Hace unos años, una prima de mi novia se casaba en Madrid en verano, y decidimos subir para el acontecimiento. Como llegamos tarde por la noche del vuelo de avión a la mañana siguiente mi novia iba a la peluquería muy temprano y me dejó durmiendo con la condición de ir a recogerla cuando acabase.
Al final de la mañana me llamó para decirme que estaba lista y yo le pregunté a mi "cuñao" si me dejaba su coche para ir a recogerla. La única explicación que me dio era que estaba fuera en la calle y era rojo (hay que mencionar que aquel fue su primer coche); todo preparado me dispuse a buscarlo hasta que me encontré delante de una especie de carruaje de cuatro ruedas que aun se podía intuir que sobre él hubo alguna vez un color rojo como pintura.
Cuando me fui a meter dentro y echar el asiento para atrás, me di cuenta de que estaba roto el asiento y con la agilidad y elasticidad de un gato conseguí encajar mi cuerpecito entre el asiento y el volante, un poco incomodo pero decidido a llevar mi misión a cabo.
Decidi arrancarlo, y no sin antes deleitarme con unos extraños sonidos y traqueteos hasta que el coche se puso en marcha.
Admito que estaba impresionado de que esa chatarrilla pudiese andar con soltura, pero un repentino bache me devolvió a la cruda realidad: el parasol del conductor digamos que perdió su rigidez y comenzó a darme golpecitos sobre la frente mientras mis rodillas apretujadas contra el salpicadero solicitaban que el trayecto no fuese muy largo... pero lo era.
Al cabo de unos minutos conduciendo pude observar por intuición que el coche casi no tenia gasolina (digo intuición porque allí no se encendió ninguna luz) y me dispuse a pasar por una gasolinera para repostar; salir del coche no fue fácil (si alguien con una palanca me hubiese echado una mano para sacarme de esa lata todo habría sido mas rápido) y cuando cogí el surtidor de gasolina y me dispuse a echarle... aunque no os lo creáis la carrocería tenia agujero pero no estaba el tubo que lleva la gasolina al deposito, por lo que decidí agacharme; encontré el tubo colgando al libre albedrío, con lo que de rodillas tuve que coger con una mano el tubo y con la otra a ojo echar la gasolina.
De verdad que me sentía que alguien me estaba grabando y tomándome el pelo pero al final conseguí echarle unos eurillos y continué mi viaje hasta que llegué al sitio donde había quedado con mi novia para recogerla.
Ella me estaba esperando en una rotonda al lado de una parada de autobús toda preparada para ir a la boda y yo con mi coche tome la rotonda no sin antes coger la puerta de mi lado pues con la curva y la inercia se abrió de golpe, intentando parar de la manera mas elegante junto a ella, por desgracia cuando ella fue a abrir la puerta del copiloto, esta se desencajó y cayó toda al suelo. Para colmo a mi cabreo y situación, una señora de la parada del autobús me dijo gritando:
¡¡ESA NO ES MANERA DE VENIR A RECOGER A UNA SEÑORITA!!
Finalmente conseguimos llegar a la boda y fue un día maravillosa con el incentivo que cuando yo conté esta historia en la boda todos me tildaron de tío muy gracioso (aun creo que piensan que me inventé la historia).
P.D. Hace unos meses el coche finalmente pasó a mejor vida (creo que lo reciclaron en los ceniceros del MCDonald's)


