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Hola a todos. El domingo estuve radiando el partido en Manresa y asistí a una de las remontadas más impresionantes que he visto en una pista de baloncesto... y que no sirvió absolutamente para nada. Es la grandeza de este deporte, en el que puedes hacer lo más difícil y que se te escape la victoria por un error de auténtico pardillo en el último segundo. El Ricoh Manresa había merecido ganar el partido, fue mejor en el global del choque y eso me hace estar más tranquilo porque se hizo justicia, pero perder en el último segundo, otra vez con el Manresa y otra vez de forma inverosímil da mucha rabia. Al menos la cosa no fue como aquél triple circense, rimbombante e impensable de Albert Oliver hace tres temporadas. Aquello fue literalmente como una patada en los huevos. Esta vez ganó el mejor y punto.

 

La verdad es que el domingo empezó bien con el derby catalán, un partidazo en toda regla durante 30 minutos, hasta que el DKV Joventut se desfondó ante el empuje de Daniel Santiago - sí, me tengo que comer mis palabras - y Fran Vázquez. El trayecto a Manresa lo hice con Vita Petruskaite - lituana, cajista y trabajadora de Euroleague Basketball - y Juan de la Huerga, uno de los mejores periodistas de basket de este país. El pobre Juan se quedó dormido en mala postura en el Cercanías a Manresa y llegó al Nou Congost que parecía una alcayata. Nada más entrar estuve hablando con Balmón, un tipo genial. Balmón era el talisman del equipo hace dos años, cuando jugaba, aunque fuese un minuto, el equipo ganaba. Le dije que le podía poner en cancha el Manresa un poco y asi seguir la racha. Esperemos que tenga suerte este año y demuestre que un buen pívot, que sabe jugar muy bien de cara al aro y que se parte la cara en defensa. También andaba por allí Dani Escribano, aficionado número 1 del Cajasol. Un crack.

 

Me quedé un poco sorprendido cuando llegó el Cajasol. Manel, evidentemente, estaba saludando a media directiva de Manresa. Había hecho unas declaraciones antes del partido que suscribo totalmente: al Manresa hay que salvarlo. El baloncesto catalán y español no se puede permitir perder otro equipo de élite. Parece que el Manresa sea un equipo simpático y despreocupado y nada más lejos de la realidad: es un equipo modesto, que hace malabarismos con su prespupuesto para ser competitivo, y que debería ser un ejemplo para mucha gente. Las sorpresas a la llegada de Cajasol fueron que Dusko Savanovic tenía la cara hinchada y sería baja para el partido y que Andrea Pecile, al contrario que la última vez que le ví, estuvo la mar de distante conmigo. Nunca pensé que un rayo de sol fuese tan frío, no sé qué le pasaba. Será algún ritual prepartido.

 

Lo más extraño que me pasó en el Nou Congost vino al ver a Rodolfo Molina, fotógrafo de esta santa casa, subiendo por la esquina del pabellón y metiéndose en una puerta verde al final de la grada. Me fui a saludarle pero al abrir la puerta allí no había nada. Era el infierno, un par de caminos de metal que llevaban a la nada y sin pinta de soportar mucho peso. Intenté pegar un par de voces a ver si lo encontraba pero nada. Total, que me quedé con un ojo pendiente de la puerta, pero en un momento dado Rudy estaba de vuelta en la pista. Imposible. A día de hoy aún no sé cómo cojones lo hizo.

 

En fin, una vez que empezó el partido estaba claro que no era el día de Cajasol. Pedro Rivero fue fagocitado por los nervios en su debut ACB, Elmer Bennett no era el de las grandes ocasiones y solo Michal Ignerski daba la cara en el inicio de partido. Por otra parte, entre Josh Asselin - un jugadorazo, americano old school ACB -, Serge Ibaka - verde, muy verde -, y Roman Montáñez, el Manresa dominaba el partido a su antojo. Llegamos a perder por 17 puntos pero ahí llegó la reacción cajista con una defensa individual mucho más agresiva. Sin Savanovic el equipo sufría para anotar cerca del aro, pero llegó la inspiración. Pecile enchufó dos triples, Ellis se puso las pilas y casi remató la faena con un 3+1 tremendo que dejó el partido en un punto. Montáñez fallaba un triple desde la esquina y teníamos la bola para ganar el partido. Cuando pensaba que ya se nos había aparecido la virgen, el espíritu y todos los santos en la remontada, Bennett se jugó un uno contra cuatro y metió un canastón casi cayéndose. Lo que no esperábamos es que en los 2.9 segundos que faltaban, Asselin recibiese solo en el poste alto y le diese el balón a Jordi Grimau para que ganase el partido sin oposición.

 

Es algo imposible de analizar. Perder un partido en el último segundo, aparte que te deja con cara de gilipollas, supone una oportunidad perdida, sin más, y en una liga como la ACB es un pecado mortal, mas ahora con 32 partidos. No quiero hurgar en la herida, pero la única forma de resarcirse es romper el pronóstico ante Unicaja e ir a Granada a morder. Por cierto, Carlos Cherry parece que encuentra su lugar. Ojalá siga la racha.

 

En otro orden de cosas, hemos abierto el NIKEiD Fantasy Challenge y esperamos romper récords este año. Los amantes del SuperManager, que son muchos, pueden darse un voltio y hacer algún equipillo. Por otra parte, tras haber estado en "modo conciertos" durante meses ya he entrado en "modo temporada". Las eliminatorias de Eurocup empiezan ya mismo, así que habrá tiempo de analizarlas convenientemente. Ayer prácticamente me despedí de la temporada de conciertos viendo a The Posies tocando su disco de referencia, Frosting On The Beater. Nada más acabar el concierto - nada, un minuto después - se fueron los dos líderes del grupo, Ken Stringfellow y John Auer, se fueron a vender discos en la parte de atrás. Estuvo divertido. La semana que viene seguramente iré a un homenaje que dan a Los Planetas en Barcelona y se acabó.

 

La última: no quiero acabar este post sin desearle mucha suerte al Ricoh Manresa este año. Por el club, por sus aficionados, que aprietan muchísimo y son ejemplares, y también por Jordi Ardèvol, un currante del basket que se va haciendo sitio gracias a su buen hacer. Hay que apretar a instituciones, gobiernos, generalidades o lo que queráis. Pero este equipo debe seguir dando el callo en ACB, como debería haber seguido el Girona. Con Martí Artigas será más fácil volver a la élite.