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Cuando la razón pudo con el ansia, la lógica se disfrazó de femme fatal y el 2-0 tiñó la serie de blaugrana, toca apelar a la locura. Golpes de genialidad, de ímpetu, de ganas, de sueños. Chispazos que aviven la llama de Miribilla, que quiere llevar en volandas a su equipo hasta el quinto encuentro de la Final ACB.

En la batalla de la locura, Kostas Vasileiadis es rey. “No hay un gran genio sin mezcla de locura”. De Aristóteles a Kostas, de griego a griego, de filósofo a jugador. Un definitivo 0-3 es una situación imaginable. Empatar la serie sin genialidades de Vasileiadis, improbable. Un 2-2 sin su entusiasmo, su pasión y su locura, simplemente imposible.

 

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El Bizkaia Bilbao Basket apela al corazón para recuperar su baloncesto. No es mal camino. Un disco, un libro o el más bello desde los deportes, da igual. El arte se perfecciona desde la inspiración, desde el sentimiento. Y con 0-2 en contra, los argumentos técnicos o baloncestísticos se multiplicarán con cada latido. Ahí entra en escena Kostas.

Lejos queda aquel chaval irreverente por el que pagaron 3,5 millones de dracmas –unos 10.000 euros- cuando aún casi ni se afeitaba. Ese chico de 16 que cuando debutó se atrevió a tirar. Y después, otra vez. Y otra. Y otra. El miedo, para los que no creen.

Aquel codazo en la cara de Kenny Miller -“En ese momento dejé de ser niño para convertirme en hombre”-, sus 25 puntos por encuentro en el Europeo Sub20 o su llegada a Málaga para ser campeón, con una timidez de inicio que se quedó en espejismo.

“Solo acabo de llegar. Necesito expresarme en la pista”
. Y lo hizo. Y lo hace. Conexión total con las aficiones de Unicaja, Obradoiro y Bilbao Basket las del alero que aterrizó en las orillas del Guggenheim obligándose a jugar Copa y Playoff, quizás sin imaginar que rozó ser leyenda en el torneo por sus 7 triples y que su Bizkaia BB acabaría plantándose entre los dos mejores equipos ACB.

 

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Profético, anunciaba en el ecuador de la liga que su equipo, mitad genio y mitad irregular, como él, había demostrado jugar mejor contra los equipos grandes. Que pregunten por Valencia o Madrid, tras un Playoff en el que, más tarde o más temprano, siempre aparece. ¿Esconderse? ¿Y qué es eso?

Su irrupción en el final del primer partido de cuartos para poner a su equipo a 2 a falta de 5 minutos, su sangre fría en el segundo para dejar sentenciar con incontables tiros libres finales, ese par de triples en el último cuarto del tercer choque para confirmar el triunfo bilbaíno o, tras un par de partidos más discreto –que no cobarde-, sus dos triples consecutivos para hacer soñar a toda una afición con la remontada en el Palau.

“Vasileiadis le está haciendo un ‘Navarro’ al Barcelona”
, apuntaba con precisión e ironía Natxo Mendaza por Twitter. “Me encanta cómo tira Vasileiadis… incluso cuando mete”, espetaba Javier Ortiz para definir a un jugador cuyo simbolismo trasciende los números. Jamás un 31% en tiros de 2 y un 32% en triples habían inspirado tanto temor a un rival que sabe que el griego lanzará todo lo que haga falta con tal de cumplir sus sueños.

A 0,62 puntos por minuto –en lugar de los 0,51 de la regular-, a solo 15 de llegar a los 1000 en ACB, hombre a parar en el esquema de Pascual y la chispa que necesita el Bizkaia Bilbao Basket para volver a creer.

 “Mi expresividad es buena, si no tienes esa confianza no puedes hacer las cosas que sabes hacer: dar un buen pase, tirar… todos los jugadores nos divertimos en la cancha. Podemos ganarle a cualquiera”
, afirma aquel que cree que, tras la presión, toca “jugar como antes”.

 

Bandera griega a una mano, camiseta de Toquero en el torso. Sonrisa sin mesura, ambición con sobrecarga. Un grito, mil. Brazos al viento, al mismísimo cielo de Miribilla. El pabellón se cae. El pabellón cree. Su equipo confía. La locura enciende la mecha.



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¿Diversión, locura? ¿Y qué más da el nombre? ¿Y quién es el loco en este caso, el que sueña o el que baja los brazos? ¿El que grita y jalea o el que no siente?

“El individuo bien equilibrado está loco”
, escribía Bukowski. Quizás en Miribilla, el equilibrio en la serie empiece por ahí. Por la locura. Por su chispa. Por la diversión. Por Vasileiadis.

 

"Hola, me llamo Erazem Lorbek y soy tan bueno que consigo que parezca que tú también podrías dinamitar una #FinalACB sin despeinarte"

No sé bien por qué puse esta frase en Twitter y aún menos por qué más de 50 personas la “retwittearon” por la noche, pero sí que Lorbek, Erazem Lorbek, fue un factor diferencial demasiado grande como para que el Bizkaia Bilbao Basket tuviese alguna opción este jueves. Menuda perogrullada decir eso de alguien que acabó con 24 puntos y 28 de valoración, ¿verdad?

Pablo Malo de Molina
se sumergía en una orgía de números y datos que hacían aún más grande el encuentro de Lorbek. “Me lo pido para el blog”. “No, no, ya voy a hacer yo un artículo con sus cifras”. Y lo hizo. 59-35 con él en la pista, 15-24 para el Bilbao sin su presencia, récord en Playoff y la curiosidad que sus tres topes anotadores de siempre en ACB han sido frente a los bilbaínos.

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¿Y de que escribo pues? De sensaciones. De ese pequeño universo donde el esloveno siempre sale vencedor, digan lo que digan los números. “La frialdad se ha fijado en mi recuerdo; era tan fría, ¡tan fría!, que al estrecharla en mi pecho su corazón no latía”, escribía Niestzche.

Este jueves el corazón de Erazem no latía. Frío como el témpano, sin escrúpulos, se propuso romper el partido sin hacer ruido. Y eso es tan complicado como hacer bailar sin música. Sólo unos pocos, fríos todos ellos, lo consiguen. Un triple por aquí, otro por allá, un tercero para romper el partido.

“Sin fallo. Bailo en la zona y la dejo dentro, muestro mi juego de pies y mareo al rival, por aquí, no… por allí, y vuelve a entrarme. ¿Qué me vienen tres rivales? Pues la doblo y canasta. ¿Qué me dejan solo? Tiro a 5 metros y acierto. No fallo. Tan suave, tan sencillo y tan frío que parece imposible hacerlo”.

Ya lo hiciste en cuartos de final, contra Unicaja, con números menos estridentes pero una actuación decisiva. Repetiste en semifinales, con un choque a un nivel casi tan alto como el primero de la final, que ya es decir.

“Asesino silencioso” te llamaba Pep Sales, aturdido por la exhibición y por lo fácil que parece el baloncesto con jugadores que lo tienen tan claro. ¿A que parecía que cualquiera de nosotros repitiendo el poco complejo guion éramos capaces de imitarle? Ahí reside su grandeza. La sencilla frialdad.

Empero, no solo de Lorbek vivió un Regal Barça que, y ya perdimos la cuenta, vive, actúa y morirá, si hace falta, siempre como un equipo. Solo Ricky Rubio se quedó sin anotar un punto, aunque el base de El Masnou ofreció un par de guiños nostálgicos que recordaron a su mejor versión. Esa asistencia tras pasarse el balón por la espalda y ese tirarse al parqué, con toda su alma, para rozar un balón y convertirlo en pase. Y en dos puntos. Rickyrubiesco.

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Soberbio Perovic, cuya puesta en escena asustó. En sus primeros 6 minutos, 5 puntos sin fallo, 4 rebotes, 2 robos, 1 tapón, 1 asistencias, 1 falta forzada y 14 de valoración. Si el segundo hombre con menos minutos durante la regular es capaz de eso, es para pillar un trauma. Y al Bizkaia Bilbao Basket le costó salir de él.

Cada vez que lo intentaba, otra puñalada de talento. El primer balón que tocaba Ingles acababa en triple, Grimau lo hacía todo bien y Ndong no se aburría de tocar y atrapar todo balón que rechazaba el aro. Si el día en el que entre Navarro y Anderson suman un 7/22 de tiros de campo el equipo sigue sin inmutarse, apaga y vámonos.

No tan rápido. Que enfrente está el Bizkaia Bilbao Basket. “Setecientas vidas para un sueño”, recordemos. Que las tienen, que las tienen de verdad. Banic decía hace 48 horas que ni un 0-2 les aterraba porque estaban preparados para cualquier escenario posible. Miribilla también. Aunque volver a casa con 1-1 convertiría el reto en sueño. Y de esto, en Bilbao, han aprendido mucho esta temporada…
03/06/2011

Hoy no te puedo preguntar que sientes. Hoy no. Lo sé. Lo sabe todo el baloncesto. No disimulaste nada e hiciste bien. Ocultar una alegría es como tan frustrante esconder un amor.

¿Te acuerdas cuando te ilusionaste en verano con Aaron Jackson y nadie te terminaba de creer? Ahora los escépticos son sus mayores fans. ¿Cómo se puede tener tanta hambre, comer tanto en pista y no empacharse jamás? ¿Cómo alguien tan eléctrico no deriva en cortocircuito? Sus cinco últimos minutos, con sus virtudes y fallos -¿los tuvo?- son para grabarlos y enseñárselos a las generaciones futuras, con moraleja incluida: “Creer es ganar”.

 

O. Omeñaka/EFEDOS

 

Tú también, Dimitrios. Te mereces un monumento. Vaya Playoff te estás marcando. ¿Cómo lo haces todo tan sencillo? Viéndote uno mismo piensa que podría salir a la pista y decantar las semifinales con un par de buenas acciones. Tu  seguridad en el momento de la verdad -5/5 en los últimos dos partidos, 17/26 en el Playoff-, tus gritos de rabia tras cada acción positiva y tu fe, infinita, bien valieron una final.

