Antes de nada, creo que debo empezar diciendo quién escribe y firma esta entrada, porque ya seguro que muchos de vosotros no sabéis a qué ateneros en este Blog después de la publicación anterior de la carta de Roberto; e igual alguno ya está sospechando que ahora escriben las mellizas, Lorena, mi madre, Laura o el utillero del Menudillos Basket Club !!
Pues no, eso ya se acabó. Este Blog es mío, y mía es esta entrada y cuantas se sucedan de aquí a su ya cercano final.
La escribo desde la humillación, sí, porque no hay palabra que mejor defina cómo me sentí yo al leer la dichosa cartita de Roberto. Pero dejadme que os cuente un poco el devenir de los acontecimientos que derivaron en ella.
Como bien sabréis los asiduos al Blog, en sus orígenes yo siempre mantuve una sombra de duda y sospecha sobre si Roberto conocería o no el Blog. En las primeras semanas tenía bastante claro que acabaría por darse cuenta en breve, y así lo comentabais muchos en el Foro. Pero al ver que las jornadas pasaban y el tío no decía nada, pues fui cogiendo cierta confianza de que al final podría pasar inadvertido.
Este estado de incertidumbre creo que se prolongó hasta las Navidades más o menos. A partir de entonces la verdad es que el tema como que se me fue de la cabeza. Ahora que pienso en ello, es como si Roberto hubiera dejado de ser el personaje real con el que me enfrentaba cada día a las 9 de la mañana en la oficina, e incluso algún fin de semana en casa con motivo de sus citas con Lorena, y hubiera pasado a ser un personaje de ficción contra el que yo me enfrentaba en este juego loco de ganar en el SuperManager. Así las cosas, la posibilidad de que descubriera el juego del Blog dejó de ser algo que siquiera me pasara por la cabeza. Si os dais cuenta, en todas mis entradas desde entonces apenas menciono esa posibilidad.
Y ahora compruebo cuan engañado estaba, y como el desgraciao este ha estado en realidad jugando conmigo.
Los hechos se precipitaron el Domingo pasado. Como todos sabéis era el día de la madre, y en casa había comida familiar con Roberto de invitado. Digamos que el tío tiene a su familia bastante lejos y es comprensible que viniera a comer. Todo transcurrió con normalidad y hacia media tarde recuerdo que yo me fui al cuarto/leonera a terminar mi anterior entrada sobre los Pecherios para subirla al Blog.
En un momento dado entraron Lorena y Roberto y me dieron un pendrive.
- German, ¿puedes abrir y leer un fichero de aquí? -me pidió Roberto.
- Claro, ¿de que va? -respondí-
- Tu ábrelo y lee
A medida que iba leyendo los párrafos un sentimiento de "tierra, trágame" iba aumentando en mi interior. Ya hacia el final, el sentimiento se había transformado hacia "¿dónde hay un bastón? que yo a estos dos les muelo la espalda a palos !!" Pero al final, sólo me salió un lánguido:
- ¡que cabrones!
El vacile posterior de Roberto ni os lo cuento. Una hora estuvo el pibe contándome anécdotas de ....
- ¿Y te acuerdas cuando publicaste aquello de ......? jajajajajajajajaja
- Y yo leyéndolo y haciendo justo lo contrario, jajajajajajajajaja
Total, lo dicho: humillación absoluta.
Tres días he tenido la cartita en mi mano, leyéndola y releyéndola, llevando mi humillación en silencio, ¡como las almorranas! y pensando y pensando si publicarla o no, si cederle el espacio sagrado del Blog al desaprensivo este, o forzarle a que diera la cara en el Foro y él mismo la publicara allí.
Tenía casi decidido no publicarla, pero al final me decidí a hacerlo. Y a hacerlo tal cual Roberto me la dio; sin poner ni quitar ni media coma. ¿Queréis saber por qué? Pues os lo voy a decir, aunque suene a pedantería y a falta absoluta de modestia por mi parte. La publico por vosotros, por los que habéis seguido esta historia desde que comenzó en Octubre, y que sin duda ninguna con vuestro apoyo me habéis hecho no desistir y continuar publicando mis andanzas. Vosotros teníais que conocer la verdad de la historia, y no era yo quien para ocultaros una parte muy importante de su final. Y aunque en este final al bueno (porque se supone que yo soy el bueno, ¿no?) le llueven por todos lados, es la triste realidad. No todas las historias tienen un final feliz, aunque os puedo asegurar que tener que narrar uno mismo su propio final tan humillante, pues jode bastante.
Aunque ahora que lo pienso, igual el final de verdad no es tan triste como ahora lo pintan ...............................
Robertito, majete, ahora que sé que me lees, desde aquí te digo que los 14 puntos te los voy a remontar el Viernes por mis santos xxxxxxxxx (omito la palabra pero espero que todos la supongáis, especialmente los seguidores del Comisario de los Hombres de Paco ;-). Y de SMS por la noche nada de nada; te voy a coser el móvil a llamadas hasta que me lo cojas, y entonces vas a saber lo que es la humillación.
¡¡¡¡ A por la victoria!!!!


