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New York ha recibido a los aventureros
Después de nuestro cuarto vuelo en menos de una semana, por fin llegamos a la Gran Manzana. Y qué manera de llegar. El viaje en taxi del aeropuerto al hotel no se puede hacer de otra manera más que cual avestruz, girando el cuello hacia todas partes y en ángulos imposibles con tal de ver la infinidad de edificios y construcciones emblemáticos que tan famosa ha hecho a esta ciudad.

Pero no hay que dejar que el desenfreno y el ritmo frenético que todo el mundo parece tener inculcado aquí se apoderen de uno, así que, después de una noche de descanso y sin hora para despertar, nos encaminamos a una de las numerosas cafeterías que hay por Times Square. Un poco de bollería y un buen zumo de naranja (por lo visto Valencia tiene exportaciones mucho más internacionales de las que todos pensamos) nos ayudan a reencontrarnos con nuestra humanidad, y ya con las baterías recargadas nos dirigimos al Downtown.

Lo primero que vemos nada más salir de la boca del metro: Battery Park. Lo primero que sentimos: un frío glacial apoderándose de nuestros huesos, articulaciones y gargantas. Para nosotros los españoles de tierras templadas una media de 1º sobre 0 no es suficiente. No obstante, podemos decir que vale la pena. No sólo por el parque, ya bastante bonito de por si, sino por la vista.

Luego, dos horas de cola para coger un ferry para ver la Estatua de la Libertad y Ellis Island. Quizás no os sorprenda de tantas veces que se ha visto por televisión, pero es una parada obligatoria si viajáis a NY. De regreso a Manhattan, fotos con el toro dorado y paseo por el World Trade Center.

Cenamos en un italiano donde Rubén se “zampó” una pizza familiar él sólito y poco después, Álvaro y Luis fuimos a un concierto de rap. Al principio fuimos algo acojonados por lo que nos podíamos encontrar así que os podréis imaginar todas las coñas alrededor de la última cena y el día de mañana que hubo con anterioridad.

Ya dentro de la sala, nos invadió la sensación de seguridad al ver el público… ¡si al final los más gangotas íbamos a ser nosotros! Luisa flipó en colores con actuaciones de J Rocc, Ill Insanity o Black Milk, un rapero del que Luís logró un CD firmado. Mientras, Álvaro flipó con la chica que tenía al lado… cada loco con su tema.

Al final el concierto fue genial cerrando un día mortal. Mañana más.