Aquí estoy de nuevo, y como nuevo. Digo esto porque he pillado el puente de la Constitución enterito, que ya me iba haciendo falta, y he recargado pilas y llegado como nuevo. He estado con los colegas en lo que parece últimamente la moda del turismo en España: el turismo rural.

Básicamente, consiste en que la gente reforma la vieja casa del pueblo, le coloca trastos con diverso nivel de oxidación colgados de las paredes, una jofaina en cada habitación, la chimenea, un parchís y un ajedrez en el salón, y te la alquilan a precio de oro como si fuera la posada donde veló armas Don Quijote.
Y lo más curioso es que los turistas de ciudad vamos cada vez más, y aún no se conoce el ser humano que vuelva de uno de estos sitios con la más mínima queja. Que si “qué adorable era la decoración”, “qué bien mimetizada en el entorno” y otras lindezas de semejante nivel de cursilería.
Pero bueno, el caso es que he desconectado de todas mis movidas laborales y familiares, e incluso ¡atención primicia! he hecho muy buenas migas con una de las chicas del grupo, lo que me ha recordado que llevo ya casi dos años más seco que un sarmiento en cuestión de amores y ya va siendo hora de darle una alegría al cuerpo, que tengo las hormonas espíricas perdidas.
Lo de “hacer buenas migas” no lo he dicho así alegremente, porque el tema de las migas ha sido uno de los puntazos del fin de semana. El caso es que el jueves por la noche decidimos hacer migas para la cena, supongo que por aquello de que el rollo rural te ciega los sentidos y te hace creerte el rey del mambo en materia agro-alimentaria. La chavala mencionada y el que subscribe nos erigimos en Arguiñanos por una noche, y ni cortos ni perezosos nos dimos a las sartenes. Os pongo en antecedentes de que en mi vida he cocinado yo nada más complejo que una hamburguesa o un gazpacho de Tetra-brik. Pero imagino que la llamada de morfeo me hizo tirarme al ruedo cuando Laura, así se llama ella, dijo aquello de: “Hoy os hago yo la cena. Vamos a preparar unas migas, que ha sobrado mucho pan de la comida. ¿Alguien me ayuda?”. Decir eso y tenerme a su lado con el delantal puesto fue todo uno.
Mientras el resto de la banda se largó de paseo al río (¿existe casa rural que se precie que no tenga un río cerca?) Laura y yo comenzamos la faena (la de las migas, eh? no seáis malpensados). Al poco tiempo ya se veía que aquello no tenía buen aspecto, y mucho menos si se piensa que esa especie de pasta que se estaba formando en la sartén iba a ser nuestra cena. El resultado es indescriptible: el pan se quedó completamente emplastado, entre tropezones de chorizo y tocinazo más revenido que el sobaco de una vieja, y todo nadando en un charco de aceite. Menos mal que teníamos huevos, si no esa noche cenamos lo de clavijo... Lo que ya no queda en las casas rurales son las cosas ciertamente rurales: los cerdos. Si hay marranos, esa noche se ponen las botas con las migas, por llamarlas de alguna manera, que fueron de cabeza a la basura.
De retorno al SuperManager, os cuento que la historia de las mellizas pasó a mejor vida. Una vez cumplido su reto de pulirme ya se han olvidado del juego. Imagino que me lo recordarán cuando lo necesiten, por aquello de que tengo que cederles el PC cuando a ellas les venga en gana.
Esta semana tuve que hacer los cambios el martes, sin muchos datos y rezando para que no hubiera lesionados en la semana europea. Y la verdad es que la cosa ha ido mejor que nunca. De hecho, he batido todos mis registros en esta temporada: 219,0 puntos.
Mis cambios: Gianella por Sergio Sánchez, Douglas por Ellis y McDonald por Vroman. Bulfoni sigue funcionando a base de bien, y lo de Borchardt es de otro mundo. El pinchazo de Reyes me ha fundido. Otros 300.000 a la saca en el Broker, y para esta semana ya voy a ir pensando en rematar el equipo con Gasol, aunque para ello me temo que tendré que dar boleto a Ricky.
La pena es que Roberto no ha pinchado. Se ha marcado 199,8; que es una buena puntuación, pero no llega a los míticos 200 por el pelo de un calvo, jaja.
He superado en la privada al ínclito Chiquito de la Calzada, y ya voy 2º a la estela de Roberto: 35 puntillos de nada es la diferencia actual. Esto se está poniendo emocionante, aunque la verdad es que queda Liga para dar y tomar. No quiero echar todavía las campanas al vuelo, que luego más grande será la caída.
