ACBBlogs
Cuando apaga una década es momento de mirar atrás. No tanto por la desazón que nos produce el cambio de dígitos como como por la humana costumbre de medir la vida histórica a palmos de diez, cincuenta o cien años. Inercia que el deporte hace suya como el libro sus páginas. Toca ahora pasar una. Una de esas páginas que en el futuro revisarán los cirujanos del tiempo.

 

Del gremio de curiosos que se asoman a radiografiar la década es difícil superar la quirurgia operada estas semanas por el doctor Haubs recogiendo lo suyo y lo de otros. Aquí se ofrece menos un exhaustivo recuento que una ligera memoria y un obligado reclamo a los lectores cercanos. 

 

 

................................................

 

 

 

 

 

2000 Los Angeles Lakers

2001 Los Angeles Lakers

2002 Los Angeles Lakers

2003 San Antonio Spurs

2004 Detroit Pistons

2005 San Antonio Spurs

2006 Miami Heat

2007 San Antonio Spurs

2008 Boston Celtics

2009 Los Angeles Lakers

 

 

Sobre una panorámica muy general, como a cien órbitas del suelo, podría decirse que los años dos mil, contrariamente a los años sesenta y ochenta, nos han legado un precioso desfile de superjugadores y no tanto de superequipos. Suena extraño cuando a la tesis se oponen enseguida Los Angeles Lakers ('00, '01, '02, '09) y San Antonio Spurs ('03, '05, '07). Los primeros, como acostumbra su eterna aristocracia, protagonistas de una trilogía de incontestable dominio más un glorioso cierre de década. Los segundos, acaso el más fiable paradigma de equipo que quepa concebir. Pero en ambos casos tal vez proceda más hablar de dinastía, gestión de franquicia o extensión del éxito.

 

Lo que se quiere decir es que los años dos mil no nos dejan unos Lakers del 72, unos Celtics del 86, unos Lakers del 87 o unos Bulls del 96. No nos dejan un superequipo de temporada de cabo a rabo. Nos los dejan. Pero no de corona histórica. De celebrarse hoy un 75 aniversario de la NBA resultaría difícil elegir uno solo de los diez equipos campeones que nos han brindado estos diez años. Uno por encima de todos. Uno como el más dominante.

 

Los Celtics de 2008 (66-16), con el mayor diferencial de puntos a favor de toda la década, forman ya elenco de los mejores modelos defensivos habidos. Pero incorporaron a su postemporada una inesperada carga (4-3/4-3/4-2/4-2) de la que por ejemplo carecieron los Lakers de 2001 (15-1), cuya Regular (56-26) no brilló en exceso. De este último modelo de dos velocidades al que nos habituaron los Pistons de Daly nadie ha bebido en mayor grado que San Antonio. Sin un curso inferior a las 53 victorias los Spurs acostumbraron a disparar el acelerón a cada nuevo mes de abril. De hecho, el detonado entre mayo y junio de 2007 ante Jazz y Cavaliers podría ser considerado como el de mayor excelencia táctica de toda la década con permiso de los Pistons de junio de 2004. 

 

Porque precisamente el brutal acelerón de Detroit entonces tuvo lugar en plenas Finales. Como algo menos intenso pero más prolongado fue el de la sorprendente Miami en 2006, uno de esos raros títulos que la historia contempla en solitario.

 

Esta ausencia de un año verdaderamente hegemónico -lo más próximo son los Lakers de 2000- permite hablar de diez años de una bonita y diversa igualdad bajo los equipos campeones, más recurrentes de lo que la realidad hizo presumir. Por debajo del anillo desfiló una corte de equipos (Sacramento, New Jersey, Detroit, Dallas, Phoenix) que ha enriquecido enormemente la década. Una sólida corte que permite afirmar que el nivel de competición en la parte alta de la liga se vio incrementado en estos diez años respecto de las dos décadas anteriores. Que los segundos y terceros de turno figuran en definitiva modelos mucho más definidos y avanzados, más poderosos y competitivos que sus homólogos del decenio anterior.

