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"Hola, me llamo Erazem Lorbek y soy tan bueno que consigo que parezca que tú también podrías dinamitar una #FinalACB sin despeinarte"

No sé bien por qué puse esta frase en Twitter y aún menos por qué más de 50 personas la “retwittearon” por la noche, pero sí que Lorbek, Erazem Lorbek, fue un factor diferencial demasiado grande como para que el Bizkaia Bilbao Basket tuviese alguna opción este jueves. Menuda perogrullada decir eso de alguien que acabó con 24 puntos y 28 de valoración, ¿verdad?

Pablo Malo de Molina
se sumergía en una orgía de números y datos que hacían aún más grande el encuentro de Lorbek. “Me lo pido para el blog”. “No, no, ya voy a hacer yo un artículo con sus cifras”. Y lo hizo. 59-35 con él en la pista, 15-24 para el Bilbao sin su presencia, récord en Playoff y la curiosidad que sus tres topes anotadores de siempre en ACB han sido frente a los bilbaínos.

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¿Y de que escribo pues? De sensaciones. De ese pequeño universo donde el esloveno siempre sale vencedor, digan lo que digan los números. “La frialdad se ha fijado en mi recuerdo; era tan fría, ¡tan fría!, que al estrecharla en mi pecho su corazón no latía”, escribía Niestzche.

Este jueves el corazón de Erazem no latía. Frío como el témpano, sin escrúpulos, se propuso romper el partido sin hacer ruido. Y eso es tan complicado como hacer bailar sin música. Sólo unos pocos, fríos todos ellos, lo consiguen. Un triple por aquí, otro por allá, un tercero para romper el partido.

“Sin fallo. Bailo en la zona y la dejo dentro, muestro mi juego de pies y mareo al rival, por aquí, no… por allí, y vuelve a entrarme. ¿Qué me vienen tres rivales? Pues la doblo y canasta. ¿Qué me dejan solo? Tiro a 5 metros y acierto. No fallo. Tan suave, tan sencillo y tan frío que parece imposible hacerlo”.

Ya lo hiciste en cuartos de final, contra Unicaja, con números menos estridentes pero una actuación decisiva. Repetiste en semifinales, con un choque a un nivel casi tan alto como el primero de la final, que ya es decir.

“Asesino silencioso” te llamaba Pep Sales, aturdido por la exhibición y por lo fácil que parece el baloncesto con jugadores que lo tienen tan claro. ¿A que parecía que cualquiera de nosotros repitiendo el poco complejo guion éramos capaces de imitarle? Ahí reside su grandeza. La sencilla frialdad.

Empero, no solo de Lorbek vivió un Regal Barça que, y ya perdimos la cuenta, vive, actúa y morirá, si hace falta, siempre como un equipo. Solo Ricky Rubio se quedó sin anotar un punto, aunque el base de El Masnou ofreció un par de guiños nostálgicos que recordaron a su mejor versión. Esa asistencia tras pasarse el balón por la espalda y ese tirarse al parqué, con toda su alma, para rozar un balón y convertirlo en pase. Y en dos puntos. Rickyrubiesco.

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Soberbio Perovic, cuya puesta en escena asustó. En sus primeros 6 minutos, 5 puntos sin fallo, 4 rebotes, 2 robos, 1 tapón, 1 asistencias, 1 falta forzada y 14 de valoración. Si el segundo hombre con menos minutos durante la regular es capaz de eso, es para pillar un trauma. Y al Bizkaia Bilbao Basket le costó salir de él.

Cada vez que lo intentaba, otra puñalada de talento. El primer balón que tocaba Ingles acababa en triple, Grimau lo hacía todo bien y Ndong no se aburría de tocar y atrapar todo balón que rechazaba el aro. Si el día en el que entre Navarro y Anderson suman un 7/22 de tiros de campo el equipo sigue sin inmutarse, apaga y vámonos.

No tan rápido. Que enfrente está el Bizkaia Bilbao Basket. “Setecientas vidas para un sueño”, recordemos. Que las tienen, que las tienen de verdad. Banic decía hace 48 horas que ni un 0-2 les aterraba porque estaban preparados para cualquier escenario posible. Miribilla también. Aunque volver a casa con 1-1 convertiría el reto en sueño. Y de esto, en Bilbao, han aprendido mucho esta temporada…