia tenía su lógica. Había algo de artificial en contravenir el hecho de que mientras LeBron estuviera 'in his prime' sería el mejor jugador en cualquier equipo del mundo. Ocupar otro papel difícilmente podría resultar acertado y actuaría en todo caso en detrimento de su figura.

 

 

Este proceso de intercambio jerárquico se había iniciado tímidamente en Wade tras la derrota en las Finales pero no cobraría forma hasta apagar el mes de enero. La dinámica del equipo, su aspecto táctico, varió sin que la transformación saltara a la vista. Porque de algún modo se reconocía al James habitual, al James de siempre, que se echó el equipo a los hombros alcanzando Miami el 1 de marzo, con la victoria en Portland, su cima de temporada (28-7). Aquel partido era el inmediatamente posterior al All Star Game, la frontera que acabaría marcando la principal problemática de un equipo que en adelante sufriría fuera de casa, especialmente ante rivales con registro positivo. Contrastaba esta trayectoria que volvía a despertar dudas con las 17 victorias seguidas en casa.

 

 

Donde más se notaron los cambios fue sin duda en el ritmo de juego. Aquella altísima velocidad de crucero inicial había durado poco. Y con Wade de vuelta Miami rompía a correr esporádica, ocasionalmente, siendo como era el mejor recurso posible para James y Wade en pista. Spoelstra regresaba a su mantra defensivo al amparo de haber resuelto la ecuación de la pareja y en virtud del buen resultado ofrecido en esos mismos términos el curso anterior. Pero al precio de proseguir Miami siendo en ataque un equipo anodino, previsible, árido y cada vez más dependiente de la inspiración del dúo. Este panorama general, con un Bosh abismado a rendir en silencio en el necesario juego sucio, seguiría un curso invariable hasta los playoffs.

 

 

Entretanto el año iba filtrando marginalmente a ese otro perfil de James que había comenzado a delinearse a principios de diciembre a través de la entrevista concedida a la siempre interesante Rachel Nichols. En ella confesaba la extremada dificultad de atravesar la temporada anterior, convertido públicamente en alguien que realmente no era, un calvario que por decoro y a falta de alternativas válidas tuvo que padecer en silencio.

 

 

“To be on the other side, they call it the dark side, or the villain, whatever they call it, it was definitely challenging for myself”.

 

 

“It basically turned me into somebody I wasn’t”.

 

 

“Me, personally, I’m not that guy”.

 

 

Que lo ocurrido con él en las Finales –de lo que asumiría en adelante la total responsabilidad– y muy especialmente tras ellas marcaría un antes y un después en su carrera deportiva, equivalente a su misma vida.

 

 

“It gave me an opportunity to learn who I am as a person”.

 

 

“I didn’t make enough. (…) “I just know I didn’t play well”.

 

 

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"I was very hurt that I let my teammates down. (...) So I was very immature last year after Game 6 towards you guys and towards everyone that was watching" –insistía el pasado 20 de junio, víspera del quinto partido.

 

 

“It was one of the hardest times in my life” –sentenciaba a Nichols.

 

 

 

  Entrevista con Rachel Nichols (ESPN, dic. 2011)

 

En ese renovado James de Regular que seguía jugando a nivel de MVP se filtraba a finales de enero la estrecha relación que al margen de publicidades LeBron mantenía con una parte de los Cavaliers, y más concretamente, con sus dos elecciones en el draft, el número uno y posterior rookie del año Kyrie Irving, y el número 4, Tristan Thompson, a quien facilitó como agente a Rich Paul acogiendo la dirección de su carrera profesional. “He’s like a brother to me”, le agradecía públicamente el novato.

 

 

Brian Windhorst aprovechó entonces esta filtración para aclarar que la relación de James con los grandes talentos jóvenes que llegaban a la liga databa de años atrás. “Though he never really looked for a veteran mentor when he came into the league, James has played this role for top young players for the past several years”. Paralelamente la llegada a la NBA de Ricky Rubio, a quien LeBron destinó grandes elogios tras los Juegos de Pekín, había despertado en él igual curiosidad que la de todos aquellos que se preguntaban de qué sería capaz en la mejor liga del mundo. Disfrutó así del estreno de Rubio ante Oklahoma al extremo de no poder reprimirse tras el fabuloso pase del español a Derrick Williams. "Rubio can pass that rock!", tuiteaba entusiasmado en uno de los momentos estrella de la red social en la presente temporada.

 

 

A finales de febrero Marc J. Spears recogía para Yahoo, uno de los medios más firmes durante años en la crítica a James a través de la línea editorial marcada por Adrian Wojnarowski, unas declaraciones en exclusiva en las que James, por enésima vez, reconocía que la masiva reacción en su contra tras The Decision le había pasado seria factura emocional. No era ésta sin embargo la porción de mayor interés. Lo era la defensa de su baloncesto respecto de los clásicos Alpha Males subrayados por la historia reciente de la NBA; su personal combate a esas recurrentes analogías cuya motivación no se centraba tanto en el alma del jugador cuanto en su relativa condición de closer.

 

 

Pero lejos del reproche su descargo era una alabanza hacia aquellos con quienes era comparado. Y sobre todo era su mejor explicación de dónde reposa exactamente el corazón de su baloncesto. “Champions -defendía- come in different shapes, sizes and forms. Everyone always compares Kobe to Jordan and says they always have had that killer mentality. They always had that dagger, that dog. Then you look at Magic [Johnson], and people say that he was fun to play with. He was great. He always had his teammates’ back. He always got his teammates involved. He was a champion as well. (...) They come in different shapes and sizes and forms and different colors as well. For me, I see myself on the side of the Magic range where I love my teammates, love being around them. I want them to be happy as well. At the same time, dominate the game, as well. I got a long way to go still to get to [Jordan’s and Bryant’s] levels to get multiple championships. Hopefully, I can get there someday”.