 
Axel, cuéntanos cómo lo hiciste. Desafiaste al tiempo, a la gravedad, a la misma lógica. El aro pasado del belga es una de esas acciones que marcan eras completas, como el no-triple de Ansley o aquel final de Creus. “The shot”, versión Miribilla.

Los números mienten en ocasiones y dicen medias verdades en otras. A veces, solo a veces, se les escapa alguna verdad. Por ejemplo, a la hora de medir la concentración cuando más cuesta mantenerla. 29/31 en tiros libres… ¡94 % en el partido más importante de la historia del Bilbao Basket! Si alguien aún duda de ti, golpéale con ese dato en la cara.

 

“El TAU Cerámica enseña al Lagun Aro Bilbao lo dura que es la ACB”, titulaba ACB.COM en tu debut en la elite, allá por 2004. El cambio de nombre es el menor de los detalles en tu metamorfosis. De aquel 57-104 con el que la ACB te dio la bienvenida a este pase a la final hay un camino de 7 años, con paso firme y seguro, las cosas bien hechas, coherencia. Crecimiento sostenible, que diríamos en otro terreno.  


Los adolescentes siempre tienen prisa por crecer, mas te hiciste adulto sin perder la perspectiva y sin dejar de pisar el suelo. Ahora te toca volar solo, en el reto más apasionante que te has encontrado jamás, el de la final.


Del bucle de la historia –hasta cinco veces la has hecho en este Playoff, uno por triunfo-, al topicazo de los sueños -¡que es una realidad, no un sueño!-, tu camino ya está escrito. Tinta negra, elegante, imborrable, de esa que aún gana valor con el tiempo. Ahora está en tus manos cerrar el libro con el epílogo soñado por los tuyos, que hoy lloran lágrimas entre sonrisas recordando tu machada de anoche, o dejar abierto un final, una esperanza, un “continuará”…

 

O. Omeñaka/EFEDOS
 

 


Es la magia de la primera vez. La primera vez que ves el mar parece más azul que nunca, el primer día que vas al colegio solo te sientes el niño más maduro del mundo y el primer beso te provoca pensar que estás perdidamente enamorado. Pero lo tuyo no es una ilusión, Bilbao Basket. No es espejismo sino machada y heroicidad


“Uno no sabe lo que es la sed hasta que bebe por primera vez”
, escribía Carlos Ruiz Zafón.  Desde ahora tendrás sed, sí, y quizás las gestas del ayer o del mañana te parezcan un poco menores si las comparas con esta. No sería justo. No serías justo contigo mismo.


Gestos, detalles, celebraciones. Lo vivido anoche en Miribilla, por más que hubiera cámaras como testigos, sólo lo sabréis el pabellón y tú, cómplices ya eternos. Y entre vosotros quedará a salvo el secreto más emocionante que vivistéis jamás en el baloncesto. Te espera ahora el Palau, que te hace un hueco encantado. Un lugar con tanta historia crece con visitantes capaces de reescribirla día a día.

¿Qué sientes, Bilbao Basket?

¿Qué sientes cuando tantos sueños empiezan por ti? ¿Qué sientes cuando el cielo se viste de negro?

La primera victoria en Playoff, historia. El primer billete a siguiente ronda, historia.  El primer triunfo en semifinales, el segundo… historia, historia.  Maldita sea, ¿no te cansas de esa palabra? Ya has cumplido tus deudas con ella, ahora solo juegas por ti.

 

 

 

¿La notas? ¿Notas la electricidad de Aaron Jackson? Se siente mago y lo es, aunque su mayor truco no lo hace con el balón. ¿Cómo diablos un tipo de Connecticut parece nacido en la mismísima Plaza del Gas?

El Real Madrid se puso a 5 e intentó meterte miedo hasta que apareció Banic. Ese rebote al final del tercer cuarto. Ese 2+1. Ese grito desde el mismísimo parqué. Cambiaste las tornas, Marko. Ahora te temían a ti. Os temían a vosotros.

Cómo no hacerlo. La muñeca de Blums, como aquel día frente al Power Electronics Valencia. El hambre de Vasileiadis, la constancia de Hervelle, la seriedad de Fisher, la sobriedad de Mavroeidis, el compromiso de Warren o la experiencia y clase de Mumbrú.

“Esto es un baloncesto de ‘nosotros’, no de ‘yo’”
, decía el escritor de sueños Katsikaris al término de partido, con sonrisa de oreja a oreja. Supiste implantar tu filosofía. Creíste en ellos y te creyeron. Ahora el baloncesto cree en vosotros.

Te toman en serio, Bizkaia BB. ¿Cómo no hacerlo tras eliminar a esa máquina taronja de Pesic? ¿Acaso no demostraste, incluso en tu derrota, que para ganarte una guerra tienen que vencerte en mil batallas?

“Setecientas vidas para desafiar a la historia”, titulábamos en la segunda crónica. Quizás tengas aún más. Sobreviviste con agonía y ahí tienes tu recompensa. Disfrútalo, saboréalo, porque esto es un premio que te has ganado por ti mismo.

 

 

 

La final está a un paso, el más largo. A un escalón, el más alto. Pase lo que pase, mira a tu público. Tras tanto asombrar, déjate hipnotizar tú por un día. Repasa cada cara de ilusión en la grada, escucha cada chillido de ese infierno en vida teñido de negro. Piensa en el futuro, cuando los tuyos vuelvan a hablar de ti, bien porque llegaste a la final, bien porque la ganaste o bien porque fuiste uno de los semifinalistas más dignos que la ACB jamás haya visto. Lo harán. Lo haremos.

Dicen que el verdadero éxito consiste en obtener lo que se desea y, la felicidad, en disfrutar lo que se obtiene. Sonríe, Bizkaia Bilbao Basket, sonríe. Tienes motivos de sobra. ¿Qué sientes ahora?

"Cualquiera puede hacer historia, pero solo un gran hombre puede escribirla”, repetía Oscar Wilde. Ese hombre es griego, como no, cual hijo de la filosofía helena post-moderna. Se llama Fotis Katsikaris y está a cuarenta minutos de ser inmortal en la eternidad de Bilbao.


Partido perfecto el planteado en su pizarra, con su equipo planteando batalla desde las trincheras en el primer periodo, apostando por la locura en el segundo y jugando con su ventaja tras el descanso. Cruda paradoja la del técnico que enamoró a Valencia para, años después, poder ser verdugo en la tierra que le permitió crecer.

 

 

ACB Photo/M.A.Polo
 

 


Hace un año y pocos meses, el Bizkaia Bilbao Basket coqueteaba con el descenso hasta que el “Factor K” del griego le permitió escalar hasta rozar el Playoff. Este año sí hubo tiempo. También para el primer triunfo en la trayectoria del club en la fase por el título. Sin embargo, para Katsikaris la única historia posible es la del futuro inmediato: "El domingo hay una oportunidad muy grande de hacer historia".

Bilbao sueña y lo puede hacer. Esta victoria vale más que una victoria. Este estreno en cuartos es más que un estreno en cuartos. Las matemáticas nunca se llevaron bien con la lógica. Las barreras caen, el equipo crece, el orgullo aumenta, el futuro se estremece. ¿Cómo no van a temblar los aficionados del Bizkaia BB tras un partido de tan alto voltaje? La emoción es la antesala de los sentimientos más encontrados, la impotencia y la euforia. Hoy el Guggenheim duerme en la otra orilla.

Dos teóricos secundarios, Mavroeidis (22 de valoración) y Hernández-Sonseca (18) como mejores del partido, marcando sus mejores números de todo el año el día que más hacía falta. Equipo, en Bilbao hay equipo. Si no, no se explica que con un día gris de los cuatro jugadores que más han anotado durante la temporada (10/26 en el tiro entre Banic, Jackson, Mumbrú y Warren, con únicamente 27 puntos entre todos… 15 menos que en liga regular), el conjunto haya controlado el partido en una de las canchas hoy por hoy más difíciles del viejo continente de forma tan insultante.

La dirección silenciosa de Fisher, el paso al frente de Hervelle, el impulso inicial de Vasileiadis… o incluso la llegada a tiempo y explosiva del propio Aaron Jackson, con canastas de sello playground cuando el balón más quemaba. Pinceladas del cuadro más bonito de “los hombres de negro”, que un día juegan, otro pintan y al siguiente hacen volar. Dominio del rebote, generosidad en la pista (¡23 asistencias!), entusiasmo, fe. Si algún día se inventa el cocktail del éxito, debería llevar esos ingredientes procedentes de allí. Del mismito Bilbao.

 

ACB Photo/M.A.Polo
 

 

Restan 40 minutos, un inmenso mundo. Universo con el Power Electronics Valencia al otro lado. Nadie ganó más en ACB desde que Pesic llegó al club. Nadie venderá más cara una derrota o una eliminación. Pero en Bilbao, por una noche –la del sábado será la de los nervios, de esos que se tienen en la Noche de Reyes-, los amantes al baloncesto dormirán en una nube, soñando con y sin almohada y repitiéndose, entre el orgullo y la excitación, que el domingo Miribilla se tiene que vestir de gala para celebrar el partido más importante de la historia del club. ¿Acaso no lo es?

Nada más que con el primer triunfo en un Playoff, el Bizkaia Bilbao Basket ha hecho historia. Cualquiera puede hacerlo, que diría Wilde. La segunda y el billete a semis ya no son terreno para mortales. El escritor Fotis desea llenar otra página. Su público, protagonizarla, leerla y enmarcarla. Tan solo 40 minutos…

Una mexicana, una italiana, una argentina, un par de españolas y otro de estadounidenses. No es un chiste sino el número de películas con ese apellido. Cuatro telenovelas, seis canciones, algunas trilladas hasta el hastío. Nada, nada servía para explicar su significado. Nos tenían engañados, si es que alguna vez hemos dejado de estarlo.

 

Ilústranos tú, RAE:

 

“1. f. Perturbación anímica producida por una idea fija.

 

2. f. Idea que con tenaz persistencia asalta la mente”.