 

Diez años no es nada. Pero tanto a la vez pueden ser que entre dos subcampeones como la Indiana de 2000 y el Orlando de 2009 hay un siglo de distancia. Aquellos Pacers son lejana historia. Estos Magic radiante presente. Es el seductor juego que permite aprisionar una década.

 

Una década marcada en exceso por un defecto de estructura. En este tiempo la NBA pareció articulada entre un Tercer Mundo (Este) y un Primero (Oeste). Una tendencia algo ingrata que el tiempo ha tendido a reparar del mismo modo que lo hizo a principios de los setenta (entre 1959 y 1971 ningún equipo del Oeste conoció el anillo). En pleno desequilibrio dos candidatos del Este, Detroit y Miami, lograron vulnerar la corriente. Lo que venía a significar que por encima de sus miserias el Este podía ofrecer un último representante que vengara la diferencia.

 

Para cuando Boston conquista su 17º cetro el desnivel había comenzado a remitir y tres de los más sólidos representantes del lado fuerte -Spurs, Mavs y Suns- iniciado su ocaso.

 

Es fácil revisar el decenio a través de sus campeones. El futuro se ocupará únicamente de ellos. Pero algo más adentro, ahora que el recuerdo es cercano, la década presta también su memoria al resplandor de varios patrones de juego, acaso los más valientes, genuinos y encantadores que nos legaron estos diez años:

 

 

Sacramento (2000-03): Sellaron un quinteto a fuego (Bibby-Christie-Stojakovic-Webber-Divac) y un estilo brillante y novedoso que rescataba la media pintura como riquísimo espacio de circulación que remontaba a los mejores Celtics de los años ochenta. Murieron en reiterada cercanía a la meta por carecer de suficiente potencial interior con que hacer frente a los Lakers de O'Neal así como por una desventaja final en recursos de desgaste. Su delicada exuberancia en el uso del balón, con frecuentes secuencias de pase corto a través de líneas defensivas aparentemente cerradas, situaron su intención táctica muy por encima del panorama general de la década, donde ocupan el trono en el llamado juego de memoria.

 

Dallas (2000-04): El perímetro abierto más fértil de principios de siglo terminó aceptando con el tiempo la necesidad de fortaleza interior. Preservando en lo básico la táctica abierta al perímetro sumó más backcourt de resolución anotadora hasta prescindir de Steve Nash, el eje director de una circulación que invertía de manera firme y limpia el balón entre postes altos. El adiós de Don Nelson en favor de Avery Johnson integró gradualmente el modelo en el seno de aquella política de bloques que, como San Antonio, acumulaba resortes de amenaza en todos los puntos del juego. Así los Mavericks se hicieron más poderosos sin perder aquel ataque saneado con el perímetro abierto como eje medular. En apenas dos años -Dallas (2005-07)- el equipo fue redefinido defensiva y posicionalmente hasta convertirse en el modelo más versátil del mundo. Pero aquel radiante The All Tempo Team (127-37) sufrió dos sucesivos golpes de muerte (Finales 2006 / 1ª Ronda 2007) cuyas terribles consecuencias, especialmente mentales, se prolongan hasta el día de hoy.

 

Phoenix (2004-07): Sin duda la mayor conquista formal sin título que embolsar. Todo se resumía en director y alas proyectivos. La continua interacción de estos cinco recursos ofensivos en permanente agresión y estado de urgencia produjo como resultado una pronunciada silueta de verticalidad, de voluntad de ataque, de afán de aro, como no había conocido el baloncesto desde los mejores años del Showtime angelino (1985-1988), una diferente interpretación del fast break que optimizaba las posibilidades de la circulación vertical a través de una brillante economía del pase. Por la importancia de su jugador más emblemático: ver más abajo Steve Nash.

