Cuatro hombres para cuatro equipos. No necesariamente los mejores en sus respectivas escuadras, estos cuatro jugadores nos sirven como resumen de lo acontecido este pasado fin de semana en la Final Four de la Euroliga, disputada en Madrid.
Uno: Shaun Stonerook
No se lleva titulares, los flashes le evitan, no destaca en la anotación -la salsa estadística por antonomasia-, pero sin duda es uno de los pilares maestros sobre los que se asienta el juego del Montepaschi Siena. Es el perfecto jugador de rol, tan excelso que debería ser considerado una estrella a pesar de su naturaleza complementaria (¿qué es el baloncesto sino el complemento de varios jugadores sobre una cancha de juego?). Maestro del posicionamiento, suele estar en el lugar preciso para infringir el máximo daño al equipo rival, bien sea en ataque o defensa.
En la semifinal ante el Maccabi, Stonerook despachó un primer cuarto antológico en la parcela defensiva, y su cuarta falta personal -con el consiguiente viaje al banquillo- fue aprovechada por los de Tel Aviv para remontar en el marcador. De igual manera, también encarna el estadio último del carácter... digamos mecánico, entendiéndose como la limitación para improvisar y definir en momentos críticos, del equipo toscano, y que resultó en la victoria macabea.
Dos: Tiago Splitter
A menudo criticado por su supuesta falta de carácter y agresividad para liderar un equipo -olvidamos con frecuencia que sólo tiene 23 años-, el Tau vivió en esta Final Four de un Tiago Splitter imperial en ataque. El brasileño se consagró en Europa gracias a su portentoso juego al poste bajo, pesadilla para el CSKA, y que provocó constantes desajustes en la defensa moscovita, que oscilaba entre la insuficiente aproximación individual, las ayudas que liberaban el juego de perímetro, o directamente la falta personal.
Desafortunadamente, el CSKA aprovechó su cuarta falta personal para escaparse en el último cuarto, mientras que al Tau le faltó mucha templanza para involucrar a Tiago en el juego tras su vuelta al parqué en los últimos minutos de partido, sucumbiendo finalmente ante la superior ejecución del equipo ruso.
Tres: Derrick Sharp
En Madrid, Maccabi Tel Aviv significaba Derrick Sharp y Derrick Sharp encarnaba el Maccabi Tel Aviv. Nadie como él para simbolizar cómo vive el baloncesto el equipo israelí, especialmente su grandeza y su miseria en esta Final Four.
Grandeza, porque los israelíes han sido capaces de llegar a toda una semifinal de la Euroliga con una plantilla cuanto menos dudosa, tirando de oficio y carácter para sacar sus partidos adelante. De esas dos cosas anda muy sobrado Sharp, quien ya había resultado providencial para el Maccabi en el crucial duelo del Top-16 contra el Real Madrid en Vistalegre, y que sumó 17 puntos, casi todos en la segunda mitad, para liderar la remontada de los amarillos en la semifinal ante el Montepaschi.
Miseria, porque pese a la tendencia heroica del base americano-israelí, nadie es capaz de vivir permanentemente instalado en el milagro, y la final ante el CSKA vino a desnudar las vergüenzas de un muy inconsistente Maccabi. Sharp ni siquiera pudo inaugurar su cuenta anotadora, nada raro si hablamos de un jugador que apunta al retiro, aunque por lo menos paso desapercibido, ¿no es cierto, Alex García?
Cuatro: Trajan Langdon
Justo MVP, camino de convertirse en un auténtico clásico del baloncesto europeo -si no lo es ya- y un claro exponente del valor intrínseco del baloncesto continental respecto al abrumador talento de la NBA.
Pese a sus obvias dotes como letal tirador y su notable desempeño en el apartado defensivo, Langdon es un rebotado de la liga norteamericana que nunca ha llegado a suscitar el suficiente interés en los despachos de la NBA como para incitarle a regresar a la máxima competición mundial. Sus evidentes limitaciones a la hora de crearse sus propios tiros -y especialmente siendo escolta- le marginan en una liga donde la búsqueda de oportunidades anotadoras no siempre se entiende como un trabajo de equipo. Sin embargo, el carácter colectivo del CSKA le permitió bombardear al Maccabi con 21 puntos en la finalísima.
Eso que gana el baloncesto europeo.