 

¿Y lo tuyo que es, Juan Carlos? Como el que ama y odia al mismo tiempo, consciente de la fatalidad de sus sentimientos, totalmente hipnotizados y cautivos. Como aquel con solo tiene un deseo, un reto o una persona en su cabeza. Navarro y el Unicaja. El Unicaja y Navarro. Amor imposible, enemigos habituales, pasión desatada y sin mesura. Obsesión, pura obsesión. La verdadera película para explicar el concepto la hace él. Director, guionista y protagonista.

 

Hace 13 años, un chico maravilla al que le apodaban “Bomba” se presentó en Málaga sin currículum, sin ser aún campeón del mundo y casi sin vello fácil, anotando 9 puntos en 10 minutos.

 

Sería el principio de un binomio con un claro ganador. 17 puntos en el Playoff 2000, 24 de valoración en la campaña siguiente, 20 puntos en la 2002-03 y unas semifinales de 2004 de auténtico verdugo, con 16,5 puntos de media (24,5 val) en los dos primeros partidos de semifinales para acabar sentenciando al Unicaja (20 val. aquel día) con un 0-15 final culminado con sus tiros libres.

 

 

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En 2006, el año en el que Unicaja se proclamó campeón de la ACB, Juan Carlos Navarro despertó del sueño europeo a su rival preferido, que tenía en su mano una oportunidad histórica, con 18 puntos en el Top16, incluidos dos tiros libres finales para llevarse el partido de Málaga. A la campaña siguiente, 14 puntos para eliminar al Unicaja de su Copa de Málaga. Solo el mítico triple de Pepe Sánchez pudo enterrar la maldición tras una serie de cuartos de Euroliga en la que el escolta barcelonista había promediado 20 puntos (23 val) hasta ese momento.

 

Sus 17 puntos y 18 de valoración en la 2007-08 fueron el anticipo de una exhibición sin precedentes en la prórroga del Palau, con Juan Carlos anotando todos los puntos de su equipo (11), por solo 10 de un Unicaja que se quedaba con la miel en los labios. En la vuelta, otros 25 puntitos marca de la casa, aunque más aún dolió en Málaga su actuación en semifinales, con 26 puntos y 6 asistencias en el primero y 18 puntos definitivos en el tercero para cerrar la serie en Málaga.

 

En la pasada campaña, porque las tradiciones nunca hay que romperlas, la estrella barcelonista despachó con 13 y 18 puntos respectivamente a Unicaja, antes de hacerle 18 de media en cada uno de los tres partidos de semifinales. ¿Resultados? Una víctima, Unicaja; un clasificado, Regal Barça; Un héroe, Navarro.

 

El escolta prolongó su masacre verde de cada año en esta temporada 2010-11, con 25 puntos en el Martín Carpena, 18 en la última jornada de la regular y otros 17 en solo 22 minutos de juego, liderato incluido de su equipo, en el partido que abría los cuartos de final. Unos cuartos que ahora están pintados de blaugrana por el empeño del que quiso pintar sobre rancio lienzo, del que dio color a un gris que parecía sólido.

 

Ni el paso de los años, ni las propias estadísticas, que deberían hacerle fallar algún año. Ni siquiera su eterno amigo y rival Berni Rodríguez, que solo puede frenar su aportación en los partidos de Málaga. ¿Quién diablos frena la herida del que sangra verde? La pregunta lleva 13 años sin respuesta.

 

 

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“Si estás pensando venir por mí, nunca te enfrentes a quien no teme morir”, cantaba el grupo Rata Blanca en su canción "Obsesión" allá cuando el barcelonista aún iba al instituto.

 

Y es que para las maldiciones hay conjuros. Para las obsesiones, no. Aunque… ¿contra qué equipo no ha tenido antes o después una obsesión Navarro? Se hizo el silencio.

16/06/2010

“Yo estuve allí”. Será la frase más utilizada en los años venideros por parte de los 9700 aficionados que un 15 de junio de 2010 acudieron al Buesa Arena. Ellos podrán presumir durante una vida entera por haber vivido algo tan mágico en directo.

Yo también estuve allí, replico, esquivando el ególatra uso de la primera persona si no es sólo como vehículo para trasmitir la orgía de sensaciones que se despertaron en la cancha baskonista. No era un día más en Vitoria, ciudad con perenne aroma a baloncesto, intensificado hasta el infinito en la Final ACB. Sol y lluvia, treguas y chaparrones, el cielo parecía más nervioso que los propios aficionados al Caja Laboral, que acudían al Buesa Arena con adelanto, como si el llegar pronto a la cita les garantizase un final feliz. En las películas pasa a veces. Y esto era un cuento de hadas.

La cancha estaba repleta a falta de 20 minutos antes. Los cánticos se fundían en uno y las caras de los aficionados reflejaban la ilusión del que está a punto de conseguir algo que nadie creía. Las presentaciones, apoteósicas. Aún retumbaran en los oídos visitantes los pitidos del público, con el ex Mickeal como foco de atracción. Más durará en la retina de los locales el estallido sonoro y cromático, rollos de papel higiénico incluidos a lo Argentina '78, cuando se anunciaron sus nombres por megafonía.

 

 

 

Los 45 minutos siguientes de baloncesto provocaron una sucesión de extremos en la grada. Un 6-0 inicial multiplicó el hambre inicial, aunque el oficio del Regal Barça mantuvo el estado de alerta durante 20 minutos. Echar las campanas al vuelo frente a un rival capaz de levantarse tras cada golpe que, para colmo, sólo llega al descanso con 5 de desventaja, sería un suicidio.

Los impulsos de Eliyahu y Herrmann sólo permitían situaciones colectivas de éxtasis de corto recorrido, ya que el cuadro barcelonista seguía haciendo la goma. Finalmente, logró remontar y acabar el tercer cuarto por encima en el luminoso, lo que aprovechó la hinchada de casa para alentar más que nunca a los suyos, conscientes de que habían perdido el timón y el ritmo del encuentro. Un tren así no pasa todos los días.

Dos robos iniciales en el último cuarto del Caja Laboral y una recuperación heroica de Splitter, batallando desde el suelo, levantaron a una afición que creyó subir al cielo con el triple de Ribas, que ponía a los baskonistas con cinco de ventaja en el último minuto. Sin embargo, entre Navarro y Morris se aliaron para empatar el encuentro, lo que sembró la impotencia en Vitoria. Los gestos, los gritos, las mismas expresiones faciales, oscilaban entre el cielo y el infierno de la mano del partido y las dudas ya estaban sembradas. Hasta que Eliyahu se levantó in extremis para probar fortuna con un tiro taponado por Morris que podía estar bajando. Polémica servida, llovieron las protestas.

 

 

 

De la euforia a las dudas y, de ahí, a la indignación. El tiempo corría rápido mas parecía no tener fin. Cruel paradoja la de los que olvidaron su impotencia cuando el Caja Laboral empezó el cuarto a todo gas y recordaron los fantasmas de antaño cuando el Regal Barça les hizo un 0-9.

Turno para las dudas y para el lamento. “Esa canasta bajaba, teníamos 5 puntos, hemos estado todo el partido por delante”. El título liguero se había paseado delante de ellos y ahora huía despavorido. El cuarto encuentro aparecía en el horizonte, la palabra remontada se asomaba, las tragedias de antaño venían a la mente. Pero si sus hombres no arrojaban la toalla, ¿por qué habrían de hacerlo ellos? Teletovic alimentó la reacción, aunque algunos, en caliente, no entendieron su elección de asegurar dos puntos a falta de nueve segundos, en lugar de intentar el triple para forzar la prórroga.

Cuando Basile lanzaba su segundo tiro libre, nadie imaginaba un desenlace similar. Ni los más optimistas ni los más pesimistas de uno y otro bando. Falló. Con 2 abajo en el luminoso y siete segundos por disputar, San Emeterio atrapó el rebote y se encaró con osadía canasta. Murmullo en la cancha, ilusiones contenidas, todo el pabellón de pie. Un bote, dos, dribbling, penetración, aro pasado, canasta, falta. ¿Cómo pudo hacer Fernando tantas cosas en tan poco tiempo? Poco importaba. En esos momentos, el tiempo se detuvo en Vitoria.

El Buesa Arena, el Caja Laboral y cada uno de esos 9700 aficionados en la cancha cambiaron para siempre. Eternamente marcados por la cicatriz del paraíso. Un edén incompleto sin el tiro libre adicional, por cierto. San Emeterio, detuvo repentinamente su carrera, se hizo una señal a sí mismo de calma y acudió a la línea de tiros libres. Ni siquiera hubo un silencio sepulcral en la cancha. Los antecedentes indicaban que el error no era ninguna quimera, mas en una serie marcada por los sentimientos, en una auténtica batalla de la fe, ese tiro entraba sí o sí, como simbolizaban los brazos al aire de muchos aficionados baskonistas cuando el balón salió de manos del jugador en su camino que le reencontró con la red.

Ahora sí, se declaró oficialmente el modo locura. Anarquía de sonrisas y abrazos, avalancha de botes, concierto de cánticos. Superando el listón de la Copa 2009, último título baskonista conseguido con un guión muy parecido al del tercer encuentro, en un encuentro obtenido con sangre, sudor y lágrimas en la prórroga. Nada que ver con esto. Siempre se dice que la primera vez es la que marca por su propia condición, pero el tiempo, el mejor de todos los jueces, dictará con los años sentencias, reconociendo este título de Liga, el más inesperado, el más imposible, el más salvaje, como el hito más importante y celebrado en la historia de la entidad vitoriana.

 

 

 

Quedaba lo mejor, la fiesta. En la pasada Copa, la afición del Caja Laboral nos robaba una parte del corazón en Bilbao a todos los que les vimos, media hora después del descalabro de su equipo en semifinales, saltando, cantando, aclamando a sus héroes destronados. Cuatro meses después, la espera era sinónimo de alegría, para gritar todos juntos el MVP de Splitter o elevar a los altares a San M, para cantar al ritmo de Huertas, para liberar el temblor de piernas de los 45 minutos previos. Cada encuentro era un abrazo. Gente cercana, conocidos, enemigos tal vez. Aroma a Año Nuevo, vorágine de felicitaciones. Sólo que, en esta ocasión, eran de verdad.

San Emeterio había reescrito el guión de la final y el propio guión de una afición que se sintió injustamente desplazada con cada pronóstico de liga bicéfala y que confió en los suyos hasta en los días más grises.

