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03/11/2007
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Nicolás Batum machaca (Foto Euroleague/Getty)

Algo se mueve en Europa. Una gran borrasca de creciente intensidad y largo alcance nos tiene muy alerta. Con epicentro en la zona Oeste de Francia, Le Mans para ser más exactos, los lugareños aseguran que el fenómeno excede la categoría de tormenta, y ya se le denomina como el huracán Batum. Ningún testigo presencial de su actividad en las últimas semanas ha podido escapar a la sensación de asombro que su poder suscita. Todavía es un fenómeno controlado, pero su capacidad destructora una vez desatado se presiente incalculable.

 

Y es que, a pesar de la elegancia y fluidez de su felina expresión física -ni siquiera hay violencia en sus mates-, el impacto sobre la cancha de Nicolas Batum debería pronto empezar a medirse según la escala Saffir-Simpson. Su capacidad para intervenir decisivamente en un partido a muy diferentes niveles es asombrosa a sus 18 años de edad, y en cualquier momento puede emerger un jugador virtualmente imparable que arrase con todo lo que se encuentre a su paso.



Dejémoslo claro desde un principio: Batum es un superdotado físico. No hay otra manera de describirle. Más allá del volumen muscular y la fuerza que todavía le queda por ganar -que lo hará- disfruta del posiblemente mejor perfil físico-atlético de toda Europa. 204 centímetros de la cabeza a los pies y 215 de mano a mano de longilíneo y explosivo músculo al servicio de una mente que piensa en clave de baloncesto. Un portento que, desatado, apenas encuentra contestación.



Batum se ha erigido ya en el hombre posiblemente más importante del Le Mans. En una escuadra con flagrantes carencias en la dirección de juego -Bokolo, Diot y Limonad dejan mucho que desear ahora mismo- Nicolas ha puesto su capacidad creativa al servicio del equipo. Es un jugador de vocación marcadamente colectiva, que incluso libra una batalla personal contra su natural tendencia a huir del primer plano.



Sea como fuere, su casi imparable uno contra uno, por manejo de balón y primer paso, así como sus recepciones tras corte, son fuente de constante desequilibrio defensivo que Batum explota en forma de distribución de balón, encontrando con suma facilidad a sus compañeros en el triple o en las continuaciones.



Raramente le veremos forzar acciones anotadoras. A pesar de su gran capacidad para generarse tiros, buena parte de sus puntos llegan por puro aprovechamiento de oportunidades no directamente generadas por sí mismo, tales como segundas opciones tras rebote ofensivo, tiros abiertos, cortes hacia canasta, contraataques, etc. Sin embargo, siempre deja pistas, y en creciente número, de su habilidad en el uno contra uno: penetraciones hasta la cocina, tiros cortos tras desequilibrar a su rival, culminaciones en el poste bajo aprovechando su superioridad en altura o lanzamientos exteriores levantándose sobre su rival.



Es precisamente esa suerte del juego, el lanzamiento exterior, donde más errático se muestra Batum, quizás el principal freno a su explosión total. Sin olvidar, claro está, ese carácter singular que le resta cierta agresividad en su juego, y que en ocasiones le hace rehuir la responsabilidad en los momentos más complicados.



De cualquier manera, no parece faltarle confianza a Batum esta temporada. Es cierto que en algún partido no ha hecho excesivo acto de presencia en los minutos finales, para infortunio de su equipo -destacar especialmente sendos errores de Bogavac en los instantes finales del primer partido de Euroliga, en situaciones que probablemente no le correspondían a él gestionar-, pero en general su nivel de actividad a lo largo del encuentro es sobresaliente.



Fruto de esa actividad es, por ejemplo, la buena defensa que está despachando con gran regularidad. Batum no solo disfruta de unos brazos larguísimos que hacen la vida imposible a sus oponentes, sino que también muestra un buen posicionamiento y se mueve con gran facilidad para contestar incluso a exteriores muy rápidos. De hecho, cuando gane más cuerpo, posiblemente nos encontremos ante un jugador capaz de defender todas las posiciones entre base y ala-pívot.

 

Igualmente efectivo se muestra en el rebote, brillando especialmente en el tablero rival y siendo capaz de capturar rechaces a alturas mareantes. Batum juega con mucha frecuencia por encima del aro, y gracias a sus muelles nos regala, aparte de rebotes, tapones y mates de muy variada factura. Es un espectáculo sobre la cancha.

Todavía no somos completamente conscientes del poder devastador en potencia del huracán Batum, pero tampoco podemos predecir con seguridad el nivel destructivo que alcanzará. Los presagios auguran lo peor, pero no sería la primera vez que avisos de este calibre se quedan en un simple susto.

De todas formas, por su propia seguridad les recomendamos no salir de sus casas durante su actividad. Conviene mantener un stock de seguridad en alimentos de primera necesidad, especialmente palomitas, pero sobretodo enciendan el televisor y sigan con detenimiento sus evoluciones.
Tripkovic
Uros Tripkovic ha tocado fondo (Foto Euroleague)
Si hace unos días traíamos a este blog la cara más optimista del Partizan, encarnada por la pareja Milenko Tepic y Nikola Pekovic, su reverso lo ocupa la otrora brillantísima promesa Uros Tripkovic, que parece sumido en un hiato de mediocridad sin fin.

