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Orange
06/05/2008

Cuatro hombres para cuatro equipos. No necesariamente los mejores en sus respectivas escuadras, estos cuatro jugadores nos sirven como resumen de lo acontecido este pasado fin de semana en la Final Four de la Euroliga, disputada en Madrid.

 

Uno: Shaun Stonerook

 

No se lleva titulares, los flashes le evitan, no destaca en la anotación -la salsa estadística por antonomasia-, pero sin duda es uno de los pilares maestros sobre los que se asienta el juego del Montepaschi Siena. Es el perfecto jugador de rol, tan excelso que debería ser considerado una estrella a pesar de su naturaleza complementaria (¿qué es el baloncesto sino el complemento de varios jugadores sobre una cancha de juego?). Maestro del posicionamiento, suele estar en el lugar preciso para infringir el máximo daño al equipo rival, bien sea en ataque o defensa.

 

En la semifinal ante el Maccabi, Stonerook despachó un primer cuarto antológico en la parcela defensiva, y su cuarta falta personal -con el consiguiente viaje al banquillo- fue aprovechada por los de Tel Aviv para remontar en el marcador. De igual manera, también encarna el estadio último del carácter... digamos mecánico, entendiéndose como la limitación para improvisar y definir en momentos críticos, del equipo toscano, y que resultó en la victoria macabea.

 

Dos: Tiago Splitter

 

A menudo criticado por su supuesta falta de carácter y agresividad para liderar un equipo -olvidamos con frecuencia que sólo tiene 23 años-, el Tau vivió en esta Final Four de un Tiago Splitter imperial en ataque. El brasileño se consagró en Europa gracias a su portentoso juego al poste bajo, pesadilla para el CSKA, y que provocó constantes desajustes en la defensa moscovita, que oscilaba entre la insuficiente aproximación individual, las ayudas que liberaban el juego de perímetro, o directamente la falta personal.

 

Desafortunadamente, el CSKA aprovechó su cuarta falta personal para escaparse en el último cuarto, mientras que al Tau le faltó mucha templanza para involucrar a Tiago en el juego tras su vuelta al parqué en los últimos minutos de partido, sucumbiendo finalmente ante la superior ejecución del equipo ruso.

 

Tres: Derrick Sharp

 

En Madrid, Maccabi Tel Aviv significaba Derrick Sharp y Derrick Sharp encarnaba el Maccabi Tel Aviv. Nadie como él para simbolizar cómo vive el baloncesto el equipo israelí, especialmente su grandeza y su miseria en esta Final Four.

 

Grandeza, porque los israelíes han sido capaces de llegar a toda una semifinal de la Euroliga con una plantilla cuanto menos dudosa, tirando de oficio y carácter para sacar sus partidos adelante. De esas dos cosas anda muy sobrado Sharp, quien ya había resultado providencial para el Maccabi en el crucial duelo del Top-16 contra el Real Madrid en Vistalegre, y que sumó 17 puntos, casi todos en la segunda mitad, para liderar la remontada de los amarillos en la semifinal ante el Montepaschi.

 

Miseria, porque pese a la tendencia heroica del base americano-israelí, nadie es capaz de vivir permanentemente instalado en el milagro, y la final ante el CSKA vino a desnudar las vergüenzas de un muy inconsistente Maccabi. Sharp ni siquiera pudo inaugurar su cuenta anotadora, nada raro si hablamos de un jugador que apunta al retiro, aunque por lo menos paso desapercibido, ¿no es cierto, Alex García?

 

Cuatro: Trajan Langdon

 

Justo MVP, camino de convertirse en un auténtico clásico del baloncesto europeo -si no lo es ya- y un claro exponente del valor intrínseco del baloncesto continental respecto al abrumador talento de la NBA.

 

Pese a sus obvias dotes como letal tirador y su notable desempeño en el apartado defensivo, Langdon es un rebotado de la liga norteamericana que nunca ha llegado a suscitar el suficiente interés en los despachos de la NBA como para incitarle a regresar a la máxima competición mundial. Sus evidentes limitaciones a la hora de crearse sus propios tiros -y especialmente siendo escolta- le marginan en una liga donde la búsqueda de oportunidades anotadoras no siempre se entiende como un trabajo de equipo. Sin embargo, el carácter colectivo del CSKA le permitió bombardear al Maccabi con 21 puntos en la finalísima.

 

Eso que gana el baloncesto europeo.
09/02/2008

Rudy Fernández ha llegado a un punto de su carrera en el que, a poco inspirado que esté, es casi imposible pararle. La expresión ‘a placer' encuentra pleno significado cuando decide buscar la canasta. Es, posiblemente, el único jugador que realmente responde milimétricamente al perfil de hombre que verdaderamente marque las diferencias, estrellas rutilantes que puedan llegar a emerger como los referentes inevitables de sus equipos y de la propia competición.

 

Está claro, Rudy es una estrella; no sólo por nivel de juego, también por actitud. Es ‘el hombre' a la hora de tomar decisiones y nunca rehúye la responsabilidad de cara al aro; más bien la busca. Le encanta ser el centro de atención en la pista y desatarse en las grandes ocasiones. La Copa es el marco ideal para él.

 

Se llevaban jugados dos minutos del partido de cuartos ante el Pamesa, sólo dos puntos en el casillero azulejero adornaban el marcador, y Rudy apenas había tocado balón. Con la posesión en poder de la Penya, el escolta verdinegro pegaba saltitos con los brazos en alto desde una esquina, pidiendo el cuero de manera infructuosa.

 

Podías sentir la angustia, sus incontenibles ganas por entrar en juego. Y te sorprendes sabiendo sin lugar a ningún género de dudas lo que va a suceder a continuación.

 

Rudy pierde la paciencia y se dirige directamente a buscar el balón a la frontal de aro, a la altura del triple. Por supuesto, ya no lo soltaría. Quedando allí mismo emparejado con Ruben Garcés en mismatch, el mallorquín examina sus opciones a siete metros del aro mientras bota el balón, y como quiera que el panameño le concede cierta distancia para prevenir una posible penetración, Rudy se levanta sin dudarlo para poner en práctica su letal tiro de larga distancia y abrir su espectacular cuenta anotadora.

 

Tan inevitable como efectivo. La estrella ejerciendo de tal y la grada del Buesa Arena rendida a sus pies.

Bilbao
El iurbentia Bilbao, la sorpresa de la Copa del Rey

La Copa del Rey es un estado mental, una dinámica, llegar y continuar. Pero es sobre todo baloncesto. Sin despachar los rudimentos básicos de este juego es difícil hacerse valer en un contexto tan competitivo.



El iurbentia Bilbao aúna ambos factores, mental y material. Siempre vende que el equipo pequeño tumbe al grande, la vieja historia de David contra Goliat, pero aquí asistimos antes a una confirmación que a una verdadera sorpresa.


Por bando y bando.


Conjugando con la trayectoria que llevan ambos conjuntos esta temporada, tan gozoso y estimulante emerge el baloncesto colectivo de un Bilbao cuyos hombres parecen conjurados al servicio del EQUIPO, como desesperante resulta un F.C.Barcelona incapaz de articular con alguna continuidad un discurso mínimamente fluido sobre el parqué, y que vive del talento individual de alguno de sus jugadores.


En esta ocasión fueron Pepe Sánchez, prácticamente el único capaz de establecer líneas de fuerza entre los diferentes jugadores del conjunto azulgrana, y especialmente ese killer on the loose llamado Jaka Lakovic, bombardero de primera magnitud que mantuvo al Barça en el partido hasta los últimos minutos.


Sin embargo, la verdadera estrella sobre la pista no fue otro que Marcelino Huertas, el cerebral base brasileño que... un momento, ¿de verdad estamos calificando como cerebral a Huertas? Es más, eso de ser base, brasileño y cerebral en los tiempos que corren, ¿no es un oximoron?



Efectivamente, parece un milagro. Cuesta creer que el revolucionapartidos que pudimos disfrutar -a veces sufrir- con la Penya en las últimas temporadas haya madurado de manera tan rápida y visceral. De ser un bólido sin pedal de freno, Marcelinho parece haber perdido cierta punta de velocidad, pero ganado todo un rango de marchas para llevar el juego al ritmo que más conviene a su equipo en cada momento. Su capacidad para leer jugadas, encontrar a sus compañeros y resolver cara al aro le convierte en el motor ideal para un equipo de envidiable equilibrio.



Con esa permanente referencia en la zona que significa Fred Weis, impagable antorcha defensiva y reboteadora, compañeros de pintura versátiles tales como Rancik o Banic, exteriores tiradores como Recker, Savovic o Vázquez, y jugadores de equipo como Salgado o el propio Quincy Lewis, el estilo generoso y participativo del Iurbentia encuentra su justa correspondencia en nivel de juego sobre la pista. Es un conjunto entramado, que contrasta con al juego deslabazado que todavía exhibe el Barça a estas alturas de temporada.


Hoy lo vemos todavía más claro: la sobresaliente marcha del Iurbentia en la ACB no es ninguna casualidad. Merece destacarse el grado de motivación y compromiso que muestran todos los hombres de Vidorreta a ambos lados de la pista (los azulgranas tendrán pesadillas durante varios días con la defensa despachada por los bilbaínos).


Ellos ganaron y con su victoria también ganó el baloncesto.

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Nikola Mirotic, uno de los mejores del campeonato (Foto JOMA/Encancha.com)
 

Según se aleja en el tiempo la última edición del torneo de L'Hospitalet, el recuerdo de los jugadores allí vistos no hace sino revalorizar el nivel del mismo, que no podemos calificar de ninguna otra manera que no sea de excelente. Son muchos los jóvenes que apuntan maneras, algunos incluso a futuras estrellas de este deporte, y a ellos dedicamos unas líneas con la certeza de que alguno nos quedará en el tintero.