Yo estuve allí, me repito, sintiéndome privilegiado por ver algo único, con abono vitalicio para ocupar un palco VIP de las leyendas de la Liga y, faltaría más, por ser testigo de la reacción tras el milagro de unos aficionados que conocen las dos caras del deporte, que sienten compensadas sus frustraciones de antaño con gestas así y que vuelven, y van 3 de 3, a celebrar un título en casa. Algo tiene el Buesa Arena. Algo tiene este equipo. Algo tiene el baloncesto.

ACB PhotoTodo o nada para el Regal FC Barcelona esta noche. A las 20:30 pone en juego su vigente corona ACB en una Final que va mucho más allá de la Liga. Su Supercopa, su Copa, su Euroliga, su propia temporada valdrán enormemente más, brillarán hasta el infinito, si acaba coronándose en este Playoff.

Se antojaba el segundo choque como el mayor reto en la trayectoria de un conjunto que parecía vivir al margen de las reglas del propio deporte, aquel que por cada sonrisa también regala un sinsabor. Y lo perdió. Veda abierta, topicazo al canto. De aquí al epílogo de la campaña, por más que éste tenga final feliz para sus intereses, deberá escuchar inmerso en el bucle una obviedad: éste es el partido del año.

Con dos derrotas en su casillero, el Buesa Arena en el horizonte más inmediato como infierno amenazante, los medios que hace una semana daban por hecho el 3-0 ahora enterrándoles y los aficionados ojipláticos por una de las mayores sorpresas que una Final recuerda, aún queda hueco para un guiño al optimismo en el aficionado culé. Toca decálogo de la remontada. Es su última esperanza.

1- La opción de ser leyenda.
La historia es ese tren impaciente, con las puertas entreabiertas y las sirenas sonando con prisa para salir. No te llama, no te necesita, no te espera. Pero si entras, suspiras de alivio y sonríes. Acabas de tocar el mismísimo cielo. El Regal Barça tiene en su mano entrar en la leyenda no sólo por su borrachera de títulos sino por los quilates que tendría su broche de oro. Un 3-0 en una final, obviamente, es mejor resultado, mas un hipotético 3-2 engrandecería a esta plantilla precisamente por haber quedado humanizada por la fe del Caja Laboral. Que el histórico ejercicio 2009-10 no quede con el asterisco y con junio en el limbo debe ser el mayor acicate.

2- Sobrevivimos a una parecida.
El recuerdo de la Euroliga debe pesar, para lo bueno y para lo malo. Tomic y su Real Madrid crearon por primera vez dudas en el rodillo blaugrana en todo el año en cuartos de final de la Euroliga, con dos partidos con el guión muy similar a los vistos en esta Final ACB. Ritmo para el equipo visitante, pocos puntos, las estrellas barcelonistas fallando y sensación de impotencia. ¿La diferencia? Simplemente, que en la competición europea al Regal Barça le bastó un arrebato de calidad de Mickeal para ir a Vistalegre con 1-1. No obstante, si se sigue cumpliendo ese guión, el quinto encuentro no sería una quimera, porque el conjunto catalán supo reaccionar a tiempo mostrando una cara muy diferente en Madrid para entrar en la Final Four.

3- Ya hemos ganado en Vitoria. No debe ser fácil encarar un encuentro cuando tu rival han engullido tu moral por partida doble. Menos aún, estando obligado a ganar dos veces seguidas en una cancha donde nadie ha vencido en Playoff. No obstante, si alguien asusta en Vitoria es precisamente el Regal Barça. En ACB, los baskonistas sólo han perdido dos veces en un par de años como locales. ¿Adivinan el rival? Sí, ellos también son conscientes.



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4- No quedan excusas. Basile comentaba, tras dinamitar la semifinal en Málaga, que esperaba que al día siguiente el Caja Laboral sentenciase su eliminatoria contra el Real Madrid. Y no es que el italiano tenga un abuelo vitoriano o le haya salido la vena baskonista, sino que su deseo obedecía a un motivo. "Si la serie se alarga, tendremos 9 días de descanso, que son 9 días entrenando. Y nosotros queremos jugar ya". Como siempre, los resultados determinan cómo se termina de ver el vaso, ya que dos triunfos del Regal Barça podrían ser excusados con un mayor descanso tras sentenciar en la ronda anterior por la vía rápida. Irónicamente, la baza de la menor carga de partidos no fue aprovechada por un Regal Barça con una rotación excesivamente cota, con Trias, Sada, Grimau y Vázquez jugando pocos minutos. Ahora, ni exceso de relajación ni pérdida de concentración ni cansancio. Ya en pleno fragor de la batalla, no hay justificaciones que valgan.

5- Llega la hora de reivindicarse. Los referentes deben aparecer, aunque probablemente Navarro pueda reírse por vivir semejante déjà-vu. En Euroliga, se contabilizaban su número de triples errados, se magnificaban sus errores en los dos primeros choques de cuartos y se hablaba de crisis de juego. ¿Su respuesta? 45 puntos, 8 triples y 53 de valoración para dar un golpe en la mesa y eliminar al Real Madrid. Ahora, Juan Carlos también llega de un partido gris (4 pt), aunque más se notó el bajón de un Ricky Rubio que vive una situación desconocida. Acostumbrado al triunfo, al elogio, al ascenso y a la perpetua evolución desde su infancia, llega el primer momento complicado de su carrera, al verse superado por Huertas y no sentirse cómodo en los encuentros del Palau. ¿Veremos a un Ricky "navarrizado" y con hambre de disipar dudas este martes?

6- No todo lo hemos hecho mal.
Evidentemente es una sorpresa, pero tampoco se puede transformar todo en errores barcelonistas porque sería sinónimo de despreciar el mérito del Caja Laboral, ya que bastante tiene que ver en el hecho de que este Regal Barça parezca batible. No obstante, a pesar de los errores, los dos partidos han podido ser suyos, cayendo por un margen muy ajustado. La defensa ha funcionado, Ndong está superando a Splitter, y se ha demostrado carácter para remontar situaciones adversas como en el primer partido. De momento, parecen ingredientes estériles, pero repitiendo estos aciertos, a poco que se pulan otros detalles, el resultado puede cambiar.

7- Ganando uno, todo cambia. Marchando otra de tópicos. Pero a veces, sólo a veces, tienen hasta su puntito de razón. El Caja Laboral está plantado una final y el Regal Barça sigue vivo, pero parte desde cuartos. Los barcelonistas deben pasar tres eliminatoria para besar el título, aunque todo se ve muy diferente desde una ronda y otra. Si logran el triunfo visitante, el Caja Laboral se plantaría en el cuarto con la obligación de ganar para no tener que jugarse algo que parecía muy cercano en el Palau, donde un tercer triunfo sería sinónimo de antología. Nunca se ha remontado un 0-2 con este formato, mas si los de Pascual ganan esta noche, estarán en una situación similar a aquel Unicaja de 2005 que se plantó en Alicante con un 2-1 en contra. Acabó pasando a semifinales. En una serie de extremos, el antónimo a la derrota esta noche (0-3) parece ser solo uno: 3-2.

 

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8- Pueden confiar en nosotros. Que sí, siguen siendo los mismos. Los de los títulos, los invencibles, los que enamoraban. Una semana, por negra que esta sea, no puede borrar la sensación de miedo y respeto que este equipo generaba. Si alguien puede remontar un 0-2 adverso con doble partido a domicilio es precisamente el conjunto que ha reinado España y Europa en el último año y que ha vencido en las pistas más difíciles del continente. Hay que darles ese margen de confianza y luego, si el Regal Barça cae, habrá de hacerlo con el traje de las grandes ocasiones y no disfrazado de sí mismo.

9- Hemos aprendido de los errores. O al menos eso esperan sus aficionados. Desde luego, es difícil plantear un partido con tanta espesura en el ataque como en los dos primeros, con 39% y 45% respectivamente en tiros de 2 y 31% y 24% en triples. Además de esa debilidad en el tiro, Regal Barça debe mejorar urgentemente dos aspectos. Ha de buscar el ritmo del encuentro, cambiar el famoso "plan perfecto" que citaba San Emeterio (¿Se ha logrado escapar alguna vez en toda la eliminatoria? ¿Podría Caja Laboral responder si lo hace?), plantear un encuentro con más anotación y, especialmente, si se repite un final igualado, recordar los fallos del Palau. Cuando no se gana sino que se aplasta por costumbre, se olvida cómo cerrar un partido en un encuentro de tensión. Regal Barça se ha visto en muy pocas ocasiones por debajo en finales igualados y sus resultados no han podido ser peores. En una serie tan nivelada, darle la vuelta a esa tendencia puede ser el hilo de vida hasta la resurrección definitiva.

10- "Nos gustan estas finales". Roger Grimau apela a la heroica en un equipo repleta de jugadores adictos a luchar por el título. Si sus palabras no encienden a sus compañeros, su tranquilidad sí debería ilusionar a sus aficionados: "Para ganar, no debemos hacer nada extraordinario, sólo desplegar nuestro juego habitual". No se puede confundiar la confianza con la prepotencia. Ni espíritus de antaño, ni pócimas mágicas ni milagros. El Regal Barça tiene que agarrarse a la Final mostrando su mejor virtud: ser el de siempre.

11/06/2010

- “Lo que ha hecho el Baskonia esta noche es épico”
- "Hacia tiempo que no lloraba al final de un partido. Hoy lo he hecho".
- "Qué orgullo, qué gozada, hacía tiempo que no gozaba así con el Baskonia".
- "El orgullo de haber visto esto no se expresa con palabras".
- "Dios existe y es del Baskonia".
- "Qué subidón espectacular".
- "Los nuestros, increíbles. Lección para niños pequeños".
- "Nadie se lo esperaba y lo hemos vuelto a hacer. Llevamos lustros volviéndolo a hacer"
- "¡Pero qué grandes que somos, Dios!"
- "Por estos momentos, todo vale la pena. Gracias, Baskonia. Gracias, baloncesto".
- "La sonrisa de oreja a oreja no me la quita ni Dios".
- "Puedo decir a los cuatro martes que me siento orgulloso de este equipo".
- "No estaba tan emocionada con un partido y una victoria desde hacía tiempo".
- "Una maravilla. El éxtasis".
- "Me gustaría que el paraíso fuera quedarme en este partido encerrado para siempre".

