Yo soy de los que cree fielmente en una teoría que dice que la belleza existe sólo por contraposición a la vulgaridad, que el amor sólo se conoce si se han frecuentado antes los umbrales del odio, y la diversión sólo se siente cuando uno sabe perfectamente lo que es el aburrimiento y el hastío. Y es más, hasta del paraje más bello nos cansaríamos si viviéramos permanentemente en él, hasta del amor más soñado y deseado nos hartaríamos si no rondáramos muchas veces las fronteras del desamor, y hasta de la experiencia más enriquecedora y divertida estaríamos deseando salir si la realidad no nos devolviera con cierta frecuencia a nuestra cansina rutina diaria.
En otras palabras, lo soñado, lo deseado, sólo lo será mientras no lo tengamos, o al menos no permanentemente. Uno de mis momentos más deseados del año son las vacaciones de verano en un pueblín de Galicia. Cuando ya se acaban siempre les digo a mis colegas de allí: lo bonito de esto es precisamente que se acaba, porque así a partir de mañana mismo ya estaré otra vez anhelando que empiece.
Toda esta filosofía barata viene a cuento de que yo acabo de dar con todos mis huesos en la triste y cruda realidad, y a un nivel tal que hace unos momentos estaba merendando en la cocina y me planteaba si meter la cabeza en el horno y darle a toda mecha, o bien aprenderme letra y coreografía de esa gran composición del frikismo patrio que es el “Chiqui-Chiqui”. No sé muy bien cuál de las dos opciones sería peor, pero al final, en un arranque de racionalismo he decidido sentarme frente a la tecla y parir otra entradita para el Blog, como una especie de vomitona en domingo de resaca que todo lo cura, o al menos lo canaliza cañerías abajo hacia dios sabe dónde.
Mi aventura parisina acabó el Lunes 17. De lo ocurrido por allí ya os dejé constancia en un par de entradas anteriores. Sólo queda contar, por si alguien tiene todavía curiosidad, que tanto mi compañera Verónica como yo hemos superado el curso, recibiendo la certificación correspondiente.
Lo que me encontré al llegar a casa empezó a devolverme a esa cruda realidad que ya os he anticipado. De entrada la casa desierta como un solar; a saber, mi madre en un simposium en Tenerife, las mellizas en no sé qué movida rara que les ha salido en Atapuerca (el sitio ese de Burgos donde parece que se han encontrado restos de antepasados nuestros del año del catapún), y Lorena que se había pillado la semana entera de vacatas para irse con el ínclito de Roberto a esquiar al Pirineo. Y luego el Robertito nos echa la charla en el curro cada vez que le pedimos un permiso de salir antes o pillar un día libre: que si no pegamos ni chapa, que siempre pidiendo días de asuntos propios, que así no hay quien cumpla objetivos, y bla, bla, bla …
Bien es cierto que mi madre ya me había avisado del panorama, y tampoco es que yo esperara el recibimiento del Joventut con la Copa del Rey; pero de ahí a llegar a casa y encontrarme con una especie de igloo helador con la nevera más vacía que un lupanar en Viernes Santo, pues hay una distancia.
La cosa empezó a enderezarse cuando me llamaron dos colegas con una propuesta muy interesante: pasar la semana santa en Lisboa. No es que mi cuenta corriente esté muy boyante, pero de la movida parisina he podido sacar algo de pasta fresca a base de los extras que me han pagado para dietas y que he podido ahorrar en buena parte.
Además el alojamiento en Lisboa salía de balde, ya que fuimos a pegar manga en casa de un conocimiento de mis colegas. Luego la cosa no fue tan apetecible, ya que las estrecheces se hicieron notar en forma de sofá-cama con los muelles más salidos que un abuelete viendo a la Pataki. Y encima el tiempo regulín, por no decir asqueroso. Frio y lluvia por doquier, que tanto hablar del famoso anticiclón de las Azores y yo lo único que recuerdo de las famosas Azores es al trio Aznar&Bush&Blair montando la de San Quintín hace unos añitos.
Arriba os dejo una fotito con el menda al lado de uno de esos tranvías que recorren los cuestorros de Lisboa.
