Querido y ‘boludo' Iván:
España completó su mejor partido del torneo el día clave. Tal como anuncié, Lituania resultó un adversario muy complicado. Así fue; sólo se desmoronó en los cinco últimos minutos por dos aspectos clave: el tributo de las faltas y la defensa zonal planteada por Aíto. Ahí estuvo la plata española, en esos dos detalles.
Resultaría superfluo resumir así lo que resultó ser un gran partido de baloncesto, con múltiples matices que mantuvieron el equilibrio durante casi todo el choque. Equipo creativo, de una calidad individual y colectiva que rozan el sobresaliente, los paisanos de Sabonis hicieron ayer un esfuerzo adicional en defensa. Es complicado para hombres con sublime capacidad ofensiva extenuarse en defensa, pero el avance inexorable de este deporte obliga a que los artistas vistan el mono también. Por eso, Lituania centró gran parte de su esfuerzo ofensivo en entorpecer, empujar, incordiar y agobiar a Pau Gasol. Eran conscientes de que se trataba del jugador que podía marcar las diferencias en el partido, y le controlaron muy bien, si bien al final ya no pudieron.
Ese sobreesfuerzo, con empleo sin contemplaciones de fuerza por parte de los hombres altos y una rotundidad y multiplicación de ayudas muy bien estudiadas, supusieron una acumulación de faltas que mermaron a los lituanos en la recta decisiva del duelo. Si llega a jugarse con reglas de NBA (6 faltas por jugador; sigue así, ¿no?) no se sabe qué habría ocurrido, porque posiblemente Kristof Lavrinovic y Petravicius habrían terminado el encuentro. Además, la actitud de Kleiza, más revolucionado de lo conveniente, también dejó a Lituania con un jugador menos, pero éste durante todo el partido: apenas jugó y cometió dos faltas antideportivas que no venían a cuento.
En ataque, Lituania palió el ‘efecto Ricky' de una forma sumamente eficaz: el completísimo y extraordinario Siskauskas subía el balón y Jasikevicius no se complicaba la vida. Eso, la gran técnica individual y la casi perfecta ejecución del pase hacía menos dañina a la defensa española, que no consiguió el propósito del ‘sistema Aíto' acabar el encuentro con más de una decena de lanzamientos a canasta que el adversario. Lituania se alió con los triples y un soberbio Jasaitis, pero la selección jamás se descompuso; aguantaba el temporal con firmeza.
Así las cosas, España encontró sus virtudes en una constancia admirable que no le dio más confianza-ventaja a los lituanos de la cuenta. La selección estuvo trabajadora, disciplinada y sufridora a la espera de su oportunidad. Y esta llegó en el momento clave, cuando esa defensa en zona, algunas acciones de Gasol, otras de un providencial Jiménez, un bullidor Rudy y la confianza general del grupo acabaron con la pesadilla lituana, un equipo de gran dimensión.
Más que una carta, como has podido comprobar, me he permitido practicar una especie de crónica. Es lo que me pedía el cuerpo. Espero que te parezca bien.
Un abrazo,
Paco Rengel
• Proverbio, obviamente chino: "Las grandes almas tienen voluntades; las débiles sólo deseos".
Bolas chinas
Le pasa de todo. No sabemos cómo se las arregla, pero Iván Serres siempre se mete en líos y situaciones hilarantes. Y damos fe de que de lo que aquí escribe, de bola nada. Así, este joven periodista nos irá contando sus aventuras y desventuras con unas divertidas misivas desde Pekín, publicadas originalmente en Basketconfidencial.com... y cuyo director, el malagueño Paco Rengel, responde con pensamientos e ideas también interesantes. En resumen, una historia para no perderse y que podrás seguir ahora también al detalle en este ACBlog.
23/08/2008
Querido y ‘boludo’ Iván:
España completó su mejor partido del torneo el día clave. Tal como anuncié, Lituania resultó un adversario muy complicado. Así fue; sólo se desmoronó en los cinco últimos minutos por dos aspectos clave: el tributo de las faltas y la defensa zonal planteada por Aíto. Ahí estuvo la plata española, en esos dos detalles.
Resultaría superfluo resumir así lo que resultó ser un gran partido de baloncesto, con múltiples matices que mantuvieron el equilibrio durante casi todo el choque. Equipo creativo, de una calidad individual y colectiva que rozan el sobresaliente, los paisanos de Sabonis hicieron ayer un esfuerzo adicional en defensa. Es complicado para hombres con sublime capacidad ofensiva extenuarse en defensa, pero el avance inexorable de este deporte obliga a que los artistas vistan el mono también. Por eso, Lituania centró gran parte de su esfuerzo ofensivo en entorpecer, empujar, incordiar y agobiar a Pau Gasol. Eran conscientes de que se trataba del jugador que podía marcar las diferencias en el partido, y le controlaron muy bien, si bien al final ya no pudieron.
