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Llegas al pabellón y lo primero que haces es identificarlo en la rueda de calentamiento. "Bueno, más feo que de costumbre, pero parece que está en perfectas condiciones", te tranquilizas mientras por fin empiezas a disfrutar del ambiente, en todo caso menos espectacular de lo que esperabas para ser, dicen, la segunda mejor liga del Mundo. La cuenta atrás del reloj del marcador llega a 3 minutos, suena la bocina y empiezan los nervios. Se forma un corrillo y algunos se empiezan a quitar la camiseta de calentamiento. "¿Saldrá de titular? Vamos, hombre, sácalo, que tiene que seguir cogiendo ritmo". No sólo no salta a la pista, sino que además uno de sus colegas empieza el partido saliéndose. "¿Para qué haré experimentos? ¡Si me sobraba pasta!". Minuto 5, 14-2 en el electrónico y un gesto del entrandor les hace saltar de la silla. A él y al chaval, que reaparece después de 6 partidos de baja. Falla un tiro, pasa un minuto. Coge un rebote, pasan dos. Otro rebote, fin de cuarto. "¿Ya? ¡Ganando de 20 y no ha hecho nada. Pfff, otro fracaso de jornada".

 

Para un adicto al SuperManager como yo, que encima no ha tenido la oportunidad de ver ACB en vivo y en directo casi nunca y que además no es de ninguno de los dos equipos que hay sobre el parquet, poco importa que fuera uno de los partidos más aburridos de la liga. Lo único importante del Madrid-Cajasol era que Felipe Reyes, por el que había apostado en bloque como algunos otros managers, se saliera. Así que pasaban los minutos y, entre falta en ataque, rebote y canasta sobre la bocina (que por cierto, me pareció fuera de tiempo), unos pasos que en condiciones normales hubieran sido un 2+1 y su típico tiro de 5 metros que siempre entra menos esa vez, ni los aficionados sevillanos que luego me encontré en El Rincón (el bar) lo pasaron tan mal como yo.

 

Seguro que la gente que había a mi alrededor, incluido el niño de 7 años que le narraba a su padre el partido por el móvil ("la tiene el 7, ahora el 11, ahora la tiene el 4..."), sabía que yo tenía a Felipe en mi mejor equipo. Ya lo dice el refrán: se pilla antes a un SuperManager que a un cojo. Y no me extraña porque los síntomas son claros: se muerde las uñas pese a que su equipo gana por 30, aplaude el fallo de uno que va con la misma camiseta que él, mira continuamente el marcador en busca de las estadísticas de su jugador... e incluso es capaz de mirar al banquillo durante el tiempo muerto, mientras el resto del pabellón (incluso Romay sin disimular ni un pelo) está embobado mirando a las cheerleaders en el centro de la pista. Los más avanzados tecnológicamente, no paran de toquetear su iPhone o similar, metiéndose en la jornada virtual para comprobar que, efectivamente, la apuesta buena era Velickovic y no Felipe.

 

Aprendida la lección. Los partidos, mejor por la tele o por la JV, porque los nervios del directo son insoportables. Sobre todo, si tu apuesta está sobre la cancha y es un tío que tiene, en su misma posición, tres compañeros de más de 900.000 de broker. Aunque visto de otra forma, ver por la JV que uno de tus extracomunitarios no sube de 3 ni de cachondeo a pesar de ser el único pívot de garantías de su equipo (pongamos que hablo de Hendrix), tampoco es fácil de soportar.

 

Y es que, aunque nos parezca evidente que un jugador con más minutos y menos competencia en su puesto lo tenga que hacer mejor, esto no siempre se cumple. Por una parte tenemos el caso de los pivots del Madrid (desde la llegada de Felipe, Garbajosa ha bajado 4 puntos de valoración y Velickovic 6, mientras que Lavrinovic, que debería ser el damnificado, ha subido 2); por otra, tenemos el caso del Granada, donde Hendrix promedia 8 puntos menos cuando Pablo Aguilar es baja.

