Ya estamos de vuelta. Son las 22.48h y hace poco que hemos salido de Belgrado dirección Girona en el Embraer de 30 plazas con el que habitualmente viajamos cuando decidimos volar en charter. El ambiente, evidentemente, no es el idóneo después de perder en la pista del Hemofarm, pero hace un rato uno de los pilotos me ha arrancado una sonrisa confirmándome que haríamos el vuelo del tirón. Después de perder, lo que menos apetece es bajar a Pisa, pero no para ver la famosa torre sino para repostar combustible. Esta vez el viento viene de cola y en principio tenemos autonomía para llegar a casa. Ya veremos. La verdad es que hay mucha diferencia. En teoría tendríamos que aterrizar en Girona hacia las 01.45h. Si tuviéramos que hacer la parada, una hora más. Ya os contaré…

Siempre que viajas a países del Este de Europa los contrastes son evidentes. Vamos por partes. Podríamos empezar la crónica del viaje dentro de una cocina. Sí, sí. El lunes a las 11.00h me encontraba en la cocina del Hotel Melià de Girona. Tenia que recoger nuestros almuerzos: ensalada de pasta, pechuga de pollo a la plancha, dos piezas de fruta, una chocolatina, un yogurt, un botellín de agua y una lata de Coca-Cola. Rubén (el utillero) y yo, con la furgoneta del club, cargamos los 21 picnics y tomamos la autopista dirección el aeropuerto de Girona. Habíamos quedado a las 11.30h y la salida del avión estaba prevista para las 12.00h. Volar con charter te permite esto. Con sólo 30 minutos se puede facturar, embarcar y volar. O al menos ésa es la teoría. En la práctica todo iba como la seda hasta que nos comunicaron el retraso en la salida de unos 30 minutos. El maldito slot. El ente que controla el tráfico aéreo a nivel continental nos retrasaba el vuelo a las 12.30h. Entre una cosa y la otra el tiempo pasó rápido. No me di cuenta y ya estábamos volando dirección Pisa. En menos de dos horas aterrizamos en el aeropuerto italiano, bajamos a la terminal y al cabo de 30 minutos volvíamos al avión después de que éste repostase. Pero no todo fue tan fácil. La parada se alargó a las dos horas debido a una emergencia en el mismo aeropuerto que nos impedía salir. Vaya gracia. Por culpa de esto aterrizamos en Belgrado con más de dos horas de retraso y no pudimos entrenar a la hora prevista.
Belgrado nos recibió con nieve en la calle (la semana pasada nevó bastante) y con un frio gélido. Despúes de pasar el control de pasaportes y recoger las maletas, un autocar con el logo del Hemofarm nos recogió para llevarnos a la magnífica ciudad de Vrsac. Magnífica según sus habitantes, digo yo. El trayecto fue de 1h45m gracias a un tal Raikonen, que conducía adelantando por la derecha, saltándose semáforos en rojo,… Creo que hicimos una recta de más de 30 quilómetros fijo, después de cruzar Belgrado, evidentemente. Vrsac se encuentra a 14 quilómetros de la frontera con Rumania y no tiene casi ningún atractivo. En los folletos locales del hotel se destacaba una cosa per encima de todo: el pabellón. Con esto queda todo dicho. Llegamos al hotel para cenar. Es curioso cómo preparan la comida en los distintos países donde vamos. Acostumbramos a pedir con antelación siempre lo mismo, con dietas basadas en ensalada, pasta, pollo y carne a la plancha. Pero cada hotel nos pone sus particulares variantes, como carne especiada, ensaladas a su gusto,… Digno de estudio, la verdad. A las 00.00h ya estaba en la cama.

