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Matar moscas a cañonazos. Es lo que debieron de pensar millones de telespectadores cuando Howard culminó el mate en la canasta portátil, a cuya aparición nos pusimos en pie imaginando algo verdaderamente grandioso, tal vez una nueva versión del Double Dunk. A eso añadía el atrezzo de una cabina telefónica desde la que salió tal cual estaba (con la capa en las manos). Es decir: el montaje más aparatoso en la historia del certamen para que finalmente el misterio fuera resuelto con un mate corto, frío y para colmo delicado, no fuera a caer la portátil del carro.

 

El superhombre que asombró el año pasado con un repertorio trabajado, definido y sencillamente monstruoso vino esta vez a medias. Tanto que improvisó en su último ensayo el más pobre free throw que haya visto un concurso. Incluso se hacía extraño ver a un 2.10 replegar carrera para un tipo de batida para la que su constitución no está diseñada. Howard contaba una vez más con todo de cara para ganarse fácilmente al público y contagiar al jurado. Pero se borró de la obligación que cabe a un Superman para quien la canasta no es más que un juguete.

 

No deja de ser curioso que esta edición de 2009, que incluía un ejercicio de High Dunk, haya resultado la más pobre en el factor altura desde 1997. El fenómeno cada vez más poderoso de acercar la cabeza al aro, el combustible ideal de la slow motion, se quedó en la nevera esta vez, como la barrera de los 20 puntos en el concurso de triples.

 

Igual decepción supuso el segundo ensayo de Smith. Lo inició con lo que habría sido un riquísimo añadido a su behind the back de 2005. Lástima. Le asustó el reloj y reculó pronto. Y el parche elegido, con Weems desde la grada, remitía al ejercicio de Pepe Sánchez y Pietrus en la ACB. Pero con mucho menor riesgo. Con Smith fuera de juego no fue precisamente Rudy quien hizo recordar la terrible ausencia de Joe Alexander.

 

A Robinson le sobró la tarascada (sin impulso) a las lumbares de Chandler. Los otros tres mates fueron vivos, ágiles y convincentes. No hubo nada especialmente portentoso. Pero su conjunto fue sin duda el más elevado de los cuatro matadores. Robinson no es sólo un pedazo de energía atómica. Es ante todo un matador inteligente que exhibió el finísimo detalle de apoyarse en una fracción de segundo sobre los titánicos hombros de Howard para culminar con éxito su mayor salto de la noche. 

 

Se hace difícil creer que todo espectador español no fuese Rudy Fernández desde que apareció anoche en pantalla. Una benévola empatía que nos hizo sentir el marrón de tener que improvisar unos pasos en el escenario antes de arrancar el concurso, de tardar en atreverse en el calentamiento y finalmente de acordar con Pau Gasol que no le enviara el balón por detrás de la espalda. Fue un error conjunto. Los dos minutos se esfumaron en algo que más que enriquecer el mate lo estaba directamente impidiendo.

 

 

 

 

Su estreno fue rápido, valiente. Recordaba con enorme precisión al de Rex Chapman en 1990. Y como entonces, con un mate acorde a las cualidades de su autor (entre el 42 y 45). Poco después cerraba su concurso. Pero en apenas unas décimas de segundo puede que Rudy ofreciera el momento más plástico de la noche. Y el más hermoso. Porque protegió el buen gusto en la memoria de Fernando Martín, un gesto que ni los capotes ni las djalminhadas habían alcanzado a ver. Rudy no es culpable del enorme cariño que despierta entre el público americano, el único que de verdad hizo posible que estuviera allí.

 

Para que un Slam Dunk se sume a la historia sin avergonzarse se precisa, como mínimo, un ensayo que salve la edición y encabece la memoria futura. El de 2009 no pertenece a esa estirpe y convierte a su precedente -remember Gerald Green- en el incómodo final de un ascenso del certamen que había unido técnica e imaginación a niveles de enorme atractivo. Debiera mover a la NBA la definitiva valentía de salvar la idea con todos los medios disponibles, que básicamente se resumen en que de una vez para siempre se reúnan en el concurso los mejores matadores del mundo, aunque ello suponga la presencia de algún amateur sin contrato en las tres siglas.