 

Golden State (2006-07): Como heredando lo mejor del modelo PHX los Warriors volvieron a ser laboratorio de la vanguardista interpretación del más genial Don Nelson. Si en 1991 el motor de aquel experimento llamado TMC corrió a cargo de Tim Hardaway dieciseis años después tomaría el relevo Baron Davis. Desaforado juego en transición, agresivos ataques de cinco y un brutal shuffle a toda pista que acabaron por rematar a los mejores Mavericks de la historia (67-15). El problema de los equipos de Nelson desde que abandonara Milwaukee es que tanto agradaban la vista y reventaban cuadros de playoffs como terminaban muriendo enseguida. Nelson y Warriors: iconos del baloncesto suicida de corto recorrido.

 

L.A. Lakers (nov. dic. 2003): Vale rescatar de la memoria el espléndido inicio de temporada de aquel radiante experimento referido en sus días como Big Four gracias a la pomposa unión de Shaquille O'Neal, Kobe Bryant, Karl Malone y Gary Payton. Durante apenas una veintena de partidos a salvo de lesiones los Lakers parecían un equipo sencillamente imbatible con el privilegio de agradar. Siete meses después la humillación en las Finales hizo trizas el vestuario y sepultó aquel ensayo como pieza de museo.

 

 

 

Orlando (mayo 09): Fue una serie (ECF). Pero bien valió la pena. Su estructura radicalmente perimetral remitía a los Mavericks de principios de década sólo que las cuerdas de circulación, de nítida factura e inagotable extra-pass, retrasaban los pies hasta el anillo del triple ganando un precioso espacio que trastornó la defensa de los Cavs como lo habrían hecho con cualquier otra en el mundo. Nunca los estáticos habían exhibido semejante fractura entre un jugador interior (Dwight Howard) y el exterior, por momentos de hasta cuatro hombres abiertos de lanzamiento mortífero.

 

 

Todo ello formalmente. Porque en lo que al factor de competición concierne equipos como los Timberwolves (2004), Clippers (2006), Hornets (2008), Cavaliers (2007), Magic (2009), Nets (2002/2003) y Nuggets (2009) -ambos no ABA-, alcanzaron su cima histórica en esta década. Diez años de pizarra presidida por el mismo nombre que en los años noventa, Phil Jackson. Y a la par, un insobornable Gregg Popovich. Bajo la comandancia de ambos se agitaron a ratos Larry Brown y Mike D'Antoni, Byron Scott y Pat Riley, Mike Brown y Doc Rivers, Rick Adelman y George Karl. Y apurando, hasta el mismísimo Larry Bird. 

 

 

................................................

 

 

En este subrayar lo hegemónico nos salen en cambio jugadores a manadas. Tanto los principales culpables de que diez equipos conquistaran la gloria como aquellos que sin lograrlo opusieron resistencia haciendo de paso más grandes a los primeros. A lo generoso son muchos. Tal vez demasiados. Por eso urge cortar desde arriba y elegir lo mejor entre lo más selecto.

 

 

 

 

El primero de todos, Tim Duncan. Nunca será posible revisar este decenio sin la honorífica, prioritaria y casi monárquica referencia a Duncan como el jugador más decisivo de todos, el secreto perfecto. Sólo uno de sus cuatro anillos escapa a esta década. Incluso cuando creímos vista su obra al completo, como eternamente igual, nos volvió a postrar con un lanzamiento para el que sus manos no parecían hechas. Su último acierto desde aquella distancia lo había logrado más de un año atrás. Y cuatro en circunstancias algo parejas, cuando brindó a los Lakers cuatro décimas para el milagro de Fisher.

 

No vale extenderse. Duncan es el jugador de la década.

 

Y sin embargo cabe insistir con la misma fuerza que la cima más alta conquistada por un jugador en algún momento de este mismo periodo pertenece sin duda a Shaquille O'Neal.