Para los que no la conozcáis, es una city bastante recomendable. Se llega bien en coche, ya que el viaje no se hace nada pesado; aunque eso sí, es pisar asfalto portugués y empezar a apoquinar pasta en peajes a troche y moche.
Nada que ver con París, Lisboa es mucho más cercana a nosotros, mucho más “latina”. Se encuentra fácilmente buen ambiente nocturno y también donde comer razonablemente bien, y todo a precios algo menores a España.
Ahora me doy cuenta que esto, en lugar de un Blog de Basket, empieza ya más a parecerse a uno de viajes. Así que corto el rollo de mis andanzas y retorno a lo que decía al principio que ha supuesto el mazazo de la vuelta a la realidad.
Nada más volver de París me entero de una movida de las gordas. ¿Os acordáis de Laura? Es aquella chavala con la que pude tener un rollo (que no tuve) y que finalmente acabó un poco despechada porque la dije que de ir a visitarme a París ni hablar del peluquín. Bueno, pues la tiparraca ha ido propagando entre mis amiguetes el rumor de que yo la había abierto las puertas de ir a verme a París cuando quisiera, y que cuando ya lo tenía todo organizado yo la había mandado a paseo en el último momento ¡porque me había liado allí con otra tía! Ya me hubiera a mi gustado que eso fuera cierto, pero os aseguro que nada de nada: sigo más seco que los embalses del Guadalquivir. Y encima ahora tengo una fama de cabronazo que no te menees.
Siguiendo con la vuelta a la realidad, la vuelta al curro de hoy lunes ha sido soberana. Reunión de arranque del nuevo proyecto en el que voy a estar embarcado, donde será clave todo lo que se supone que he aprendido en el curso. Los plazos que nos han fijado no es que sean inalcanzables, como casi siempre, es que son para echarse a llorar. Me temo que de aquí al Verano voy a pasar más horas en la oficina que el reloj de fichar; o sea todas.
Y finalmente el SuperManager. Tengo que situaros un poco, porque creo que hace tiempo que no os actualizo la situación. La última jornada parisina también fue buena para mis intereses, de modo que regresé de allí con una ventaja sobre Roberto de 150 puntos clavados, y con este equipo (datos ya después de esta última jornada):
Lakovic, Jaka FCB 1.185.154
Williams, Shammond PAM 1.219.217
Huertas, Marcelinho BLB 1.030.615
Jasen, Hernán EST 875.000
Martínez, Rafa MAN 998.308
Fernández, Rudy DKV 1.894.870
Gomis, Joseph GCV 1.173.846
Eley, Bud GCV 1.130.231
Reyes, Felipe RMA 1.357.364
Gasol, Marc GIR 2.154.385
Roe, Lou PWM 896.000
Broker: 13.915.002
Caja: 12
Pero ha sido entrar de nuevo en la vorágine de la normalidad madrileña y empezar a desinflarse el globo. En esta jornada pasada Roberto me ha recortado 36,6. Gatillazo tremendo de Roe (-3) y de Marcelinho (0 patatero). Y claro, esta mañana en la oficina el mamonazo del Roberto me ha pillado de improviso a las nueve en punto, que ya ni me acordaba de su cancioncilla favorita: “¿Qué pasa, campeón? Se te acabó la buena vida, las vacaciones pagadas por la empresa, que allí te has dedicado más al SM que a lo que te mandamos, ¿eh cabroncete? Pero ya ves, ha sido volver a casita y se te acabó la suerte. Prepárate porque te voy a machacar, te voy a hundir, te voy a...”
Dice el tío que tenía a Kakiouzis y a Kus. Y va a ser verdad porque se ha marcado 224,6, que está pero que muy bien para esta jornada. Y digo yo que ya sólo le faltó Kaloyan (Ivanov) para completar la triple K mortal de la jornada.
Espero que esto sea sólo flor de un día. Yo, por si acaso, me voy a aplicar un poco más a los cambios, no sea que este le de la vuelta a la tortilla y ya no me quede país en el globo donde esconderme si al final me gana.


