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Reconozcámoslo de una vez. Los periodistas somos unos pesados. Cada vez que llega una Copa, un Playoff o cualquier evento de importancia, sacamos a relucir tropecientas estadísticas. Como el estudiante repetidor al que le valen los apuntes del año anterior, acabamos publicando una ingente avalancha de datos y números que sirven para llenar previas y para fundamentar pronósticos. 

Estáis de suerte. El próximo año, uno de ellos habrá pasado a mejor vida. Y es que en este Caja Laboral-Real Madrid del domingo se enfrentan un par de maldiciones entre sí. Una de esas circunstancias con tintes ya históricos caerá para siempre. Sólo puede quedar una.

La maldición del Caja Laboral es la más dolorosa. El quinto partido, para el cuadro baskonista, es una condena, un verdadero suplicio, un castigo chino. Los vitorianos, uno de los equipos más apabullantes en los tiempos recientes, parece reacio a sufrir. Si gana, ha de hacerlo a lo grande. De hecho, las dos ligas que brillan en su palmarés llegaron tras un 3-0 en la final, un sello que se repite en otras eliminatorias, superadas con solvencia. En cambio, cuando llega la serie al quinto encuentro, se encienden las alarmas en Vitoria. Las semifinales de 1992 contra el Real Madrid, un 3-2 adverso, fue el primer aviso, mas la maldición más pura la sufrieron en esta década. En 2001, perdieron en Bolonia ante la Kinder la final de la Euroliga en el choque de desempate y repitieron el 3-2 en contra en semifinales de ACB contra el Real Madrid. Un par de años más tarde, el Unicaja tumbó al conjunto baskonista en cuartos con ese balance, pero más aún dolerían las eliminaciones posteriores.

En 2004, el Estudiantes asaltó el Buesa Arena para vencer por 2-3 en semifinales, al año siguiente un triple de Herreros dio el triunfo al Real Madrid en la final de la liga (2-3) y, nuevamente en Vitoria, el Barça derrotaba al entonces llamado TAU en las semifinales del Playoff 2007. El maleficio lo completó el propio cuadro barcelonista, eliminando nuevamente en el quinto encuentro al conjunto vasco por 3-2 en la Euroliga de 2009, provocando que el registro baskonista en series a cinco partidos sea de un desolador 0 de 8.

Claro que si la racha del Caja Laboral dura ya casi dos décadas, la del Real Madrid supera el cuarto de siglo. En realidad, más que del conjunto madridista, es un hito que aún no se ha logrado en ACB. Con el formato actual de eliminatoria, un 2-2-1, nunca un equipo ha logrado remontar un 2-0 adverso en la historia del Playoff.

Es la cantinela de todos los años en Playoff. Cuando un equipo se pone con 2-0 en contra, se apelaba al orgullo, al amor propio, a la dignidad, a la afición y a la épica si hacía falta, porque apelar a la historia poco. Algunas excepciones en eliminatorias por la permanencia (Caja de Ronda, Puleva Granada) y ninguna remontada heroica en la lucha por el título.

 

El panorama cambió con la machada del Unicaja en el Playoff 2005. Hace un lustro, los malacitanos vieron el precipicio muy cercano tras caer en sus primeros dos partidos contra el Lucentum Alicante. En aquella ocasión había una circunstancia diferente en la gesta que ahora busca el Real Madrid, y es que los cuartos de final eran con el formato 1-1-1-1-1, por lo que el tercer partido se celebró en Málaga y el cuarto en Alicante. En ambos, venció el Unicaja, que acabó completando la remontada con un agónico triunfo en casa para poner el 3-2 final.

El equipo madridista tiene a un especialista en situaciones límites, aunque su lesión le obliga a intentar desde el banquillo ser talismán por tercera vez en su carrera. Jorge Garbajosa puede dar fácilmente consejos sobre cómo actuar en este tipo de eliminatorias tan adversas, ya que él remontó un 0-2 con la Benetton al Reggia Emilia y, hace un lustro, estaba en la plantilla cajista que consiguió un puesto en semifinales que parecía destinado para el Lucentum.

Un triunfo madridista enseñaría el camino para los equipos con fe del futuro que nunca se den por vencidos y alimentaría los miedos vitorianos en un hipotético quinto choque. Una victoria baskonista acabaría con el cuento del gafe, reforzando la moral del equipo de cara a partidos de desempate en los años venideros y haría aún más imponente un 2-0 en el Playoff, por la imposibilidad de remontarlo. Lo único seguro es que sólo hay una silla para dos maldiciones por lo que, gane quien gane, una se romperá, provocando que la dictadura del dato del próximo Playoff quede algo más huérfana. A ver qué inventan.