 

Lo que no se puede negar es que la "compatibilidad" entre jugadores, es uno de los factores más importantes del SuperManager y, sin embargo, uno de los más difíciles de medir y controlar. Profundizando un poco en el análisis, me he dado cuenta que, tal y como dicen casi todos los medios, la sociedad Ricky-Navarro es realmente la más segura esta temporada. Con 13 partidos poniéndose de acuerdo para superar ambos los 10 de valoración (en los 5 restantes, falló Ricky), son la pareja que más veces lo ha hecho, por encima de Splitter-Teletovic (12), Navarro-Lorbek (12), Lavrinovic-Velickovic (11), Splitter-San Emeterio (11), Savané-Carroll (11) y Navarro-Vázquez (11).

 

Demasiado protagonismo para un Navarro que aún no ha bajado de 12 en toda la temporada, así que subamos un poco el umbral. Con más de 15 puntos en el mismo partido, los dominadores son Splitter-San Emeterio (8), aunque empatados con Navarro-Lorbek (8) y por delante de Thomas-Batista (7) entre otras parejas. Si subimos a más de 20 puntos, Splitter-San Emeterio (5) vuelven a dominar, con Ricky-Lorbek (4) y Splitter-English (4) por detrás. Y subiendo a 30, nos encontramos a cuatro parejas: Splitter-San Emeterio, Aguilar-Hendrix, Vasileiadis-Terry y Sonseca-Tripkovic.

 

Pero si verdaderamente queremos ver la dependencia de dos jugadores, tendremos que fijarnos en que siempre hagan valoraciones similares. Que cuando uno se sale, el otro también y viceversa. Ahí, la "pareja ideal" son dos hombres que ya no juegan juntos: Oriol Junyent y Xavier Puyada. En los 5 partidos que coincidieron, ninguno de los dos fue capaz de llegar a números positivos.

 

Pero como la estadística no es demasiado políticamente correcta (y seguramente no le interesa a nadie), nos hemos puesto a analizar los jugadores de más de 400.000 de broker, encontrando a Stephane Dumas y Fede Van Lacke como los más dependientes de la liga. Han coincidido en 5 partidos hasta la fecha y sus valoraciones han sido casi de la mano (4.8/7.2, 1/5, 13.2/13.2, 30/24 y 16.8/31.2). Vamos, que si pensáis poner a uno de ellos contra el Xacobeo, tirad el órdago y poned a los dos. Otros casos interesantes, aunque no tan llamativos, son los de Prigioni-Reyes (en las tres primeras jornadas se calcaron la valoración), Batista-Fitch (casi siempre que uno lo hace mal el otro también y viceversa), Norris-Augustine (5 de las 6 veces que el segundo ha pasado de 15, el primero también lo ha hecho) o Savanovic-Triguero (cuando el segundo pasa de 20 el primero también y cuando el primero baja de 10 el segundo también). Entre los incompatibles destacan Splitter-Ribas (sólo han pasado una vez de 20 los dos juntos), Tucker-Tripkovic (que uno se salga y el otro haga negativo es probable), Mickeal-Lorbek (dos partidos de 18 pasando los dos de 15), Savané-McDonald Ivanov-Cusworth o Llull-Velickovic.

 

Una comida de cabeza más para cuando hagamos nuestros cambios que, por cierto, esta semana serán complicados teniendo en cuenta los movimientos del mercado: ¿Serán compatibles Vujanic y Asselin? ¿Cómo se verá afectado el juego interior del Madrid con Tomic? ¿Será baja Ivanov beneficiando a Cusworth? Al menos, esta vez no sacaré los nervios de casa.

 

Y vosotros, ¿cómo lo pasáis viendo un partido en el pabellón cuando tenéis jugadores de ese partido, ya sea de tu equipo o del rival?