Perdón por la pregunta, hecha así, de buena mañana y sin avisar. Viene a colación porque en el partido USA-China que tuve la fortuna de narrar ayer en Eurosport con Pepe Laso y Gonzalo Vázquez en los comentarios, salió a debate el asunto, una vez que los chinos dejaron de meter triples y los americanos se marcharon en el marcador a base de robos de balón y mates (algunos de ellos precedidos de unos pasos escandalosos).
Laso abrió la caja de los truenos comentando que, en su opinión, la actitud de Pau Gasol en muchos partidos no es la más deseable para un jugador de su talento. Echamos la vista atrás, para recordar partidos en los que nuestro jugador más reconocido se hubiera partido el pecho dentro de la zona. Nos acordamos de algún partido del Europeo de Suecia y, sobre todo, del partido ante USA en los Juegos Olímpicos de Atenas.
Desgraciadamente, no salieron más ejemplos. A Pau, indudablemente el jugador que más alto ha llegado en la historia del baloncesto español, le persigue el fantasma de no haber podido jugar por lesión la final del Mundial, y de no haber anotado el tiro decisivo en la final del Europeo del año pasado en Madrid. Y eso probablemente no sea justo, pero nadie puede impedir que ese comentario esté en las tertulias de basket en nuestro país.
Huelga decir que el mayor de los hermanos Gasol es, hoy por hoy, no sólo un jugador de baloncesto reconocido en todo el planeta, sino también un personaje con gancho comercial indudable. Gasol, junto a Nadal y Fernando Alonso, protagoniza unas cuantas campañas de publicidad de firmas que quieren identificar sus productos con un astro del deporte de su talla.
Ello, no obstante, perjudica notablemente la libertad del periodista para decir lo que piensa, abiertamente, desde el respeto máximo, pero sin el más mínimo tapujo. Las marcas comerciales que tienen a Gasol como estandarte se anuncian en los medios y éstos tienen que valorar la rentabilidad económica que esas campañas reportan a las arcas de la empresa, por encima en ocasiones, de la tan necesaria crítica constructiva.
Hay, por otra parte, periodistas forofos que no pueden o no quieren discernir la pasión de la realidad y que prefieren ver complots extraños antes que reconocer que nuestros deportistas -Gasol entre ellos- tienen un altísimo nivel, pero tienen sus limitaciones.
Lanzo, pues, a mis amigos de este blog la pregunta con la que encabezado el texto, porque siempre está bien saber qué piensan al otro lado. ¿Somos los periodistas objetivos con nuestros deportistas?. Desde el respeto espero vuestras respuestas.


