Con diecisiete años cumplidos hace tres meses, Donatas exhibe una planta física majestuosa. Su cuerpo se eleva espigado hasta la mítica barrera de los siete pies, y si todavía muestra la delgadez propia de su juventud, se adivina una estructura muy receptiva al desarrollo muscular controlado. De hecho, disfruta de unos buenos hombros y ya ha ganado notable fortaleza en el último año y medio. A todo ello, hay que sumar sus excelencias motrices, plasmadas en su rapidez sobre el parqué, capacidad de salto y extraordinaria coordinación.
Si hablamos de sus capacidades baloncestísticas, su repertorio técnico le permite ejecutar casi cualquier suerte del juego que habitualmente asociamos a los hombres altos; e incluso le lleva más allá.
Motiejunas juega de cara y de espaldas a canasta. En el poste puede trabajar para finalizar con ganchos por encima del rival o directamente recurrir a giros o reversos aprovechando su rapidez de pies para buscar la bandeja o el mate. Encarando el aro, puede atacar con bote para de nuevo explotar su rapidez, pero también se puede levantar para ejecutar su excelente suspensión, incluso tras bote. Muestra además mucha habilidad en el pase, y encuentra a sus compañeros con facilidad incluso en situaciones complicadas, aunque tampoco es un jugador de gran vocación distribuidora.
Aunque es zurdo, Donatas ha conseguido desarrollar múltiples habilidades con su diestra, y verdaderamente encontramos muy pocas diferencias entre ambas manos cuando se trata de resolver cerca del aro o de poner el balón en el suelo.
Jugada vista en un partido de la NKL (segunda división lituana): Motiejunas cruza la cancha con bote llevando el peso del contraataque de su equipo, y resuelve con un milimétrico pase picado por detrás de la espalda y ejecutado con su mano mala. Guard-esque.
Además de ser una de las piezas claves del Zalgiris de NKL, Donatas ya ha debutado con el primer equipo, jugando un puñado de minutos en la Euroliga, pero despachando ya productivas actuaciones en la BBL.
Lógicamente no todo es de color de rosa. Al lituano todavía le falta consistencia y dureza mental. Debe saber controlar el uso de sus habilidades para sacar el mayor partido posible en beneficio de su equipo, y no solo una sucesión de highlights. También necesita ganar fuerza para poder pegarse y resultar verdaderamente efectivo en la pintura, tanto en ataque como en defensa. Además no le vendría mal un poco más de concentración y capacidad de sacrificio sobre la cancha, ya que tiene tendencia a creerse en un rol estelar que le eximiría de ciertas obligaciones, especialmente defensivas.
La defensa no es precisamente el principal problema de Omer Asik. Mostrando muy diferentes características a las del lituano, estos días hemos asistido a la presentación en sociedad del pívot turco, recientemente aterrizado en el Fenerbahce. No es un fino estilista, no parece ningún virtuoso con el balón, pero ya ha mostrado trazas de un potencial defensivo y reboteador sobresaliente. Obviamente, él es la bestia.
La semana pasada sembró el terror en el juego interior azulgrana con una sangría taponadora muy poco frecuente en las pistas europeas. Tan alto como Motiejunas, muestra un físico mucho más poderoso, también debido a su mayor edad (ha nacido en 1986), excelente envergadura, y si bien no es tan atlético como el lituano, es un jugador muy móvil que aprovecha al máximo sus esfuerzos gracias a su timing.
Como ejemplo, un botón: después de realizar la ayuda sobre Jaka Lakovic, que ejecutaba un dos contra dos en el poste alto, Asik fue capaz de alcanzar la continuación de Mario Kasun a tiempo de taponar su intento de conversión del alley-oop lanzado por el esloveno.
Aunque también permitió canastas, por momentos su poder intimidatorio se hizo muy patente y efectivo bajo los tableros. Es un jugador con buenos desplazamientos laterales, fuerza para aguantar contactos y cierta sabiduría en el posicionamiento defensivo.
En el lado opuesto de la cancha, tras recibir un buen balón interior que le dejaba en situación de lanzar un fácil semigancho corto, la bestia se desató con un violento mate a una mano tras proyectar el brazo por encima de su rival. ¿Jugada sintomática?
A riesgo de caer en la precipitación dado el limitado conocimiento que un servidor tiene del pívot turco, debemos apuntar las notables carencias que se adivinan en su juego. La más evidente, su total renuncia a la suspensión como arma ofensiva, comprensible viéndole ensayar desde el tiro libre. Pero además se muestra muy previsible en el poste bajo, siempre buscando el gancho diestro (con el que tampoco se ha mostrado infalible), hasta el punto de resultar sospechoso el aprovechamiento ofensivo que pueda conseguir de su mano izquierda.
Será cuestión de ahondar en las características de su juego y seguir de cerca sus evoluciones. Hace año y medio Asik era carne de banquillo en la selección turca sub-20, y esta temporada ha eclosionado en el Alpella encaramándose a las primeras posiciones en rebotes y tapones de la cada día más competitiva liga turca. Es el Alpella una suerte de club vinculado del Fenerbahce, pero curiosamente han sido capaces de batir a su equipo madre y cargarse todo un Efes Pilsen, siempre con brillantes esfuerzos estadísticos de la criatura. No es de extrañar que el Fenerbahce reclamase sus servicios cuando Semih Erden cayó lesionado.
Son Motiejunas y Asik dos jugadores muy diferentes, pero cada uno a su manera puede resultar muy efectivo. Sería bonito que consiguieran realizar todo su potencial y poder presenciar algún duelo directo dentro de unos años.
¿La bella contra la bestia? Quizás el lituano no consiga acabar siendo ese exquisito jugador que su amplio repertorio promete, ni el turco tan fiero bajo los tableros, pero los titulares están para venderlos.