 

 

Con igual paralelismo que años de tozuda realidad venían demostrando Phil Jackson sostendría en plenas Finales un reflejo exacto de su confesión.

 

 

 

 

 

Precisamente aquellos días de febrero marcan el punto álgido del James comprometido, de costumbre la provincia de su figura de menor presencia mediática.

 

 

El joven Travyon Martin, de 17 años, fallecía tiroteado por un vigilante para quien su presencia resultaba “sospechosa”. Martin iba desarmado y había acudido hasta Sanford (Florida) a visitar a su padre, en cuya urbanización se hallaba el joven antes de morir. El vigilante, que alegaría defensa propia, alertó a la policía en los siguientes términos: “Hay un negro caminando con algo en las manos y actúa de manera sospechosa”. Lo que el menor llevaba en las manos eran Skittles, gominolas.

 

 

La indignación por esta muerte inflamó las venas de la comunidad afroamericana por todo el país, indignación redoblada cuando el vigilante no fue detenido al amparo de la polémica ley de defensa propia -Stand Your Ground- aprobada por Florida en 2005. Como gesto de presión LeBron lideró junto a Wade varios días de activismo promoviendo, primero en la red, dos ‘hashtags’ -#stereotyped & #wearetrayvonmartin- y segundo, mediante una petición a sus compañeros por la que la plantilla de Miami al completo expuso públicamente una fotografía vistiendo tal y como lo hacía Travyon al momento de ser abatido.

 

 

 

 Tribute to Travyon 

 

 

El asunto implicaba a la NBA no de manera indirecta. Sabiendo que el chico acudía a ver a su padre para disfrutar juntos del All Star Game, la mayoría de cuyos integrantes no apoyaron la causa, el analista político Roland Martin apostilló una lapidaria sentencia en honor a James y a quienes habían tenido el mismo valor –Wade, Stoudemire, Melo, Nash– dirigida a la conciencia de la fauna NBA y a la medular misma de los medios de comunicación: “The young man was trying to get home to watch the NBA All Star Game. He supported them but they don’t support him”.

 

 

Y así llegó el All Star Game, a cuyo final de partido y con 151-149 a favor del Oeste, LeBron intentó una vez más enviar un pase al jugador desmarcado –Dwyane Wade– que la defensa terminó interceptando. Era la coartada perfecta para olvidar el encuentro y convertirlo al día siguiente en una nueva oleada en su contra, circunstancia que volvería a repetirse días después con la última jugada del partido en Utah al resolver, con uno abajo (99-98), un último pick’n roll con Haslem, que acabó errando el tiro ganador. Su actuación recogía 35 puntos (16/24), 10 rebotes y 6 asistencias. Pero con la memoria fresca por lo sucedido en Orlando acababa de servir en bandeja su propia diana.

 

 

 

 "Shoot that fuckin' ball, LeBron!" (Kobe&Melo, Orlando, 26/II/12)

 

Miami había emprendido entonces una gira de tres partidos por el Oeste cuya primera visita era Portland. Había, pues, que cruzar el país. Y saliendo de Florida les aguardaban nada menos que 2700 millas de vuelo. Por lo general los aviones no repostan incluso en recorridos tan largos. Pero los fuertes vientos alertaron al equipo de vuelo que deberían hacerlo. El avión tomó tierra en el Will Rogers Airport de Oklahoma City. El repostaje de un avión comercial lleva su tiempo, de manera que los jugadores, notablemente cansados, se apostaron en los asientos de la terminal. Quiso el destino que además del avión de los Heat hubiese otro repostaje, el de varios helicópteros, Blackhawks, Apaches y Chinooks, de las Fuerzas Armadas. Cuando el personal militar, disperso por la terminal, advirtió la presencia de los jugadores un nutrido grupo de ellos se acercó con la intención de hacerse fotos. La seguridad del aeropuerto obró de inmediato, estableciendo una barrera para que el equipo de Miami Heat no fuera molestado. Pero quien primero advirtió la maniobra fue LeBron James, que no parecía aprobar el protocolo de actuación. Es más, ordenó a sus compañeros levantarse.

 

 

- Hey, hey! -alertó en primera instancia a la seguridad-. Any of these military guys can take a picture with us.

 

 

Acto seguido se giró hacia el resto del equipo, buena parte del cual dormitaba.

 

 

- You guys get up! –ordenó.

 

 

Y viendo que alguno se hacía el remolón insistió alzando la voz.

 

 

- Hey, everybody get up! Get in a circle here! Anybody that wants their picture taken with us, we'll do it.

 

 

No había cámaras. Nadie que pudiera recoger en términos interesados la escena. Una escena que los militares, que se hartaron de fotografías, jamás podrán olvidar. Fue a partir de un operario del aeropuerto que este episodio, apartado de las luces, se supo a través del Oklahoman.

 

 

Con los Juegos de Londres en el horizonte la temporada daba sus últimos coletazos cuando Dwyane Wade y Ray Allen, en sendas entrevistas, coincidieron en defender una posible retribución económica a los jugadores que representaran a los Estados Unidos en competiciones internacionales. Preguntado, James no parecía mostrar acuerdo y defendió su postura limitando la posibilidad de discordia de la que los medios podrían servirse con avidez. "I love representing my country, man. I've done it since 2004 and I'm looking forward to doing it in London. As far as [pay], I don't know, man. It doesn't matter. I'm happy to be a part of the team, to be selected again".

