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Abro los ojos. Estoy en la misma habitación de hotel. Ayer tuve que confirmar en recepción que permanecía algunos días más. España, como primera de grupo, permanece en Oporto y bien que lo agradezco, y bien que lo agradecen. Hoy es el primer día de descanso, sin partidos. Tendré la oportunidad de conocer la ciudad más en profundidad que unos paseos previos a las jornadas baloncestísticas de tarde. Y si en el folleto que nos dieron con la acreditación, tenía una cabecera que rezaba "Oporto, una ciudad por descubrir", pues será verdad. Aún en la cama, lo más que alcanzo a coger sin incorporarme, es el mando de la tele. Anoche vi "Jamón, jamón" en una cadena portuguesa. ¿La voz de Penélope Cruz? Pues la suya, acompañada de subtítulos. Aquí en Portugal, no se dobla nada. Siempre recordé a Carlos Pumares poner a este país como ejemplo en tales menesteres. Están habituados y leen. Y a los españoles siempre nos tachó de paletos en ese sentido, aunque con matices: nunca hubiésemos descubierto los grandes profesionales de la industria del doblaje en España de hace unas décadas.

 

Respiro hondo. Estoy puñetero y me cuesta levantarme. Sigo mirando por la habitación y veo la botella de vino de Oporto sobre la cómoda. No puedo evitar una sonrisa. Nos la regaló ayer el "bulldog" de la organización, nuevamente con la mejor de sus sonrisas. Si él obvia las malas caras de días anteriores, aunque sea por obligación, el resto haremos lo mismo. Además, nos cae cada vez mejor este tipo. Como azafata voluntaria de la organización, hay una chica encantadora, guapísima -Raúl Colorado me cuenta que el gran Gombau la rebautizó como "La chata"-, y resulta que es la hija del "bulldog" (que tendrá nombre, pero tampoco nos hemos molestado en memorizarlo). Sí, nos cae mejor. Mucho mejor.

 

Sigo puñetero. No me muevo de la cama. Y pienso en el día de ayer. Y tengo que decir que hubo cosas que no escribí. Ayer, nos fuimos directamente tras el partido de España, pero aguantamos algo más en el pabellón viendo el Brasil-Letonia hasta el descanso. Por Brasil jugó por primera vez Joanoni, porque su equipo tenía la necesidad de ganar para ser segundos de grupo. Por fin pude verlo. Y el chaval estaba muy mermado físicamente. Lo que me llamaba la atención es que no tenía muchas protecciones en el tobillo y sí una rodillera descomunal. Ante su falta de velocidad, se dedicó a tirar de larga distancia y a pasar desde poste alto. Y mire usted que sí, que el tipo tiene mucho desparpajo jugando. Desborda clase a raudales. Me gustó muchísimo la primera parte que vi de él, y eso que apenas anotó. Pero verle moverse por la pista y cómo sabía optimizar sus energías para sacar el máximo provecho, consiguió que se ganase una gran imagen.

 

Durante el descanso del partido de España, pude charlar con el entrenador brasileño, Lula Ferreira. Tipo muy amable y con un español muy fluido, se lamentaba del poco nivel competitivo de la liga de su país. Los chicos se curten cuando juegan torneos frente a combinados europeos, pero no en su tierra. La dureza mostrada y la defensa como prioridad entre sus chavales, sello primordial que intenta inculcar, no tiene continuidad cuando dan el salto a equipos profesionales en su país. Y espera y desea colaborar con esa evolución para poder competir con la élite, como hace casi 30 años hacía su país en el concierto internacional.([Nota actual: Años después, lo vi como entrenador de un equipo brasileño que participó en el torneo de Navidad del Real Madrid, y sus jugadores no defendían ni a su abuela en una cabina telefónica. Me hizo gracia]).

 

Por la tarde, quedé con la "pareja del año" de la revista "Gigantes". Antes, vi como toda la selección española al completo daba un paseo aprovechando su día libre y se dirigían al centro comercial de al lado. "Vamos al McDonald's de al lado" según Raül López. Alberto Gómez, jefe de la expedición española, que tenía intención de visitar cualquier otro rincón de la ciudad, no se reprimió para decir un "¡qué originales!". Más tarde los encontramos invadiendo la tienda de zapatillas del centro comercial.

 

Ya con Colorado y Gombau, dimos un paseo por toda la zona, incluido tal centro comercial, y por el camino encontramos algunos de los nuevos inquilinos de Oporto: el resto de selecciones que jugarían aquí. Brasil, Letonia y Nigeria debían emigrar a otras sedes, mientras que España recibía las visitas de Australia, Grecia y Croacia. Y esto ya era otro cuento. Y recién llegados y dando una vuelta, nos cruzamos con tres chicos con indumentaria de Grecia, y ahí Raúl Colorado se paró para saludar a Christos Diamantopoulos. Nunca un apellido fue tan apropiado. El muchacho en lenguaje baloncestístico es carbono cristalizado, y bien pulido, oiga. Es como su Navarro particular. Raúl me dice que es hijo de entrenador, por lo que lo lleva en la sangre. Colorado hizo un reportaje el año pasado sobre los "Nuevos Dioses del Olimpo", cuyos protagonistas eran Fotsis, Papadopoulos y sobre todo, el citado Diamantopoulos [Nota actual: Fotsis y Papadopoulos han llegado a ser estrellas en Europa, mientras que Diamantopoulos fue poco a poco diluyéndose y pese a algunos años a un nivel correcto en Grecia e Italia, su carrera ha acabado alejada de la senda del éxito. Ha llegado a jugar en la LEB sin pena ni gloria]. El chaval se muestra muy simpático, también ilusionado porque lo conozcan en la calle, aunque se trate de un periodista. Junto a él, me percato en otro jugador, que mira con recelo y cara de pocos amigos. Es el base reserva del Peristeri, Manolis Papamakarios, al que he visto en grabaciones. Nunca supuse que fuera tan joven. Sin embargo, tenía la idea equivocada que su compañero de equipo, Kostas Tsartsaris estaría aquí, hasta que me enteré que supera la edad, que nació en el 79.

 

Raúl Colorado vuelve a recordarme lo que todos no paran de decirme cuando sale Grecia a la palestra: que el año pasado en el Eurobasket junior les ganamos en semifinales de milagro. Que su ritmo lento y su gran potencia física se nos da fatal, que no sabemos jugar contra ellos a ese ritmo. La final de Varna frente a Croacia fue más sencilla. Pero esta generación helena es una tortura para una tan brillante como la nuestra. Y veremos que pasa cuando nos enfrentemos el Martes a ellos.

 

Pero eso será el Martes. De momento, acabo el Domingo de forma tranquila y quedo con Fernando Pérez Soto para visitar la ciudad mañana por la mañana. Os contaré.