 

EQUILIBRIO BALCÁNICO

Como si fuera un supuesto de equilibrio geopolítico, cuatro jugadores balcánicos, cada uno de un país diferente, destacan en cada uno de los cuatro semifinalistas del torneo. Serbia, Bosnia, Montenegro y Croacia están representados respectivamente por los Musli, Djedovic, Mirotic y Zubcic.

Nikola Mirotic
Real Madrid, 2.07, Ala-pívot, 1991


Merecido MVP del torneo, el ala-pívot montenegrino dio un recital de juego y movimientos. Es un jugador alto, de brazos largos, mucha movilidad, extraordinaria coordinación y que disfruta de excelentes manos para relacionarse con el balón. Fino y muy técnico, buen conocedor del juego, la amplitud de su repertorio asusta. Es productivo tanto de cara como de espaldas a canasta, y puede evolucionar desde prácticamente cualquier punto de la cancha, incluso subiendo el balón. Tiene una gran mano, pudiendo lanzar desde el triple o la media distancia, tras bote y especialmente recurriendo a fintas de tiro para desequilibrar a su rival. Siguiendo con su juego de cara, maneja muy bien el balón y puede atacar a sus rivales tras bote con ambas manos, incluso a jugadores más pequeños y rápidos que él. Disfruta de muy buenos fundamentos en el poste bajo, con un sólido juego de pies y habilidad para anotar sus ganchos diestros. Quizás se echa en falta un poco más de trabajo con su zurda para anotar cerca del aro. Corre muy bien la cancha, sabe pasar el balón, trabaja el rebote y, aunque no es un enorme defensor, pude intimidar gracias a su envergadura. Es muy loable la libertad que disfruta en el Real Madrid para desarrollar todo el potencial de su juego. Hablamos sin duda de uno de los jugadores con más futuro vistos en el torneo.

Dejan Musli
FMP Zeleznik, 2.12, Pívot, 1991


Quizás decepcionó un poco al personal el pívot serbio, dada la fama que traía como flamante MVP del pasado Europeo sub-16, pero una lesión en el pie derecho le tuvo fuera de combate en los primeros dos días de torneo, y no pudimos ver al mejor Musli en la última jornada. De cualquier manera hablamos de un pívot muy grande, tanto por altura como por constitución física, no demasiado atlético, pero con interesante movilidad. Destaca fundamentalmente en defensa, donde estuvo más discreto que de costumbre, pero es un gran intimidador que mide los espacios con sorprendente habilidad para estar siempre en el punto adecuado. En ataque su juego descansó sobre tres pilares básicos: tiros de media distancia que, sin ser del todo fiables, van ganando en solidez; jugadas al poste bajo donde, demasiado predeciblemente, busca un ganchito diestro que todavía necesita pulir; y acciones en las que gana la espalda de su defensor prácticamente debajo del aro para recibir un pase bombeado y machacar el balón. Necesita seguir trabajando especialmente sus tiros a canasta desde todas las distancias y su juego de pies al poste bajo, pero es un jugador de enorme futuro.

Nihad Djedovic
AXA F.C.Barcelona, 1.95, Escolta, 1990


El bosnio puso de manifiesto su madurez física y técnica liderando al Barça hacia la final del torneo. Es un jugador muy hecho que en esta categoría es capaz de crearse tiros prácticamente a placer, y su voracidad anotador le lleva a jugarse muchos balones, en ocasiones más de los que serían aconsejables. Fuerte, atlético, ataca a sus rivales tras bote con facilidad, especialmente por la derecha, pero antes que zigzaguear hasta el aro prefiere levantarse para ensayar su tiro a canasta. Sin ser un puro tirador, parece bastante mejorado desde la larga distancia, y se levanta tras bote sin mayores problemas. Capaz de crear para su equipo con pases tras dividir la defensa rival, Djedovic no fue muy prolífico en este apartado, prefiriendo crearse sus propias oportunidades anotadoras. Tampoco rayó a la misma altura defensiva de anteriores citas, posiblemente dado su acrecentado rol en el equipo. De todas maneras, es un jugador tan maduro que posiblemente ya podría disputar minutos de cierta calidad en algún equipo ACB la próxima temporada.

Tomislav Zubcic
Cibona Zagreb, 2.08, Alero/Ala-pívot, 1990


Es complicado formarse una opinión de este espigado forward. Atesora unas condiciones físico-técnicas excepcionales, pero no termina de trasladarlas a la cancha con regularidad y solidez. Jugador que evoluciona fundamentalmente de cara al aro, tiene un gran primer paso y muy buen manejo de balón para su altura, lo que le permite romper a sus rivales, especialmente cuando está defendido por hombres interiores. Tiene además tiro exterior, pero muy inconsistente. Las pocas veces que visita el poste bajo gusta de resolver con tiros a la media vuelta que evitan un contacto físico que su delgado cuerpo no acepta del todo bien. Buen pasador, no obstante tiene problemas para tomar decisiones en poco tiempo bajo presión. Le cuesta reaccionar y desplazarse en defensa, y acaba cometiendo faltas con demasiada facilidad. De hecho, sus particulares características generan dudas posicionales: como alero necesita mejorar su manejo de balón, ganar mucha consistencia en el tiro y sufre graves problemas de lateralidad defensiva; como ala-pívot le falta bastante fortaleza que le costará ganar debido a sus relativamente estrechos hombros. De todas maneras, a buen seguro terminará asentándose como un moderno ala-pívot abierto.

GENÉTICA AFRICANA

Están hechos de otra pasta, son jugadores que pueden aunar gran altura y excepcional capacidad atlética en proporciones que es muy difícil encontrar en otras latitudes. La contrapartida habitual, más problemas que de costumbre para asimilar el trabajo táctico y técnico que todo jugador de alto nivel necesita. El AXA F.C.Barcelona se presentó en el torneo con dos de ellos, senegaleses para más señas.

Michel Diouff
AXA F.C.Barcelona, 2.06, Ala-pívot, 1990


Con un excelente despliegue físico-atlético y unos pocos recursos ofensivos que supo explotar a fondo, Diouff completó un gran torneo. Su jugada favorita, el tiro a la media vuelta desde el poste bajo, siempre acabando el giro alejándose ligeramente del aro de manera que pudiera disfrutar de espacio para lanzar con más comodidad. Además, tiros de media distancia, finalizaciones cerca del aro o canastas en transición. Por descontado, tiene gran facilidad para jugar por encima del aro, y ofreció varios mates al respetable. En defensa le bastó su superioridad física para hacer daño, formando una pareja temible con Abdoulaye, pero siempre con margen para mejorar el sentido táctico de sus esfuerzos.

Papa Abdoulaye
AXA F.C.Barcelona, 2.08, Pívot, 1990


Menos habilidoso pero quizás con más potencial que Diouff, es un poco más alto, tiene más envergadura, es al menos tan atlético como su compatriota, y para el poquísimo tiempo que lleva jugando baloncesto organizado -algo más de un año, a decir de agentes y responsables de la cantera azulgrana- no lo hace nada mal. Es un jugador coordinado, que sabe posicionarse en la pista, con un buen tiro de media distancia que saca de muy arriba, que no tiene malas manos y que debiera ser capaz de desarrollar habilidades al poste bajo. Además, intimida muchísimo en defensa, y regaló a la grada varios tapones de muy espectacular factura. Sin apenas salirse de su guión, su concurso fue de gran ayuda para que el Barça pelease por el torneo.

LA ARMADA ESPAÑOLA

Efectivamente, es un titular irónico. Ni hubo armada, ni mucho menos era española (en caso de haberla). Con las ausencias de Ricky Rubio, ocupado en otros menesteres, y Alberto Jodar, cuyo Fuenlabrada no estaba invitado al torneo, sólo acertamos a destacar a tres jugadores de entre el producto nacional.

Josep Franch
DKV Joventut, 1.90, Base, 1991


La Penya sigue produciendo bases de gran nivel, y su última propuesta es un Josep Franch que dejó destellos de enorme calidad. Es un base muy creativo, con gran manejo de balón y que transmite facilidad en su juego. Los pases más espectaculares vistos en L'Hospitalet tuvieron su firma, demostrando visión de juego, gran habilidad para encontrar líneas de pase y para efectuar las entregas de muy diferentes maneras. Por lo pronto, destaca la facilidad con que transforma el bote en un pase, además de ejecutarlos brillantemente con cualquiera de sus manos. Capaz de desbordar a sus rivales con regularidad gracias a su rapidez y dominio de balón, además de encontrar a sus compañeros en el pase disfruta de un gran tiro tras bote de media distancia, aunque según se acerca a la línea triple parece descender su efectividad notablemente. Tuvo que compaginar sus partidos en el torneo con varios entrenos con la primera plantilla del Joventut, lo cual posiblemente restó brilló a su actuación. De cualquier manera, es un jugador que ilusiona.

Alejandro Hernández
AXA F.C.Barcelona, 1.90, Base, 1990


No jugó su mejor torneo el base del Barça, pero así todo dejó muestras de su saber hacer. Todavía mucho más delgado que el estándar junior, su potencial de desarrollo físico es notable. Además Hernández disfruta de buena envergadura y es un jugador muy rápido. Destacaron sobre todo sus entradas a canasta, abrochando esa velocidad, su buen manejo de balón, un excelente sentido a la hora de marcar los pasos y cierta creatividad para dejar bandejas. También dejo muestras de su habilidad pasadora, que sin ser extraordinaria, sí le permite encontrar a sus compañeros con regularidad. De todas maneras, en ocasiones se vio muy superado físicamente y le costó crear juego para su equipo.