Ese sobreesfuerzo, con empleo sin contemplaciones de fuerza por parte de los hombres altos y una rotundidad y multiplicación de ayudas muy bien estudiadas, supusieron una acumulación de faltas que mermaron a los lituanos en la recta decisiva del duelo. Si llega a jugarse con reglas de NBA (6 faltas por jugador; sigue así, ¿no?) no se sabe qué habría ocurrido, porque posiblemente Kristof Lavrinovic y Petravicius habrían terminado el encuentro. Además, la actitud de Kleiza, más revolucionado de lo conveniente, también dejó a Lituania con un jugador menos, pero éste durante todo el partido: apenas jugó y cometió dos faltas antideportivas que no venían a cuento.
En ataque, Lituania palió el ‘efecto Ricky’ de una forma sumamente eficaz: el completísimo y extraordinario Siskauskas subía el balón y Jasikevicius no se complicaba la vida. Eso, la gran técnica individual y la casi perfecta ejecución del pase hacía menos dañina a la defensa española, que no consiguió el propósito del ‘sistema Aíto’ acabar el encuentro con más de una decena de lanzamientos a canasta que el adversario. Lituania se alió con los triples y un soberbio Jasaitis, pero la selección jamás se descompuso; aguantaba el temporal con firmeza.
Así las cosas, España encontró sus virtudes en una constancia admirable que no le dio más confianza-ventaja a los lituanos de la cuenta. La selección estuvo trabajadora, disciplinada y sufridora a la espera de su oportunidad. Y esta llegó en el momento clave, cuando esa defensa en zona, algunas acciones de Gasol, otras de un providencial Jiménez, un bullidor Rudy y la confianza general del grupo acabaron con la pesadilla lituana, un equipo de gran dimensión.
Más que una carta, como has podido comprobar, me he permitido practicar una especie de crónica. Es lo que me pedía el cuerpo. Espero que te parezca bien.
Un abrazo,
Paco Rengel
• Proverbio, obviamente chino: "Las grandes almas tienen voluntades; las débiles sólo deseos"
España completó su mejor partido del torneo el día clave. Tal como anuncié, Lituania resultó un adversario muy complicado. Así fue; sólo se desmoronó en los cinco últimos minutos por dos aspectos clave: el tributo de las faltas y la defensa zonal planteada por Aíto. Ahí estuvo la plata española, en esos dos detalles.
Resultaría superfluo resumir así lo que resultó ser un gran partido de baloncesto, con múltiples matices que mantuvieron el equilibrio durante casi todo el choque. Equipo creativo, de una calidad individual y colectiva que rozan el sobresaliente, los paisanos de Sabonis hicieron ayer un esfuerzo adicional en defensa. Es complicado para hombres con sublime capacidad ofensiva extenuarse en defensa, pero el avance inexorable de este deporte obliga a que los artistas vistan el mono también. Por eso, Lituania centró gran parte de su esfuerzo ofensivo en entorpecer, empujar, incordiar y agobiar a Pau Gasol. Eran conscientes de que se trataba del jugador que podía marcar las diferencias en el partido, y le controlaron muy bien, si bien al final ya no pudieron.
Ese sobreesfuerzo, con empleo sin contemplaciones de fuerza por parte de los hombres altos y una rotundidad y multiplicación de ayudas muy bien estudiadas, supusieron una acumulación de faltas que mermaron a los lituanos en la recta decisiva del duelo. Si llega a jugarse con reglas de NBA (6 faltas por jugador; sigue así, ¿no?) no se sabe qué habría ocurrido, porque posiblemente Kristof Lavrinovic y Petravicius habrían terminado el encuentro. Además, la actitud de Kleiza, más revolucionado de lo conveniente, también dejó a Lituania con un jugador menos, pero éste durante todo el partido: apenas jugó y cometió dos faltas antideportivas que no venían a cuento.
En ataque, Lituania palió el ‘efecto Ricky’ de una forma sumamente eficaz: el completísimo y extraordinario Siskauskas subía el balón y Jasikevicius no se complicaba la vida. Eso, la gran técnica individual y la casi perfecta ejecución del pase hacía menos dañina a la defensa española, que no consiguió el propósito del ‘sistema Aíto’ acabar el encuentro con más de una decena de lanzamientos a canasta que el adversario. Lituania se alió con los triples y un soberbio Jasaitis, pero la selección jamás se descompuso; aguantaba el temporal con firmeza.
Así las cosas, España encontró sus virtudes en una constancia admirable que no le dio más confianza-ventaja a los lituanos de la cuenta. La selección estuvo trabajadora, disciplinada y sufridora a la espera de su oportunidad. Y esta llegó en el momento clave, cuando esa defensa en zona, algunas acciones de Gasol, otras de un providencial Jiménez, un bullidor Rudy y la confianza general del grupo acabaron con la pesadilla lituana, un equipo de gran dimensión.
Más que una carta, como has podido comprobar, me he permitido practicar una especie de crónica. Es lo que me pedía el cuerpo. Espero que te parezca bien.
Un abrazo,
Paco Rengel
• Proverbio, obviamente chino: "Las grandes almas tienen voluntades; las débiles sólo deseos"
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