 

 

En el último tramo de temporada el mejor anotador del mundo, Kevin Durant, fue el único en aproximarse legítimamente a la condición de jugador más valioso de la liga. Pero los términos estadísticos de James estallaban por todas las esferas del juego, y muy en especial en el apartado defensivo. Durante el curso al completo la analítica concentraba su sorpresa en algo ya reconocido: la indefinición posicional de James. “James is defined by being undefined, rendering the positional designations obsolete” (Tom Haberstroh). De otro modo, la mayor versatilidad jamás conocida en el baloncesto moderno junto a Magic Johnson. Era lo que el mismo Spoelstra acabaría reiterando a la posterior baja de Bosh en playoffs y la urgencia de exprimir el posible rendimiento interior de su alero nominal. “Make plays for us, 1 through 5, whatever it takes” y a menudo en el mismo partido, repetía el técnico.

 

 

La sobrecarga de diversos informes sobre el clutch, sin precedente en el tratamiento mediático de este aspecto terminal del juego que únicamente la controversia asociada a James había venido motivando, encontraba incluso coartada en aparentes contradicciones. A mitad de abril James decidía resolver un partido enquistado en New Jersey anotando los últimos 17 puntos del equipo. De hecho el 14-1 de Miami sin Wade era un arma sobre la que los medios mantuvieron una acertada prudencia.

 

 

Mientras la liga entera descendía su porcentaje de tiro LeBron lo aumentaba, alcanzando el máximo de su carrera en un 53.1, porcentaje al que Bird –como aprovechó para apuntar Lee Jenkins– nunca había podido llegar en una era de defensas no análogas. Lideraba por quinta temporada consecutiva la Efficiency de toda la NBA descendiendo drásticamente la de sus pares en defensa. Por sexta vez en nueve años James promedió más de 27/7/6, igualando así a Oscar Robertson, el único en lograrlo el mismo número de veces. Con él en pista Miami aventajó a sus rivales en 474 puntos, siendo la cuarta temporada consecutiva que dominaba ampliamente el +/- de toda la liga.

 

 

Pocas semanas después recibía su tercer MVP, reiterándole las líneas de prensa como la única figura en lograrlo sin corona que alzarse. Se unía así a Wilt Chamberlain como el único jugador en liderar la anotación, rebote y pase en al menos dos temporadas de MVP.

 

 

Durante el sencillo pero impecable discurso que había preparado a su entrega pidió a la plantilla al completo que subiera al estrado mientras subrayaba que el trofeo era de todos, y que sin ellos no habría sido posible. En un momento de animada confesión daría además el ansiado titular: “I’d give all three [MVPs] back for an NBA championship”. Aquella misma jornada los creativos de Nike corrían así a poner forma al nuevo eslógan: “3 MVP's on his desk, 1 thing on his mind”.

 

 

Era momento de arrancar los dos meses de auténtica verdad que anualmente brinda la mejor liga del mundo. El periodo a salvo de lockout en términos de estructura y competición.

 

 

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Sobre un mapa muy similar al del año pasado se adivinaba una edición de playoffs al mayor nivel. Pero el Este acabaría de pronto partido en dos con la lesión de Rose que aniquilaba definitivamente a Chicago, el principal contender de los subcampeones. La espalda de Howard ponía también a fin al proyecto en Orlando. Y ya únicamente restaba confiar en la heroica de Boston, a la postre el rival más complicado que encontraría Miami a lo largo de la postemporada.

 

 

El estreno contra los Knicks advertía un año más dónde iba a residir la principal fortaleza de Miami. Defensivamente el equipo arrancó sano y a nivel individual James detuvo en seco a un Carmelo redivivo desde el adiós de D’Antoni a los Knicks, que perderían al novato Iman Shumpert y asistirían a la debacle de Stoudemire y el último Baron Davis.

 

 

 

  "C'mon, Baron!" (Davis se incorpora sobre la camilla aparcando momentáneamente el dolor - Madison, 6/V/12)

 

No habría más historia que un mal cuarto partido que permitió al Madison disfrutar de su primera victoria de postemporada en 11 años. Abriendo el tercer cuarto del partido más infartado de la serie James anotó 8 puntos consecutivos yendo a por más antes de ser detenido por faltas y recular a la distribución. Anotó 17 de sus 32 puntos en el último cuarto de un partido que ponía el 3-0 y liquidaba toda esperanza neoyorquina. Al término del quinto LeBron corría a abrazar a Carmelo, al que elogió en pista junto a Aldridge y acto seguido en rueda de prensa intuyendo que su amigo corría un año más el peligro de convertirse en pasto de la salvaje prensa neoyorquina.

 

 

Ocasionalmente, de manera muy puntual, Miami logró consumar ante un rival menor la versión más perfecta en sistemas de presión y ayudas ilustrados en la porción más dura del playbook diseñado por Rothstein y Spoelstra, un calco al estricto credo de Pat Riley.

 

 

La serie contra Indiana arrancó de manera imprevista con la lesión abdominal de Chris Bosh en el segundo cuarto del estreno. Y sin él las vergüenzas interiores de Miami saldrían al descubierto con mayor virulencia que nunca ante unos Pacers que, entrada la serie, parecían haber alcanzado la excelencia del joven proyecto.

 

 

Por urgente necesidad empezaría a asomar en aquel primer partido el James interior que perduraría ya hasta el final de temporada. Anotaría 15 puntos en 20 minutos como power forward, capturó su máximo en rebotes del año (15) y 16 de sus 32 puntos en el último cuarto. Dejó a Granger en uno de los peores partidos de su carrera –sin un solo punto en la 1ª parte– y sumaría un total de 26 puntos en la segunda mitad (9/17). Durante un tiempo muerto en el último cuarto Spoelstra, como temiendo lo que se vendría encima, le arrojó una orden: “You flat-out cannot get tired. Period”. En adelante el banquillo para James pasaría a convertirse en territorio prohibido.

 

 

Al siguiente partido volvía a liderar al equipo en puntos, rebotes y asistencias. Pero erró los dos tiros libres que habrían adelantado a Miami cuando en los últimos cuatro cuartos acumulaba un 18/20. Que en los últimos cinco partidos sumara 60 puntos en los últimos cuartos pasaría completamente inadvertido ante la extrema gravedad del doble error. De hecho no sería hasta las Finales que la línea de los libres abandonara su molesta condición de patíbulo.

