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No sé cómo empezar esta entrada, la verdad. Por el título ya os podéis imaginar lo que ha pasado esta jornada, ¿verdad?

SI, SI, SI, SI, Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii ¡he ganado!  ¡que coño, ganado! He apalizado, destrozado, masacrado, humillado a Roberto... Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

Pero bueno, esto tengo que contarlo con todo lujo de detalles; así que vayamos despacito y por partes (como las integrales).

La semana pasada os dejé hecho polvo, arrastrándome cual reptil de la cama al PC, a la mesa y otra vez a la cama. Menudo gripazo. Pesadillas en las que se me aparecía Roberto junto al Director General de mi empresa haciéndome perder en el SM. Pues en algún momento de lucidez, o de inconsciencia máxima, vaya usted a saber, debí hacer los cambios precisos para esta semana. La verdad es que esto os lo debo en parte a vosotros, que semana tras semana me vais dando pistas y consejos sobre cómo mejorar el equipo. Y sin duda va funcionando.

Total, que ya mandé a escardar cebollinos a Claver y Berni, dos rémoras que no veía la forma de quitarme de encima; algo así como el vecino pesao o el amigo de tus padres que se acopla un sábado por la tarde en casa y va llegando la hora del partido de la jornada y el tío que no hay forma de que se las pire, ahí enganchao al sofá y dándole a la húmeda a base de bien. “¿Otra cervecita, Amador?” “Sea, pero la última ¿eh? que no quiero abusar de vuestra hospitalidad” – dice el tipejo, que lleva acoplao en el sofá donde yo veo el basket desde el cafelito de la merienda,  y ya va por la tercera birra.

Recordad que tanto Claver como Berni se marcaron sendos 1. ¿Qué les pasa a estos dos? ¿Volverán a su estado de gracia de fin de la temporada anterior? ¿Será Claver la típica “flor de un día”? ¿Berni ha regresado ya del Europeo?

Pues en su lugar coloqué, ni más ni menos, que a Ellis (17,0) y a... tachaaannnnnnnn: ¡Bulfoni! (36,0) ¡chúpate esa, Robertito!  A eso se le llama visión. Otros dirán que tengo una flor en el culo o más chorra que Hunter contra el Bilbao, pero los resultados han sido de escándalo: he cambiado un patético 2,0 por un deslumbrante 53,0.

Que fácil es el SM cuando todo te sale bien, ¿verdad? Y como consecuencia de todo, el Broker disparao, que parece el marcapasos de mi abuelo cuando le pasan por la tele los desfiles de chavalas en ropa interior: ¡por las nubes!

Pero ahora que me doy cuenta, no os he dicho todavía los resultados de la Liga Privada, de forma y manera que os podáis hacer una idea exacta de mi estado de exaltación:

1º nasio pa matá (Germán Aller): 202,40
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11º el equipo de Roberto: 133,80


Permitidme mantener todavía algunos datos semiocultos, de forma tal que Roberto cuando se entere de la movida del Blog, que se enterará tarde o temprano, me parta sólo una pierna, en lugar de ambas dos, el pescuezo y el mismísimo alma si lo encontrara.

¿Qué os parece? Líder de la jornada, me coloco 5º en la general de la privada y le recorto casi 70 puntos del tirón a Roberto.

Me estoy relamiendo sólo de pensar que ahora viene lo mejor. El lunes en la oficina, el lunes fatídico durante estos casi dos meses de competición, y hoy glorioso, brillante y luminoso. Hoy hasta he seguido otra ruta distinta a la habitual, no fuera a estar por ahí esperándome el municipal del otro lunes y me jodiera la fiesta.

Total, que a las ocho estaba en la ofi como un clavo. Yo, la verdad, es que soy un tío más simple que el asa de un cubo, y allí sentado en mi garito pensaba y pensaba cómo actuar cuando llegara Roberto: “¿cómo se lo digo? ¿cómo le hago tragar toda la bilis que me ha hecho sufrir todo este tiempo? ¿me descojono directamente en su cara? ¿actúo con ironía?”.

Pues nada de nada. Al final me he dado cuenta que hay gente que no valemos para eso. Cada uno es como es, y yo no valgo para el vacile, la arrogancia y la prepotencia mal entendida. Unos dicen que soy buena persona, otros, la mayoría, que soy mayormente un gilipollas (Fiti dixit).

Pero lo que no he podido resistir ha sido soltar la frasecita que me hiere como ninguna otra cada lunes, la frasecita que en boca de Roberto alcanza una dimensión humillante inimaginable. A las nueve en punto he abierto la puerta de su despacho, he asomado la cabeza, y las palabras han resonado por todos los rincones de la habitación hasta, espero, horadarle el mismismo cerebelo: ¿QUÉ PASA, CAMPEÓN?

Gracias a todos los que me habéis aconsejado. Buena parte de mi victoria es vuestra... Bueno, lo de Bulfoni quizás habría que agradecérselo más a la fiebre, porque de otra manera no se entiende qué me pudo llevar a tamaña decisión.