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Los que habéis seguido este verano el europeo femenino U20 sabréis todas las anécdotas puramente deportivas, pero desde aquí intentaré acercaros a la otra cara de esta convivencia.

El Europeo se disputaba en Sofía y nos hospedábamos en el Hotel Rodina, de 22 plantas, situado en el centro de la ciudad. Viendo que en el ascensor llamaban a la última planta “Panorama”, nos decidimos a subir las 12 jugadoras equipo en un ascensor para supuestamente contemplar unas magníficas vistas de la ciudad. Y digo supuestamente porque todo se quedó en eso, suposiciones. La realidad era bien distinta. Imaginaos las caras de todas al abrirse las puertas del ascensor y encontrarnos en un rellano en el que apenas había luz y con algunas cortinas rojas que decidimos que era mejor no atravesar. Era una planta para visitas, pero... para otro tipo de vistas.

En cuanto a las habitaciones, pues el problema de siempre: camas incómodas y pequeñas… pero eso era un inconveniente para las pívots más que para el resto.
 

La solicitada habitación wifi, a pleno rendimiento

Estábamos repartidas en 5 habitaciones +1. Digo +1 porque una de ellas más que una habitación parecía un ciber ya que era la única desde la que se detectaba la señal WiFi, por lo que en muchas ocasiones nos reuníamos allí casi todas las del equipo... a la vez. Era imposible encontrar un hueco para sentarte en la cama y menos aún mantener una conversación por el Messenger un poco privada.

 

 

Algo que nunca entenderé es que cada año hemos tenido el mismo conflicto en los europeos: las habitaciones no tienen persianas, sino cortinas que dejan pasar la luz totalmente. Las consecuencias: a las 6 de la mañana teníamos un primer despertar, digamos, no muy agradable.

El famoso tendedero improvisadoPor otro lado estaba el servicio de lavandería. Puesto que en el hotel era bastante caro, la delegada buscó una lavandería situada relativamente cerca. La sorpresa fue que al devolvernos la ropa limpia del primer día habían desaparecido algunos pantalones y camisetas de entrenamiento. Así pues, por seguridad, decidimos que las equipaciones de juego las lavaríamos nosotras para no sufrir más robos… teniendo que fabricar unos tendederos para la ropa con el tape de la fisio.

 

Y para acabar cuento la última anécdota. Normalmente, en las ceremonias de inauguración de los campeonatos, desfilan los equipos con todas sus componentes. Esta vez, nuestro equipo español se presentó de manera diferente y os cuento el porqué. Nuestro primer partido se jugó al mediodía con lo que regresamos al hotel a ducharnos y comer con el tiempo justo para volver al pabellón para el desfile inaugural. Un atasco monumental de camino al pabellón y un intento de timo en los taxis (protestamos porque querían cobrarnos 20 levas de más, 10 euros al cambio, entre unos y otros) provocaron que llegáramos a la ceremonia justo cuando finalizaba. Por eso el equipo español desfiló únicamente con la presencia de Susana García (entrenadora)  Carlos Moreno (doctor) y Jesús Blanco (jefe de expedición) al ritmo de un pasodoble, por cierto.

 

A pesar de las dificultades, el oro fue español

La verdad es que me pongo a pensar y salen mil y una anécdotas. Y es que la convivencia de 24 horas al día y el buen feeling de esta selección, aparte de conducirnos al oro, nos dejó recuerdos de por vida.