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El nombre de Brian Asbury puede sonar mucho esta temporada, por lo que es conveniente apuntarlo. Nacido el 1 de octubre de 1986 en Miami, Florida, quién le iba a decir a Brian que acabaría jugando en España, la tierra de donde proviene el idioma que hablan la mayoría de sus conciudadanos. Este alero de 2’01 metros se crió deportivamente en la South Miami High School, desde donde dio el salto a los Hurricanes de la Universidad de Miami. No destacó en demasía. Su mejor año, el de sophomore, dejó unos registros de 11’7 puntos y 6 rebotes por partido, que dejaba entrever una gran habilidad para rebotear, pero que no era suficiente para ser drafteado.

 

De padre guineano y madre estadounidense, Asbury cuenta con pasaporte Cotonou, lo que le convierte en un jugador aún más interesante. Se encargó de confirmarlo en Israel, la tierra prometida que le dio la oportunidad nada más cruzar el charco. Nadie fue capaz de imaginar que Asbury explotaría como un auténtico ‘killer’. En su primera temporada con el Hapoel Kiryat Tivon, el jugador se fue hasta los 28’3 puntos y 7’5 rebotes por noche, convirtiéndose en una referencia absoluta de la ‘Israel National League’, segunda división del país. No fue fruto de un año mágico, la temporada siguiente conquistó el título de máximo anotador de la liga con 27 tantos por choque en las filas del Hapoel Usishkin Tel-Aviv, al que acompañó a la final.

 

Tan sólo le quedaba la asignatura de jugar al máximo nivel en Israel, y cumplió con creces con el Green Tops Netanya, con unos números escandalosamente prometedores de 18 puntos y 7’6 rebotes y 1’7 asistencias, para un total de 21’7 puntos de valoración, siendo el segundo mejor de la competición en ese apartado.

 

Asbury es un ‘3’ con un físico prodigioso que acompaña a una mentalidad anotadora letal. La canasta entre ceja y ceja, siempre. Este jugador es la referencia ofensiva ideal para cualquier equipo. Mucho más para un Cajasol prácticamente nuevo. Fuerte y rápido de manos, Brian Asbury es un jugador muy difícil de defender. Posee ese estatus de jugador especial que puede llegar a ser imparable. Lo lleva en las manos. Tiene una gran capacidad de salto y una zancada espectacular, lo que le permite driblar a su defensor con un primer paso mortífero que le ayuda a encarar la canasta con potencia. Siempre busca el aro, penetra constantemente y es capaz de rectificar muy bien ante los contactos en el aire de sus defensores.

 

Sin embargo, en ataque no todo son virtudes. Uno de los grandes lunares de este ‘3’ es el tiro exterior. Sufre mucho cuando se trata de lanzar, y aunque el año pasado gozó de un porcentaje de tres más que aceptable (40%), apenas se prodigó desde el 6’75 (14 de 35 intentos). Éste es uno de los grandes déficits a mejorar y que a buen seguro podrá pulir con Aíto, que también trabajará con él movimientos en el poste, donde Asbury aún puede progresar para convertirse en un jugador muy completo en recursos. Un año en la Liga Endesa le puede convertir en un jugador total.

 

Pero, posiblemente, su gran problema se encuentra en que a veces peca de individualista. Acostumbrado a ser la referencia ofensiva desde que llegó a Europa, tiene problemas para pasar salvo que la acción sea clara y evidente. En la Liga Endesa se encontrará con marcajes más duros y será de vital importancia que mejore esa compenetración con sus compañeros. Ello le hará un jugador aún más imprevisible y difícil de secar.

 

Con tanta vocación ofensiva, podría parecer que Asbury hace aguas en defensa, pero nada más lejos de la realidad, estamos ante un ladrón de pura cepa. Su gran envergadura, con unos largos brazos, ya le permitió promediar 2’3 recuperaciones en su primera temporada en Israel. El año pasado, en la ya competitiva Superliga israelí, destacó con 1’3 robos por choque. Su carácter e instinto reboteador mostrado en su época universitaria, no se ha perdido, sino que no ha hecho más que crecer considerablemente, como se puede comprobar en sus promedios del año pasado con el Green Tops Nepanya.

 

Más allá de la frialdad de los datos y estadísticas, Asbury alberga en su interior unos intangibles valiosos y preciados que le convierten en un líder fiable. Para nada es un jugador anárquico, es un bregador nato y lucha siempre para hacerse con el balón, estando en multitud de ocasiones en el momento y lugar oportunos. También se crece en los partidos importantes y momentos calientes. El año pasado lo demostró ante el poderoso Maccabi Tel-Aviv, al que endosó 18 puntos y 7 rebotes, o en su etapa universitaria, donde más de una vez fue fundamental para su equipo en los últimos minutos de partido, con canastas ganadoras inclusive.

 

En definitiva, Brian Asbury es un jugador brillante, un arma punzante en ataque para este remozado Cajasol, que ha pasado de fichar experiencia ACB por jugadores novatos en la liga. Nunca se es una garantía, pero si Asbury se aclimata bien a la Liga Endesa dará que hablar. Tal como se empezó, habrá que apuntar su nombre

 

Daniel Moya
Zonadostres.com

@danmoylop