 

 

El momento más crítico de la serie tendría lugar en el tercer encuentro (1-2) con el fuerte encontronazo ante las cámaras de Dwyane Wade y su técnico Spoelstra. Era el cebo perfecto que grandes y pequeños medios aguardaban con ansiedad para ilustrar la debacle que, al parecer, reinaba en el seno del proyecto.

 

 

El equipo hacía aguas, Wade mostraba graves síntomas y urgía una solución mayor. De los 19 pases al hombre abierto que había cedido James en los tres primeros partidos los compañeros acertaron 3. La solución no parecía pasar entonces por la rotación de complemento y así el remedio se concentró brutamente en el star system.

 

 

El cuarto partido fue un máximum conjunto de James y Wade, como un apogeo de armonía: 70 puntos (27/50), 27 rebotes y 15 asistencias entre ambos. Era también el primer momento de respuesta a la presión de la desventaja, de la que vendrían más. Los 40 puntos, 18 rebotes y 9 asistencias de James remitían la estadística más profunda a Elgin Baylor en 1961, más de medio siglo atrás. A la firmeza de su percusión añadía como una aparente fluidez en sus decisiones, interviniendo en 62 de los 101 puntos del equipo.

 

 

Sports Illustrated, habitualmente templada, se arrojó entonces a ese firme imaginario que anualmente asoma de un modo u otro y que el año pasado causó especial daño a Scottie Pippen. La publicación dejaba en manos de Michael Rosenberg la pieza bajo el título "The Most Gifted Player in NBA History", una de las más enérgicas defensas de su biotipo deportivo nunca firmadas en América. Arropada por buena parte de su carrera y la incesante progresión anual de su baloncesto la tesis central quedaba expuesta a mitad de texto: “There has never been anything like this guy. James has the Bryant/Jordan athleticism in Karl Malone's body, with the court vision and passing skills of a point guard”.

 

 

El quinto en casa era la ocasión de recuperar ventaja. Sus 30 puntos, 10 rebotes y 8 asistencias contribuyeron a la victoria convirtiéndose en el tercer jugador en repetir un mínimo de 30-10-8 en dos partidos de playoffs junto a Dolph Schayes, Oscar Robertson y él mismo ante Chicago en 2010. El encuentro se ensució con represalias que dieron en dos suspendidos: Udonis Haslem y un marginal Dexter Pittman, poniendo en riesgo la serie en el sexto, que parecía avecinar esta vez en Indiana una batalla fuera de la legalidad. Ante el acoso de las preguntas en la misma dirección James se mostró contundente: “I’m not gonna fight”. Había recibido, como venía siendo costumbre desde años atrás, las faltas más duras –“I'm always in protect mode when it comes to hard fouls”– y algunas actitudes que de Stevenson a Granger parecían querer inflamarle. No lo conseguirían. En adelante la liga sabría estar ante The No Retaliation Guy.

 

 

Pero finalmente no saltaría ninguna alarma. La mejor versión de Wade (41) y la velocidad de crucero de James (28) liquidaron la serie a domicilio. Era momento de cerrar cualquier presunta herida, de aclarar como casual el incidente de Wade con su técnico, cuyo trabajo James se encargaría de reforzar públicamente en términos de liderazgo. “Coach Spo made some unbelievable adjustments that allowed us to do the things that we did. (…) He coached spectacularly this series”.

 

 

Precisamente a mitad de serie James dominaba las votaciones para los quintetos ideales defensivos de la temporada siendo de largo el jugador más votado por los 30 técnicos que vertebran la NBA. Que fuera nombrado o no el Defensor del Año era motivo de nutrir páginas. Pero de una forma incuestionable se valoraba el trabajo cada año creciente en un defensor que ya no era únicamente de perímetro. Sino la pieza de contención más versátil del mundo. Tal vez la secuencia más célebre del año fue el brutal calvario al que sometió a Pau Gasol una noche de abril.

 

 

Para cuando Boston viaja a Miami la lectura general tiende a colocar al Oeste, a sus dos máximos representantes, Oklahoma y San Antonio, a un nivel muy superior de competición. Los Spurs estaban en camino de las 20 victorias consecutivas en su mejor versión posible. Los Thunder infligían un 8-1 a los dos últimos campeones. Era como si Miami estuviera rodando sobre ruedas cada vez más cuadradas reforzando esta impresión las Finales del Este, donde los Celtics, en una de las demostraciones más admirables de su era Big 3, alcanzarían un nuevo techo en el 2-3 que dejaba a los de Florida a una noche del adiós.

 

 

Con el avance de la serie Miami había permitido la recuperación de Ray Allen y, muy sobre todo, la explosión del mejor Kevin Garnett y un Rajon Rondo a niveles históricos de postemporada. Lo que Spoelstra había expuesto en términos de ignorar qué hacer con Rondo lo expresaría James en paralelo: “No one can figure out how to defend Rondo. He’s a unique player, a guy that breaks the defense down and creates for himself and creates for his teammates every single night”.

 

 

En los tres primeros encuentros James se había ido a más de 30 puntos y 8 rebotes, siendo junto a Chamberlain (1962), Abdul-Jabbar (1970), Duncan (2003) y Stoudemire (2005) el quinto jugador en abrir así unas Finales de Conferencia. Sin embargo nada de esto tendría parangón con lo que habría de venir la noche del sexto en el peor escenario posible, el de Boston, donde reposaban sus mayores temores tras 2008 y 2010. Era de hecho la plataforma ideal para el acecho del condenado. Pero no habría lugar. Parecía impensable superar su cuarto partido en Indiana y sin embargo duplicó en términos generales su actuación.