 

De no haber existido Wilt Chamberlain, de no hacerlo además en un siglo que no le correspondía, bien podría asegurarse que el Shaq del primer tercio de década (2000-03) es el jugador más complicado de defender en la historia de la NBA. El más poderoso, la más óptima combinación de tamaño, velocidad y fuerza que haya podido conocer el inmenso continente del Deporte. Recordando ahora lo que Shaq fue, incluso la trilogía se antoja corta. En un tiempo en que la estructura del Baloncesto NBA se creía ya producto acabado la emergencia de la Gran Bestia obligó tanto a refundar la matemática del espacio y la consideración de las faltas como a evidenciar el absurdo de la defensa al hombre y en un sentido no tan retórico, la justicia misma del reglamento.

 

Duncan y Shaq. Siete de los diez anillos tienen su sello. Ambos escapan al estrecho cerco de un decenio.

 

Pero no son los únicos.

 

Por encima de ellos Sporting News concedía el galardón del jugador de la década a Kobe Bryant. Una concesión valiente y como airada a la que subyace ese pérfido simbolismo que seguiría instalando en el imaginario a Michael Jordan como el hegemónico paradigma del que derivar todo lo demás. Para Sporting News la elección de Kobe responde a una formulación mental de expresión muy gráfica:

 

- El imaginario dictaba: "Pasará mucho tiempo antes de que alguien se aproxime a Michael Jordan".

- La realidad objeta: "No creas que es tan huidiza esa sombra. Kobe Bryant la ha llegado a tocar con la mano".

 

Si lo que se pretende es que Kobe Bryant forme podio la idea no puede ser más acertada. Flanqueado por Duncan y Shaq, de quienes parecía provenir todo anillo, Kobe ha extendido en estos últimos diez años el total de sus poderes. Poderes que ningún otro jugador salvo Duncan ha exhibido de manera más regular y compacta. Por una simple cuestión cronológica los años dos mil trazan un cuadro más preciso de Kobe que de Shaq.

 

Hace nueve años era un jovencito con infinitas ansias de protagonismo cuando sus 8 puntos resolvían la prórroga del cuarto partido de las Finales de 2000 sin Shaquille. Transcurrido el verano Kobe comenzaba a reclamar de veras su sitio:

 

"Arrancando el curso de 2001 Phil Jackson no encontraba cómodo a su escolta y le preguntó qué era lo que le ocurría. "No sé, este sistema es tan simple que no le deja demasiado hueco a mi talento ofensivo". Jacko no alteró el sistema. Kobe se encargaría de ello. En el mes de mayo Bryant asesinaba a los Kings en semifinales del Oeste con 48 puntos y 16 rebotes. Contaba con 22 años, 8 meses y 21 días. Ni un solo partido dejó transcurrir para burlar nuevamente las presuntas fronteras de la edad. En el estreno de las Finales del Oeste masacró a los Spurs con 45 puntos y 10 rebotes. Las crónicas titulaban "Jordanesque" y Shaq tuvo que subrayar a la prensa que en absoluto bromeaba al rendirse a Kobe como "el mejor jugador de esta liga de largo"". (Edades de blasfemia, Basket Life, enero '09).

 

Kobe ha cerrado la década igual que la abrió: con un anillo. Siendo este cuarto el que más ansiaba. Haters Beware!, ironizaba SLAM. Y en esa brecha de tiempo no dejó de ser nunca protagonista en mil escenarios tres de los cuales -ruptura con Shaq, tribunales y trade me- no ensombrecen algunas de las proezas anotadoras más extremas desde Wilt Chamberlain. El completo mes de febrero de 2003 se fue hasta los 40.6 por partido. Del 16 al 23 de marzo de 2007 encadenaría un total de 225 puntos en cuatro noches: un promedio alienígena de 56.2. Un año atrás, el 22 de enero de 2006, apenas un mes después de endosarle 60 en tres cuartos a Dallas, firmaba la mayor hazaña individual de los tiempos modernos: la mágica velada de los 81 puntos, una sobrenatural migración al aro que una noche Tracy McGrady fragmentó en 35 segundos y 13 puntos para liquidar a San Antonio.

