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Ser un viciado del SuperManager y no haber hecho nunca nada remarcable desde la primera edición es preocupante. Competir en una liga privada con tu novia y que te gane es muy triste. Pero competir en una liga privada con tu novia y que le ganes porque le has boicoteado los cambios es como para llevarte al zoo de Madrid y competir con los pandas chinos por ver quién recibe más fotos por segundo. Yo, en apenas seis jornadas, lo he conseguido todo junto, aunque la historia merece algunos detalles más.

 

En los casi cuatro años que llevo con mi novia, lo único que había conseguido oír de ella sobre el SuperManager eran cosas como “¿qué, ya estás haciendo cosas feas?”, “¿cómo que tienes que hacer los cambios?, ¡pero si es martes!”, “¿has acabado ya de actualizar la página?, ¿nos podemos ir a la calle?”, “¡deja de hacer ruido con la ruedecilla del ratón, anda!”. O “¿y qué pasa si Felipe Reyes se ha lesionado? Pueden sacar a otro, ¿no?” la misma jornada en que por fin había decidido fichar a Felipe por más de kilo y medio. O “pues no sé por qué te cabreas tanto, si Ricky está jugando súper bien…” el mismo día que había decidido venderle pensando que pincharía. Así que yo me sentía como la mujer del anuncio ese en el que el marido le pregunta “¿y qué tiene de malo ir a dos bodas con el mismo vestido?”, pero al revés.

 

Así que este año he decidido dar un salto de calidad y, haciendo caso al sabio dicho “si no puedes con tu rival, únete a él”, que aplicado al SuperManager es “si a tu novia no le gusta que juegues, créale un equipo diciéndole que os iréis de viaje con 6.000 euros en el bolsillo”, he organizado una liga privada con ella, su hermano mayor, mi hermano pequeño y una de sus mejores amigas (de Ana os hablaré otro día porque una chica que ha estado en el top 2000 durante muchas jornadas hablando de Thomas Chris y de Vázquez Fran se merece un artículo aparte). Mejor no entrar en detalles de cómo creó el equipo con el sabio criterio de elegir los nombres que más gracia le hacían: “Voy a fichar a Teletubbie, a este que se llama como Obama… y a este que habla Ingles para que se entiendan… y a Catalina, que tiene nombre de chica”, para luego pedirme que metiera a ”Garfield el del Valladolid” y que quitara a “Freeland, porque va por libre y crea mal ambiente en el equipo”. El caso es que de una manera u otra, hasta la semana pasada… ¡me ganaba!

 

Pero este fin de semana se fue de viaje, por supuesto no hizo cambios y media hora antes del cierre y con el lío de la suspensión me acordé y se los hice yo. Ni corto ni perezoso, le quito a Teletovic, le meto a Freeland, le quito a Barac, le meto a Terry… y toma, ¡45 puntos menos! Aunque se lo he intentado explicar, creo que todavía no es consciente de la que le he liado en el equipo…

 

Aunque por fortuna para ella, mi jornada tampoco ha sido nada espectacular. En contra de mi voluntad tuve que dejar a Carroll, con el que me las prometía muy felices al descanso (8 más bonus) y al que maldije sin descanso al terminar expulsado, con 12 puntos… y 2 de valoración. Mi jornada al traste con un hombre que necesitó anotar 6 puntos para conseguir 1 de valoración, un dato demasiado habitual entre los aleros americanos y que probablemente os saque de quicio tanto como a mí.

 

Hasta la fecha, entre los 116 jugadores con más de 5 de valoración media (el resto no creo que os interese), la palma se la lleva el estudiantil Blake Ahearn, que necesita anotar 1.88 puntos para sacar 1 puntito de valoración. Vamos, que para tener 20 de media y ser un jugador interesante, necesita irse a una media de ¡casi 38 puntos por partido! La lista la continúan hombres como Chase, Vujanic, Tripkovic, Urtasun o Dean hasta llegar a Carroll (1.47) que ocupa el 9º puesto, De Colo (12º con 1.31), Terry (15º con 1.25), Ingles (17º con 1.17) o Fitch (27º con 1.08).

 

En el polo opuesto encontramos a Ricky (2.4 de valoración por cada punto anotado), Moss (2.1 gracias a su capacidad reboteadora) y Carlos Jiménez (1.86). De hecho, teniendo en cuenta la suma de puntos, rebotes y asistencias, Ricky y Jiménez lideran la clasificación, necesitando apenas una de estas tres cosas para conseguir 1 punto de valoración, sólo por detrás de mi viejo amigo Pedro Llompart, cuya valoración es superior a la suma de sus puntos, rebotes y asistencias y a años luz de Milos Vujanic, el peor parado en esta clasificación.

 

En temporadas anteriores, el base Mario Fernández siempre fue el ejemplo de jugador capaz de sumar en otras facetas menos vistosas, aunque los jugadores importantes también suelen destacar. Del 11 ideal de la pasada temporada, por ejemplo, solo Tucker y Jeter tuvieron una valoración inferior a su anotación. Eso sí, normalmente son estos killers los que son capaces de marcarse una valoración astronómica… o de mandar al garete tu jornada con un fabuloso negativo a pesar de ser uno de los máximos anotadores del partido.

 

Y vosotros, ¿por qué apostáis, por los Carrolls y Fitches o los Rickys, Marios y Jiménez? ¿Y vuestras novias/mujeres qué opinan? ¿Cómo os las arregláis vosotros para satisfacer ambas pasiones? ¡Espero vuestros comentarios!

¡Mucha suerte a todos en la próxima jornada!

Jotas