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Era cuestión de tiempo. En cuanto Detroit estrenara curso y Ben Gordon partiera desde el banquillo como estimulante ofensivo, tenía que salir a colación el térmico nombre de Vinnie Johnson.

 

La mención, habiendo quedado ahí, hasta tendría su punto. Porque ni es la primera ni será la última vez. Pero la cosa se afeó bastante por un titular de Dan Feldman, habitual firma digital de la Motor City, al poco de despachar a los Grizzlies (74-96) con una buena actuación del recién llegado (22 pts). Impaciente y algo entusiasmado, Feldman se apresuró a rescatar a Vinnie no se sabe si para desmontar una posible comparativa, de tanta simpleza como cabos sueltos, entre ambos jugadores. Sin atar ninguno el cronista subrayaba a Ben Gordon como mejor jugador que Vinnie Johnson. Pero todo lo cargaba al titular señalando que el nuevo escolta de Detroit no merece algo así. Como si Vinnie fuera poca vara de medir para el calibre de Gordon.

 

Rara vez un titular mueve a respuesta en este rincón. Pero la ocasión lo merece. Porque las comparativas, si se pretenden justas, deben serlo del todo.

 

Ben Gordon y Vinnie Johnson. Para empezar la analogía resulta atractiva. Y casi automática. Porque enseguida acude a la cabeza cierta importancia del banquillo en la carrera de ambos. Ahora que las rotaciones están de moda en otros deportes, en la puesta en escena del baloncesto ocurre desde hace mucho que determinados jugadores, como los relevistas, quedan a salvo del primer acto. Éste fue el caso de Vinnie y no tanto el de Gordon.

 

Si John Kuester pretende remontar a los orígenes de Gordon y que éste eleve la temperatura ofensiva de Detroit saliendo desde el banco, la comparativa con Vinnie Johnson puede valer. Mismo equipo, parecidas virtudes y mismo orden de entrada. Hasta ahí vale. Pero si la comparativa entra en profundidades, hace aguas. Y lo hace por varios motivos que interesa precisar.

 

 

 

 

En cierto modo Ben Gordon y Vinnie Johnson atienden a perfiles como nacidos para iniciar la segunda unidad de pista. La carrera de Johnson en Detroit se explica precisamente a través de su no starter condition y su valiosa utilidad ofensiva entrado el juego y como al margen de lo que estuviera ocurriendo. Johnson era todo autonomía. Y tanto podía encender un partido apagado como sumarse al calor de uno encendido. Esta circunstancia se instaló en el primer Gordon a un extremo todavía mayor. Es el único jugador de la historia en conquistar el galardón de mejor sexto hombre como novato.

 

Ambos comparten, pues, algo de esa fortaleza en la segunda línea de salida. Y sin embargo aquí reside la primera gran diferencia, de tipo táctico.

 

Vinnie Johnson formaba en un equipo donde el backcourt titular alternó, en el periodo de mayor autoridad (1987-1991), entre Thomas-Dumars-Dantley y Thomas-Dumars-Aguirre. Una tríada prioritaria que desplazaba al Johnson veterano en razón de un presunto juego de calidades. Dado el óptimo resultado Daly optó por esa jerarquía y le dio continuidad.

 

En Gordon no hubo en cambio tiempo para resultados. Aun siendo podio en el draft fue su condición de novato lo que le confinó inicialmente al banquillo. Circunstancia que el escolta aprovechó para desatar sus virtudes anotadoras en un tiempo reducido y hacerlo además con una inesperada condición de clutch. Únicamente LeBron James anotó más puntos que él en los últimos cuartos de aquella temporada.

 

Ello brindó a Gordon un extraño perfil que parecía inclinar a Skiles a retrasar su entrada a pista, a su dosificación y a un difuso papel de revulsivo. No es que la tríada Hinrich-Duhon-Deng fuera preferente por calidad. Es que Gordon se forjó enseguida el mismo tipo de jugador que en su día figuró Ricky Pierce.

 

Con el añadido de que Gordon tampoco escapó en adelante a cierta etiqueta de jugador de riesgo, a ratos desconectado y con una peligrosa tendencia a perder el balón. Un sello diametralmente opuesto a Vinnie Johnson.

 

No importó. Skiles prefirió su corte anotador a todo lo demás y empezó a olvidar su papel de banquillo. Así en cinco años de carrera el inglés ha sido más veces titular (204) que Johnson en trece (187). A partir de su segundo año Gordon vio incrementarse sucesivamente su titularidad a las 47, 51 y 76 veces de 2009. Así pues, el tiempo revocó en parte aquella primera condición de anotador de tiempo reducido y ahora Kuester, algo receloso de hacerle titular, le devuelve aquel primer papel donde más peligroso, cómodo y cercano a Vinnie Johnson se encuentra. Una cercanía que nace en realidad en el mánager general. Porque Joe Dumars busca replicar aquella 3-guard line offense de los viejos Bad Boys y así se lo confió personalmente a Gordon.

