No deben correr buenos tiempos para ese neoyorkino de los de toda la vida, orondo oficinista aficionado al baloncesto que desempolva cada cierto tiempo (siempre más del que a él le gustaría) sus añejas Reebok Pump y se marcha, con su desgastado balón bajo el brazo, a tirar un rato a las pistas del Agnes Haywood, en la Barnes Avenue.
Ese hombre alguna vez soñó con ser Mark Jackson. O Rod Strickland. Y ahora, superada la treintena, comprueba que, salvo los intermitentes destellos de Jamaal Tinsley o Sebastian Telfair, la mítica figura del ‘base neoyorkino' (que es en baloncesto lo que decir ‘delantero brasileño' en fútbol) languidece. Los más cínicos dirán, incluso, que el hecho de que el futuro dependa de un individuo como Telfair es la más palpable muestra de la crisis. Si esta decadencia, además, la confirma alguien como Scoop Jackson, que conoce los mentideros baloncestísticos neoyorkinos como la palma de su mano, la decadencia es ciertamente preocupante.
Claro que todo esto le inquieta al aficionado al baloncesto, sin más. El que es de los Knicks bastante tiene con lo suyo. Con vivir preocupado con un equipo cada año más rico, cada año más caro, cada año más caótico y cada año más lejano del anillo. Es verdad que, posiblemente, la nueva era post-Isiah invita a un tímido optimismo, aunque, a primera vista, que las esperanzas de los Knickerbockers se apelliden D'Antoni y Gallinari sólo parece poder tener contento a Paul DiMarco, capo del clan de los Genovese y, por consiguiente, hombre más poderoso de la mafia neoyorkina.
Deberán entonces los románticos aferrarse a dos mitos. O mejor dicho, a un mito y al hijo de otro. En dos operaciones de dudoso peso deportivo pero de incontable peso sentimental, Donnie Walsh, general manager de la franquicia, ha firmado a Allan Houston y a Patrick Ewing Jr., dejando a toda la ciudad en shock y haciendo que todos los fans tengan un déjà vu de diez años. De un plumazo.
Decía John Jay Chapman, ensayista neoyorkino, que el presente es tan poderoso en Nueva York que el pasado se ha perdido. Se notaba que no era de los Knicks.