 

 

Desde el salto inicial James ingresó en estado de flujo durante los 44:49 minutos que estuvo en pista, colmándola ante la pantalla nacional. Sus 45 puntos (19/26), 15 rebotes y 5 asistencias eran registros que únicamente poder recoger en Wilt Chamberlain una noche de 1964. Al otro lado dejaba a Pierce en 4 de 18. Era el partido perfecto, su obra maestra, una de las mejores actuaciones netamente individuales en la historia de la NBA. Se trataba una vez más de esa incómoda demostración que le acompañó siempre traducida en que, sin ser un anotador genético, podía también serlo a niveles superlativos.

 

 

Alcanzaba entonces el mayor promedio anotador en postemporada entre los jugadores en activo, donde únicamente el milenario Kobe Bryant acumulaba dos 40-point playoff games más que él (13 a 11). Las crónicas y reacciones a lo visto obligaban a serios esfuerzos de descripción, tendiendo en su mayoría al impacto de lo gráfico. “James just painted a da Vinci, though not quite a Jordan, to save his team” (Shaun Powell).

 

 

A la salida de pista un espectador anónimo le arrojó cerveza desde la grada mientras le increpaba. James reaccionó con la concentración todavía viva y con una serena sonrisa, tal y como había venido haciendo ante cualquier gesto de hostilidad, a la que a esas alturas estaba demasiado acostumbrado. Era una continuación de la aparente introspección con que proseguía interpretando el camino: de la lectura de libros en el vestuario al apagado del teléfono a la renuncia a la red social y a la sucesión de discursos motivacionales al grupo. Todo respondía a un plan. Y por no haber no había ya ni chalk toss.

 

 

 

 

 

 

Durante la exhibición no fueron pocos los jugadores que expresaron su asombro en las redes sociales. En sala de prensa Doc Rivers recordaba al enjambre que la abarrotaba: “I hope now you guys can stop talking about LeBron doesn’t play well in big games. That’s to bed”. Spoelstra en cambio prefería recordar su eterna condición de ‘coachable’: “He was ready and willing. He said, ‘whatever you need, coach’. He was determined”. Su prudencia se debía a saber que nada estaba logrado y que aún restaba un séptimo en casa, donde los Celtics llegaron a mostrar su más peligrosa versión.

 

 

Pero tampoco habría lugar. El regreso definitivo de Chris Bosh y su necesario reciclado al interior más la solidez del resto dejarían fuera a unos Celtics que probarían representar la mayor dificultad para los futuros campeones. El papel de Boston en estas series había despertado con justicia la admiración nacional. Y la muerte al otro lado de San Antonio dejaba en franquía el inicio de una nueva era en la NBA.

 

 

 

  91-84 (ECF Game 7 / 5:44)

 

 

La victoria sobre el ultimo muro del Este, el más difícil todavía, la nueva coronación en el ala dura de la gran liga merecía, tras lo sufrido, una brevísima fiesta, un fugaz alivio por lo mucho sufrido. Y a mitad de canción el cuerpo más asombroso en la historia de la NBA haría acto de presencia ante los ojos de nadie que importara más que los suyos.

 

 

Miami alcanzaba así sus segundas Finales en dos temporadas de proyecto. La trayectoria había sido mucho más complicada de lo que la baja de Rose había previsto. En el Oeste aguardaban los jóvenes Thunder, de aspecto imparable, que además de infligir cuatro derrotas seguidas al mejor equipo del mundo durante dos meses gozaba del factor cancha, una fortaleza casi inexpugnable. Al término del primer encuentro la victoria de OKC con su habitual baloncesto de aparente anarquía y percusión vertical, avejentaba de pronto a los Heat, que por primera vez aparecían en unas series como underdogs y como físicamente inferiores al rival.

 

 

Se exigía de ellos, pues, una versión distinta. Más madura, más compleja.

 

 

Y fue a partir del segundo episodio que las Finales corrieron a explicarse por sí solas, estableciendo un irresistible paralelismo con lo sucedido en 2004 (Pistons-Lakers) y la salida en tromba del orgulloso baloncesto del Este, de costumbre de mayor poder y eficacia cuanto mayor el avance de unas series.

 

 

Oklahoma propuso un diseño natural vencido al perímetro y acabó cayendo en la trampa de verse reflejado en una forma muy precisa de Small Ball con Bosh de cinco, Battier de cuatro, James liberado al interior para el missmatch, la percusión al hierro y una línea permanentemente abierta en el exterior. De repente Miami pasó a convertirse en un conglomerado indefendible. "Versatility has never been more important in the NBA" (Beckley Mason) / "They reinvented themselves as a small-ball team with James as the nominal power forward" (Zach Lowe).

 

 

James no podría ser defendido, ni en la quimera del 1x1 ni en sistemas donde entrara en juego el colectivo. La tan desdeñada rotación en torno al Big 3 sacaría de repente lo mejor de sí misma dando en una sucesión de solideces con nombre en el conjunto de las Finales: de Shane Battier a Mario Chalmers a Mike Miller. Entretanto Wade recuperaba de manera suave, cómoda, una versión ajustada a su estado natural, rajando a placer defensas abiertas.

 

 

Un último susto, como una digresión, tendría lugar en el cuarto partido con la irrupción de fuertes calambres en las piernas que le inhabilitaban. Parecía el peaje a los 3263 minutos de juego al más alto nivel que acumulaba en aquel preciso instante de temporada. Y como hubo ocurrido con otros en el pasado habría algo de profunda épica en el triple de James que no iba a permitir la remontada de los Thunder, continuada instantes después por Mario Chalmers.

 

 

El guión del destino estaba, por primera vez, profundamente del lado de James, dispuesto a encadenar 15 partidos por encima de los 25 puntos de la manera que fuese y 13 de ellos por encima de los 28, lo que no sucedía desde Elgin Baylor en 1962.

