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Repetid conmigo: vamos a jugar la final. La vamos a jugar. Sí, ya sé que los americanos nos han pasado por encima y que el desánimo se expande como la pólvora entre los españolitos. Ya sé que Calderón no está bien, que Navarro tampoco, ni Garbajosa; soy consciente también de que Pau Gasol y Rudy Fernández pueden dar mucho más de sí, pero no debemos ser derrotistas.

 

Este equipo está muy lejos en sensaciones al que se proclamó campeón del mundo en Japón, pero aún estando al 70% de nuestras posibilidades, somos mejores que la mayoría y los cruces para llegar a la final parecen favorables: Croacia en cuartos y Lituania o China en semifinales serían nuestros rivales antes de la final del día 24. Mucho peor hubiera sido compartir parte del grupo con Grecia o Argentina.

 

 

Llegados a este punto, el objetivo es claro. Volver a encontrarnos con los americanos en la lucha por el oro, igual que hace 24 años, en Los Ángeles, cuando los Epi, Corbalán, Fernando Martín y compañía lograron una plata inolvidable.

 

Será un último partido para disfrutar. Ante unos americanos que, esta vez sí, plantean los partidos como si fueran italianos, que son capaces de apartar el lucimiento personal en pro del bien del grupo, que son capaces de sacrificarse para conseguir recuperar, con toda justicia, el apelativo de "Dream Team".

 

El equipo de los sueños ha vuelto y hoy hemos vivido una pesadilla porque en el fondo, no nos engañemos, lo que nos deja con mal sabor de boca no es que USA nos derrote con claridad, sino que España haya jugado un mal partido. Sólo Ricky "Harry Potter" Rubio y Felipe Reyes han jugado a un gran nivel. Y eso es muy poco para plantar cara a los americanos.