 

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Las de arriba son algunas de las frases, en puro trance, en místico estado de euforia, de los aficionados baskonistas tras la victoria de su equipo, este jueves, en la cancha del Regal FC Barcelona. Reflejo de un orgullo colectivo, común, infinito.

En ocasiones, nos empeñamos en buscar claves, explicaciones y encontrar respuestas cuando lo verdaderamente fascinante es el propio enigma. En un deporte donde los números ganan terrenos y planean golpes de estado, es tiempo de revolución. Revuelta popular. Desfile de sentimientos. Al viento los rankings y las estadísticas, reinen por siempre las emociones. Este Top15 de inicio, cortesía del Foro ACB, sin más orden que el cronológico, quizá refleje más qué hay en juego en este duelo que decenas de páginas llenas de cifras e hipótesis técnico-tácticas que se pierden con el viento.

Esas lágrimas de aquel, esa rabia del derrotado, son baloncesto, son ACB, son final liguera. Y, por suerte, los dos equipos parecen compartir el mismo hambre con sus propios aficionados.

De los pronósticos de la previa, sólo algunos se salvaron. Ndong se crece contra el Caja Laboral, para ganarle al Regal Barça hay que desquiciar su ataque -ninguna derrota llegó tras tanteo alto-, cuando un equipo acaba segundo en la regular y aprende a sufrir en Playoff normalmente no te regalará un paseo militar, Huertas está en un estado de forma muy dulce... y poco más. Sorpresas y más sorpresas.

El de Xavi Pascual ha sido el mejor equipo de la temporada, rey de Europa, dominador en la competición doméstica. Y el 3-0 era una opción, claro que sí, más viendo su rendimiento en las rondas previas. Pero quizás desde los medios y desde la propia perspectiva de los aficionados, se enterró al Caja Laboral demasiado pronto. Y es un club con demasiados antecedentes, resurrecciones y gestas, como para descartar tan tajantemente una serie corta. Nuevamente, el baloncesto se encarga de reírse de las apuestas y de cambiar un guión que nunca termina de escribirse al completo.

 

 

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Podemos hablar de los bajos porcentajes del Regal Barça, del día gris de varios de sus hombres fuertes -causalidad más que casualidad, tras la exhibición en defensa baskonista- y hasta de la batalla ganada en el rebote por parte de los baskonistas, mas en un duelo de sentimientos, retornando la idea inicial, el baskonista fue más intenso. Fe, pura fe. ¿Qué es fe?

- Fe es perder varios de tus hombres clave en verano y saber recomponerte para retornar a la élite.
- Fe es saber superar las lesiones de tus grandes fichajes, burlarse de los problemas físicos y de las piedras en el camino para llegar a meta con una sonrisa.
- Fe es perder un 2-0 de ventaja en semifinales, jugártela en un quinto que has perdido en ocho ocasiones previas y cambiar la historia de un plumazo.
- Fe es abstraerse del rol de víctima otorgado por unanimidad en los pronósticos para marcarse un primer cuarto memorable.
- Fe es no tirar la toalla tras perder toda la ventaja en un abrir y cerrar de ojos.
- Fe es mantener la confianza en tu defensa a pesar de la inspiración local para que el tiempo te acabe dando la razón y deje a tu rival en sólo 58 puntos, con 22 canastas convertidas enACB Photo todo el choque y 10 puntos en el último choque.
- Fe es lo que siente Marcelinho, en esos tiros imposibles, que nadie excepto él creen que puedan entrar. Y lo hacen.
- Fe es conquistar un territorio vedado en ACB desde hace año y medio. Fe 1 - Pronósticos 0.
- Fe es vencer el quinto final igualado que se encuentran en el Playoff.
- Fe es incendiar la eliminatoria y mandarle un mensaje sin ambigüedades al Regal Barça: Tienes que ganar en mi campo y en el Playoff, aún no la hecho nadie.

La fe no se evapora, los minutos en el paraíso tampoco y mucho menos el 0-1. Pero ninguna de las tres cosas garantiza el título. Quedan dos pasos para los baskonistas, tres para los barcelonistas, y las sensaciones, aquellas que pueden convertirse en el auténtico juez de esta final, pueden ser opuestas en sólo 48 horas.

Sigue enfrente el Regal Barça, derrotado pero no caído. Su fe, culpable de esa remontada de 14 puntos en tiempo récord, pareció estéril, mas puede indicar el camino a seguir en los siguientes choques de la eliminatoria. Ellos, sólo ellos, saben lo que es remontar un 0-1 adverso en una Final ACB, algo que ni Ansley pudo remediar, allá por 1995. Lo suyo ahora es una cuestión de orgullo.

Amor propio herido, pronósticos divididos, incluso dudas. Situación inédita para un equipo que se ha acostumbrado a vivir en un estado perpetuo de buenas noticias. Su reto, su mayor reto, llega esta tarde a las 18:00. Un 0-2 podría ser una sentencia de muerte. Un 1-1, otro giro de tuerca a la final. Llega el partido del año. Y los que quedan...

Reconozcámoslo de una vez. Los periodistas somos unos pesados. Cada vez que llega una Copa, un Playoff o cualquier evento de importancia, sacamos a relucir tropecientas estadísticas. Como el estudiante repetidor al que le valen los apuntes del año anterior, acabamos publicando una ingente avalancha de datos y números que sirven para llenar previas y para fundamentar pronósticos. 

Estáis de suerte. El próximo año, uno de ellos habrá pasado a mejor vida. Y es que en este Caja Laboral-Real Madrid del domingo se enfrentan un par de maldiciones entre sí. Una de esas circunstancias con tintes ya históricos caerá para siempre. Sólo puede quedar una.

La maldición del Caja Laboral es la más dolorosa. El quinto partido, para el cuadro baskonista, es una condena, un verdadero suplicio, un castigo chino. Los vitorianos, uno de los equipos más apabullantes en los tiempos recientes, parece reacio a sufrir. Si gana, ha de hacerlo a lo grande. De hecho, las dos ligas que brillan en su palmarés llegaron tras un 3-0 en la final, un sello que se repite en otras eliminatorias, superadas con solvencia. En cambio, cuando llega la serie al quinto encuentro, se encienden las alarmas en Vitoria. Las semifinales de 1992 contra el Real Madrid, un 3-2 adverso, fue el primer aviso, mas la maldición más pura la sufrieron en esta década. En 2001, perdieron en Bolonia ante la Kinder la final de la Euroliga en el choque de desempate y repitieron el 3-2 en contra en semifinales de ACB contra el Real Madrid. Un par de años más tarde, el Unicaja tumbó al conjunto baskonista en cuartos con ese balance, pero más aún dolerían las eliminaciones posteriores.

En 2004, el Estudiantes asaltó el Buesa Arena para vencer por 2-3 en semifinales, al año siguiente un triple de Herreros dio el triunfo al Real Madrid en la final de la liga (2-3) y, nuevamente en Vitoria, el Barça derrotaba al entonces llamado TAU en las semifinales del Playoff 2007. El maleficio lo completó el propio cuadro barcelonista, eliminando nuevamente en el quinto encuentro al conjunto vasco por 3-2 en la Euroliga de 2009, provocando que el registro baskonista en series a cinco partidos sea de un desolador 0 de 8.

Claro que si la racha del Caja Laboral dura ya casi dos décadas, la del Real Madrid supera el cuarto de siglo. En realidad, más que del conjunto madridista, es un hito que aún no se ha logrado en ACB. Con el formato actual de eliminatoria, un 2-2-1, nunca un equipo ha logrado remontar un 2-0 adverso en la historia del Playoff.

Es la cantinela de todos los años en Playoff. Cuando un equipo se pone con 2-0 en contra, se apelaba al orgullo, al amor propio, a la dignidad, a la afición y a la épica si hacía falta, porque apelar a la historia poco. Algunas excepciones en eliminatorias por la permanencia (Caja de Ronda, Puleva Granada) y ninguna remontada heroica en la lucha por el título.

 

El panorama cambió con la machada del Unicaja en el Playoff 2005. Hace un lustro, los malacitanos vieron el precipicio muy cercano tras caer en sus primeros dos partidos contra el Lucentum Alicante. En aquella ocasión había una circunstancia diferente en la gesta que ahora busca el Real Madrid, y es que los cuartos de final eran con el formato 1-1-1-1-1, por lo que el tercer partido se celebró en Málaga y el cuarto en Alicante. En ambos, venció el Unicaja, que acabó completando la remontada con un agónico triunfo en casa para poner el 3-2 final.

El equipo madridista tiene a un especialista en situaciones límites, aunque su lesión le obliga a intentar desde el banquillo ser talismán por tercera vez en su carrera. Jorge Garbajosa puede dar fácilmente consejos sobre cómo actuar en este tipo de eliminatorias tan adversas, ya que él remontó un 0-2 con la Benetton al Reggia Emilia y, hace un lustro, estaba en la plantilla cajista que consiguió un puesto en semifinales que parecía destinado para el Lucentum.

Un triunfo madridista enseñaría el camino para los equipos con fe del futuro que nunca se den por vencidos y alimentaría los miedos vitorianos en un hipotético quinto choque. Una victoria baskonista acabaría con el cuento del gafe, reforzando la moral del equipo de cara a partidos de desempate en los años venideros y haría aún más imponente un 2-0 en el Playoff, por la imposibilidad de remontarlo. Lo único seguro es que sólo hay una silla para dos maldiciones por lo que, gane quien gane, una se romperá, provocando que la dictadura del dato del próximo Playoff quede algo más huérfana. A ver qué inventan.

D.R.AnchueloCoges a un aficionado que ha ido a Vistalegre durante toda la temporada pero que hoy tuvo que ausentarse y quiere saber cómo fue el partido de su Real Madrid. Se lo cuentas. Le relatas el guión, la reacción blanca, lo que parecían los cimientos para encarrilar el partido, la respuesta contundente baskonista y la remontada final del Real Madrid. Y, cuando le digas el protagonista, su respuesta será clara: "Esto ya lo he vivido".

