ACBBlogs

De unos años para acá viene afligiendo al All Star Weekend un desencanto, como una universal deserción de lo que antes despertaba asombro y ahora sospechosa indiferencia. Sin entrar en pequeños detalles, asoman grandes razones:

 

  • El tiempo pasa tan rápido que los ASW's se superponen sin digestión ni huella.
  • La indiferencia (cuando no el desprecio) hacia lo más lúdico del baloncesto corresponde a una postura cínica y esnobista muy típica de nuestro tiempo que observa lo lúdico como pueril y absurdo y lo "serio" como superior y deseable.
  • Es humanamente imposible innovar a la par del tiempo.
  • Los protagonistas han tendido a desalojar de la fiesta el valor más elevado del espectáculo: la dificultad.

 

Todas tienen su parte de verdad. 

 

 

 

 

 

Hace poco más de una semana que la ESPN abría un coloquio digital con el ASW como encausado. Hasta once analistas arrojaban sus impresiones sobre el gran fetiche y, en el mejor de los casos, propuestas para mejorarlo. El coloquio tuvo su interés y hasta algún momento de lucidez. Pero una vez terminado, invadía la desoladora impresión de que los organizadores de la fiesta están todavía más perdidos que los millones de telespectadores invitados a disfrutarla.

 

Por encima de las soluciones hubo acuerdo general en tres ofensivas básicas:

 

  • Abajo la democracia.
  • Deben estar los mejores.
  • Por dinero que no sea.

 

Con ello se pretendía cerrar el paso a la numerocracia china y a jugadores de momento decepcionante (Iverson) así como presentar a los mejores en el Concurso de Mates.

 

Precisamente uno de los apartados más interesantes del proceso concernía a ese concurso. A juicio de Rob Mahoney el Slam Dunk era el perfecto ejemplo del declive que padece el ASW. Mahoney no atacaba a la idea ni al idealismo del concurso. Ninguno lo hizo. Se atacaba a la pobre realidad de cada nueva edición, que según él podía verse bobamente satisfecha con los preliminares circenses de un Dwight Howard cualquiera. Mahoney exigía un renacimiento. Pero no aportaba solución alguna.

 

Al menos sí lo haría Jeremy Wagner. En su intervención proponía la creación de la High Dunk Competition. Un concurso que elevara el listón del aro a sucesivas alturas para diferentes grupos de matadores según su estatura. De modo que viéramos rivalizar a Dwayne Wade y Derrick Rose en la talla inferior al 1.95 y a LeBron James y Dwight Howard en la mayor.

 

La idea de Wagner era compartida por M. Haubs con el añadido de que éste proponía la existencia conjunta de los dos concursos: High y Artistic. Sobre este último liberaba a los matadores de rondas para concederles de dos a cuatro minutos de libre ejercicio donde pudieran dar rienda suelta a sus ensayos. El autor del mejor mate de la noche alzaría el trofeo de campeón.

 

Con ello liquidaba:

 

  • El desfile de fallos sin castigo.
  • La vieja suma de puntuaciones que permitía a un último matador atrapar el título con un mate de seguridad, cualquier simpleza que superara los 40 puntos.

 

Desde Ohio John Krolik recelaba del actual sistema de selección, muy pobre a su gusto. Krolik formulaba la idea de preseleccionar a un total de 10 matadores un mes antes de la competición. Y que cada cual presentara un ramillete de mates que fueran sometidos a examen público y dieran en los cuatro mejores, los únicos presentes en la noche del sábado.

 

Krolik arremetía contra la democracia a la vez que reconocía haber cometido un error al votar a Rudy Fernández en lugar de a Joe Alexander. Lo hizo, según decía, antes de saber que el alero de Milwaukee había prometido ofrecer en el concurso dos mates nunca vistos.

