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Silviafiji
Sílvia Domínguez contra Fiji

Después de mucho tiempo, vuelvo a las andadas para contaros la experiencia vivida hace pocos días en el Preolímpico disputado en Madrid.

Como muchos sabréis, me reincorporé a última hora al equipo por la lesión de la otra blogger, Núria Martínez (desde aquí le mando muchos ánimos para su recuperación). Así que dejé los apuntes y, rápidamente, hice la maleta de nuevo para irme a Valencia y regresar a la preparación del equipo.

Tras los partidos de preparación en Paterna, nos dirigimos a Alcobendas. La proximidad del hotel de concentración y el pabellón permitió que el desplazamiento a los entrenamientos y partidos fuera a pie. Justo delante del hotel estaba situado el parque de bomberos de Alcobendas, así que tanto ir y venir hizo que finalmente algunas recibieran una invitación al parque e, incluso, hubiera intercambio de camisetas. Hay que reconocer, sin embargo, que el “momentazo” en Alcobendas llegó cuando se puso el nombre de Amaya Valdemoro al pabellón donde disputaríamos los últimos partidos de preparación antes de afrontar el Preolímpico. Fue muy conmovedor para todas las que estuvimos allí por todo lo que significaba para Amaya Valdemoro y sus familiares. Era todo un reconocimiento a su carrera deportiva y desconozco algún otro caso en baloncesto femenino, pero a todas se nos puso el vello de punta. Alguna incluso soltó una lagrimilla, jeje.

 

 

 

Y, después de los partidos de preparación, por fin llegó lo bueno, el momento más esperado: la lucha por un billete a Pekín. Poder disputarlo en Madrid ha sido una experiencia diferente. La presencia de familiares y amigos en un momento tan importante nos daba un plus a todas. Y para quien también ha supuesto un plus ha sido para el Starbucks situado justo al lado del hotel, que se ha convertido en el punto habitual de encuentro con amigos y familiares o, simplemente, el lugar donde tomar relajadamente un café. Nos hemos dejado allí algunos euros, ¡y no sólo la expedición española!

 

 



En cuanto a los partidos, después del balance 1-1 de la fase previa llegábamos al duelo de cuartos de final. Ese era el partido que todos teníamos en mente de manera especial desde que empezó la concentración. Sería la primera oportunidad para conseguir la clasificación y no queríamos desaprovecharla. Cuba iba a ser nuestro rival y ya habíamos visto con nuestros propios ojos como batieron a Bielorrusia gracias a la garra y la casta que les caracteriza. Ese era un factor bastante común con nosotras, pero teníamos claro que no podían tener más garra, más ganas y más ilusión en ningún momento si queríamos ganar el partido.

 

 

 



El día anterior al cruce intentaron empezar una guerra psicológica a base de gritos y bailes justo cuando les cedíamos la cancha para entrenar. Nosotras nos lo tomamos como pura anécdota y por la noche nos reunimos todas en la habitación de Elisa y Amaya para mostrar una a una nuestras sensaciones y compartir algunos consejos de cara al enfrentamiento. Al día siguiente, el partido. Fueron cuarenta minutos de tensión, que desataron la alegría en cuanto sonó el pitido final. Sólo cuatro jugadoras de las doce que disputamos el Preolímpico saben lo que es estar en unos Juegos. De ahí las lágrimas, los abrazos, las sonrisas, los saltos… Se cumple un sueño. Las chicas también estarán en Pekín.