 

Esa línea se resuelve con Stuckey, Gordon y Rip Hamilton. Pero a juicio de Kuester y sin un Isiah Thomas en el equipo, no de entrada. De hecho no han sido pocas las dudas en torno a la pareja Hamilton-Gordon. Tras el infierno del año pasado Rip se sigue viendo como el líder natural del ataque. Y a la vez Gordon difícilmente como el segundo de alguien. Por eso Kuester ha optado de inicio por ese orden. Para evitar riesgos en la UConn-ection.

 

El estreno en el Palace y la derrota (83-91) ante Oklahoma ratifican este diseño del entrenador. A la primera ausencia de Hamilton, Gordon fue titular ahogándose en un exceso de minutos (39:35), responsabilidad y lanzamientos (8-20) en los que sigue sin encontrarse cómodo.

 

De vuelta a la comparativa, sale sin embargo algo más favorecida en otros apartados.

 

Físicamente incluso se hace entendible. Aunque la mayor fortaleza de Johnson residía en sus poderosas piernas, es de recibo referir el tronco superior de ambos como fuerte y desarrollado. Gordon presenta una mayor definición en brazos y dorsales -la ventaja del tiempo- pero los dos comparten proximidad de estatura -una pulgada de diferencia- y hombros anchos y robustos, de los que cuesta defender al contacto. Sí. Hay algo de cuadrilátero en la fisonomía de ambos.

 

Pero es técnicamente donde la relación gana interés. Los dos responden a ese felino patrón de grandes lanzadores en movimiento con enorme capacidad de crearse los puntos a solas. Compartiendo un primer paso decisivo Johnson podía pelear metros con su par encima mientras que Gordon gusta menos de avanzar con balón y defensor a cuestas.

 

Una diferencia pequeña cuando la enfrentamos a la mayor de todas: Vinnie perdía buena parte de sus poderes más allá de la mid-range mientras que Gordon domina todas las distancias y parece inclinarse cada vez más por la lejanía, allá donde menos se resiste la defensa y menos daña el desgaste. Cabe rescatar aquella noche de abril de 2006 en que Gordon no falló ante los Wizzs ni uno solo de los nueve triples que intentó.

 

Ambos coinciden sin embargo en ser mentalmente fríos, en compartir esa figura algo ártica del silent killer de aspecto serio y distante. Lo defensivo disgustaba algo menos a Vinnie que a Gordon, dando la impresión de que aquél, al rebote, tapón y robo, era un poco más sacrificado. Hasta es posible señalar que Vinnie Johnson resultó un tipo mucho más coachable de lo que la experiencia concede a Gordon.

 

Todo sea por la diferencia de entrenadores y la incuestionable realidad de que Ben Gordon ha formado hasta el momento en plantillas donde su importancia ha sido mucho mayor que la que tocó en suerte a Vinnie Johnson. Importancia que se traduce en minutos y puntos (21.4 / 20.7 / 23.5). Cifras que nunca estuvieron al alcance del viejo Vinnie. Y sin embargo el legado de éste sigue siendo superior al del británico no tanto por los anillos como por una mera cuestión de contexto. 

 

Johnson formó en un equipo de oro. Cumplió el mejor de sus papeles. Incluso conquistó por una noche la cima más alta de todas. Pocos jugadores entregaron a la Historia una canasta arquetipo de algún título determinado. Vinnie Johnson, el sujeto al que Danny Ainge bautizó como microwave para la eternidad, es uno de ellos. No es posible rescatar el anillo de 1990 sin la última puñalada del toro de Brooklyn, un episodio mortífero que coronaba una de aquellas remontadas que tanto caracterizaron a los mejores Pistons habidos. Un equipo que antes que jugar al baloncesto lo hacía con el rival, siendo el propio Vinnie uno de sus principales iconos. Pura vanguardia de una sobresaliente formación en su época más dorada.

 

Por algo así suspira Ben Gordon. Porque nada de eso conoce aún.

 

"Ben Gordon doesn't deserve Vinnie Johnson comparison", arrojaba el titular. Y puede que Feldman tenga razón en que Ben Gordon no lo merece. Pero infinitamente menos la figura de Vinnie Johnson un titular así. De hecho, ahora que Internet permite un rápido feedback, la cosa tampoco ha gustado demasiado en Detroit. Ni seguramente mucho más allá. Es lo que tiene hurgar en los monumentos de la memoria.