Vrsac amaneció con frio y un tímido sol el día de partido. Algo es algo. El desayuno, bastante justo para los que nos gustan los dulces. Pero el hotel en general estaba a un buen nivel, en la media de hoteles europeos. El planning matutino estaba compuesto por entrenamiento-charla-comida. Todo fue bien, sin contratiempos. Después de comer, Rubén y yo fuimos a dar una vuelta por el “pueblo”. Con gorro, guantes y anorak bajamos el puerto de 1ª categoría donde estaba el hotel (debe ser el Angliru serbio) y fuimos a visitar la ciudad. En 19 minutos lo tuvimos todo visto. Entramos en un Mini Market (nos encontramos una docena) para ver “in situ” cómo era el día a día del habitante de Vrsac en lo que se refiere a las compras diarias. Todo estaba bastante barato. Las calles no estaban muy bien cuidadas, había rastros de nieve en la calzada y no se intuía un buen nivel de vida viendo el parque automovilístico. Nuestra búsqueda de revistas de baloncesto serbias fue un desastre. Vimos unos cuantos carteles del partido. ¿Sabeis cuánto costaba una entrada? Pues un poco más de 1 euro.
Cargados con todas las bolsas y los picnics de la cena de después del partido, fuimos hacia el pabellón una hora y media antes. Ya no volveríamos al hotel. En los momentos previos Arriel y Goran Jagodnik estuvieron hablando un buen rato. Un par de compañeros del cuerpo técnico me preguntaron si habían coincidido. ¡Por supuesto! En la selección eslovena. Fue en el Europeo del 2001. ¿Quien más había en ese equipo? Bufff. Smodis, Beno Udrih, Nesterovic, Lakovic, Becirovic, Milic, Gorenc, Kraljevic y Jurkovic. No está nada mal. En el túnel de vestuarios había fotos de equipos del Hemofarm las pasadas temporadas. Se podían intuir chavales como Milicic, Vasiljevic, Petar Popovic, Bogavac… Cuando llegamos al pabellón uno de los periodistas de Girona que nos acompañaba, Jordi Prat (El 9), me confirmó el fichaje de Macvan por el Hemofarm. Los de Vrsac pagaron el traspaso al Zeleznik. Contra nosotros no jugaría.
Llegó el momento de dar las licencias y nuestro roster al comisario arbitral de turno. Entro en un despacho y veo al susodicho en un sofá leyendo el periódico. Lo estaban cuidando bien. Le doy las fichas y me dice: “Hay confianza. No las repasaré. Si tú me dices que todos los jugadores tienen licencia pues ya está. Ya te las puedes llevar”. Esto sólo me pasa fuera de Girona. Antes de la charla pre-partido un “pájaro” de la grada empezó a gritar a Drobnjak. Habia poca gente aún y se le oia con claridad. Nuestros jugadores serbios se estaban riendo oyéndole. Yo sólo entendía la palabra “Espana”. Me dirigí a él y en inglés le hice un apunte. No tengo ni idea de lo que decía, pero después repitió los gritos a Predrag pero cambiando Espana por Cataluna.

Del partido nunca hablo. Después de la remontada que hicimos quedé hecho polvo por no culminarla. Después el bus nos trajo al aeropuerto de Belgrado. 1h45m más de viaje por carreteras inóspitas. Encontramos un control policial. Suerte que no nos pararon. Sólo hubiese faltado esto. La cena de vuelta no estaba mal, pero para variar los del hotel se dejaron los cubiertos. Comer la ensalada de pasta no era una empresa fácil. La facturación y el embarque fue bastante rápido. Y aquí estoy. En definitiva un viaje de contrastes. Me acabo de despertar y ya estamos bajando a Girona. Hemos tardado tres horas en hacer el Belgrado-Girona. Un lujo. Sin paradas. A las 3 estaré en casa. La ida fue de 6 horas (2 del primer trayecto, 2 de parada y 2 del segundo) y ahora lo hemos hecho con la mitad de tiempo. Gracias, Javi (el comandante).
PD: No me daré cuenta y el viernes ya salimos dirección Leon. Y el dia 30 jugamos en Granada, y el dia de Reyes estamos en Fuenlabrada y un dia más tarde salimos hacia Holanda…