Miguel Lorenzo
Unicaja Málaga, 2.02, Ala-pívot, 1991

 

Si hablamos de hombres altos, nos quedamos con este zurdo de primer año que ha oficiado de ala-pívot versátil con prometedores resultados. Exhibe una planta física excelente y decente capacidad atlética, pudiendo evolucionar tanto de cara al aro como en la zona. Capaz de atacar a sus pares tras bote, con un tiro cuyo rango se extiende hasta la línea triple, necesita ganar consistencia en su juego. Nacido en Septiembre del 91, será interesante comprobar hasta dónde le lleva su desarrollo físico.


FACTORÍA FMP

No solamente se llevaron el torneo; los de Zeleznik presentaron la más completa colección de jugadores interesantes vistos en L'Hospitalet este año. Además de Dejan Musli, es obligado nombrar a varios de sus compañeros.

Andrija Milutinovic
FMP Zeleznik, 1.98, Escolta/Alero, 1990


El mejor jugador del equipo campeón, Milutinovic se erigió en el bombardero del torneo, devolviéndonos el añejo sabor del tirador letal balcánico. Su acierto durante las tres jornadas fue tal que muchos equipos acabaron los partidos defendiéndole cara a cara en todo momento ante el peligro que suponía concederle unos metros. Exterior de muy buenas condiciones físicas, por altura, envergadura y capacidad atlética, el repertorio de Milutinovic afortunadamente no se reduce a sus tiros a canasta. Buen manejador de balón, es capaz de penetrar con solvencia con ambas manos, ve fácil el pase, corre muy bien el contraataque, carga el rebote activamente, trabaja las líneas de pase buscando el robo y en general es un jugador que permanece activo todo el partido y que entiende el juego. Además también se mostró muy expresivo sobre la cancha, ejerciendo un cierto liderazgo sobre sus compañeros.

Nikola Vukasovic

FMP Zeleznik, 1.90, Base, 1991

Otro de los jugadores de primer año que oficiaban de inicio para el Zeleznik, Vukasovic muestra grandes condiciones para este deporte. Tiene un perfil físico notable, con buena altura, excepcional envergadura y muy prometedora percha, además de ser un jugador muy rápido. En lo referente a su juego, se mostró como un base muy seguro, con gran manejo de balón para dividir defensas y repartir balones. Muestra una buena visión de juego, además de disfrutar de un sólido tiro a canasta, incluso tras bote desde la media distancia. De hecho, dio la impresión de que Vukasovic, pudiera haber sido más protagonista en ataque, pero que prefirió buscar a sus compañeros, también de acuerdo con una dinámica muy de equipo que llevó FMP. Soberbio en defensa, Nikola tiene lateralidad y envergadura para realizar un gran trabajo atrás.

Aleksandar Ponjavic
FMP Zeleznik, 1.96, Escolta, 1991


Escolta muy completo, titular en todo un Zeleznik a pesar de su juventud, le dio al perímetro de su equipo mucha consistencia. Sin destacar de manera extraordinaria en ninguna faceta, se mostró muy sólido en los fundamentos básicos de este juego -bote, tiro y pase- contribuyendo a la creación de juego, a la amenaza exterior, a la circulación de balón, y también a la consistencia defensiva del FMP. Poco más se le puede pedir a un junior de primer año.

Branislav Djekic
FMP Zeleznik, 2.05, Ala-pívot, 1991


Nacido en Diciembre, hablamos de un jugador prácticamente cadete. Y aunque se esperaba un poco más de él -ya estuvo aquí el pasado año- sigue mostrando gran potencial. Delgadito pero con buena planta, brazos largos e interesante capacidad atlética, Djekic muestra cierta mano desde la media distancia, y acierto en las proximidades del aro, además de poder poner eventualmente el balón en el suelo. Es bastante coordinado, mostrando con cuentagotas algunos movimientos prometedores, y debiera convertirse en un hombre productivo en el poste bajo en cuanto gane un poco de cuerpo.

Bojan Subotic
FMP Zeleznik, 2.04, Ala-pívot, 1990


Quizás el más hecho de los jugadores del FMP, el ancho y fuerte cuerpo de Subotic no invita a pensar en un gran desarrollo futuro, pero tiene suficientes cualidades para asentarse como un jugador muy sólido en Europa. Muy atlético, Subotic se ha mostrado como un hombre muy activo, moviéndose sin balón, atacando el aro, buscando los rebotes. Sabe posicionarse y es agresivo. Pero además tiene un tiro muy apañado a canasta, con rango incluso hasta el triple, puede pasar el balón y entiende bien el juego. Posiblemente no tardaremos mucho en verle jugando con los mayores.

VIAJE CON NOSOTROS...

 

Finalizamos este particular viaje por distintos puntos del globo con un par de jóvenes promesas brasileñas establecidas en Andalucía y un ramillete de europeos de diversa procedencia.

Augusto Lima
Unicaja Málaga, 2.06, Ala-pívot, 1991


Unicaja sigue trabajando el mercado brasileño y el resultado es este atlético hombre interior, que si bien mostró un juego limitado, deja entrever una gran capacidad para mejorar en el futuro. Todavía muy delgado, Lima tiene muy buena percha y brazos largos. Ofensivamente basa su juego en un certero gancho diestro que le permite finalizar cerca del aro con mucha fiabilidad. De hecho, disfruta lo que los norteamericanos llaman soft touch para dejar el balón en la red desde posiciones cercanas. Además de un buen posicionamiento, cierta capacidad pasadora desde el poste y de un tiro todavía muy inconsistente, poco más mostró. Sin embargo, su gran coordinación, así como detalles que muestra en bote sin oposición, pase y tiro, permiten vislumbrar un gran futuro para este chico, siempre que trabaje adecuadamente.

Jordan Bürger

Cajasol Sevilla, 2.01, Alero/Ala-pívot, 1991

A caballo entre las posiciones de alero y ala-pívot, el brasileño tuvo una irregular actuación en L'Hospitalet, pero siempre dejando constancia de sus posibilidades. Disfrutando de buena planta física e interesante capacidad atlética, sus habilidades perimetrales le abren la puerta a un posible futuro como exterior, pero de momento se quedan cortas. Tiene triple, tiene bote, pero le cuesta levantarse con fiabilidad tras bote y atacar en uno contra uno, además de que podría hacer mejor uso de su cuerpo.

Bozhidar Avramov
Pamesa Valencia, 1.94, Base, 1990

 

Habitual en las convocatorias del primer equipo, incluso con minutos de experiencia ya en la ULEB Cup, Avramov se erigió en el líder del Pamesa demostrando por qué disfruta ya de alguna oportunidad con los mayores. Y es que el búlgaro es un base de notable despliegue físico -alto, relativamente fuerte y bastante atlético- y sólido repertorio técnico. Aparentemente mejorado en el manejo de balón respecto al pasado verano, se mostró más resolutivo en el uno contra uno, buscando pases y bandejas. Es un jugador de buena visión de juego que gusta del pase definitivo. La amenaza exterior en forma de lanzamientos triples completa un arsenal ofensivo que adolece de juego en la media distancia. Además, debe seguir mejorando en la dirección de los partidos, incluyendo distribución de balón y control del ritmo de juego. En cambio, resultó muy estimulante su permanente actitud positiva en los partidos, incluso cuando las cosas no pintaban bien.


David Jelinek
DKV Joventut, 1.93, Escolta, 1990


Finísimo escolta el que el Joventut se ha traído de la República Checa. Jelinek es todo elegancia y naturalidad en su relación con el parqué y balón. No muy alto, de complexión física concordante con su juego, rápido pero no demasiado explosivo, el checo construye su juego a base de depuración técnica. Excelente manejador de balón, puede superar tras bote a sus rivales con regularidad a través de soberbios cambios de dirección y gran control de su cuerpo, lo cual le permite incluso seguir en slalom hasta la zona. Sin embargo, si persiste la oposición después del primer envite suele optar, bien por el tiro de media distancia, bien por el pase. Jelinek se levanta para la suspensión tras bote con gran naturalidad, mostrando una buena muñeca, y también disfruta de interesante visión de juego para encontrar al hombre sin marca, lo cual le permite ayudar en la creación de juego. A destacar su mayor compromiso con el equipo respecto a lo mostrado el verano pasado en la división B del Europeo junior.

Leon Radosevic
Cibona Zagreb, 2.03, Ala-pívot/Pívot, 1990


Una presencia muy sólida en la zona de la Cibona, Radosevic puso su excelente planta física al servicio de la defensa y el rebote de su equipo. Aparentemente más alto de los 2.03 oficiales que levanta, atlético, fuerte y musculado pero no demasiado voluminoso, el croata disfrutaba de ventaja física contra muchos de sus rivales, pero también mostró la actitud necesarias para hacerla efectiva. En ataque sorprendió su empecinamiento en botar el balón, no siendo capaz de sacar ninguna ventaja de ello, es más, arriesgando pérdidas. Parece ser que está trabajando mucho su juego tras bote esta temporada para sacar partido de su interesante rapidez, pero de momento es todo menos efectivo. Ello no debería ser óbice para que también se prodigase en el poste bajo, pero desafortunadamente apenas sucedió. Será interesante ver cómo evoluciona en el futuro.