Por suerte o por desgracia, éste parece ser el sino del conjunto blanco esta temporada. Apelar a la épica, a la heroica, a vivir al filo del abismo para saborear el cielo cuando segundos antes coqueteaba con el infierno. Se sufre más, sí, pero se saborea mejor. Seguramente, para completar esa sensación de déjà vu, le apuntamos a aquel aficionado que el líder de la remontada fue Llull y que acabó el partido como un héroe y ya terminará creyendo que está atrapado en el tiempo.

Esto ya lo has vivido, sí. Y yo también. Pura constante cíclica, el círculo vicioso parece infinito. Y ojo, que en las últimas 48 horas, la remontada in extremis de los madridistas no es lo único que parece un calco. Recopilemos momentos en los que todos, desde casa o el pabellón, hemos podido soltar esa frase:

- Regal Barça eliminando al Unicaja por enésima vez y de la misma forma, tras partidazo de los malagueños y dándole la vuelta al partido en los últimos minutos.

- Erazem Lorbek y Pete Mickeal matando silenciosamente un partido a base de sangre fría.

- Basile anotando triples en el momento álgido del partido en territorio Playoff.

- Splitter convirtiendo en canasta cualquier balón que le llega en la zona y en cualquier circunstancia.

- Bullock marcando una canasta de tres a la desesperada y sobre la bocina, que en su momento crees que es un antes y un después en el  choque. En esta serie van ya dos. En Vistalegre y en el Buesa Arena.

 

- Huertas consiguiendo una canasta inverosímil. Cuanto más difícil lo tiene, parece que más grande ve el aro.

- Llull dándose golpes en el pecho y compartiendo su alegría y rabia liberada con la afición tras remontar un partido.

 

 

Y un apunte más. Desde luego, que esta serie fuese al desempate sería otro déjà vu, porque sería la quinta eliminatoria entre estos dos equipos que se deciden en el último partido, aunque el Caja Laboral tiene aún mucho que decir. No, el "esto ya lo he vivido" más sonoro no es por el resultado final sino por cómo se ha conseguido. ¡Otra batalla de parciales!

La montaña rusa del Playoff pasó por Vistalegre. Ríete de Disneyworld. Además, con giro inesperado, ya que el 0-10 baskonista del último cuarto parecía ser el que le daba la serie y el pase a la final al Caja Laboral, hasta que el Real Madrid, con 6 puntos de Llull y otros 6 de Prigioni, sumó en sólo cuatro acciones ofensivas un 12-0 que dinamitó el tercer partido y prolonga su vida en estas semifinales. ¡Esto ya lo hemos vivido!

 

Los datos son al baloncesto lo que el físico al amor, aunque si hay concursos de belleza, toca pues un artículo con muchos números. Guión manda. Empero, en esta ocasión no nos centraremos en las estadísticas individuales ni colectivas, en porcentajes o comparaciones numéricas, sino que nos detendremos en los verdaderos reyes de este Playoff. ¿Splitter? ¿Reyes? ¿Navarro? ¿Neal? No. Los parciales.

En un deporte con tantas alternativas como el basket, no es ninguna sorpresa que un minuto de inspiración pueda decidir el rumbo final de un partido. Sin embargo, sí que resulta curioso comprobar que la constante, la circunstancia común desde que arrancó la lucha por el título, ha sido una batalla sin cuartel de parciales. Como si fuesen por impulsos, del cielo al infierno, del infierno al cielo, el marcador se ha movido abruptamente, desorientado por tanto cambio repentino. Y el ritual se ha repetido desde el primer partido hasta el último.

 

ACB Photo/D.R.Anchuelo

 

Cuartos de final

Real Madrid-Cajasol

Una serie de locura. En el primer partido, el Real Madrid se escapó con un 7-0 (41-33) pero el Cajasol empató al instante con un 0-8 (41-41). Para colmo, los hispalenses sumaron otro 0-8 en el último cuarto (51-61) para sentenciar el choque.

En el segundo envite, los madridistas salieron de forma frenética, con un 5-22, y culminaron su inicio soñado con un 2-14 (15-38). No obstante, los sevillanos llegaron con vida al descanso merced a un 12-2 (25-40) y respondieron a un nuevo 0-6 blanco con un aplastante 13-0 (40-48) que le hizo llegar a la recta final del choque con opciones, aunque acabase perdiendo.

El encuentro de desempate tuvo similitudes con el del estreno de la serie. Un 10-0 le dio el mando del choque al Real Madrid (10-0), pero el equipo local volvió a quedarse clavado en los 41 para que el Cajasol empatase con un 0-12. En esta ocasión, el último parcial se lo apuntó el Real Madrid, un 10-0 vital (56-44) para ganarse el pase a semifinales.

ACB Photo / M.H.

 

Regal FC Barcelona-Gran Canaria 2014

La montaña rusa de parciales dio menos giros, pero resultó suficientemente importante como para marcar cada partido. En el Palau, el 12-2 de inicio blaugrana marcó el choque y los de Pascual sentenciaron tras el descanso con un 32-6 descomunal, mientras que en el CID, los barcelonistas volvieron a hacer los deberes por la vía rápida, con un 4-20 nada más empezar el partido para firmar su clasificación. Pocos, pero decisivos.

 



Caja Laboral-Asefa Estudiantes

Una de las series más locas, todo un homenaje a los parciales más salvajes. Los baskonistas debutaron en cuartos con tres minutos frenéticos para dejar el luminoso en 13-0. ¿La respuesta estudiantil? Un 2-11 y un posterior 0-11 (19-24), respondido de inmediato por el Caja Laboral con otro 10-0 (33-27). La segunda parte, resaca tras el mareo por los excesos, tuvo color baskonista, aunque sin tanto sobresalto.

Sí que los hubo en el segundo partido, en un calco del partido anterior, aunque con los papeles cambiados. El Asefa Estudiantes comenzó arrasando (14-3), pero el Caja Laboral respondió muy pronto, con un 0-14 que dejaba el resultado en 25-26. Los de casa retomaron el mando con un 7-0 pero un nuevo 0-11 baskonista entre el segundo y el tercer cuarto (46-53) fue un golpe muy duro para los colegiales, que cedieron el dominio y la serie.

 

 

Foto: EFE
 

 

Power Electronics Valencia-Unicaja

Otro monumento a las rachas. El Unicaja amagó con escaparse gracias a un 0-7 antes del descanso, mas no lo hizo definitivamente hasta el tercer cuarto (42-51). Entonces, el Power Electronics completó un parcial increíble de 17-0, que se elevó hasta el 21-2, para rozar el 1-0. Sin embargo, el equipo malagueño reaccionó a tiempo con un 1-11 que dejó el encuentro en un puño. Dowdell, sobre la bocina, haría el resto.

Ya en el Martín Carpena, el Unicaja reaccionó al dominio inicial visitante con un 18-4 (23-15), un mero espejismo ya que, en el mismo periodo, un 3-22 taronja amenazó con dinamitar el partido (30-41). Tras el descanso, los de {Aíto} fueron limando su desventaja poco a poco, aunque volvieron a tirar de los parciales para sellar su triunfo. Un 9-2 les metió del todo en el partido y un 10-2, ya en el último cuarto, culminó la sorpresa y el 0-2 en la eliminatoria.

 

Semifinales

Regal FC Barcelona-Unicaja

Otra serie con mil alternativas. En el primer duelo, el Regal Barça reaccionó a la mejor puesta en escena cajista con un 7-0 y un inmediato 8-0 que intuían un partido cómodo para sus intereses. Pero el Unicaja, con un 0-14 de la mano de Dowdell (21-27) mandó hasta el descanso. Después de pasar por vestuarios, los barcelonistas remontaron por la vía rápida, con un 10-2 en tiempo récord. A continuación, un 17-4 transformaba el sufrimiento en paseo (73-56), aunque al cuadro visitante le quedó tiempo de meter miedo con un 2-10, eclipsado por el 11-4 final para los de Pascual. 1-0.

Mismo guión 48 horas después. El Regal Barça empieza con 9-0 pero el Unicaja reacciona para acabar por delante el cuarto gracias a un 3-13. Sin embargo, el rodillo blaugrana despierta en el segundo periodo para endosar un 10-2 y un 13-0 que destrozan el partido: 40-21. ¿Había que enterrar al Unicaja? Ni mucho menos. En el Playoff de los cambios, cualquier escenario es posible, como demostraron los malagueños, que llegaron a ponerse a 6 con un 0-10 de parcial (52-46), estéril a la postre, ya que la victoria se quedó en casa con un 7-0 en el último periodo.

Finalmente, en el partido de este martes, el definitivo en la serie, el carrusel de parciales benefició al Regal Barça, que se metió el partido en un abrir y cerrar de ojos. Perdía de 9 a falta de pocos segundos para el descanso y, en el primer minuto del tercer cuarto sólo caía por dos, gracias a dos acciones positivas (3+1 de Basile y triple de Ricky). Cuando el Unicaja rozaba la victoria a cinco minutos para el final, su rival le endosó un 0-7 para remontar (68-71), que estiró hasta el 4-18 en ese tramo del partido hasta el 72-82 final.

 

Foto: EFE

 

Caja Laboral-Real Madrid

Una de las montañas rusas menos vertiginosas del Playoff. La igualdad ha provocado que haya pocos momentos de despite en uno e inspiración en el otro para parciales tan altos como los mencionados. No obstante, en el primer partido, un 0-9 le otorgó la iniciativa al Real Madrid (16-25) y un 8-0 baskonista (39-38) metió al choque en una fase de igualdad constante que favoreció a los de casa.

En el segundo partido, el Caja Laboral eclipsó los buenos minutos iniciales de su rival con un 15-4, aunque en el tercer cuarto un 4-17 visitante (41-46) fue el culpable de que se viviese otro final lleno de igualdad y tensión, resuelto finalmente a favor del conjunto vitoriano.

Con tanta racha, impulso, arrebato de inspiración o espiral de desconcentración e impotencia en este Playoff… ¿qué parcial nos espera esta noche en Vistalegre?

