ACBBlogs
ACB
Orange
23/08/2008

Yo tenía 15 años. El verano en Torrejón transcurría como todos los años: fiestas en junio, campamento de verano en julio y piscina+baloncesto en agosto. Baloncesto “chanclero”, de partidos a siete canastas con tres equipos. De canastas y de risas.


Y luego estaba la selección. No estaba la URSS, pero sí Estados Unidos, con Jordan. Y Yugoslavia, con Petrovic. Aquel equipo tenía alma. Corbalán era un maestro dirigiendo; Epi, un ejemplo de trabajo y constancia, un gran tirador; Itu era listo como un conejo; Fernando Martín, un ídolo de masas, un auténtico ganador; y Andrés Jiménez un adelantado a su tiempo. Los demás, Solozábal, Llorente, Arcega, Margall, Romay, De la Cruz y Beirán, aportaban lo suyo, y en el banquillo, Díaz Miguel transmitía una ilusión por el baloncesto que contagiaba a todo un país.


Entre madrugón y madrugón, a ritmo de Los Nikis, toda la chavalería de este país se enganchó a un deporte fantástico. La plata de aquella selección disparó audiencias y todo el mundo hablaba en bares, oficinas y playas, de lo magnífico de nuestro equipo nacional. Grandes tiempos. Hasta se llegó a cuestionar si el fútbol era el primer deporte nacional, como defendían algunos, o si el baloncesto le había adelantado por la izquierda sin intermitentes. Daba igual. El número de licencias creció espectacularmente. Los pabellones se llenaban para ver a los subcampeones olímpicos. Todos los niños querían ser Epi o Fernando Martín. Y los cromos, por supuesto, eran también de basket.


Esas sensaciones están otra vez en la calle. Mañana jugaremos una final olímpica contra Estados Unidos. El equipo norteamericano del 84 era extraordinario. Éste también lo es. 24 años más tarde, todos hemos cambiado; algunos, simplemente, no habían nacido; otros muchos, incluyendo a algún componente de aquel equipo, no están ya con nosotros, aunque están sin duda pendientes del partido desde donde quiera que estén.


Y para muchos otros, ésta será “nuestra” segunda final olímpica. Yo ahora tengo 39 años. Y mañana tendré la oportunidad de narrar un partido histórico en Eurosport, junto a mi amigo Pepe Laso. Lujo de amigo y lujo de partido. Y ante tal acontecimiento, poco importa que pensemos que España no esté ni al 70 % de su nivel; poco importa que creamos que éste no parece un equipo de Aíto; poco importa que Navarro parezca abducido por un mal oculto. Es momento de saborear. Lentamente. Masticando cada canasta, cada asistencia, cada rebote; que 24 años son demasiada espera. Que lo disfrutéis amigos.