 

Kevin Garnett, Dirk Nowitzki y Jason Kidd completan un círculo que ampliar por sectores de tiempo junto a Allen Iverson, Paul Pierce, Chauncey Billups o Dwayne Wade. Y muy especialmente con la más poderosa irrupción de la década: LeBron James, el jugador de mayor potencial que haya podido conocer este juego.

 

Ahora que el siglo es joven, James, Garnett, Shaq y Nowitzki llevan tiempo insinuando tal que embriones cómo será el común de la fauna NBA para mediados del XXI.

 

Con todo, en lo referente a las irrupciones, acaso nunca se deba omitir la más inesperada y como hermosa de todas. Por espontánea y subversiva.

 

La década arrancó prolongando algunos de los peores vicios heredados de la anterior. Emprendió el camino marcada por un colosal tonelaje defensivo que delineó el imperio de los bloques de acero. De repente un modelo radical de juego y muy en especial su jugador emblema venían como a quebrar el curso de los acontecimientos. Por eso cabe aquí formular la pregunta sobre qué es lo que verdaderamente importa en el Steve Nash del ecuador de la década. De los Suns a su mano entregados. De aquella locura que parecía salir de unos animados Cartoons. La respuesta nunca debería ser otra:

 

"Importa su conquista absoluta de una de esas parcelas que muy rara vez la historia concede a las novedades verdaderamente reseñables. Su radiante Baloncesto clarividente, que dotaba de alas al balón y compañeros y arrojaba por la borda las medidas de tiempo, que hacía del juego una inagotable creación de energías vivas, irrumpió en una escena NBA que no aguardaba cambios de guión en su previsible política de bloques. Nash es el principal culpable de cuestionar muy seriamente el sustrato ideológico que había promovido la NBA durante más de una década hacia una colisión generalizada de las potencias defensivas y su paralela devaluación anotadora. Nash vino a abrir un nuevo destino y así lo premió la Liga, que por primera vez no lo hacía con los números sino con el espíritu que observa al Baloncesto como algo bello, inteligente y eternamente joven". (Una mente maravillosa, Basket Life, mayo '08).

 

 

 

 

De repente Steve Nash abrió puertas y ventanas y una fragante corriente de aire fresco invadió el completo panorama NBA. Su legado forma parte de todas aquellas conquistas que nunca reflejarán el palmarés.

 

A lo largo y ancho de la década merecen también especial atención por muy diversos motivos jugadores tales como Chris Webber, Vince Carter, Peja Stojakovic, Reggie Miller, Tracy McGrady, Ray Allen, Jermaine O'Neal, Stephon Marbury, Ben Wallace, Sam Cassell, Robert Horry, Baron Davis, Yao Ming, Manu Ginobili, Tony Parker, Gilbert Arenas, Shawn Marion, Rasheed Wallace, Amare Stoudemire, Carmelo Anthony, Dwight Howard, Pau Gasol, Chris Paul, Deron Williams o Brandon Roy. Una diversa y riquísima generación que la revisión del decenio encorseta torpemente. Porque buena parte de ella escapa ya hacia el futuro.

 

 

................................................

 

 

 

 

 

Los dos mil fueron generosos. Se abrieron con la mejor noche de mates que el mundo haya podido conocer (Oakland, 2000) y sin darnos cuenta volvimos a contemplar a Michael Jordan de corto, ahora lo sabemos, como un sereno last dance de dos años. Vimos el milagro de Fisher y el fracaso de Portland. El triunfo de lo internacional (Nowitzki y Parker) y la revisión de lo nacional (Redemption Team). A un jugador de 22 años, LeBron James, abismándose a la historia al derribar a solas (25 últimos puntos de su equipo) a una de las mejores defensas colectivas del mundo. La pantalla universal fue innumerables veces paralizada por hazañas y glorias de los únicos protagonistas que verdaderamente merecen la pena.