 

 

En ese quinto partido, último en el American, lejos de algunos temores que apuntaban a una versión reducida para evitar nuevas molestias, el mundo pudo asistir a la quintaesencia del baloncesto en LeBron James. A un ritmo templado, dominante y sabio, a un último estadio de juego tras nueve años de carrera. Todo giraría una vez más en torno a él, anotando 26 puntos e interviniendo directamente en otros 34 mientras capturaba 11 rebotes. “All of James’ talents were on display for the world to see in Game 5” (Haberstroh). Desde Detroit Greg Monroe tuiteaba: “Triple double don’t lie”. La cima en la carrera de Larry Bird tendría lugar de manera extrañamente paralela en el sexto partido de las Finales de 1986. Un terreno de propiedad muy exclusiva que en ambos casos había motivado también la cima del resto.

 

 

Bird era, con 13, el segundo jugador con mayor número de partidos en la historia de los playoffs como el máximo anotador, reboteador y pasador de su equipo. Por encima de él, tan solo un nombre que lo había logrado en 25 ocasiones y que estaba a punto de coronarse, no sin antes prevenir a cualquier compañero, como si estuviera en otro plano, del menor atisbo de celebración antes de tiempo.

 

 

Miami alcanzaba la excelencia de los Campeones en el pleno éxtasis del 19-1 al tercer cuarto. Sellaba así el título, convirtiéndose además en el primer equipo de la historia en alcanzarlo tras remontar tres series distintas.

 

 

Esos últimos minutos del quinto, de la temporada, su desenlace y postrimerías, forman ya parte de la más hermosa antología emocional en el nutrido legado de la gran liga. Ni un solo átomo de lo ocurrido sobre la pista escapa al museo que ilustra los grandes momentos del deporte mundial. No por la épica del marcador, que no lo hubo. Sino por la especial condición de un destino por primera vez abierto a un deportista en verdad elegido y un entorno que suspendía, por unos segundos, la explosión de los instintos como hermosamente inflamado de humanismo, reflejado en una admirable sucesión de abrazos entre la más alta dignidad de vencedores y vencidos.

 

 

 

 

 

 

 

Y mientras podía estar naciendo una era se ponía fin a una de las peores infecciones jamás sufridas en torno a un nombre. La inquebrantable ley del deporte, a veces perezosa, había vencido. Y el baloncesto, a la infección.

 

 

Un anillo de ridículo tamaño tendría la culpa.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Dicho / escrito:

 

 

- “He is a maligned athlete and I think he’s one of the most unselfish star players on the floor that I’ve ever seen” (Jeff Van Gundy).

 

 

- “I don't know what else he can do. (…) He's one of the most powerful players to ever play the game. And maybe it isn't enough. I don't know. (...) No athlete that I can ever remember being under that scrutiny, definitely in basketball. I've never seen anyone under the scrutiny that LeBron James is under” (Doc Rivers).

 

 

- “He's up there with the all-time performances, with every great player that ever played” (Chris Mullin).

 

 

- “You’re talking only Oscar, Wilt and Jordan comparable as far as points, rebounds, assists. And we’re not even talking defense” (Hubie Brown).

 

 

- “No, no, no, no. I've never bought into this whole persona that LeBron isn't the guy. I think everybody should relax a little bit. He's great for our game, he is our game. We need to uplift him, instead of trying to tear him down. He's a guy who's the most unselfish superstar I've ever seen. He rebounds the ball, he assists the ball, he's empowered his friends from the community, he does a lot of charity work in the community, he's a model citizen. He should not have a stain on his reputation, and I hope that it stops” (Keyon Dooling).

 

 

- “He is playing against history” (Jamal Crawford).

 

 

- “He’s one of a kind, because he’s the first to rise to prominence in the Information Age, which is why he’s such a fascinating sociological observation. He’s accountable every single day for every single thing, from how he plays to what he tweets to what he says in the pre- and the postgame interviews. He has a camera and a microphone on him wherever he goes, and then when he [goes out to] a dinner, there’s a camera phone on him. This is what he signed up for. There is a price to pay. He understands that. But I don’t think a lot of guys could handle it” (Shane Battier).

 

 

Libertad de prensa (NBA)

 

 

- “People are trying to break him. They want to see him fall to his knees. They want to see him shed tears. They want to see if he’s human. True enough, he is human” (Juwan Howard).

 

 

- "America better appreciate LeBron James. He's the best basketball player in the world. By far" (Charles Barkley).

 

 

- “The NBA, its fans and basketball purists have never been about treating James fairly” (Ben Golliver).

 

 

- "In the modern history of the league, the only seasons that can really compare are Shaquille O'Neal's first championship season with the Lakers and Michael Jordan's first three championships with the Bulls. Everything else is orders of magnitude below. (...) He wasn't just the best player in the league; he dominated it from start to finish, in a way only three players had done in the past four decades. Jordan. Shaq. LeBron. That's the list" (John Hollinger).

 

 

- "The NBA hadn't really seen a player with such a mix of talent, size and a willingness to being the ultimate team player. So much of this was natural" (Brian Windhorst).

 

 

- "The slicing passes from the post to the perimeter, that’s what separates James from any post player in the game" (Tom Haberstroh).

 

 

- "Was he a power forward? A small forward? An oversize point guard? What the hell was he? By the end of the 2012 Finals, we had our answer: He's LeBron James. First of a kind. (...) If you were creating a basketball player in a science lab, you would create the guy we just watched these past five weeks" (Bill Simmons).

 

 

- "You see him in the post, when the double team comes, he’s throwing out of it like Magic or Bird. Nice, simple play. Then you see him scoring like Michael, so you get that crazy package in one guy" (Charles Barkley).

 

 

- “Man, Lebron went thru all that hate and still came up on top... #Salute #Respect!!!! Gotta respect it” (Brandon Jennings).

 

 

- “Lebron James is now officially one of the all time greats” (Jamal Crawford).

