No sólo el primer día de las rebajas había gente haciendo cola, sino hasta el quinto o sexto día, no dejaban pasar ni a los dependientes a abrir las puertas. ¿Qué será lo próximo? ¿Esperar a que habrá el McDonalds para que no nos quiten el juguete del Happy Meal?

Pero si hay algo que en todos los centros comerciales es igual son los carritos de la compra. Vayas al sitio que vayas y cojas el carrito que cojas una de las ruedas siempre está mal, no falla; y casi siempre el que te toca coger tiene una cantidad de papeles publicitarios y de restos de lechuga que parece el mercadillo. Por eso hay que ser cuidadoso con el que coges; yo cuando encuentro uno con el cajetín roto me lo llevo y lo gozo, como si hubiese robado un BMW. Sólo hay una cosa mejor: que venga un tío, te dá 50 céntimos y te diga: “Ya me lo quedo yo.”

Por esto los centros comerciales son lugares únicos, donde se reúne toda la fauna y la flora de nuestra sociedad; además el sitio perfecto para ir a pasar la tarde llevándole las bolsas de compras a tu novia.


