ACBBlogs
ACB
Orange

Llevo un rato pensando cuál de las dos célebres frases debe ser título de ésta mi última entrada en el Blog antes de mi marcha a París. El caso es que hay sobrados motivos para ambas, como bien podréis comprender en el supuesto caso de que os traguéis el cartapacio que se os avecina sin caer pasto del aburrimiento o en los brazos de Morfeo.

 

Alea Iacta Est. Con esta célebre frase Julio César cruzó el Rubicón, el río que separaba Italia de la Galia, sabiendo que al hacerlo se metía en un lío de tres pares de pelotas, más concretamente en una guerra civil, que no es moco de pavo.

 

Lo mío es mucho más llevadero. Vamos, de hecho lo mío es un regalo, una especie de bendición que igual me envía el mismísimo Julio César desde el Olimpo o donde quiera que se encuentre ahora el romano narigón. Pero hoy, Viernes primero de Febrero del año del Señor de 2008, con la maleta ya prácticamente cerrada y preparada para el viaje, tan sólo me resta pronunciar esa misma frase antes de tomar las de Villadiego: “Alea Iacta Est”.

 

La próxima entrada, ya sea en el presente Blog o en el correspondiente hilo del Foro, será desde París; la verdad es que no sé cuándo ni cómo; pero no os quepa duda que intentaré que sea más pronto que tarde.

 

No obstante, y antes de poner pies en polvorosa, tengo que contaros dos cosas. La primera de ellas es pasaros el informe de estado actual de mi equipo SM y de mi lucha en la privada con Roberto. La segunda todavía me tiene algo trastornado, y tiene que ver con una especie de fiesta despedida que me hicieron los colegas el Jueves por la noche, y con un sucedido que de manera inesperada se produjo en la citada juerga.

 

En cuanto al SM, este es mi equipo a día de hoy:

 

Lakovic, Jaka  FCB  1.360.211

Gianella, Nicolás  GRN  945.368

Huertas, Marcelinho  BLB  1.085.368

 

Rakocevic, Igor  TAU  1.020.353

Miso, Andrés  CAJA  901.600

Fernández, Rudy  DKV  1.995.000

Gomis, Joseph  GCV  1.107.474

Eley, Bud  GCV  1.154.632

Reyes, Felipe  RMA  1.222.667

Gasol, Marc  GIR  2.049.158

Haislip, Marcus  UNI  1.021.125

 

Broker: 13.951.624

Caja: 88.668

 

 

Clasificación de la Privada:

 

1º Germán: 3.367,8

2º Roberto: 3.333,8

 

¡ Diferencia a mi favor: 34 puntos ¡

 

El tercero ya está a más de 130 puntos

 

 

Bueno, todo parece que la lucha va a estar bastante reñida entre los dos. Espero no distraerme mucho con todo esto del viaje, y poder sacar algo de tiempo, y algún enchufe a la red, para atender a mi querido “nasío pa matá”.

 

 

París bien vale una Misa. Esta frasecita es de Enrique IV de Francia (creo que III de Navarra), pronunciada allá por 1593. El ínclito Enriquito era protestante de pura cepa, acérrimo seguidor de las tesis de Calvino, vamos; y como veía que a base de palos y guerras no había forma de hacerse con el trono de Francia, pues decidió recurrir a otras artes mas sibilinas. Al final lo consiguió, pero no sin antes convertirse al catolicismo, condición sin la cual los gabachos no atendían a razones. Parece que en ese momento de tan alto chaqueterismo espiritual pronunció la tal sentencia: “París bien vale una misa” (Paris vatu bien une misse en el original).

 

Pues bien, resulta que el Jueves mis amigos me citaron después de cenar en el bareto de siempre para tomar unas copitas de despedida. Yo ya me imaginaba alguna encerrona, que efectivamente se produjo. Allí nos juntamos del orden de 30, desde los buenos amigos de siempre hasta los de vez en cuando, pasando incluso por Roberto y Lorena que se acercaron un ratito, se tomaron una copeja e hicieron mutis por el foro de forma rápida y prudente, lo que es muy de agradecer en el doble sentido: primero por su presencia (aunque me imagino que habrá sido más por el buen rollo que me une a mi hermana que por iniciativa de Roberto) y luego por su pronta ausencia (que tampoco es cuestión de estar de fiestorro con tu jefe al lado, por muy cuñadísimo que pueda llegar a ser en un futuro).

 

Se portaron como lo que son, buenos amigos. Entre todos me regalaron una cámara de esas modernas digital que cabe en un bolsillo. Sobra decir que me viene al pelo para dejar constancia gráfica de mi paso por París, e incluso intentaré colocar algunas de esas fotos en posteriores entradas del Blog. Que nadie se preocupe ni se alarme, evitaré en todo lo posible que mi careto estropee las bonitas estampas de la Torre Eiffel, el Sena, el Arco de Triunfo y tantos otros grandes monumentos que parece adornan la que muchos consideran la capital más bonita de Europa.

 

Y entre los presentes al fiestuqui, Laura. Para los no habituales, los olvidadizos, o aquellos a los que mis aventuras y desventuras se la traen al pairo, recordaré que Laura fue un amor fugaz de estas pasadas Navidades, tan fugaz que de hecho no fue ni amor, ya que me dio calabazones a las primeras de cambio un fatídico 28 de Diciembre en que la pedí formalmente pasar a mayores.

 

Pues bien, entre partidas de dardos, bailoteo, el regalo de la cámara y brindis varios en mi honor discurrió buena parte de la noche sin que hubiera mayor acercamiento con Laura. Pero entonces sucedió lo inesperado. Ya empezaba la cosa a decaer con mucha gente desfilando, algunos de ellos con sus facultades de orientación algo mermadas por el exceso de líquidos espirituosos ingeridos, cuando Laura me pilló medio arrinconado en una esquina del local. Yo no dije mucho más de un cortés “Hola Laura, gracias por venir”, cuando ella, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, me plantó un besaco en to lo que vienen siendo los mismísimos morros. Tampoco os imaginéis escenas medio porno ni lenguas saliendo a pasear. Nada de eso, que ya os voy conociendo un poquillo y enseguida os montáis una peli digna del mismísimo Nacho Vidal.

 

Tras el beso nos quedamos mirando unos segundos, con mi cerebro incapaz de reaccionar ni siquiera para articular media palabra coherente. Ella sí reaccionó, y dijo: “Igual me equivoqué contigo, Germán. Tal vez podríamos continuar esto en París. Te llamaré.” Dicho lo cual, se dio media vuelta y se esfumó del bar. A mí me quedaban dos opciones. O hacer caso a mi corazón, por no decir a otra parte de mi cuerpo que a esas alturas ya presentaba síntomas inequívocos de haber vuelto a la vida, y salir corriendo detrás de ella para terminar la noche coronado; o hacer caso a la razón, arrastrar mi triste estampa hasta la barra y decir: “Juanma, tío. Ponme otro, pero por Dios bien cargado”.

 

............................………………………………… Hice caso a la razón.

 

Hasta aquí los hechos del jueves, pero lo malo viene ahora porque la duda me corroe: ¿un gesto de arrepentimiento y sinceridad, o París bien vale una misa?

 

En fin; hasta aquí hemos llegado. Me despido con lo que ahora sí, y después de releer todo el panfleto, veo claro que debería haber sido sin duda el título escogido: Alea Iacta Est.

 

Se os quiere. Germán.