A pesar de sus sólo 21 años, y de encontrarse en una situación perfectamente reversible, sabemos que un jugador con sus condiciones en la actual Liga Adriatica debería estar poco menos que dominando la competición a esa edad, y sin embargo su trayectoria es cada día más anodina.
Hay que remontarse poco más de dos años para encontrar un Tripkovic que prometía un futuro esplendoroso. Un completo escolta fino y estilista, atlético y de buenas piernas, de precioso tiro a canasta, buen manejador de balón, con penetración y pase, interesante lectura de juego, buen defensor, incluso muy serio en la cancha, el típico joven que parece perfectamente encaminado hacia el éxito.
Aparentemente, lo tenía (tiene) todo: perfil físico-atlético, despliegue técnico, inteligencia y adecuada actitud. Y sin embargo algo está fallando, seguramente en su cabeza. Quizás nos encontramos ante un carácter un tanto débil que mina la confianza en su propio juego.
Este pasado fin de semana, Tripkovic ha culminado una singular serie estadística en el comienzo de la Liga Adriática de muy pesimista simbolismo. El escolta serbio inauguró su participación con una discreta anotación de ocho puntos ante el Zagreb. Pues bien, en todos y cada uno de los siguientes partidos, seis incluido su debut, se las ha arreglado para reducir su aportación anotadora.
Ocho, siete, cuatro, tres, dos y... cero.
Era un complicado partido ante el Hemofarm en Vrsac, resuelto a favor de los capitalinos en la prórroga, pero no se puede decir que Uros no disfrutase de oportunidades. Veinte minutos se pasó sobre el parqué y no fue capaz de anotar un solo punto. Lo que debería ser una simple anécdota, cobra singular relieve a la luz del mediocre nivel que viene mostrando el jugador.
El final de la cuenta atrás. ¿Quizás el comienzo de un ciclo positivo? Sería una pena que un jugador de la clase de Tripkovic se malograse para la alta competición.


