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Estamos de enhorabuena en Salamanca y no es para menos. Acabamos de eliminar al CSK de Moscú y nos hemos clasificado para los cuartos de final de Euroliga por primera vez en la historia del club. Es mi tercer año en esta ciudad, y ha sido el partido más bonito que he vivido jamás aquí. No hemos ganado un título, quizás para algunos suene a poco, pero derrotar a un equipo como el CSK, en un ambiente de ensueño quedará en mi memoria para siempre.
 
Parece que el destino nos dio dos oportunidades en los últimos segundos de partido para que siguiéramos creyendo que era posible. Fueron oportunidades de esas que unas veces entran y otras no, pero esa es la clave y la grandeza del deporte: creer hasta el último segundo. A veces el tiro cómodo y perfecto se sale, y el tiro complicado y nada estético acaba entrando. Sólo por la entrega y la fe de las jugadoras, el cuerpo técnico y nuestra afición merecíamos algo tan grande como lo vivido.
 
Un partido de 50 minutos, no apto para cardíacos… agradezco desde aquí a todos los que estuvisteis en Wurzburg o a los que nos seguisteis a través de la pantalla o la radio, por el apoyo que transmitisteis en todo momento, haciendo que el cansancio quedara a un lado.
 
Siempre se suele decir que desde dentro de la pista las cosas se ven distintas, que no se sufre tanto. Os puedo asegurar que cuando estás a punto de perder un partido, te quedan 8 segundos y necesitas una jugada perfecta (por no decir un milagro), por tu cabeza y por tu cuerpo pasa de todo menos tranquilidad jeje.
 
Creo que ni cuando gané la final del Europeo sub-20 había sentido tanta emoción al acabar el partido. La tensión acumulada, los nervios, el agotamiento y la alegria por haberlo conseguido sólo salían de mi interior en forma de lágrimas… y durante un buen rato jeje.

 


 
De hecho ahora mismo recuerdo cada uno de los momentos y siento un cosquilleo dentro… pero ahora eso queda atrás. Hay que recordarlo sólo para saber que con lucha y entrega conseguimos ese día algo impensable y que delante nuestro hay más cosas impensables que queremos e intentaremos conseguir.
 
El miércoles había una pancarta en el pabellón que proclamaba un “nunca caminaréis solas”. Yo quiero deciros a todos que “nunca soñaréis solos” porque nosotras desde la pista intentaremos que se haga realidad.
 
¡¡Un abrazo enorme a todos!! ¡¡A por ellas!!