 

Abría sin embargo una interesante vía: "Yo no quiero ver grandes nombres. Tan sólo mates asombrosos". Algo así invitaría a pensar que el objetivo del Slam Dunk sería dar con los mejores matadores del mundo y no con cuatro participantes NBA elegidos sin demasiado fuste. El problema es que una selección de rango universal contraviene dos principios que la propia liga se ve incapaz de cuestionar:

 

  • La obsesión por popularizar decisiones.
  • La renuncia a participantes de otras ligas, incluso su propia filial NBDL.

 

Huelga decir que quien suscribe no tuvo ocasión de participar en el debate. Pero de haberla tenido, la cosa se resumiría en las siguientes objeciones y propuestas:

 

  • A los tres años del High Dunk la competición estaría muerta. Si se ataca a la Artistic por agotada y reiterativa, qué no pensar de ensayos cuyo único objetivo fuese la altura. Un ensayo de Howard culminado con éxito a 3.75 o 3.80 del suelo daría con años y años de certamen menor. Algo así como la longitud tras el milagro de Beamon.

 

  • El H-O-R-S-E, rescatado de las cavernas, es un concurso de ritmo lento y tono gris. O los jugadores se animan y apresuran aciertos, o se corre el riesgo de asistir a un desfile de tiros sin fundamento ni gracia.

 

  • Sonroja la incoherencia de la liga con los tres candidatos a los mates por votación cuando una baja no es sustituida por uno de los dos candidatos restantes (Alexander o Westbrook) sino por un tercero (J.R. Smith) que se antoja improvisado.

 

  • Se propone organizar de una vez para siempre una Operación Triunfo del mate. No sólo en Estados Unidos, sino a nivel internacional. La tecnología de Youtube permite hacerlo sin apenas coste. Un comité técnico sería el encargado de evaluar y seleccionar finalmente a los participantes, muchos de los cuales darían la vida por aparecer en la Gran Pantalla.

 

  • Finalmente la endogamia NBA de hacer participar exclusivamente a los suyos genera un enorme problema. Nunca estarán los mejores. Y de haberse fundado el concurso hace cuarenta o cincuenta años el mundo se habría perdido a Jackson y Manigault como hoy se pierde a Fontenette y White. Un desperdicio absurdo.

 

 

Sobre el partido del domingo únicamente cabe reseñar un problema endémico. El partido como competición falleció a finales de los años noventa. No cabe solución por imposición. Pero a lo sumo cabría proponer del alto mando una sugerencia en los siguientes términos:

 

- D. Stern: "Señores, tienen ustedes que competir desde el primer minuto hasta el último. Imaginen que es un partido de playoffs. Jueguen por favor a ganar".

- Stars: "Pero, ¿no habíamos quedado que primaba el espectáculo?".

- Stern: "Naturalmente. Pero el espectáculo sin dificultad es una pantomima". 

 

No conviene terminar sin hacer mención a una de las propuestas más interesantes de aquella velada. Desde Michigan Dan Feldman proyectaba rescatar del olvido el Old-Timer's Game con un añadido crucial. No se trata de vestir de corto a legendarios abuelos que despierten aplausos por compasión. Sino de rescatar a un ramillete de jugadores recientemente retirados pero todavía en forma para enfrentarles en un partido que seguramente humillara al del mismo domingo.

 

Feldman abría una lista formada por Michael Jordan, Reggie Miller, Karl Malone, Dennis Rodman, David Robinson, Hakeem Olajuwon, Glen Rice, Scottie Pippen, Rik Smits, Antoine Walker, Mitch Richmond, Nick Van Exel,, Terrell Brandon, Alonzo Mourning, P.J. Brown, Robert Horry, Kevin Willis, Toni Kukoc, Jon Barry o Clifford Robinson. "A good mix of two groups would provide the best game". Tal vez incluso mejor que el de jugadores activos por una sencilla razón: algo muy poderoso invita a pensar que, devueltos a las cámaras, pondrían el orgullo en juego mucho antes que el banal espectáculo sin resistencia.

 

Pese a todo lo dicho el ASW tiene algo sagrado que conviene mantener vivo y que se traduce en ideales tales como la fiesta, la unidad, la familia y la hermosa materialización del componente irracional del juego.

 

Con sus defectos, larga vida a la fiesta.