ACBBlogs

Hace unos días, en una entrevista con una emisora de radio, me preguntaban qué es lo que tiene este juego para que nos enganche tanto. Entre los múltiples ingredientes que se me ocurren, por encima de todos creo que es obligatorio situar a las ligas privadas. En mi caso, semana tras semana, me pico con infinidad de personas, desde amigos y familiares, hasta personas a las que nunca he visto y quizá nunca veré (como toda la familia del Rincón y del resto del foro ACB, por ejemplo). Sin embargo, un año más me queda la espinita clavada de no haber conseguido organizar una liga con los compañeros de la oficina.

 

Llegar el lunes y poder reírte de los colegas tras tu victoria en la jornada del fin de semana tiene que ser una sensación espectacular, sobre todo si eres un poco patán (con cariño) como mi cuñado y consigues ganar el desayuno por primera vez en la jornada 8. Supongo que eso mismo es lo que iba buscando mi primo Yago, cuando el viernes me preguntaba "¿qué hago con Caner-Medley, además de cagarme en él? Es que lo tengo en el SuperManager GEPE". No es que mi primo y sus compañeros sean los Rossi y Lorenzo del SuperManager y compitan en una categoría reservada únicamente para ganadores de jornada con doblete (felicidades Oso Pinoso una vez más), sino que así es como se llama la liga privada del Grup d’Estudis en Psicologia de L’Esport de la UAB, un grupo de investigación que se pasa medio día asesorando a padres y entrenadores de futuras estrellas para que no se les vaya la olla y a deportistas de élite y el otro medio preparando a conciencia los cambios semanales del SuperManager, el Fantasy de la Euroliga y otros cincuenta juegos similares de diversos deportes. Creo que es a lo que ellos llaman investigar.

 

Así, mientras en los corrillos de los hospitales se debe escuchar "yo he vendido a Fitch porque está claro que con una contusión con lesión ligamentosa y edema óseo no va a jugar", en las oficinas bancarias "voy a meter más de 1 kilo en un plazo fijo al 15% con Barac y Gabriel, que arriesgando con INGles, mi otro alero y cada día el de menos gente, ya perdí demasiado dinero y fichar a Felipe puede llevarnos a otra crisis subprime", en las escuelas de ingenieros se oye un "Mumbrú debe ser un fijo esta jornada porque la integral cúbica de la transformada de Fourier de sus partidos en casa entre el desarrollo de Taylor de grado 7 de los puntos recibidos por el DKV cuando juega contra un ex jugador en domingo a las 12:30 se anula en el origen", y mi primo y el resto de psicomanagers (Jaume, el míster que deja jugar, Miquel, el capi que siempre va un paso por delante, Saül, el rookie explotado al que encargan la creación y administración de la liga y Fernando, el extracomunitario que se está adaptando a la liga) se pasarán esta semana asegurando que mantendrán a Tucker porque "su clara orientación al ego y su elevada tolerancia a la frustración le llevarán a sobrepasar los 30 como ya hiciera tras el -7 de hace unas semanas" o que "antes de fichar a Reyes prefieren ver qué tal combina sus procesos conductales, emocionales y racionales en el partido de Euroliga del jueves". Aunque tengo que reconocer que son valoraciones algo más exhaustivas que las que se oyen en otros colectivos del estilo "me da igual que Basile esté lesionado. ¡Es el más guapo y se queda en mi equipo! Y porque no me dejan fichar a Jasaitis, que si no…" Lo más curioso es que, conscientes de la importancia del trabajo en equipo en el baloncesto, en lugar de picarse a muerte en la liga privada, organizan dinámicas de grupo para decidir los cambios de todos los miembros… eso sí, ¡que nadie se atreva a ganar al jefe!

 

Aunque los señores del GEPE lo que realmente me gustaría que me explicasen es lo que tienen en sus cabecitas algunos jugadores (y esto no es un anuncio de champú anticaspa) para que su rendimiento sea tan diferente cuando juegan ante su afición a cuando lo hacen fuera de casa. Y fijaos que digo diferente y no mejor, porque aunque el 60% de los jugadores rindan más en casa, anoten un 8% más, den un 14% más de asistencias, tengan un 11% más de acierto en triples y consigan el bonus en un 65% de las ocasiones, hay casos tan raros como el de Clay Tucker, un tío capaz de desquiciar al Olímpic de Badalona con un -7, un 8 y un 0 consecutivos y promediar más de 20 en los cuatro partidos que ha disputado como visitante. Quizá alguno se lo pensará dos veces antes de venderlo al comprobar que sus dos próximos partidos son lejos de Badalona. Además de Tucker, otros 21 jugadores, entre los que destacan hombres como Calloway, Banic, Van Lacke, Gianella, Splitter o Batista tienen una media de valoración ACB como visitante, al menos 5 puntos superior a la local.

 

En el polo opuesto encontramos a los jugadores más caseros. David Doblas es el paradigma de jugador con un rendimiento altísimo en casa y frustrante como visitante: su media como local es de 16.33 y como visitante se va hasta un escalofriante 1.40. Por cierto, sus dos próximos partidos son en casa, donde no ha bajado de 12 y a partir de 9 sube el 15%. Cerca de Doblas encontramos a hombres tan importantes para sus equipos como Fitch o Carroll, con valoraciones  locales más de 13 puntos por encima de las visitantes. Chase, Nielsen, Teletovic, Savané, Terry, Barbour, Moss o Suárez están también en el grupo de los que se salen en casa y no llegan a 10 fuera.

 

En las próximas dos jornadas, Fuenla, Lagun Aro, Manresa, Murcia, Madrid y Unicaja jugarán sus dos partidos en casa, mientras que Cajasol, Estudiantes, DKV, Barça, Gran Canaria y Valencia no pisarán sus pabellones en las jornadas 10 y 11. Sin duda, dos buenas jornadas para aprovechar ese factor psicológico (llámese miedo escénico o como queráis llamarlo) que conduce a los jugadores a ser incapaz de ofrecer a su público el mismo espectáculo que al de los pabellones ajenos.

 

Aunque pare análisis psicológico de interés internacional, el de las reacciones de los managers antes, durante y después de la jornada, especialmente al ver en la clasificación como, una vez más, tu colega de trabajo te ha ganado el desayuno del lunes...

 

Y vosotros, ¿qué tal en vuestras ligas con compañeros de trabajo o de clase? ¿Cuál es el premio para el ganador? ¿Podéis aplicar algo de vuestro trabajo al SM?