 

 

- “Happy for Lebron, I don't think there has ever been an NBA player that suffered so much unwarranted criticism” (Lavoy Allen).

 

 

- “Happy to see Lebron get A Ring!” (DeShawn Stevenson).

 

 

- “He played as efficiently —both as a scorer and a creator— as just about anyone in league history. He finished these playoffs with a PER of 30.3, the second time he has cracked 30 for a full postseason. The entire list of players to hit that mark in two or more playoffs: James, Michael Jordan and Shaquille O’Neal” (Zach Lowe).

 

 

- “James has simply been the game’s most fascinating player who, at his best, offered us a glimpse of the platonic future -size, speed, vision, finesse and intuition in a single package” (Kevin Arnovitz).

 

 

- “There was James, not really alone at the end, and hardly lonely” (Ethan J. Skolnick).

 

 

……………………………………………….......…

 

 

- “I dreamed about this opportunity and this moment for a long time. My dream has become a reality now and it's the best feeling I've ever had”.

 

 

- “The only thing that bothered me, that a lot of people said I was a selfish person”.

 

 

- “This is the happiest day of my life”.

 

 

……………………………………………….......…

 

 

 

Pasadas las dos y media de la noche, a paso lento y algo desconcertado, James abandonaba el American mientras los últimos equipos técnicos de logística y televisión cargaban los camiones. A su paso los testigos se detuvieron. En el silencio de la noche aún se podían escuchar las últimas felicitaciones, a cuyos autores aún respondía con agotada sonrisa. "Appreciate you". A los pocos segundos los últimos cronistas recogían como testigos el cierre de una mala garganta que suele combatir con té de camomila sin que sus palabras tuvieran un destinatario concreto, como si hablara solo.

 

 

“I want to go home”.

 

 

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Agradecimientos: Jason Koebler, Henry Abbott, Barry Jackson, John Higgins, Donald McRae, Israel Gutiérrez, Ira Winderman, José Pañeda, Brian Windhorst, Jenni Carlson, Antonio Gil, David Steele, Michael Wallace, Lee Jenkins, Michael Rosenberg, Kevin Van Valkenburg, Ethan J. Skolnick.

 

 

Anteriores:

 

Cuarta entrega (2011) 

 

Tercera entrega (2010)

 

Segunda entrega (2009)

 

Primera entrega (2008)

 

 

Foster Kid (Akron, 1989)

                                                           Dos colores para un sueño,
                                                           agonía hasta el final.
                                                           La Liga ya tiene dueño,
                                                           más mérito le dio el Real.

                                                           Del Palau a la Diagonal,
                                                           pintando cada rincón.
                                                           El azul lo presta el mar,
                                                           El grana... su corazón.

                                                           Un serial con cinco actos,
                                                           homenaje sin mentira.
                                                           Entre rivales, un pacto:
                                                           el baloncesto respira.

                                                           Desmayóse el esloveno,
                                                           este Dios es terrenal,
                                                           mas en cancha, ya sin freno,
                                                           Lorbek domina triunfal.

                                                           Mickeal con rabia grita,
                                                           la mala suerte a la hoguera.
                                                           El orgullo resucita,
                                                           un ganador siempre espera.

                                                           Destapado todo el tarro
                                                           de la magia y la leyenda,
                                                           siete tiene ya el “navarro”,
                                                           Cuya gloria es única senda.

                                                           Gallego de cuatro letras
                                                           que por poco en tres concluyen.
                                                           La venganza se perpetra
                                                           cuando salto y mate fluyen.

                                                           Azúcar, cachaza, hielo...
                                                           con la lima de la huerta.
                                                           Suya la llave del cielo,
                                                           su triple tiró la puerta.

                                                           Wallace firmó sentencia,
                                                           Sada volvió a rugir
                                                           El Cid tuvo descendencia
                                                           Ndong sonríe tras sufrir.

                                                           Un “inglés” que es australiano,
                                                           un Eidson testimonial
                                                           Todos suman, son hermanos...
                                                           de dinastía colonial.

                                                           La alegría de Rabaseda,
                                                           la de Perovic, el ausente.
                                                           De Pascual es la vereda
                                                           donde el éxito es paciente.

                                                           Qué lejos queda el inicio
                                                           de este anhelo compartido.
                                                           De octubre a junio un juicio
                                                           Que de naranja ha teñido
                                                           nuestras vidas con bullicio.

                                                           Sin reglas y en cosonante
                                                           Libre prosa disfrazada,
                                                           Solo un caballero andante
                                                           El balón y su morada

                                                           Este blog ya se despide
                                                           Tras epílogo increíble
                                                           Su nombre otra vez coincide:
                                                           al final… todo es posible.
 
 

                                                           Daniel Barranquero

                                                          @danibarranquero

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Este sábado, Barça Regal y Real Madrid se citan para la madre de todas las batallas. Es una Final, es una Liga Endesa, es un quinto. Es emoción, es un todo o nada, es un vida o muerte. Es el presente. Es el futuro. Es el pasado.


Ricos de títulos y de recuerdos, ambos conjuntos conocen las dos caras del basket, y no es complicado encontrar dos precedentes, uno por equipo, de situaciones similares con las que poder motivarse cada uno de los equipos.

 

El feliz adiós de Epi

 

Si el FC Barcelona Regal gana, será completar del todo el guiño al 95. Y es que, solo una vez en toda la historia un equipo que fue perdiendo por 1-2, acabó conquistando el título. Cómo lo sudó aquel Barça.

 

16 de mayo de 1995. Se caía Ciudad Jardín, entregado a un sueño pintado de verde, a uno de esos momentos mágicos que vive una ciudad con el deporte, con el baloncesto. El Unicaja de Imbroda. Soplo de aire fresco, juego descarado, sin complejos, sorprendente, arrollador. Con más de cinco mil personas empujando y 26 puntos de Ansley, los malagueños superaron en el tercer choque a su rival, para el que de nada sirvieron los 18 puntos de Crowder o los 4 triples en el último minuto. 88-87. 1-2 en la eliminatoria y un cuarto en el horizonte con todos los elementos en contra.