 

A pesar de sus sólo 21 años, y de encontrarse en una situación perfectamente reversible, sabemos que un jugador con sus condiciones en la actual Liga Adriatica debería estar poco menos que dominando la competición a esa edad, y sin embargo su trayectoria es cada día más anodina.

 

Hay que remontarse poco más de dos años para encontrar un Tripkovic que prometía un futuro esplendoroso. Un completo escolta fino y estilista, atlético y de buenas piernas, de precioso tiro a canasta, buen manejador de balón, con penetración y pase, interesante lectura de juego, buen defensor, incluso muy serio en la cancha, el típico joven que parece perfectamente encaminado hacia el éxito.

 

Aparentemente, lo tenía (tiene) todo: perfil físico-atlético, despliegue técnico, inteligencia y adecuada actitud. Y sin embargo algo está fallando, seguramente en su cabeza. Quizás nos encontramos ante un carácter un tanto débil que mina la confianza en su propio juego.

 

Este pasado fin de semana, Tripkovic ha culminado una singular serie estadística en el comienzo de la Liga Adriática de muy pesimista simbolismo. El escolta serbio inauguró su participación con una discreta anotación de ocho puntos ante el Zagreb. Pues bien, en todos y cada uno de los siguientes partidos, seis incluido su debut, se las ha arreglado para reducir su aportación anotadora.

 

Ocho, siete, cuatro, tres, dos y... cero.

 

Era un complicado partido ante el Hemofarm en Vrsac, resuelto a favor de los capitalinos en la prórroga, pero no se puede decir que Uros no disfrutase de oportunidades. Veinte minutos se pasó sobre el parqué y no fue capaz de anotar un solo punto. Lo que debería ser una simple anécdota, cobra singular relieve a la luz del mediocre nivel que viene mostrando el jugador.

 

El final de la cuenta atrás. ¿Quizás el comienzo de un ciclo positivo? Sería una pena que un jugador de la clase de Tripkovic se malograse para la alta competición.

O lo que es lo mismo, Milenko Tepic y Nikola Pekovic.

 

Todos pudimos verlo hace unos días. El relativamente modesto Partizan de Belgrado se cargó a todo un AXA F.C.Barcelona en la Euroliga, y liderado desde el perímetro por Milenko Tepic y sus veinte primaveras, en permanente sintonía con Nikola Pekovic, un año mayor, y que forjó su premio MVP de la jornada con los jirones de la maltrecha defensa interior azulgrana.

Pekovic, demoledor contra el Barça (Foto Euroleague/Getty)


Tepic y Pekovic, creación y ejecución.


En el actual encabezamiento de este blog se puede comprobar mi devoción por los catalizadores de juego. No creo andar muy descaminado si digo que Milenko Tepic entra de lleno dentro de esa categoría, asumiendo desde sus dos metros de altura buena parte de la distribución de juego de su equipo. Es un jugador de gran madurez mental, consciente de lo que sucede en la cancha en todo momento, y que sabe lo que necesita hacer para ayudar a su equipo. En el fondo hablamos de un jugador completísimo, más aún desde que parece haber encontrado continuidad en el tiro exterior. Bote, pase, toma de decisiones, penetración, defensa, liderazgo, son algunos de los sustantivos que configuran su juego. Tiene todas las hechuras de una futura referencia del baloncesto europeo.

 

Muchos todavía recordarán a Tepic como integrante de aquel inolvidable equipo cadete serbio que asombró en el europeo de Rivas en 2003. Por aquel entonces aprovechaba sus muy superiores piernas para hacer trizas las defensas rivales con continuas penetraciones. Esa ventaja ha ido menguando con el paso del tiempo, según se enfrentaba a rivales de mayor madurez explosiva. Sin embargo, ha sabido adaptarse a sus nuevas circunstancias incidiendo en aspectos como la creación de juego (ya era buen pasador entonces) y, más recientemente, el tiro. Y si bien no dispone de la ventaja atlética de antaño, su cuerpo ha ganado una presencia y fortaleza que Milenko no duda en utilizar para ganar ventajas ante sus rivales de perímetro en ambos lados de la pista. Si se me permite la hipérbole, es un jugador total.

Mientras tanto, Pekovic representa uno de los ejemplos más puros de finalizador que podemos encontrar en el Viejo Continente. No le pidas filigranas ofensivas, juego tras bote, distribución de balón desde los postes o historias similares. Lo suyo es ganar la posición, recibir y anotar; sota, caballo y rey. Es automático en su búsqueda del aro, y raramente se le verá elaborar una secuencia compleja para superar a su rival. Ante el Barça despachó un recital de movimientos sin balón y transformaciones en las cercanías del aro. Semiganchos con ambas manos, tiros abiertos de media distancia, tiros cortos a la media vuelta, mates y bandejas tras ganar la posición debajo del aro, mates en transición llegando como trailer, siempre directo y sin vacilaciones.


