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Para los periodistas sería una faena, pero para algunos entrenadores, y para los aficionados, sería perfecto: camisetas sin nombre, jugadores sin rostro. Que jueguen los mejores, independientemente de su apellido, de su edad, e incluso si me apuráis, de su trayectoria pasada.


En la selección de fútbol, Raúl es un claro ejemplo. Hay que respetar a un hombre que lo ha ganado todo, que tiene las mejores estadísticas del fútbol español de todos los tiempos. Respeto, el máximo; servilismo o derechos adquiridos, los justos.


En el deporte profesional, tienen que jugar los mejores.

 

Es una cuestión de justicia. Y Aíto es un tipo justo. Escuchaba hoy a algún avezado especialista criticar al seleccionador español por poner a Ricky Rubio en el quinteto inicial. Como si García Reneses fuera a tirar piedras contra su propio tejado.


Con Aíto sólo cuenta el presente más inmediato. Como debe ser. Si Ricky ha jugado mejor que Calderón, Ricky entra en el quinteto. Si Calderón coge el mensaje y espabila – hoy lo ha hecho- perfecto. Si no – ¿verdad Navarro?- es su problema. No merece entonces estar en un equipo donde la competencia es máxima y donde los jugadores 13, 14, 15, etc podrían haber estado aquí perfectamente.


Del partido en sí, hemos defendido como no lo hacíamos desde el partido ante Grecia. Me congratula ver que Calde va a estar para ayudar al equipo, que Garbajosa va cogiendo el ritmo, que Mumbrú, Jiménez y Reyes le dan un plus impagable de sabiduría y trabajo sucio al equipo, y que Pau está con ganas de volver a jugar contra Kobe.


Para eso queda sólo un capítulo por escribir, un capítulo que llevábamos esperando reeditar 24 años. Semifinales olímpicas, segunda edición. Año 2008. Firmado: España, sin más, sin nombres en la camiseta.