Dino Hodzic
Cibona Zagreb, 1.89, Base, 1990


El bosnio del equipo croata se mostró como un jugador algo más cerebral de lo que había demostrado en pasadas ocasiones. Base bastante potente, aprovecha su rapidez y su ya cierta madurez física para atacar a sus rivales, sacando mucho más partido por su lado derecho gracias a un visiblemente mejor dominio de balón con su mano buena. En ocasiones demasiado individualista, se queda muy lejos de lo que podríamos considerar como director de juego. La penetración y pase afuera se erige en su mejor arma creativa. Inconsistente en el tiro a canasta, lo suple con agresividad atacando el aro, aunque según se enfrente a rivales de más nivel tendrá que ofrecer más recursos para seguir siendo productivo.

Jonathan Leria
Pau Orthez, 1.96, Alero, 1990


El hombre más interesante de un discreto Pau Orthez fue este portento físico de limitadas habilidades. Muy fuerte y atlético, y trabajando para ser un jugador exterior, muestra un pobrísimo tiro a canasta y ciertas dificultades para jugar tras bote que le llevaron a perder muchos balones. Su juego ciertamente no enamora, pero hay que tenerle en cuenta aunque sólo sea por ese físico y su voluntad para utilizarlo en su favor.

Dmitry Korshakov
CSKA Moscú, 1.97, Alero, 1991


Entre los varios jugadores interesantes del decepcionante CSKA quizás merece ser destacado este alero de primer año. Destacan sus largos brazos en su prometedora planta física, además de disfrutar de cierta capacidad atlética. Tiene tiro exterior y puede atacar tras bote buscando el aro con agresividad, pero le falta versatilidad para levantarse tras bote y para barajar diferentes opciones en la penetración. Su envergadura y actividad atrás le proporcionan un notable potencial defensivo, y sólo le faltan unos centímetros para poder alinearse en esa cierta tendencia de aleros altos físicos que tanto frecuenta Rusia.

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El FMP Zeleznik celebra el título (Foto JOMA/Encancha.com)

La edición del 2008 del Torneo de L’Hospitalet ya es historia, pero a buen seguro un puñado de jugadores y momentos vividos en los tres días que marcan su discurrir permanecerán en las retinas de los espectadores durante mucho tiempo. Aunque todo en esta vida es mejorable, ha sido una muy buena edición que consolida a L’Hospitalet como la referencia a nivel europeo en los torneos de su pelaje.

 

Además, la recién estrenada colaboración con la Euroliga y la retransmisión de casi todo el torneo a través de Digital+ ha supuesto un gran empuje a nivel organizativo y de difusión.

 

Saga Zeleznik

 

En el plano puramente deportivo, los serbios del FMP Zeleznik escribieron el segundo y brillante episodio de una saga que promete no estar cerrada. Con un equipo integrado por muchos jugadores de primer año, y con su referente Dejan Musli renqueante por una lesión, despacharon de largo el mejor nivel de juego del torneo y, aunque con más sufrimiento del esperado, se alzaron con un merecidísimo triunfo final.

 

Con un grupo de jugadores muy completo y muy bien trabajado desde el banquillo, el FMP disponía de mucho tiro exterior, creación de juego por medio de penetraciones para dividir defensas y la sólida capacidad pasadora de muchos integrantes de la plantilla, poder anotador en la zona, presencia física tanto en la pintura como en el perímetro, capacidad atlética, desparpajo para jugar un baloncesto alegre y mucha cabeza para no perder el control de lo que sucedía sobre la cancha. A falta del dominio de Musli, fue el bombardero Andrija Milutinovic quien se erigió como líder de juego y espiritual de los serbios. Con el pívot en buen estado físico, el poder del Zeleznik podría haber llegado a ser terrorífico.

 

Hablamos ya sin ningún género de dudas de la mejor cantera de Europa, un club volcado a la producción (y venta) de jugadores que es capaz de atraer a muchos de los mejores talentos balcánicos y que trabaja magníficamente con ellos. Resulta llamativo cómo prácticamente todos los componentes del equipo esgrimen razones para erigirse en proyectos más o menos interesantes de cara al futuro, algo que muy raramente sucede en estas categorías.

 

Rivales de altura y decepciones anunciadas

 

El Zeleznik solo encontró seria oposición en unas vibrantes semifinales y final jugadas ante, respectivamente, el Real Madrid y el AXA F.C.Barcelona.

 

El equipo blanco ha bailado al son marcado por su gran estrella y MVP del torneo, un Nikola Mirotic fulgurante, todo clase, habilidad y versatilidad desde sus 207 centímetros de altura. Prácticamente no hay suerte ofensiva que el montenegrino no sea capaz de despachar con su elaboradísimo repertorio. De hecho, seguramente ha sido el jugador más elogiado estos días en L’Hospitalet.

 

Los azulgranas, mientras tanto, han destacado por el tremendo poder físico que les confería el triángulo Djedovic, Diouff y Abdoulaye. Si el escolta bosnio operaba a placer gracias a su superior madurez física y excelente despliegue atlético, la pareja africana era por momentos un muro de gran capacidad intimidatoria en la pintura. Lástima que les faltase un poco más de banquillo para competir con la profundidad del FMP.

 

En el polo opuesto, los dos equipos extranjeros que acompañaron a la delegación balcánica de nuevo no estuvieron a la altura. El CSKA se mostró si cabe más anodino que el pasado año (entonces por lo menos podían excusarse en la baja de Semen Shaskov) y ni siquiera fueron capaces de superar a unos voluntariosos pero muy limitados anfitriones. Sorprende el brutal descenso de nivel en las últimas camadas del equipo moscovita. Si acaparaban la mayoría del talento ruso en las generaciones de 1986 y 1987, apenas se intuyen algunos jugadores de limitado interés en el equipo que han presentado este año. Quizás han perdido interés en la cantera, o quizás la presencia de nuevos actores en el boyante mercado ruso complique la captación de promesas.

 

El problema del Pau Orthez es mucho más fácilmente identificable: INSEP. Con el centro público francés aglutinando a los mejores jugadores en edad junior del país, se antoja una empresa casi imposible confeccionar un equipo de alto nivel. Por lo menos la escuadra gala fue capaz de ganar un par de partidos de consolación en la última jornada.

 

Fiebre importadora y discreta cosecha nacional

 

Como viene siendo habitual en las últimas ediciones del torneo, asistimos a una marcada proliferación de jugadores importados en los equipos españoles. Excesiva a veces, ya que se traen jóvenes extranjeros que difícilmente apuntan a un futuro ACB, también eleva notablemente el nivel de los equipos participantes, por tanto de la competición, y depara alguna de las mejores perlas vistas en L’Hospitalet. Son los Mirotic, Djedovic, Diouff, Avramov, Lima o Jelinek, chicos de un gran futuro que sus respectivos equipos tendrán que gestionar para hacer de ellos grandes jugadores que refuercen sus plantillas y, de paso, la ACB.

 

Paralelamente, el atractivo del producto nacional quedaba seriamente limitado sin Ricky Rubio sobre el parqué del L’Hospitalet Nord y dado que el Alta Gestión Fuenlabrada de Alberto Jodar no fue invitado al torneo, además de que los presentes a priori más prometedores tampoco exhibieron su mejor cara. Josep Franch, el jugador español más estimulante de los vistos en L’Hospitalet, ha tenido que combinar estos días su participación en el torneo con varios entrenos con el primer equipo de la Penya, lo cual no ha ayudado a su lucimiento. Además, Alejandro Hernández ha completado una decepcionante actuación que, por otro lado, no necesariamente ensombrece el gran futuro que el base del Barça apunta.

 

Sería un error echar la culpa a la prolijidad importadora para explicar el poco entusiasmo que han generado los jugadores españoles, porque realmente no hay mucha más cera que la que arde. Quizás solamente en el caso de Real Madrid pudiéramos intuir una cierta superpoblación de jugadores interesantes en su frontcourt que de alguna manera pudiera haber limitado los minutos de algunos de ellos.

 

Hay que ser conscientes, de cualquier manera, de que la selección española que brillantemente se alzó con el oro en el europeo cadete de 2006 estaba repleta de jugadores de dudoso potencial que sufren para superar sus carencias a medida que se enfrentan a niveles de competición más exigentes.

 

Europeo Junior

 

Si algo ha puesto de manifiesto este torneo es que Serbia emerge como la gran favorita para revalidar el cetro europeo en categoría junior que conquistase en Madrid el pasado verano. Ni siquiera haría falta explorar otros equipos en busca de más jugadores para armar su selección nacional; considerando únicamente al FMP ya cuesta encontrar rival en el concierto europeo.

 

Si nos guiamos por la referencia que supone el europeo cadete de 2006 (que puso en liza a las mismas generaciones de jugadores), vemos que las tres selecciones que acompañaron a Serbia en las semifinales presentan ciertas dudas. El esqueleto de Croacia seguramente estará formado por la Cibona de los Zubcic, Radosevic y Smajlagic, sin el bosnio Hodzic, pero con los añadidos de Mario Delas (Split) o Toni Prostran (Zadar). Tendrán más profundidad de banquillo que el equipo de Zagreb, y posiblemente algún que otro jugador sorprenderá por su buen rendimiento; es en definitiva un grupo talentoso pero que parece quedarse lejos de la solidez que se adivina en el cuadro serbio. Los rusos, por su parte, no presentaban entonces un equipo de gran potencial, y lo mostrado por el CSKA estos días en L’Hospitalet no invita al optimismo.

 

Queda España, cuya premisa para ser verdaderamente competitiva es bien clara: disponer de Rubio, lo cual parece no sucederá. Además de sus obvios merecimientos para acceder a la absoluta, después de tres europeos de formación consecutivos jugados por Ricky en España, la organización del próximo europeo junior por Grecia parece apuntar a un adiós ¿definitivo? a estas categorías.