 

Pero la década, como todas, fue también cruel y tramposa. Seattle falleció traicionada. El desdichado Livingston nos recordó de manera espantosa que el hombre no es invertebrado, como Jay Williams que el destino puede ser el peor enemigo, triste condición que terminó alcanzando Isiah Thomas.

 

En noviembre de 2004 el Palace de Detroit asistió al más deplorable capítulo que haya escrito esta liga. En medio de un anodino Pistons-Pacers, que meses atrás habían protagonizado la serie más árida nunca vista, estalló el polvorín que algunos alarmistas tanto tiempo llevaban advirtiendo. La NBA había conocido batallas de todo calibre. Pero todas juntas pasaban por travesuras en relación a lo ocurrido aquella fatídica noche, testigo no de una pelea de jugadores. Sino, aún cuesta creerlo, de jugadores y público. Y Ron Artest se convirtió en el chivo expiatorio de una pesadilla que nadie habría podido imaginar.

 

 

 

 

El verano de 2007 otro gravísimo escándalo salpicó a la NBA en su más profundo seno. El árbitro Tim Donaghy, con 13 años de experiencia a sus espaldas, era encontrado culpable de las acusaciones de conspiración y fraude en el ejercicio de su cargo por una trama de apuestas. El riesgo era demasiado grande. Estaba en juego la credibilidad misma del campeonato.

 

Dos peligrosas transgresiones que David Stern, siempre Stern, logró sepultar como hechos aislados. Al primero sucedió el código de vestimenta y entretanto el establecimiento de un límite mínimo de edad para ingresar en la liga. Al segundo responde el final de la década con un irónico desenlace: la ruptura total entre la liga y el colectivo arbitral.

 

La década tampoco fue menos trágica que otras. Se llevó también su buen ramillete de almas. Almas jóvenes como Bobby Phills, Malik Sealy, Eddie Griffin, Jason Collier o Wayman Tisdale. Almas pretéritas como Paul Arizin, George Yardley, Al McGuire, Guy Rodgers, Larry Costello, Happy Hairston, Jimmy Walker, Norm Van Lier, Phil Smith, Marvin Webster o Bill Musselman. Y hasta porciones enteras de historia en Alex Hannum, Red Auerbach, Pete Newell, Chuck Daly, Darell Garretson, George Mikan o Dennis Johnson. Se llevó a otros muchos. Pero tratándose de baloncesto, seguro que no muy lejos.

 

 

 

 

................................................

 

 

Y como este juego, por muy grande el universo que lo rodee, está forzosamente articulado en partidos, de entre los miles y miles de encuentros que jalonaron esta década próxima a fallecer ahí va una simple docena que recordar eternamente:

 

2000 WCF Game 7 - L.A. Lakers-Portland T. Blazers

2001 Finals Game 1 - L.A. Lakers-Philadelphia 76ers

2002 WCF Game 7 - Sacramento Kings-L.A. Lakers

2003 West SF Game 3 - Sacramento Kings-Dallas Mavericks

2004 West SF Game 5 - San Antonio Spurs-L.A. Lakers

2005 West SF Game 6 - Dallas Mavericks-Phoenix Suns

2005 Finals Game 5 - Detroit Pistons-San Antonio Spurs

2006 West SF Game 7 - San Antonio Spurs-Dallas Mavericks

2007 ECF Game 5 - Detroit Pistons-Cleveland Cavaliers

2008 Round I - Game 1 - San Antonio Spurs-Phoenix Suns

2008 Finals Game 4 - L.A. Lakers-Boston Celtics

2009 Round I - Game 6 - Chicago Bulls-Boston Celtics

 

 

El tiempo pasa. Pero lo hace felizmente para quien haya podido disfrutar otros diez años de belleza que llevarse a la tumba.

 

La década agoniza. Y con ella una preciosa parte de nosotros.