Foto: ACBUn amague, otro. Amenazas con lanzarte hacia canasta, botas por fin, cambias de rumbo con un bote entre las piernas. Vistazo al aro, mirada con rabia, ya es algo personal para ti. Bullock espera y aceptas el reto. Contra él, contra el Madrid, contra el mundo. Estás en unas semifinales de Playoff y eres el protagonista. Quién lo diría hace nada. Entras como una exhalación en la zona rival dispuesto a dinamitar el partido. Nadie te para, nadie podría hacerlo. Vuelas hacia el aro y, cuando la bola sale de tus manos dispuesta a besar la red, el tiempo se detiene (92:05).

Y lo vuelves a ver todo. Puro flashback. Hace calor. Verano del 2009, Fuenlabrada. Acabas de ser el Jugador Revelación y eres el caramelo del mercado. La prensa te viste de blanco y el rumor se acaba concretando. ¿Seguro? Reflexionas. Intentas traer a tu memoria tu presentación con el Real Madrid o tu primera foto con la camiseta de tu nuevo equipo. En ese instante, acabas inmerso, una vez más, en tu propia telenovela. Eres el protagonista de un culebrón que no sabes ni cómo ni por qué nació. Sin debutar con la elástica blanca, la prensa te relaciona con el Baskonia. Y pasan los días, las semanas, incluso los meses, y todo sigue igual. Te lesionas, maldita sea, lo que no impide que sigan apostando por ti desde Vitoria, aunque hasta los últimos días de agosto no respiras tranquilo. Acabas de firmar por el Caja Laboral. Como si fuera un videojuego, sólo acabas de superar una fase. La siguiente, la del pasaporte, no llega hasta el epílogo de octubre. La más importante, una lesión con tintes de monstruo final, amenaza con ser eterna.

Tu tobillo te aleja de la Supercopa y, tras tu estreno, te pierdes varios encuentrosporque no terminas de recuperarte. Dejabas pinceladas de tu talento pero las sensaciones no eran buenas y en noviembre te hacen parar. “Reposo activo” lo llamaban. Los partidos, desde la grada y el dolor no remitía ni con un tratamiento más conservador. Maldita sea, Brad. Tocaba volver a empezar.

En diciembre te resignabas a pasar por el quirófano para curarte una dolencia con apellido impronunciable. Pequeño arrancamiento parcial de la tuberosidad posterior del astrágalo, con reacción inflamatoria y fobrosis reactiva. Menos mal que era pequeño, te repetías con sorna. Llegaste a tiempo para la Copa, donde te fuiste cabizbajo y sin valoración positiva. Ya jugabas y eso resultaba una gran noticia, pero no eras tú. No eras el que enamoraste en Fuenlabrada, donde en tus primeros tres partidos de liga lograste más valoración (84) que en toda la campaña como baskonista. Mas no parecía una cuestión de números sino de sensaciones. Otra vez en pista, de vez en cuando mostrabas tu clase, porque esa nunca la has perdido, pero tu tobillo te impedía navegar, como el ancla que llega a nuevo puerto dispuesto a quedarse, como las cadenas que aprisionan al hombre que anhela con echar a correr por su libertad.

 

Foto:  ACB360
 

Hasta hoy, claro. Saliste titular, el día pintaba bien. La primera nube surgió por sorpresa, cuando perdiste el primer balón que llegaba a tus manos. El sol se encondía cuando enfilabas el banquillo tras 7 minutos sin puntos y seguía sin salir al descanso, con sólo una canasta en 14 minutos, tu par –Bullock- ganándote la partida y tu rival, 8 arriba en el luminoso. El vendaval estaba al caer pero las gotas las pusiste tú. No te desmoralizaste. Total, ya son tantas piedras en el camino que ya no cierras más por desprendimiento. Sonaban los primeros truenos. Un par de puntos más con tu firma en el tercer cuarto precedían a tu mejor momento como baskonista. En el periodo final, regresaste al parqué con 51-51 en el marcador y todo por decidir. El partido era tuyo.

 

Lo fue cuando aprovechaste un bloqueo para recibir, mirar y tirar, sin más pensamiento que el de la certeza de su triple. Acertabas. Dos minutos más tarde, después de varios rebotes (¡Vaya muelles! ¡Acabaste con 7!) claves, vuelves a surgir de la nada para convertir tu canasta de 6,24 más celebrada –dos puntos pisando la raya que valían un empate a 56-, el mejor anticipo para tu momento de gloria. Tormenta con aroma a Alaska.

 

Todo había viajado por tu cabeza en esas décimas, eternas y fugaces. De Fuenlabrada a Vitoria pasando por Madrid, ahora rival. Del cielo al infierno por el atajo más corto para volver a ponerse en pie. Las lesiones, las dudas, los días malos, el maldito sufrimiento… todo iba en aquel tiro, todo iba en aquella canasta. A modo de película, el tiempo se paró sólo para ti, para que saboreases más si cabe más tu enceste, tu penetración imposible, tus siete puntos consecutivos para ponerle tu sello al partido y a la propia serie. 58-57. El Buesa Arena explotaba.

Tres minutos más tarde, 'Sweet Lou', el perfecto antagonista de tu particular cuento de hadas, pudo cambiar con un triple aquel instante mágico pero tú no estabas dispuesto a que tus buenos recuerdos siguiesen siendo en blanco y negro. Te pegaste a él en esa última jugada para completar un choque redondo en defensa y le obligaste a hacer un tiro forzado que nunca terminó de asustar a la red. El triunfo se quedaba en casa y, por un día, tú eras el héroe. Ya tocaba.

 

 

Foto: ACB360

 

 

Récords, muchos. Igualaste el tope de minutos, puntos y valoración y marcaste más canastas en ACB que nunca como baskonista. Pero tus compañeros no te abrazaban por las estadísticas ni tu recibías, con esa cara que más que satisfacción reflejaba redención y venganza, los elogios por el frío baile de números. Ni siquiera por tu trabajo atrás, tu defensa a Bullock o tus 7 puntos seguidos. La clave estaba en las piernas, el círculo se cerró. Te felicitaban porque por fin no hubo noticias de tu maldita lesión. Con tu tren inferior a tope, el viejo Brad ya es historia. Devuélveles la sonrisa, Oleson, porque el mensaje de la felicitación fue claro. Vuelves a ser tú, Brad.

28/05/2010

El encuentro, desde el prisma blaugrana

¡Qué buenos somos!
Qué facilidad para hacer baloncesto, qué barbaridad de recursos, cuán infinito es nuestro arsenal ofensivo, qué velocidad a la hora de remontar.

Da gusto vencer así. Tras toda la temporada arrasando, incluso en la mismísima final de Copa y la propia de la Euroliga, ganar con más dosis de emoción se saborea más.

¿Dónde está el techo de Navarro?
Cada partido puede hacer algo nuevo y puede hacerlo mejor que en el anterior. Con títulos y galardones para aburrir, lejos de desmotivarse está en el mejor momento de su vida.

Ricky es magia.
Sus asistencias deberían llevar asterisco porque lo suyo no son pases de canasta, sino regalos imposibles de fallar. No le inmuta ningún cambio defensivo, ninguna sorpresa táctica, ninguna presión especial. O se inventa un enceste imposible o fabrica de la nada una situación de infinita ventaja para su equipo. Es simplemente único.

Mickeal no tiene anti-Mickeal. Ni altos, ni bajos, ni rápidos, ni fuertes. Nadie le para. Si no es con una penetración portentosa, es con un triple doloroso para el rival. Aporta en cada jugada y en Europa aún no se ha inventado vacuna contra Pete.

Vivan los mates errados. Desde el surrealista fallo en su mate, Terence Morris se centró más en el partido que nunca. Un martillo pilón, constante, ruidoso, esencial.

¿Quién nos para?
Jugamos contra un rival que te anota todo en la primera parte (Este Gary Neal... ¿no jugaba aquí igual de bien, no?), que te hace en 20 minutos más puntos que el Gran Canaria 2014 en el CID y hace casi todo bien, y aún así acabamos 14 arriba. ¿Quién se atreve a ganarnos 3 veces seguidas?

 

Foto: EFE

 

El encuentro, desde el prisma verde

¡Menudo orgullo! Este es mi equipo. Qué engañosos son los números. Prefiero perder de 14 jugando así que de 10 haciendo tan poco ruido en el Palau, como hace semanas en la liga regular. Qué gustazo y qué lección de baloncesto habéis dado pese a la derrota.

¿Qué más podemos hacer?
Entraron los triples, no tembló la muñeca, hubo riqueza de recursos tácticos, la mejor defensa de la historia de la ACB estuvo a nuestra merced durante muchos minutos y nos vamos con una derrota así de amplia. ¿Qué diablos podemos cambiar?

¿Invertimos la táctica?
Aunque sea a costa de perder un espectáculo ofensivo semejante pero con la esperanza de volver 1-1 y el recuerdo del encuentro en Málaga (un ajustado 57-63, en un partido muy trabado para el Regal Barça), ¿tomamos ejemplo de los GC 2014, Power Electronics y compañía e intentamos al máximo ahogar su ataque?

¡Qué bueno que viniste, Dowdell!
Toda la regular cuestionándote y nos callas con un canastón en La Fonteta que bien valieron unas semis y con el instante de mayor inspiración de un jugador de Unicaja desde el minuto mágico de Garbajosa. En dos minutos y medio, 10 puntos para remontar el partido, 11 de valoración y una sensación de liderazgo y fe que contagiaron a todo el equipo.

¡Más minutos para Neal!
Lo confesaba en una entrevista y el chico no miente a nadie. Con minutos, se crece. Y su equipo lo nota hasta el punto de que cuando está en el banquillo se hunde (hoy 36-13 en contra) y, cuando está en pista, es capaz de arrasar. Se crea tiros de la nada, desatasca los momentos más espesos de su equipo y es la llave de la eliminatoria.

Navarro, la excepción. Berni venía de parar a Rafa Martínez en los cuartos de final, algo que es una constante en su carrera, en la que incluso ha brillado como especialista defensivo en toda una final de Mundial. Pero el blaugrana es su talón de Aquiles y la lista de partidazos del barcelonista contra el Unicaja ya tiene varias páginas. Como contra otros equipos, por otra parte.

