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Javitriples
Javi G en una tarde para recordar

Señoras, señores, hoy es un gran día. Estoy reventado, me duelen partes del cuerpo que dudaba que pudiesen dar dolor, pero estoy contento. He ganado el concurso de triples de peor nivel de la historia del baloncesto, pero es una victoria que puso colofón a un buen día de basket en San Pablo. Normalmente juego una hora y acabo fundido. Pues bien, he jugado cinco partidos de 20 minutos, así que probablemente en 10 minutos mis padres podrán recoger lo que quede de mí con una cucharilla...

 

El 3x3 de San Pablo fue bien. Había competiciones municipales y de distrito en Sevilla este fin de semana, así que la participación fue la justita y el nivel de los equipos también. Mis compadres y yo tuvimos una fase de grupo fabulosa, jugando al límite de nuestras posibilidades (esto es, regular tirando a bien) y con todo el mundo aportando. Dado que estamos acabados, vivimos a base de acciones individuales y de los triples. Nuestros partidos son Pireos improvisados, tirando de todas partes y abusando miserablemente del triple como única arma para agarrarnos a los partidos. Al final, el que vive del triple, muere del triple, que diría Ramón Trecet. Eso, y que hubo un parón para comer y los cuatro nos metimos un serranito XXL entre pecho y espalda. Cuando volvimos estábamos cansados, llenos y claro, perdimos. Como España en la Olimpiada de Atenas. Primera fase de lujo, cuartos de final terrorifícos y cosidos a triples.

 

Jugamos contra unos tíos cuyo base era un auténtico jugón, pero que en la fase eliminatoria del concurso de triples - la cual superé a duras penas metiendo el último balón de tres intentos - había pegado tres peñascos de ponerse casco de minero. Llevábamos el partido controlado pero este chico nos cascó cinco triples seguidos. Pam, pam, pam, pam, pam. Evidentemente pudimos hacer algo más en defensa pero lo que hay es lo que hay. Nos conseguimos acercar, pero dado que las faltas ninguna era de tiro, ellos optaron por congelar el balón en el último minuto con bastante buen criterio, algo así como si fuera un final de partido de principios de los 80. Falta, banda, falta, banda... hasta que a mi primo se le hincharon los huevos y sacó el Ron Artest que lleva dentro. Es como el tío que hace de Jerónimo en Cajasol pero al revés. Tiene fama de ser un hombre lánguido y triste pero cuando se mete en el traje parece que se ha comido a Miliki. Mi primo JP es igual pero con Artest. Falta tremenda, tangana, final de partido y amenazas de muerte entre unos y otros. I feel devotion.

 

Total, que perdimos 16-13 o algo así pero la final del concurso de triples era 45 minutos más tarde. Mis compañeros, padres todos, se fueron de allí antes de que les curraran de verdad. Así que allí me quedé, disfrutando de San Pablo. Si lo de Artest en Detroit fue The Malice in the Palace, esto sería no sé, Hostiazos en el Palacio. No todos los días se tiene la oportunidad de competir por un trofeo en tu pista favorita, donde han pasado alguno de los mejores momentos de tu vida baloncestística - evidentemente pocos, porque somos el club que somos, al menos de momento. Casi que los mejores momentos profesionalmente hablando son la organización del 50 aniversario de competiciones europeas estos días, y la retransmisión del Mundial de Japón. Qué lujazo.

 

Al final éramos siete para competir por el título, a tres tiros, con unos balones de goma hinchados a tope, algo así como la vena de mi primo a la hora de hacer una falta antideportiva. Aún así salí ahí y metí 2/3, marca que sólo fue igualada por uno de los tíos que nos eliminó, un hiphopero a medio camino entre Rick Mahorn y Mario Kasun, pero bastante buen pavo. Salió al desempate y no metió niguna, así que al final enchufé una y gané. Vale, gané metiendo 4/9 en total, por demérito ajeno y tirando un airball lamentabilísimo en el primer tiro. Pero pude alzar los brazos en San Pablo y decir que he ganado. ¿Eso se puede pagar?

 

Total, que llega la entrega de trofeos. Me hacen una foto haciendo el símbolo del triple con un hombre del ayuntamiento, la única persona que tenía más barriga que yo entre cientos de seres humanos en San Pablo. Me dicen que no me puedo llevar el trofeo porque no hay suficientes, se apuntaron mi teléfono y me lo mandarán por correo. "Oiga, pero es que voy a sacar pecho en ACB.COM y no me va a creer ni Dios sin una foto". "¿Acebequé?". De la mayor gloria deportiva a la mayor de las decepciones: volver cansado, solo en un largo trayecto de autobús, con el único premio material de cinco pelotas hinchables con el logo del MARCA.

 

Pero que me quiten lo bailao, ha sido un momento para recordar. ¿Quién me iba a decir que en este pabellón iba a volver a ser medianamente feliz? Algún día remontaremos el vuelo, y así las cosas... saben mejor cuando pasan.