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¡Hola a todos!

Hace rato que mis conocidos me vienen pidiendo historias de los Juegos Olímpicos en el Blog y creo que es tiempo de que cuente un par que fueron muy graciosas.

Uno de los recuerdos más grandes y pesados que vino en mi equipaje a la vuelta de Beijing es una moto eléctrica que compramos varios integrantes del equipo los primeros días en la villa. Habíamos visto que algunos atletas y no tan atletas de la expedición argentina las habían comprado y nos pareció una buena opción para ahorrarnos las largas caminatas hasta el comedor principal (unos 600 metros) o hasta la salida de los autobuses (unos 800 metros… no quiero exagerar) y además como una buena fuente de diversión.

Se podría pensar que somos unos vagos porque la verdad es un camino muy cortito y tendrían razón, pero hacerlos varias veces al día y bajo el intenso calor de Beijing es más complicado, incluso los jugadores de fútbol de la Selección Argentina pidieron ir a un hotel en su segunda estancia en Beijing (jugaron algún partido en Shangai) por el acoso de los voluntarios hacia las estrellas del equipo como Messi o Agüero y por las largas caminatas desde el edificio hasta el comedor. Al menos eso se comentaba por la Villa.

Hasta seis jugadores del equipo de basquet encargamos una moto: Delfino, Porta, Prigioni, Nocioni, Leo Gutiérrez y yo. Una linda foto que nadie sacó hubiera sido la de nuestras caras el día que vimos las seis motos estacionadas en la entrada de nuestro edificio, parecíamos nenes con juguete nuevo. Justo nos estábamos yendo a jugar un partido y aprovechamos para ir hasta la parada de autobuses donde las dejábamos todas juntas y con el candado puesto (por las dudas, aunque seguramente no pasaría nada) como muestra la foto. Incluso nos aseguramos de que el estacionamiento fuera debajo de una carpa por si llegaba a llover.


 
Al volver del partido y después de cenar estábamos desesperados por exprimir nuestras motos y no tuvimos mejor idea que correr una carrera por las callecitas que pasaban frente a nuestro edificio. A nuestra competencia interna del basquet se sumaron algunos tenistas y nadadores.

Había si no me equivoco 12 motos en la carrera y como las calles eran estrechas hicimos dos sesiones de seis motos; yo acabé segundo en mi turno detrás de Pablo Prigioni, aunque él sabe que sólo fue por la diferencia de pesos ya que mi moto era más rápida, ¿¿o no Pablo??



En los siguientes días las motos eran más un medio de transporte que una diversión pero la verdad es que todo el mundo en la Villa estaba revolucionado con ellas, nos preguntaron muchas veces que cuánto habíamos pagado por ellas, que quién las vendía, que si la batería aguantaba mucho… muchas preguntas. Incluso la estrella del equipo de basquet australiano, