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Habitual en todas las convocatorias de las selecciones españolas de categorías inferiores, Rai López es un base formado en la cantera del Unicaja, club a través del que llega cedido al Lagun Aro GBC, para completar la tripleta de bases junto a Sergio Sánchez y Ricardo Uriz. En su a priori puesto de tercer base, Rai deberá adaptarse a un entorno completamente nuevo y a un rol que no le reservará tanta importancia como la que gozaba tanto en el Unicaja como en el Clínicas Rincón Axarquía, en el que ha militado las dos últimas temporadas.

 

Con 20 años, el quijotesco Raimundo López de Vinuesa Piote aterriza en la ACB tras cuajar una buena temporada en LEB Oro con el vinculado cajista, una buena Fase Final del Circuito Sub20 y un decepcionante Europeo Sub20 (pese a hacerse con otra medalla de bronce, la tercera en su carrera).

 

Foto FIBA Europe/Aldis Neimanis

Rai López, aprovechando su velocidad para el contraataque (Foto FIBA Europe / Aldis Neimanis)

 

Director de juego poco por encima del 1.80, cuenta con la chispa, el ritmo y la revolución como las que pueden ser sus principales armas en la élite del baloncesto español. Especialmente rápido en las transiciones, Rai es capaz de llevar los contraataques a una velocidad difícilmente alcanzable por sus rivales, merced a un buen dominio del bote en carrera y una velocidad y aceleración a campo abierto de las que sabe sacar partido. Pero no sólo el contraataque es cobijo de su habilidad; cualquier mera transición ofensiva puede volverse peligrosa en manos del malagueño, capaz de pasar el balón (media canasta) a aquellos compañeros que aprovechen sus óptimas habilidades en la transición ofensiva.

 

Base de ritmo alegre, con instantes que pueden llegar a una amable locura generadora de balones perdidos, es capaz de dotar de chispa a quintetos aletargados, a base de su velocidad y de unas habilidades creativas que le convierten en un potencial pasador.

 

A diferencia de su refugio en los ritmos rápidos, los ataques fugaces y la felicidad anotadora, Rai López se encuentra menos cómodo en los ataques estáticos, en los que no ha acabado desarrollar todo el afán creativo que parecía apuntar en categorías inferiores. Sin unas condiciones atléticas –más allá de su velocidad– que le permitan superar a sus defensores por mera potencia del primer paso, debe romper a partir del bote y de la habilidad en el dribbling, lo que le puede hacer sufrir ante defensores de asfixia y acoso en una categoría donde no podrá amasar el balón más de la cuenta.

 

El tiro exterior... Capítulo aparte. El estigma del pasado Europeo Sub20 va a perseguirle durante bastante tiempo. Sin cuajar una buena actuación global, fue especialmente llamativo su 0/23 en triples (con un sangrante 0/7 en el partido de la segunda fase ante Grecia), aunque es mucho menos representativo en un análisis global del jugador de lo que se pueda creer. Más bien parece el reflejo numérico e hiperbólico de un mal campeonato que no un resumen de sus habilidades. Y es que, lejos de ser un tirador puro, el nuevo jugador del Lagun Aro GBC no es, ni mucho menos, un agujero negro en el lanzamiento exterior. Especialmente en estático, aunque también plantándose en la línea de tres en contraataque o, en menor medida, tras bote, Rai López puede lanzar desde 6,25 con suficiente soltura como para no quedar marcado a fuego por ese 0%. De hecho, 41% en la liga regular de la LEB Oro y 52% en la Fase Final del Circuito Sub20 no parecen porcentajes de alguien con mano de madera.

 

 

Foto Unicaja

 El base malagueño, durante un calentamiento con el Unicaja ACB (Foto Unicaja)

 

Sus limitaciones atléticas y físicas en cuanto a potencia, fuerza y centímetros pueden generarle problemas en la defensa a bases ACB, donde deberá mejorar para poder ganarse minutos. Con atacantes de piernas más potentes, con la altura suficiente como para llevarle al poste bajo y jugarle el 1x1 de espaldas o ante la abundancia del doble bloqueo directo al base rival, el malagueño puede sufrir en el apartado defensivo.

 

A falta de conocer los minutos que reserva para él Pablo Laso, parece partir con un rol de tercer base que podría dirigirlo hacia funciones de revolucionario, de pólvora en velocidad para desencallar partidos y desentumecer a compañeros. Darle otra marcha diferente de la de Sánchez y Uriz, cuando se busque un baloncesto a la carrera, en un papel, eso sí, que podría limitar esa faceta creadora a la que apuntaba y que sólo puede acabar de desarrollarse con amplios minutos en cancha.

 

por David Vidal