 

Ruegos y deseos

 

Cualquiera que haya estado estos días en L’Hospitalet Nord y sea consciente de la fecha de nacimiento de los jugadores del FMP Zeleznik tendrá muy claro su deseo para la próxima edición: ¡tráiganlos de vuelta!

 

El año que viene el torneo cumple su trigésimo aniversario y seguramente la organización se volcará para conseguir una edición muy especial. No estaría mal volver a disfrutar de alguna potente escuadra de High School norteamericano, como ya sucediera en la vigésimo quinta edición, para medirse a los balcánicos o a un Real Madrid que también apunta a serio contendiente.

 

Volviendo al presente, en los próximos días analizaremos uno a uno los, a nuestro juicio, mejores y más interesantes jugadores vistos en la recién finalizada edición del torneo.

02/01/2008

Uno. Ettore Messina, además de llevar con mano magistral a su CSKA (para quien esto firma, candidatos máximos al título de Euroliga por encima del Panathinaikos), mantiene un interesantísimo blog de baloncesto. Una de sus últimas entradas versa sobre los jóvenes y el reto que supone llegar a tener oportunidades en un equipo de élite.

 

Messina incide en las diferentes carencias que los jugadores presentan a edades tempranas, tales como poca fiabilidad en el tiro (fundamental para aprovechar el rol secundario que suelen disponer), poca agresividad defensiva, limitada capacidad pasadora, y especialmente, la escasa consistencia que muestran partido a partido.

 

Lo cierto es que, aunque personalmente me gusta ver en acción a talentosas promesas, Messina tiene razón y el CSKA no es lugar para dar muchas oportunidades a jugadores inmaduros. De hecho, el equipo moscovita está siendo incapaz de sacar partido a las fabulosas escuadras junior que dispuso con chavales nacidos en 1986 y 1987 y que pudimos ver hace pocos años en el Torneo de L'Hospitalet. Sólo Nikita Kurbanov y Anatoly Kashirov siguen en el club con el primer equipo y su papel es absolutamente marginal, además de no estar nada claro que deje de serlo en un futuro más o menos lejano. 

 

Dos. Atención a la espectacular previa que MueveteBasket.es ha preparado sobre el inminente Torneo de L'Hospitalet. Análisis de equipos y jugadores, plantillas, estadísticas de los participantes en competiciones internacionales y demás datos de interés, es un excelente trabajo para no perdernos detalle de lo que pase en el torneo. Un servidor ha puesto su granito de arena con unas modestas líneas sobre alguno de los jugadores más importantes que previsiblemente podremos ver en tierras catalanas.

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Donatas Motiejunas: puro talento (Foto FIBA Europe / Emilio Cobos)
Posiblemente ningún interior joven europeo aúne tanto talento físico y técnico como el lituano Donatas Motiejunas. Lo tiene (casi) todo, y su juego puede ser un placer para los sentidos. Es la bella de nuestra historia.

 

Con diecisiete años cumplidos hace tres meses, Donatas exhibe una planta física majestuosa. Su cuerpo se eleva espigado hasta la mítica barrera de los siete pies, y si todavía muestra la delgadez propia de su juventud, se adivina una estructura muy receptiva al desarrollo muscular controlado. De hecho, disfruta de unos buenos hombros y ya ha ganado notable fortaleza en el último año y medio. A todo ello, hay que sumar sus excelencias motrices, plasmadas en su rapidez sobre el parqué, capacidad de salto y extraordinaria coordinación.

 

Si hablamos de sus capacidades baloncestísticas, su repertorio técnico le permite ejecutar casi cualquier suerte del juego que habitualmente asociamos a los hombres altos; e incluso le lleva más allá.

 

Motiejunas juega de cara y de espaldas a canasta. En el poste puede trabajar para finalizar con ganchos por encima del rival o directamente recurrir a giros o reversos aprovechando su rapidez de pies para buscar la bandeja o el mate. Encarando el aro, puede atacar con bote para de nuevo explotar su rapidez, pero también se puede levantar para ejecutar su excelente suspensión, incluso tras bote. Muestra además mucha habilidad en el pase, y encuentra a sus compañeros con facilidad incluso en situaciones complicadas, aunque tampoco es un jugador de gran vocación distribuidora.

 

Aunque es zurdo, Donatas ha conseguido desarrollar múltiples habilidades con su diestra, y verdaderamente encontramos muy pocas diferencias entre ambas manos cuando se trata de resolver cerca del aro o de poner el balón en el suelo.

 

Jugada vista en un partido de la NKL (segunda división lituana): Motiejunas cruza la cancha con bote llevando el peso del contraataque de su equipo, y resuelve con un milimétrico pase picado por detrás de la espalda y ejecutado con su mano mala. Guard-esque.

 

Además de ser una de las piezas claves del Zalgiris de NKL, Donatas ya ha debutado con el primer equipo, jugando un puñado de minutos en la Euroliga, pero despachando ya productivas actuaciones en la BBL.

 

Lógicamente no todo es de color de rosa. Al lituano todavía le falta consistencia y dureza mental. Debe saber controlar el uso de sus habilidades para sacar el mayor partido posible en beneficio de su equipo, y no solo una sucesión de highlights. También necesita ganar fuerza para poder pegarse y resultar verdaderamente efectivo en la pintura, tanto en ataque como en defensa. Además no le vendría mal un poco más de concentración y capacidad de sacrificio sobre la cancha, ya que tiene tendencia a creerse en un rol estelar que le eximiría de ciertas obligaciones, especialmente defensivas.

 

La defensa no es precisamente el principal problema de Omer Asik. Mostrando muy diferentes características a las del lituano, estos días hemos asistido a la presentación en sociedad del pívot turco, recientemente aterrizado en el Fenerbahce. No es un fino estilista, no parece ningún virtuoso con el balón, pero ya ha mostrado trazas de un potencial defensivo y reboteador sobresaliente. Obviamente, él es la bestia.

 

La semana pasada sembró el terror en el juego interior azulgrana con una sangría taponadora muy poco frecuente en las pistas europeas. Tan alto como Motiejunas, muestra un físico mucho más poderoso, también debido a su mayor edad (ha nacido en 1986), excelente envergadura, y si bien no es tan atlético como el lituano, es un jugador muy móvil que aprovecha al máximo sus esfuerzos gracias a su timing.

 

Como ejemplo, un botón: después de realizar la ayuda sobre Jaka Lakovic, que ejecutaba un dos contra dos en el poste alto, Asik fue capaz de alcanzar la continuación de Mario Kasun a tiempo de taponar su intento de conversión del alley-oop lanzado por el esloveno.

 

Aunque también permitió canastas, por momentos su poder intimidatorio se hizo muy patente y efectivo bajo los tableros. Es un jugador con buenos desplazamientos laterales, fuerza para aguantar contactos y cierta sabiduría en el posicionamiento defensivo.

 

En el lado opuesto de la cancha, tras recibir un buen balón interior que le dejaba en situación de lanzar un fácil semigancho corto, la bestia se desató con un violento mate a una mano tras proyectar el brazo por encima de su rival. ¿Jugada sintomática?

 

A riesgo de caer en la precipitación dado el limitado conocimiento que un servidor tiene del pívot turco, debemos apuntar las notables carencias que se adivinan en su juego. La más evidente, su total renuncia a la suspensión como arma ofensiva, comprensible viéndole ensayar desde el tiro libre. Pero además se muestra muy previsible en el poste bajo, siempre buscando el gancho diestro (con el que tampoco se ha mostrado infalible), hasta el punto de resultar sospechoso el aprovechamiento ofensivo que pueda conseguir de su mano izquierda.

 

Será cuestión de ahondar en las características de su juego y seguir de cerca sus evoluciones. Hace año y medio Asik era carne de banquillo en la selección turca sub-20, y esta temporada ha eclosionado en el Alpella encaramándose a las primeras posiciones en rebotes y tapones de la cada día más competitiva liga turca. Es el Alpella una suerte de club vinculado del Fenerbahce, pero curiosamente han sido capaces de batir a su equipo madre y cargarse todo un Efes Pilsen, siempre con brillantes esfuerzos estadísticos de la criatura. No es de extrañar que el Fenerbahce reclamase sus servicios cuando Semih Erden cayó lesionado.

 

Son Motiejunas y Asik dos jugadores muy diferentes, pero cada uno a su manera puede resultar muy efectivo. Sería bonito que consiguieran realizar todo su potencial y poder presenciar algún duelo directo dentro de unos años.

 

¿La bella contra la bestia? Quizás el lituano no consiga acabar siendo ese exquisito jugador que su amplio repertorio promete, ni el turco tan fiero bajo los tableros, pero los titulares están para venderlos.

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Álex Hernández, una de las atracciones del torneo (Foto Sonia Cañada)

…con el torneo de L’Hospitalet bajo el brazo.

Ya tenemos a la vuelta de la esquina el Torneo de L’Hospitalet, a disputar entre el 3 y el 5 de Enero, y que sigue consolidándose como una cita de referencia en el concierto europeo. Entre las novedades de esta inminente edición, nos encontramos con una gran cobertura televisiva y un acuerdo con la Euroliga que otorgará a los finalistas en L’Hospitalet una invitación para el torneo junior que la ULEB organiza durante la celebración de la Final Four.

Pero ya metidos en harina, especialmente interesante era conocer los equipos que tomarían parte en la competición. Mostrando vocación continuista, sólo hay una variación con respecto al año pasado, el Pau Orthez francés que sustituye al PAOK griego. Parece bastante previsible que la atención, en el caso de los equipos extranjeros, gravite sobre las escuadras balcánicas.

