Algo se mueve en Europa. Una gran borrasca de creciente intensidad y largo alcance nos tiene muy alerta. Con epicentro en la zona Oeste de Francia, Le Mans para ser más exactos, los lugareños aseguran que el fenómeno excede la categoría de tormenta, y ya se le denomina como el huracán Batum. Ningún testigo presencial de su actividad en las últimas semanas ha podido escapar a la sensación de asombro que su poder suscita. Todavía es un fenómeno controlado, pero su capacidad destructora una vez desatado se presiente incalculable.
Y es que, a pesar de la elegancia y fluidez de su felina expresión física -ni siquiera hay violencia en sus mates-, el impacto sobre la cancha de Nicolas Batum debería pronto empezar a medirse según la escala Saffir-Simpson. Su capacidad para intervenir decisivamente en un partido a muy diferentes niveles es asombrosa a sus 18 años de edad, y en cualquier momento puede emerger un jugador virtualmente imparable que arrase con todo lo que se encuentre a su paso.
Dejémoslo claro desde un principio: Batum es un superdotado físico. No hay otra manera de describirle. Más allá del volumen muscular y la fuerza que todavía le queda por ganar -que lo hará- disfruta del posiblemente mejor perfil físico-atlético de toda Europa. 204 centímetros de la cabeza a los pies y 215 de mano a mano de longilíneo y explosivo músculo al servicio de una mente que piensa en clave de baloncesto. Un portento que, desatado, apenas encuentra contestación.
Batum se ha erigido ya en el hombre posiblemente más importante del Le Mans. En una escuadra con flagrantes carencias en la dirección de juego -Bokolo, Diot y Limonad dejan mucho que desear ahora mismo- Nicolas ha puesto su capacidad creativa al servicio del equipo. Es un jugador de vocación marcadamente colectiva, que incluso libra una batalla personal contra su natural tendencia a huir del primer plano.
Sea como fuere, su casi imparable uno contra uno, por manejo de balón y primer paso, así como sus recepciones tras corte, son fuente de constante desequilibrio defensivo que Batum explota en forma de distribución de balón, encontrando con suma facilidad a sus compañeros en el triple o en las continuaciones.
Raramente le veremos forzar acciones anotadoras. A pesar de su gran capacidad para generarse tiros, buena parte de sus puntos llegan por puro aprovechamiento de oportunidades no directamente generadas por sí mismo, tales como segundas opciones tras rebote ofensivo, tiros abiertos, cortes hacia canasta, contraataques, etc. Sin embargo, siempre deja pistas, y en creciente número, de su habilidad en el uno contra uno: penetraciones hasta la cocina, tiros cortos tras desequilibrar a su rival, culminaciones en el poste bajo aprovechando su superioridad en altura o lanzamientos exteriores levantándose sobre su rival.
Es precisamente esa suerte del juego, el lanzamiento exterior, donde más errático se muestra Batum, quizás el principal freno a su explosión total. Sin olvidar, claro está, ese carácter singular que le resta cierta agresividad en su juego, y que en ocasiones le hace rehuir la responsabilidad en los momentos más complicados.
De cualquier manera, no parece faltarle confianza a Batum esta temporada. Es cierto que en algún partido no ha hecho excesivo acto de presencia en los minutos finales, para infortunio de su equipo -destacar especialmente sendos errores de Bogavac en los instantes finales del primer partido de Euroliga, en situaciones que probablemente no le correspondían a él gestionar-, pero en general su nivel de actividad a lo largo del encuentro es sobresaliente.
Fruto de esa actividad es, por ejemplo, la buena defensa que está despachando con gran regularidad. Batum no solo disfruta de unos brazos larguísimos que hacen la vida imposible a sus oponentes, sino que también muestra un buen posicionamiento y se mueve con gran facilidad para contestar incluso a exteriores muy rápidos. De hecho, cuando gane más cuerpo, posiblemente nos encontremos ante un jugador capaz de defender todas las posiciones entre base y ala-pívot.
Igualmente efectivo se muestra en el rebote, brillando especialmente en el tablero rival y siendo capaz de capturar rechaces a alturas mareantes. Batum juega con mucha frecuencia por encima del aro, y gracias a sus muelles nos regala, aparte de rebotes, tapones y mates de muy variada factura. Es un espectáculo sobre la cancha.
Todavía no somos completamente conscientes del poder devastador en potencia del huracán Batum, pero tampoco podemos predecir con seguridad el nivel destructivo que alcanzará. Los presagios auguran lo peor, pero no sería la primera vez que avisos de este calibre se quedan en un simple susto.
De todas formas, por su propia seguridad les recomendamos no salir de sus casas durante su actividad. Conviene mantener un stock de seguridad en alimentos de primera necesidad, especialmente palomitas, pero sobretodo enciendan el televisor y sigan con detenimiento sus evoluciones.