“Esto es lo más importante que ha pasado en la ciudad desde la reconquista por parte de los Reyes Católicos”
, se escuchaba en una radio local. “Esto será Sarajevo”, anunciaba una pancarta en el pabellón malacitano. Resultaba un reto mantener la mente fría, mas el Barça supo crecerse en la situación más adversa imaginada.

 

“La eliminatoria no está resuelta. El próximo partido será muy complicado pero vamos a ganar nosotros”, exclamaba confiado Salva Díaz. “No estamos vencidos, ni mucho menos”, añadía Xavi Fernández. Y no lo estuvieron. El cruce de declaraciones, los árbitros, la polémica… todo se olvidó cuando comenzó un cuarto partido que batió récords de audiencia (4,4 millones de espectadores y 6,5 en los últimos 15 minutos, con 40,4 % de share), con pantallas gigantes en Málaga y un ambiente auténticamente infernal en Ciudad Jardín.

 

El cuadro blaugrana salió a tumba abierta desde el inicio, sin reservar nada, con Ferran Martínez (24) y Crowder (15) de líderes, si bien acabó sufriendo y el partido se puso agónico. Ansley, que había anotado 37 puntos, se jugó el no-triple más importante de la historia de la ACB y el balón no entró, por lo que habría quinto partido. ¡Y qué quinto!

 

 

 


Como en la actual Final, el Barça salvó el match-ball en el cuarto pero no tenía aún la Liga en el bolsillo. “Falta lo más difícil”, repetían una y otra vez los jugadores barcelonistas. “Nos mentalizamos para ir al infierno”, confesaba Javier Imbroda. Vaya si se mentalizaron. Tanto que, durante muchos minutos, pusieron en jaque al favorito y a la propia Liga, dominando desde el inicio, aunque la entrada de Andreu y Salva Díez le dio la vuelta al partido y permitió vivir unos últimos minutos de fiesta absoluta en un Palau desbordado de gente y pasión.

 

Cuando quedaban 32 segundos, Aíto García Reneses pidió tiempo muerto y dio entrada a Epi, que viviría sus últimos segundos como jugador barcelonista en un final idílico, con el colofón de dos tiros libres y la ovación general antes de descorchar el cava y brindar por una Liga (73-64) en la que la lucha del vencido engrandeció aún más el mérito del vencedor.

 

La Liga de Djordjevic

 

La historia, caprichosa, quiso que se viviera una situación similar justo un lustro después de aquella inolvidable final. Guion diferente, rival distinto, desenlace opuesto. Esta vez, el aspirante era un Real Madrid que le arrebató el factor cancha a su rival en el primer partido, aunque acabó naufragando en el segundo, cayendo por 28 puntos.

 

Poco le duró la alegría al Barça, que vio como su rival le devolvía el baño 48 horas después, con victoria blanca por 26 puntos en el tercero. El golpe fue muy duro aunque, como en este ocasión, el orgullo prevalecía: “Ganaremos, seguro”. Palabras de Gurovic en el túnel de vestuarios, nada más ser arrollados en el tercer asalto por el Real Madrid.

 

Aíto intentaba picar el amor propio de los suyos comentando que no veía a su equipo capacitado para reaccionar y, al igual que en la Final de 1995, la serie se vio salpicada por la polémica, aderezada con polémica y cintas de vídeo. El Barça supo jugar mejor con la presión y, una vez más, sobrevivió para salvar el match-ball madridista, gracias a la actuación de Digbeu y al dúo Pau Gasol-Juan Carlos Navarro, con 13 puntos cada uno. 2-2 y la serie de vuelta al Palau.

 

El Barcelona, como en 1995, como en 2012, había logrado lo más complicado, mas esta vez el rival sí reservaba fuerzas para dar la última estocada, en el precedente que más puede ilusionar al Real Madrid, superando incluso el de 2005 con el triple de Herreros en Vitoria, tanto por tratarse esta vez del mismo rival como por el desarrollo de la serie, calcado al de entonces.

 

“El Barça lo tiene todo de cara pero confío en mis jugadores y esperaría antes de darnos por muerto”, señalaba Sergio Scariolo que, una vez más, tenía un plan. Y eso que el Barça, que jamás había perdido en casa un partido de desempate, pareció durante muchos minutos capaz de ganar el título, mandando durante una gran parte del encuentro, llegando a dominar por 11 puntos y entrando en la recta final del choque con una renta cómoda.

 

A falta de 7 minutos, con 7 puntos abajo, Scariolo puso en pista a Djordjevic, el gran protagonista de la serie. El serbio, que había declarado horas antes sentirse madridista, inauguró su casillero de puntos nada más entrar y lideró la reacción visitante, con 8 más en los últimos minutos.


A falta de 6 minutos empataría Scott (16) y entre Alberto Angulo (19) y Struelens (15) hicieron el resto, desquiciando al conjunto blaugrana, que acabó viendo impotente como el Real Madrid acertaba en cada una de sus acciones finales, incluido el carrusel de tiros libres, para acabar llevándose el partido (73-82), la Liga y el trofeo a casa.


La imagen de Djordjevic, con el brazo en alto y dirigiéndose hacia el centro de la pista, con su antiguo compañero Nacho Rodríguez corriendo para recriminarle y meterle en el túnel de vestuario, ya es historia de la ACB.


¿Cuál será la de este año? ¿Tendrá aroma a 1995 o a 2000? Ambos tienen motivos para la ilusión. Ambos tienen motivos para la cautela en la madre de todas las batallas.

 Daniel Barranquero

@danibarranquero

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