En el FMP tendremos la ocasión de ver en acción a Dejan Musli, una muralla defensiva de primer año que nos debe su presencia tras su baja en la edición del año pasado. Además podremos comprobar la evolución del habilidoso ala-pívot Branislav Djekic, otra promesa nacida en 1991. Seguro que competitivos ya en esta edición, probablemente devengan en poco menos que imbatibles en un año.

Repetir con la Cibona es otra garantía de éxito, dada la excelente camada de juniors de primer año que apuntaron maneras en la pasada edición del torneo: el atlético pívot Leon Radosevic, los bases anotadores Dino Hodzic y Sven Smajlagic, y especialmente la gran promesa Tomislav Zubcic, un moderno ala-pívot de gran potencial que tendrá que demostrar progresos en cuanto a consistencia en el juego y desarrollo físico. Debieran ser firmes candidatos a la victoria final.

Las otras dos escuadras foráneas presentan más dudas. El líder natural del CSKA debiera ser el base Denis Polokhin, pero su temporada está siendo muy discreta, mientras que el jugador más sólido en esta campaña, el ala-pívot Alexander Morozov, lleva un mes sin pisar las canchas. En cuanto al Pau Orthez, será complicado encontrar jugadores realmente interesantes toda vez que el INSEP acapara la mayor parte de las promesas del país galo a estas edades.

Respecto a los equipos españoles, hay expectación por ver a los importados Nihad Djedovic (AXA F.C.Barcleona), David Jelinek (DKV Joventut), Bozidar Avramov (Pamesa Valencia), Nikola Mirotic (Real Madrid) o Augusto Lima (Unicaja), entre otros, además de contar por supuesto con la presencia de gran parte de los cadetes españoles de oro que brillantemente conquistaron el cetro europeo en el verano de 2006.

A falta de Ricky Rubio, ocupado en otros menesteres, recomiendo prestar especial atención a Alejandro Hernández, prometedor base del AXA F.C.Barcelona. Si nos vamos a la generación española de 1991, probablemente Josep Franch del DKV Joventut sea el hombre a seguir en el torneo.

Todos ellos suman razones más que suficientes para darse una vuelta por L’Hospitalet Nord y disfrutar del magnífico ambiente baloncestístico que allí se respira.

Ricky
Ricky Rubio progresa sin fin (Foto EFE)

Uno. ¿Sabéis cuánto tiempo ha pasado desde la heroica final despachada por Ricky Rubio en el europeo cadete? Quince meses. A mí me parece una eternidad, y fue prácticamente anteayer.

 

Cuando nuestros esquemas mentales, que habitualmente tienden a la estandarización, nos hacen pensar que la desmesurada precocidad se puede ver fácilmente compensada con una cierta ralentización en la posterior evolución, Rubio parece empeñado en proseguir su particular carrera contra el tiempo.

 

Posiblemente el mayor interrogante respecto a la inmediata traslación de su juego a superiores categorías estribaba en cómo adaptar la tiranía anotadora mostrada en cadetes, y que se materializaba en una sucesión interminable de bandejas ante rivales de muy limitado nivel.

 

Quince meses después ha aprendido a tirar, sigue burlando a defensores de mucho más nivel con sus habilidades penetradoras y ha sabido adaptar sus bandejas al mayor poder intimidatorio de sus oponentes.

 

Ya está entre los diez mejores anotadores de la ACB. ¿Alguien honestamente se esperaba esto después de solo quince meses? Yo no. ¿De verdad han pasado solo quince meses? No me lo termino de creer.

 

Dos. ¿Queréis un nombre poco conocido? El lituano Justinas Sinica. Merece la pena detenerse en su tipología... y en sus estadísticas. Consolidándose como un anotador en la LKL, este alero lituano de 2.04 nacido en 1985 promedia 16.7 puntos con un soberbio 53.2% en triples pero... ¡un 17.4% en tiros de dos!

 

Si tuviéramos que nominar al jugador más blando de Europa, Sinica entraría en todas las quinielas. Más allá de sus lógicos problemas por falta de de fortaleza física, es incapaz de hacer nada tras contacto, incluso se siente enormemente intimidado con un defensor cerca, y le cuesta horrores sacar un tiro o bandeja equilibrados tras penetración. Desde fuera simplemente aprovecha su altura, elevación en la suspensión y gran rango de tiro para lanzar triples sin posible oposición. No creo sorprenda constatar que lanza el doble de tiros exteriores de los que intenta dentro del arco.

 

Es una pena, porque disfruta de excelente altura para su posición, interesante capacidad atlética y ciertas habilidades. Además de su tiro exterior, tiene bote para atacar a sus rivales con solvencia, un buen primer paso, y encuentra con facilidad a sus compañeros.

 

Algún día podríamos intentar confeccionar un ranking de perfiles más desaprovechados. Sinica tendría sitio.

 

Tres. ¿Habéis visto el canastón ganador con el que cerró Danilo Gallinari el partido de Lega ante el Snaidero Udine hace una semana? Bendito Youtube y bendito Gallo.

Durant
Durant suele sacar una cabeza a sus rivales
Quizás sorprenda que se trate en este blog a todo un Kevin Durant, jugador titular en la NBA, líder de su franquicia y prácticamente superestrella mediática. Pero la criatura apenas tiene 19 años y es más joven que, por ejemplo, un Víctor Claver o un Danilo Gallinari. Como no podía ser de otra manera, su temporada rookie está dando que hablar, pero no necesariamente en tono positivo.

Después de su fulgurante paso por la Universidad de Texas, convirtiéndose posiblemente en el mejor jugador de toda la NCAA a pesar de su condición de novato, su elección en el draft y posterior aterrizaje en la NBA ha venido envuelto en la aureola propia de quien ya se le considera una figura de este deporte. Es el hombre, el particular elegido de los Sonics para cambiar el rumbo de la franquicia del estado de Washington y entrar en una nueva era de éxitos deportivos a rebufo de sus portentosas cualidades para practicar este deporte.

Sin embargo, sus primeras semanas como profesional están deparando una sensación de moderada decepción, no tanto en relación al potencial percibido una vez que ha entrado en contacto con un baloncesto maduro, sino a su rendimiento inmediato. Durant se está mostrando muy errático en su juego, especialmente fallón en sus tiros, que son al fin y al cabo el eje principal de su baloncesto.

Es una suerte el tiro a la que Durant accede con sonrojante facilidad. 206 centímetros de altura, con unos interminables brazos que abarcan unos increíbles 225 centímetros de envergadura, en un jugador tremendamente móvil y con una extraordinaria técnica individual, son argumentos de un peso difícilmente contestable. Desde todas las distancias posibles, de parado y tras bote, atacando izquierda o derecha, con fade away y a la media vuelta, viniendo de un corte y tras recibir en el poste bajo, girando sobre su hombro izquierdo o derecho; y especialmente, mostrando esa casi imparable habilidad para vivir sobre la cabeza de su rival. Tirando de frases hechas, las puede meter de todos los colores, aunque últimamente podríamos adaptarlo a un las puede tirar de todos los colores.

Su poco acierto en los lanzamientos a canasta, y su limitada aportación en otras facetas del juego, está haciendo más evidente la particularidad del papel que ha asumido desde su primer partido oficial en la NBA vistiendo la camiseta de los Sonics. Como refleja el manido título de estas líneas, Durant tiene licencia para tirar.

Da igual que sólo tenga 19 años, que sea un recién llegado sin experiencia previa a ese nivel, que comparta equipo con un puñado de veteranos con varias temporadas a sus espaldas (por flojo que sea su nivel), o que no meta sus tiros; no hay periodo de adaptación o acoplamiento, no hay jerarquía que valga, o sí la hay, pero es el propio Durant quien asoma en lo alto de la misma. Entrenador incluido.

Basta trazar una situación paralela en Europa para darse cuenta del abismo que separa ambos baloncestos. Aunque el caso de Durant no es frecuente y está limitado a auténticos fueras de serie en equipos flojos, igualmente sería inimaginable en nuestro continente que un jugador de esa edad, recién llegado a un club, sin experiencia previa a ese nivel, se le permitiese partido tras partido tirarse hasta las zapatillas con pésimos porcentajes mientras su equipo acumula derrotas. Al contrario, con mucha frecuencia se impone la secuencia error-banquillo.

Pero en el fondo, tiene toda la lógica del mundo que existan estas diferencias. La NBA es una liga donde el medio y el largo plazo importan a menudo más que el ahora, porque no hay descensos y existe una relativa paridad auspiciada por una normativa salarial que favorece la continuidad de los proyectos deportivos y de sus estrellas. Es la liga de las superestrellas, jugadores que marcan diferencias y que no se compran o venden, a lo sumo se traspasan y en contadísimas ocasiones se fichan como agentes libres. Por eso suelen ser el principal activo de cada franquicia, de ahí su enorme importancia y poder.

Durant está llamado a convertirse en uno de ellos, y si las cosas no se tuercen en algún punto, podría fácilmente ser el referente de los Sonics en los próximos tres lustros. De hecho, uno de los objetivos de la franquicia esta temporada, si no el principal, será consolidarle como una estrella en la liga. Su entrenador lo sabe y él lo sabe.

Creo que caben pocas dudas sobre el papel estelar que aguarda a Durant en futuras temporadas, y sin embargo asaltan interrogantes sobre el posible efecto de esta enorme libertad de actuación, esta relativa ausencia de responsabilidad, tanto en lo referido a sus propios actos como al resultado de su equipo partido a partido. ¿Podrá afectar en algún grado a la competitividad futura del jugador?, ¿quizás a su capacidad para ser parte integral y liderar grupos humanos?