Lo cierto es que dispone de un físico envidiable para tal menester. Es grande, relativamente atlético y tremendamente fuerte, granítico; built like a house, que dirían los norteamericanos. Cualquiera diría que estamos ante un veterano treintañero curtido en innumerables roces en la pintura, y sin embargo el amigo Nikola lleva exhibiendo sus rotundas formas desde que saltó a la palestra de las promesas europeas allá por el verano de 2005, cuando su excelente Europeo Sub-20 le proporcionó un contrato con el Partizan.


De cualquier manera, el partido ante el Barça no fue casualidad. El comienzo en la Liga Adriática de ambos jóvenes había sido enormemente sólido. La motivación ante un rival muy especial y el ambiente inmejorable en la cancha hizo el resto.


Son cosas que pasan cuando juegas en los Balcanes, y especialmente en el Pionir (con sus entrañables señales de prohibido pistolas). Para los que hemos tenido la suerte de presenciar algún partido en esa mítica cancha llena hasta la bandera de ruidosos hinchas serbios, se comprende el efecto intimidador que pueden llegar a ejercer sobre el rival.

 

La vuelta en el Blaugrana será, a buen seguro, completamente diferente. Lo que esperamos no cambie en exceso es la efectividad de la Conexión Partisana.

Inauguramos hoy este modesto espacio en ACB.com que pretende acercar al lector a los nuevos valores baloncestísticos que emergen cada año en tan diferentes puntos del Globo. No hay ánimo de exhaustividad en el empeño, tampoco se trata de ejercer de futurólogos. Se trata de abrir una puerta a las nuevas hornadas de jugadores llamados a mantener viva nuestra pasión por este deporte.

 

Esta pretensión, esta mirada al futuro del baloncesto, puede parecer fútil al lector, una pérdida de tiempo. ¿Por qué preocuparse por imberbes de dudoso nivel actual si podemos disfrutar hoy de jugadores que se encuentran en el cénit de su carrera? ¿A qué viene tanta preocupación por el futuro cuando cada temporada se hace historia al máximo nivel internacional? Ya habrá tiempo para seguir las evoluciones de estos jóvenes cuando sean capaces de rendir en la élite, ¿no es cierto?

 

No deja de asistir la razón a quienes piensan de esta manera. Indudablemente el baloncesto de más quilates se encuentra en competiciones como la ACB, la Euroliga, la NBA o los campeonatos de selecciones. Y sin embargo, siempre entendiendo esta curiosidad por el baloncesto de base como un complemento al disfrute de la élite, es fácil dejarse atrapar por la fascinación que produce el talento bruto de quienes son más potencia que realidad.

 

En cualquier ámbito de la vida, la juventud suele representar ese estadio donde todavía (casi) todo es posible. Es época de sueños e ilusión, de libertad en tanto en cuanto no se asumen grandes responsabilidades, de descaro ante el status quo.

 

Juventud divino tesoro, que se dice.

 

Ya llegará el momento de las decepciones, los sinsabores, las expectativas no cumplidas, las metas no alcanzadas y el conformismo ante una realidad, a veces cruel, pero que fundamentalmente requiere un trabajo más sólido que el material de que están hechos los sueños.

 

¿Por qué no regalarnos pues un poco de esa juventud? No sólo eso, ¿por qué no atender a ese desafío que supone la maduración, afrontar la consecución de esos sueños, pasar del juego de niños al juego de hombres, el choque del talento virgen ante el establishment, del principiante ante el experto, de David contra Goliat?

 

Recorriendo caminos más prosaicos, también hay algo de morbosa curiosidad por anticipar los protagonistas de las futuras jerarquías, por saber quienes van a marcar la pauta en años venideros. Tampoco hay que olvidar que, sabiendo de dónde viene un jugador, sus características, virtudes y defectos en la etapa de formación, expuestas en categorías donde prevalece cierta libertad de juego y un nivel propicio para enseñarlas, podemos conocer mejor la naturaleza de su baloncesto y sus posibilidades dentro de una cancha.

 

Pero significa, en última instancia, la búsqueda de esos jugadores especiales que nos hacen vibrar al ritmo de su baloncesto, con los que gozamos de este deporte en toda su intensidad.

 

Valga como ejemplo los tres jóvenes que a día de hoy ilustran el margen derecho de este blog. Ricky Rubio, Danilo Gallinari y Milos Teodosic son tres perfectos exponentes de cómo la juventud se abre camino a base de talento, trabajo, inteligencia y descaro. Son tres chicos que, más allá de disfrutar de destacadas características físicas, aúnan una depurada técnica y una privilegiada mente para entender este juego, siendo capaces de hacerse un hueco de creciente importancia en la élite europea a su tierna edad.

 

Tres modelos a imitar, se podría decir, pero su excepcionalidad no entiende de normalizaciones. En el fondo, es la unicidad y el matiz irrepetible donde reside buena parte del encanto, la individualidad de cada uno al servicio de un deporte genuinamente de equipo.

 

Ellos tres, ya a su manera protagonistas en las más exigentes ligas europeas, también lo serán aquí. Ellos y muchos otros jóvenes que reclamarán nuestra atención periódicamente. Sólo queda dejarse seducir.