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Cuando la razón pudo con el ansia, la lógica se disfrazó de femme fatal y el 2-0 tiñó la serie de blaugrana, toca apelar a la locura. Golpes de genialidad, de ímpetu, de ganas, de sueños. Chispazos que aviven la llama de Miribilla, que quiere llevar en volandas a su equipo hasta el quinto encuentro de la Final ACB.

En la batalla de la locura, Kostas Vasileiadis es rey. “No hay un gran genio sin mezcla de locura”. De Aristóteles a Kostas, de griego a griego, de filósofo a jugador. Un definitivo 0-3 es una situación imaginable. Empatar la serie sin genialidades de Vasileiadis, improbable. Un 2-2 sin su entusiasmo, su pasión y su locura, simplemente imposible.

 

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El Bizkaia Bilbao Basket apela al corazón para recuperar su baloncesto. No es mal camino. Un disco, un libro o el más bello desde los deportes, da igual. El arte se perfecciona desde la inspiración, desde el sentimiento. Y con 0-2 en contra, los argumentos técnicos o baloncestísticos se multiplicarán con cada latido. Ahí entra en escena Kostas.

Lejos queda aquel chaval irreverente por el que pagaron 3,5 millones de dracmas –unos 10.000 euros- cuando aún casi ni se afeitaba. Ese chico de 16 que cuando debutó se atrevió a tirar. Y después, otra vez. Y otra. Y otra. El miedo, para los que no creen.

Aquel codazo en la cara de Kenny Miller -“En ese momento dejé de ser niño para convertirme en hombre”-, sus 25 puntos por encuentro en el Europeo Sub20 o su llegada a Málaga para ser campeón, con una timidez de inicio que se quedó en espejismo.

“Solo acabo de llegar. Necesito expresarme en la pista”
. Y lo hizo. Y lo hace. Conexión total con las aficiones de Unicaja, Obradoiro y Bilbao Basket las del alero que aterrizó en las orillas del Guggenheim obligándose a jugar Copa y Playoff, quizás sin imaginar que rozó ser leyenda en el torneo por sus 7 triples y que su Bizkaia BB acabaría plantándose entre los dos mejores equipos ACB.

 

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Profético, anunciaba en el ecuador de la liga que su equipo, mitad genio y mitad irregular, como él, había demostrado jugar mejor contra los equipos grandes. Que pregunten por Valencia o Madrid, tras un Playoff en el que, más tarde o más temprano, siempre aparece. ¿Esconderse? ¿Y qué es eso?

Su irrupción en el final del primer partido de cuartos para poner a su equipo a 2 a falta de 5 minutos, su sangre fría en el segundo para dejar sentenciar con incontables tiros libres finales, ese par de triples en el último cuarto del tercer choque para confirmar el triunfo bilbaíno o, tras un par de partidos más discreto –que no cobarde-, sus dos triples consecutivos para hacer soñar a toda una afición con la remontada en el Palau.

“Vasileiadis le está haciendo un ‘Navarro’ al Barcelona”
, apuntaba con precisión e ironía Natxo Mendaza por Twitter. “Me encanta cómo tira Vasileiadis… incluso cuando mete”, espetaba Javier Ortiz para definir a un jugador cuyo simbolismo trasciende los números. Jamás un 31% en tiros de 2 y un 32% en triples habían inspirado tanto temor a un rival que sabe que el griego lanzará todo lo que haga falta con tal de cumplir sus sueños.

A 0,62 puntos por minuto –en lugar de los 0,51 de la regular-, a solo 15 de llegar a los 1000 en ACB, hombre a parar en el esquema de Pascual y la chispa que necesita el Bizkaia Bilbao Basket para volver a creer.

 “Mi expresividad es buena, si no tienes esa confianza no puedes hacer las cosas que sabes hacer: dar un buen pase, tirar… todos los jugadores nos divertimos en la cancha. Podemos ganarle a cualquiera”
, afirma aquel que cree que, tras la presión, toca “jugar como antes”.

 

Bandera griega a una mano, camiseta de Toquero en el torso. Sonrisa sin mesura, ambición con sobrecarga. Un grito, mil. Brazos al viento, al mismísimo cielo de Miribilla. El pabellón se cae. El pabellón cree. Su equipo confía. La locura enciende la mecha.



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¿Diversión, locura? ¿Y qué más da el nombre? ¿Y quién es el loco en este caso, el que sueña o el que baja los brazos? ¿El que grita y jalea o el que no siente?

“El individuo bien equilibrado está loco”
, escribía Bukowski. Quizás en Miribilla, el equilibrio en la serie empiece por ahí. Por la locura. Por su chispa. Por la diversión. Por Vasileiadis.