Mickeal, el nuevo Rakocevic. Se fue Igor a Turquía pero Pete parece un más que digno sustituto. Vivió dos años de triunfos baskonistas contra el Unicaja, le arrebató a los cajistas la Copa con una excelsa prórroga en Madrid, continúa su racha de triunfos como barcelonista y, para colmo, se marca partidos como el de esta noche. ¡Un poco de piedad, oiga!

 

Foto: EFE
Flashes:

  • Hubo tres fases con tres protagonistas claros. Mickeal mantuvo con vida en los primeros minutos al Regal FC Barcelona, Navarro lideró la reacción local y Rubio evitó la postrera remontada cajista. Morris, por su parte, aportó en cada una de esas fases.
  • Shhhhhh... que llega Lorbek. Silencio, puro silencio, y una capacidad prodigiosa para hacer sencillo el baloncesto. Hoy, 14 puntos con 7/8 en el tiro y otra demostración de recursos de Erazem.
  • Jugando así, el Regal Barça le hubiese ganado por 40 a muchísimos equipos. Claro que el Unicaja, a este nivel, hubiese conquistado prácticamente cualquier cancha de Europa.
  • La primera parte del Unicaja tiene mucho mérito. Pero aún más olvidar la impotencia tras el maravilloso tercer cuatro del Regal Barça y rebajar, en un arrebato de orgullo, los 17 de desventaja a sólo 5 para entrar otra vez en el choque en el último cuarto.
  • Este ha sido el mejor partido del Playoff. Balonceste alegre, acierto, valentía, canastones, exhibiciones y alternativas. Que contagie al resto de la serie este prometedor inicio.

 

PD: Vale, Pablo, recojo el guante que me lanzas y me mojo, teniendo en cuenta que hay 68 ediciones de "10 nombres" en un par de años que me inhabilitan para dármelas de futurólogo. Eso sí, voy a ser valiente:

- Cook recupera su desventaja en asistencias con Ricky (¡1-8!) al término de la serie. Y si no, se quedará muy cerca.

- Roger Grimau, hoy con menos de cuatro minutos, tendrá un rol mucho más importante en el segundo envite.

 

- Berni Rodríguez anotará tres o más triples en algún partido de la serie.

- Ante Tomic será el mejor pívot del Real Madrid en el Buesa Arena.

- El Caja Laboral superará su porcentaje en tiros de 2 (55%) en todos y cada uno de sus partidos de casa.

- La serie entre baskonistas y madridistas se decidirá en cuatro partidos. 3-1 o 1-3, esa es la cuestión.

- Y la trampa final, como réplica a tu comodín Marko Jaric, aunque con un poco más de dificultad. Eliyahu anotará en esta eliminatoria igual o más puntos que en el global de sus últimos tres meses en ACB.

“Dani, céntrate en semis. Céntrate en semifinales, Daniel”. Razón no les falta, actualidad manda, mas permitidme hacerle el último guiño a la serie de cuartos que acaba de finalizar, aún consciente de que en el deporte, caprichoso y desmemoriado él, el mañana siempre vende más que el ayer.

Hoy va de listas pero no de rankings, sin mayor orden que el que cada uno quiera ponerles. Se trata de destacar algunos instantes que, por su significancia o simbolismo, destaquen por encima del resto en el último partido de cuartos de final. Allá vamos:

 

La redención de Navarro. (71:55 en el diferido de ACB360). Un instante fugaz, tanto para la cámara como para los espectadores del CID. Quedaba aún un minuto para el final del tercer periodo y Pascual sentaba al escolta. Ya jamás volvería a la pista. Un minuto antes, había puesto la máxima para su equipo con un triple y, sobrándole un cuarto, le dio tiempo para ser el máximo anotador  de su equipo con 16 puntos y para consumar una venganza que llevaba tatuada a fuego. Tras cinco años de derrotas de su equipo, siempre con una actuación estelar suya, Navarro volvía a dominar el CID y se iba al banquillo, ya con las semis en el bolsillo para los suyos, con la tranquilidad del que cerraba el círculo y acababa un maleficio que duró un lustro.

 

 

¡Que salga Trias! (95:10). Otra con Navarro como actor secundario. El Regal Barça estaba contento con su triunfo, el CID aplaudía cada jugada de su equipo –precioso instante cuando el pabellón se puso en pie para aplaudir a su Granca pese a la derrota- y los minutos se consumían sin especial tensión. ¿Todos felices? No. Aún faltaba un Jordi Trias que reclamaba su parcela de gloria. El ala-pívot se dispuso para el cambio, bajo la mesa de anotadores, a falta de dos minutos y medio para el final pero Morris, al que iba a sustituir, falló el tiro libre. Desde entonces, el Gran Canaria 2014 erró su tres siguientes tiros y, tras la canasta de Grimau, Navarro salió como un resorte del banquillo para pedir que hicieran falta para que Trias pisase el parqué. Roger se excedió un poco al hacerla pero pronto aclaró el motivo de tan apresurada personal. Una anécdota más que explica la unión y compenetración como alternativa a la batalla de egos en una plantilla cargada de talento.

 

San Emeterio decide (104:00). El pabellón era un infierno. Gabriel acababa de empatar el partido y un fallo del Caja Laboral le daría al Asefa Estu balón para el triunfo en la última posesión. Restan siete segundos de posesión. San Emeterio pasa a Splitter, que recibe en un dos contra uno y, en lugar de jugársela como en la posesión anterior, devuelve a Fernando, que como si llevase una vida entera preparado para ese momento, acierta con el triple y deja en silencio el Madrid Arena. Era el mejor premio posible para un jugador que en verano  era la gran duda baskonista y ahora se ha vestido de referente insustituible para el equipo vitoriano.

 


Las lágrimas de Suárez
(114:00). El momento era indescriptible. El Madrid Arena le regalaba a sus jugadores una atronadora ovación, tan sonora como emotiva. El Asefa Estu acababa de perder pero el esfuerzo y el retorno a la élite bien merecían cada una de esas palmadas de aliento. Entre los protagonistas, uno sufre más que nadie. Suárez, desbordado en cuartos, eclipsado por un rival para la Selección (San Emeterio), con porcentajes discretos (4/12) y toda la impotencia del mundo tras el segundo tropiezo de su equipo, acaba emocionándose y llorando, cabizbajo, mientras recibe el cariño y los abrazos del resto de jugadores… y de unos aficionados que quieren seguirle viéndole como colegial por muchos años.


Imparable Kelati. Minuto 33 de partido (97:00). El Unicaja le ha dado la vuelta al partido pero el Power Electronics Valencia no arroja la toalla, fundamentalmente gracias a Thomas Kelati, ex cajista que ya se la lió a su antiguo equipo en la liga regular y en el primer partido. Tras 8 puntos consecutivos con su firma, Nielsen le ve, el norteamericano deja atrás con su zancada a Welsch directo a canasta, recibe del australiano y anota a aro pasado. Era su punto nº 25. El Carpena, en silencio, con un murmullo que al únisono diría: ¿Quién diablos le para? Desafortunadamente para su equipo, fue su última canasta y uno de los últimos momentos en los que el conjunto valenciano estuvo vivo en el último periodo.

 

 

Me llamo Gary y soy un líder. (93:40). Con la sequía de Kelati, el Power Electronics empezaba a decirle adiós al encuentro, aunque la garra de Marinovic dejó la diferencia en 4 (77-73) a falta de tres minutos y medio para el final. Cook sube la bola y se la pasa a Gary Neal, héroe del Unicaja en la eliminatoria, que tras amagar una y mil veces a un Rafa Martínez que no le deja respirar, se juega un triple espectacular desde siete metros que entra y acaba sentenciando el pase a semifinales de los malagueños. Más que un partido, su triple valió una eliminatoria, una confirmación como líder y el cariño del Martín Carpena.

 

La fe mueve montañas (72:30). El Cajasol, que parecía haber perdido el tren del partido antes del descanso, salió de vestuarios con la ilusión a prueba de bombas. Sin mirar el luminoso, desplegando todos los argumentos que le han hecho volver a enamorar a la Sevilla baloncestística tras 10 años de sequía de Playoff, remontando punto a punto una diferencia que parecía inmensa y que voló en cinco minutos. En el ecuador del tercer periodo, Savanovic, el mejor de los cajistas, se atrevió en un uno contra uno para empatar el partido con un reverso concluido con tiro a tabla. 41-41 y quedaban 15 minutos para soñar en Sevilla. El triunfo no se consiguió, pero la sensación, que ya se obtuvo durante la Copa en aquellos cuartos contra el Barça, de que morirían en la cancha antes que conceder una tregua, inundó Vistalegre y coloreó el Playoff de orgullo y dignidad.

 

 

Otra vez Garbajosa (83:05). Nuevamente él, gritarían los aficionados del Cajasol cuando vieron al ala-pívot de Torrejón corriendo hacia el banquillo tras el bocinazo final del tercer cuarto. 48 horas antes, Jorge había dinamitado la reacción hispalense con un último periodo perfecto, con 11 puntos que valieron un partido de desempate. Minutos antes de ese triple, en los tres cuartos anteriores, había sumado otros 11, siempre en momentos calientes del choque, para mantener con vida al Real Madrid. Cuando Lavrinovic amagó la penetración para abrir hacia su posición, Garba lo tenía claro. Nada ni nadie existía entre él y el aro, lanzando un triple cargado de sentimiento que acabó entrando y sellando, minutos más tarde, el pase madridista a semifinales.

 

¿Y para vosotros? ¿Qué momentos os han hecho sentir más u os han parecido más simbólicos en estos últimos días?

 

PD: Pablo, pónte las pilas para semifinales que mis obsesiones le ganan por poco a tus apuestas. Estuviste fino con el tapón de Carroll, el triple de Felipe y las asistencias de Nielsen, pero gafaste a Lofton y a Saúl ni te digo, que ni jugó el pobre. En el Top8 de obsesiones, Norris naufragó, vale, pero Berni fue importante en defensa, Jasen fue uno de los líderes de su eqiupo, Bullock, Kelati, Navarro y Teletovic se salieron y hasta Ellis se propuso darme la razón a base de triples.