En una secuencia lógica de hechos, Durant empezaría a meter sus tiros y entraría en una vorágine estadística que en muy pocas temporadas debería llevarle a codearse con los máximos anotadores de la NBA. La pregunta es, ¿será capaz de arrastrar a sus compañeros hacia la senda victoriosa con igual éxito?

Al final, el propio carácter de Durant será más determinante que sus circunstancias a estas alturas de la película (es muy joven, pero está relativamente formado). Sin embargo, de alguna manera me parece una cierta perversión de lo que debería ser entrar en un baloncesto competitivo, donde los retos y el afán de superación personal, pero siempre en el marco de la corresponsabilidad por unos resultados de equipo, deberían marcar la pauta de crecimiento para un jugador en este estadio de su carrera.
12/11/2007
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Danilo Gallinari (Foto Euroleague/Getty)

Nuestro héroe salta a la ayuda sobre Carlos Cabezas por la línea de fondo, y según el andaluz trata de pasar el balón, corta el envío alargando su brazo izquierdo, que acto seguido proyecta hacia el suelo para iniciar el dribbling de transición. Cuatro botes zurdos y un quinto alargado para buscar el balón con la diestra y ejecutar un látigo en carrera que deja seco a Carlos Jiménez. Otros tres botes y un cambio de dirección con bote cruzado de derecha a izquierda para tratar de sortear a Boniface Ndong ya en las cercanías del aro. Con el africano siguiendo su movimiento, se levanta tras marcar los pasos de entrada a canasta para sacar una improbable y acrobática bandeja zurda con rectificado usando su cuerpo como pantalla protectora ante los interminables brazos del pívot rival. Es un lanzamiento muy vertical que busca muy arriba el tablero, pero toca en el sitio adecuado atravesando limpiamente la red.

 

Sucedió en Milán durante la tercera jornada de la Euroliga, y casi podríamos calificarlo de momento catárquico. Como una suerte de síntesis de las variadas pinceladas que había ido mostrando a lo largo del partido, el joven Danilo Gallinari despachó una espléndida secuencia que desnuda una vez más las ya conocidas excelencias de esta promesa italiana, y que de alguna manera supone su carta de presentación en la máxima competición europea.

 

¿Y quién es Danilo Gallinari?

 

Danilo Gallinari, il Gallo. Nacido en 1988. 205 centímetros aproximados de altura, brazos largos y muy buena percha. Bastante fuerte. Un pies de plomo relativamente atlético. Hijo de Vittorio Gallinari; heredó los genes de la competitividad, mutó los del talento. Base en etapa de formación, alero profesional. Excelente penetrador. También tira, pasa, defiende, rebotea, incluso puede postear. Versátil. Grandes fundamentos, gran carácter.

 

Quizás su imagen más característica sobre la cancha sea recular para dar espacio al defensor y atacarle tras bote con un perfecto uso de su cuerpo y exhibiendo un extraordinario juego de pies. Se le compara con Dejan Bodiroga, y ésta es una de las suertes donde puede justificarse tal atrevimiento.

 

Los problemas físicos habían mantenido a Gallinari alejado de las canchas varias semanas, una tragedia para un competidor que tiene que ver como su equipo, Armani Jeans Milano, encadena derrota tras derrota. Aunque su vuelta no se tradujo en victoria, al menos ha podido desahogar su frustración sobre el parqué.

 

Dos minutos y medio para el final del partido, los milanistas pierden por 14 puntos. Danilo saca desde la línea de fondo, pide el balón de vuelta y, después de despachar a su base, sube él mismo la pelota. Recibe un bloqueo directo en la frontal del aro, a la altura del triple, y ataca la ayuda de Daniel Santiago, sacándole falta y tiros libres.

 

Nada espectacular, pero una buena muestra del espíritu de este jugador, capaz de pedir y asumir responsabilidades en un equipo de Euroliga a sus 19 años. Es un ganador y va para estrella. Seguro.
03/11/2007
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Nicolás Batum machaca (Foto Euroleague/Getty)

Algo se mueve en Europa. Una gran borrasca de creciente intensidad y largo alcance nos tiene muy alerta. Con epicentro en la zona Oeste de Francia, Le Mans para ser más exactos, los lugareños aseguran que el fenómeno excede la categoría de tormenta, y ya se le denomina como el huracán Batum. Ningún testigo presencial de su actividad en las últimas semanas ha podido escapar a la sensación de asombro que su poder suscita. Todavía es un fenómeno controlado, pero su capacidad destructora una vez desatado se presiente incalculable.

 

Y es que, a pesar de la elegancia y fluidez de su felina expresión física -ni siquiera hay violencia en sus mates-, el impacto sobre la cancha de Nicolas Batum debería pronto empezar a medirse según la escala Saffir-Simpson. Su capacidad para intervenir decisivamente en un partido a muy diferentes niveles es asombrosa a sus 18 años de edad, y en cualquier momento puede emerger un jugador virtualmente imparable que arrase con todo lo que se encuentre a su paso.



Dejémoslo claro desde un principio: Batum es un superdotado físico. No hay otra manera de describirle. Más allá del volumen muscular y la fuerza que todavía le queda por ganar -que lo hará- disfruta del posiblemente mejor perfil físico-atlético de toda Europa. 204 centímetros de la cabeza a los pies y 215 de mano a mano de longilíneo y explosivo músculo al servicio de una mente que piensa en clave de baloncesto. Un portento que, desatado, apenas encuentra contestación.



Batum se ha erigido ya en el hombre posiblemente más importante del Le Mans. En una escuadra con flagrantes carencias en la dirección de juego -Bokolo, Diot y Limonad dejan mucho que desear ahora mismo- Nicolas ha puesto su capacidad creativa al servicio del equipo. Es un jugador de vocación marcadamente colectiva, que incluso libra una batalla personal contra su natural tendencia a huir del primer plano.



Sea como fuere, su casi imparable uno contra uno, por manejo de balón y primer paso, así como sus recepciones tras corte, son fuente de constante desequilibrio defensivo que Batum explota en forma de distribución de balón, encontrando con suma facilidad a sus compañeros en el triple o en las continuaciones.



Raramente le veremos forzar acciones anotadoras. A pesar de su gran capacidad para generarse tiros, buena parte de sus puntos llegan por puro aprovechamiento de oportunidades no directamente generadas por sí mismo, tales como segundas opciones tras rebote ofensivo, tiros abiertos, cortes hacia canasta, contraataques, etc. Sin embargo, siempre deja pistas, y en creciente número, de su habilidad en el uno contra uno: penetraciones hasta la cocina, tiros cortos tras desequilibrar a su rival, culminaciones en el poste bajo aprovechando su superioridad en altura o lanzamientos exteriores levantándose sobre su rival.



Es precisamente esa suerte del juego, el lanzamiento exterior, donde más errático se muestra Batum, quizás el principal freno a su explosión total. Sin olvidar, claro está, ese carácter singular que le resta cierta agresividad en su juego, y que en ocasiones le hace rehuir la responsabilidad en los momentos más complicados.



De cualquier manera, no parece faltarle confianza a Batum esta temporada. Es cierto que en algún partido no ha hecho excesivo acto de presencia en los minutos finales, para infortunio de su equipo -destacar especialmente sendos errores de Bogavac en los instantes finales del primer partido de Euroliga, en situaciones que probablemente no le correspondían a él gestionar-, pero en general su nivel de actividad a lo largo del encuentro es sobresaliente.



Fruto de esa actividad es, por ejemplo, la buena defensa que está despachando con gran regularidad. Batum no solo disfruta de unos brazos larguísimos que hacen la vida imposible a sus oponentes, sino que también muestra un buen posicionamiento y se mueve con gran facilidad para contestar incluso a exteriores muy rápidos. De hecho, cuando gane más cuerpo, posiblemente nos encontremos ante un jugador capaz de defender todas las posiciones entre base y ala-pívot.

 

Igualmente efectivo se muestra en el rebote, brillando especialmente en el tablero rival y siendo capaz de capturar rechaces a alturas mareantes. Batum juega con mucha frecuencia por encima del aro, y gracias a sus muelles nos regala, aparte de rebotes, tapones y mates de muy variada factura. Es un espectáculo sobre la cancha.

Todavía no somos completamente conscientes del poder devastador en potencia del huracán Batum, pero tampoco podemos predecir con seguridad el nivel destructivo que alcanzará. Los presagios auguran lo peor, pero no sería la primera vez que avisos de este calibre se quedan en un simple susto.

De todas formas, por su propia seguridad les recomendamos no salir de sus casas durante su actividad. Conviene mantener un stock de seguridad en alimentos de primera necesidad, especialmente palomitas, pero sobretodo enciendan el televisor y sigan con detenimiento sus evoluciones.
Tripkovic
Uros Tripkovic ha tocado fondo (Foto Euroleague)
Si hace unos días traíamos a este blog la cara más optimista del Partizan, encarnada por la pareja Milenko Tepic y Nikola Pekovic, su reverso lo ocupa la otrora brillantísima promesa Uros Tripkovic, que parece sumido en un hiato de mediocridad sin fin.

 

A pesar de sus sólo 21 años, y de encontrarse en una situación perfectamente reversible, sabemos que un jugador con sus condiciones en la actual Liga Adriatica debería estar poco menos que dominando la competición a esa edad, y sin embargo su trayectoria es cada día más anodina.

 

Hay que remontarse poco más de dos años para encontrar un Tripkovic que prometía un futuro esplendoroso. Un completo escolta fino y estilista, atlético y de buenas piernas, de precioso tiro a canasta, buen manejador de balón, con penetración y pase, interesante lectura de juego, buen defensor, incluso muy serio en la cancha, el típico joven que parece perfectamente encaminado hacia el éxito.

 

Aparentemente, lo tenía (tiene) todo: perfil físico-atlético, despliegue técnico, inteligencia y adecuada actitud. Y sin embargo algo está fallando, seguramente en su cabeza. Quizás nos encontramos ante un carácter un tanto débil que mina la confianza en su propio juego.

 

Este pasado fin de semana, Tripkovic ha culminado una singular serie estadística en el comienzo de la Liga Adriática de muy pesimista simbolismo. El escolta serbio inauguró su participación con una discreta anotación de ocho puntos ante el Zagreb. Pues bien, en todos y cada uno de los siguientes partidos, seis incluido su debut, se las ha arreglado para reducir su aportación anotadora.

 

Ocho, siete, cuatro, tres, dos y... cero.

 

Era un complicado partido ante el Hemofarm en Vrsac, resuelto a favor de los capitalinos en la prórroga, pero no se puede decir que Uros no disfrutase de oportunidades. Veinte minutos se pasó sobre el parqué y no fue capaz de anotar un solo punto. Lo que debería ser una simple anécdota, cobra singular relieve a la luz del mediocre nivel que viene mostrando el jugador.

 

El final de la cuenta atrás. ¿Quizás el comienzo de un ciclo positivo? Sería una pena que un jugador de la clase de Tripkovic se malograse para la alta competición.

O lo que es lo mismo, Milenko Tepic y Nikola Pekovic.

 

Todos pudimos verlo hace unos días. El relativamente modesto Partizan de Belgrado se cargó a todo un AXA F.C.Barcelona en la Euroliga, y liderado desde el perímetro por Milenko Tepic y sus veinte primaveras, en permanente sintonía con Nikola Pekovic, un año mayor, y que forjó su premio MVP de la jornada con los jirones de la maltrecha defensa interior azulgrana.

Pekovic, demoledor contra el Barça (Foto Euroleague/Getty)


Tepic y Pekovic, creación y ejecución.


En el actual encabezamiento de este blog se puede comprobar mi devoción por los catalizadores de juego. No creo andar muy descaminado si digo que Milenko Tepic entra de lleno dentro de esa categoría, asumiendo desde sus dos metros de altura buena parte de la distribución de juego de su equipo. Es un jugador de gran madurez mental, consciente de lo que sucede en la cancha en todo momento, y que sabe lo que necesita hacer para ayudar a su equipo. En el fondo hablamos de un jugador completísimo, más aún desde que parece haber encontrado continuidad en el tiro exterior. Bote, pase, toma de decisiones, penetración, defensa, liderazgo, son algunos de los sustantivos que configuran su juego. Tiene todas las hechuras de una futura referencia del baloncesto europeo.

 

Muchos todavía recordarán a Tepic como integrante de aquel inolvidable equipo cadete serbio que asombró en el europeo de Rivas en 2003. Por aquel entonces aprovechaba sus muy superiores piernas para hacer trizas las defensas rivales con continuas penetraciones. Esa ventaja ha ido menguando con el paso del tiempo, según se enfrentaba a rivales de mayor madurez explosiva. Sin embargo, ha sabido adaptarse a sus nuevas circunstancias incidiendo en aspectos como la creación de juego (ya era buen pasador entonces) y, más recientemente, el tiro. Y si bien no dispone de la ventaja atlética de antaño, su cuerpo ha ganado una presencia y fortaleza que Milenko no duda en utilizar para ganar ventajas ante sus rivales de perímetro en ambos lados de la pista. Si se me permite la hipérbole, es un jugador total.

Mientras tanto, Pekovic representa uno de los ejemplos más puros de finalizador que podemos encontrar en el Viejo Continente. No le pidas filigranas ofensivas, juego tras bote, distribución de balón desde los postes o historias similares. Lo suyo es ganar la posición, recibir y anotar; sota, caballo y rey. Es automático en su búsqueda del aro, y raramente se le verá elaborar una secuencia compleja para superar a su rival. Ante el Barça despachó un recital de movimientos sin balón y transformaciones en las cercanías del aro. Semiganchos con ambas manos, tiros abiertos de media distancia, tiros cortos a la media vuelta, mates y bandejas tras ganar la posición debajo del aro, mates en transición llegando como trailer, siempre directo y sin vacilaciones.


Lo cierto es que dispone de un físico envidiable para tal menester. Es grande, relativamente atlético y tremendamente fuerte, granítico; built like a house, que dirían los norteamericanos. Cualquiera diría que estamos ante un veterano treintañero curtido en innumerables roces en la pintura, y sin embargo el amigo Nikola lleva exhibiendo sus rotundas formas desde que saltó a la palestra de las promesas europeas allá por el verano de 2005, cuando su excelente Europeo Sub-20 le proporcionó un contrato con el Partizan.


De cualquier manera, el partido ante el Barça no fue casualidad. El comienzo en la Liga Adriática de ambos jóvenes había sido enormemente sólido. La motivación ante un rival muy especial y el ambiente inmejorable en la cancha hizo el resto.


Son cosas que pasan cuando juegas en los Balcanes, y especialmente en el Pionir (con sus entrañables señales de prohibido pistolas). Para los que hemos tenido la suerte de presenciar algún partido en esa mítica cancha llena hasta la bandera de ruidosos hinchas serbios, se comprende el efecto intimidador que pueden llegar a ejercer sobre el rival.

 

La vuelta en el Blaugrana será, a buen seguro, completamente diferente. Lo que esperamos no cambie en exceso es la efectividad de la Conexión Partisana.

Inauguramos hoy este modesto espacio en ACB.com que pretende acercar al lector a los nuevos valores baloncestísticos que emergen cada año en tan diferentes puntos del Globo. No hay ánimo de exhaustividad en el empeño, tampoco se trata de ejercer de futurólogos. Se trata de abrir una puerta a las nuevas hornadas de jugadores llamados a mantener viva nuestra pasión por este deporte.

 

Esta pretensión, esta mirada al futuro del baloncesto, puede parecer fútil al lector, una pérdida de tiempo. ¿Por qué preocuparse por imberbes de dudoso nivel actual si podemos disfrutar hoy de jugadores que se encuentran en el cénit de su carrera? ¿A qué viene tanta preocupación por el futuro cuando cada temporada se hace historia al máximo nivel internacional? Ya habrá tiempo para seguir las evoluciones de estos jóvenes cuando sean capaces de rendir en la élite, ¿no es cierto?

 

No deja de asistir la razón a quienes piensan de esta manera. Indudablemente el baloncesto de más quilates se encuentra en competiciones como la ACB, la Euroliga, la NBA o los campeonatos de selecciones. Y sin embargo, siempre entendiendo esta curiosidad por el baloncesto de base como un complemento al disfrute de la élite, es fácil dejarse atrapar por la fascinación que produce el talento bruto de quienes son más potencia que realidad.

 

En cualquier ámbito de la vida, la juventud suele representar ese estadio donde todavía (casi) todo es posible. Es época de sueños e ilusión, de libertad en tanto en cuanto no se asumen grandes responsabilidades, de descaro ante el status quo.

 

Juventud divino tesoro, que se dice.

 

Ya llegará el momento de las decepciones, los sinsabores, las expectativas no cumplidas, las metas no alcanzadas y el conformismo ante una realidad, a veces cruel, pero que fundamentalmente requiere un trabajo más sólido que el material de que están hechos los sueños.

 

¿Por qué no regalarnos pues un poco de esa juventud? No sólo eso, ¿por qué no atender a ese desafío que supone la maduración, afrontar la consecución de esos sueños, pasar del juego de niños al juego de hombres, el choque del talento virgen ante el establishment, del principiante ante el experto, de David contra Goliat?

 

Recorriendo caminos más prosaicos, también hay algo de morbosa curiosidad por anticipar los protagonistas de las futuras jerarquías, por saber quienes van a marcar la pauta en años venideros. Tampoco hay que olvidar que, sabiendo de dónde viene un jugador, sus características, virtudes y defectos en la etapa de formación, expuestas en categorías donde prevalece cierta libertad de juego y un nivel propicio para enseñarlas, podemos conocer mejor la naturaleza de su baloncesto y sus posibilidades dentro de una cancha.

 

Pero significa, en última instancia, la búsqueda de esos jugadores especiales que nos hacen vibrar al ritmo de su baloncesto, con los que gozamos de este deporte en toda su intensidad.

 

Valga como ejemplo los tres jóvenes que a día de hoy ilustran el margen derecho de este blog. Ricky Rubio, Danilo Gallinari y Milos Teodosic son tres perfectos exponentes de cómo la juventud se abre camino a base de talento, trabajo, inteligencia y descaro. Son tres chicos que, más allá de disfrutar de destacadas características físicas, aúnan una depurada técnica y una privilegiada mente para entender este juego, siendo capaces de hacerse un hueco de creciente importancia en la élite europea a su tierna edad.

 

Tres modelos a imitar, se podría decir, pero su excepcionalidad no entiende de normalizaciones. En el fondo, es la unicidad y el matiz irrepetible donde reside buena parte del encanto, la individualidad de cada uno al servicio de un deporte genuinamente de equipo.

 

Ellos tres, ya a su manera protagonistas en las más exigentes ligas europeas, también lo serán aquí. Ellos y muchos otros jóvenes que reclamarán nuestra atención periódicamente. Sólo queda dejarse seducir.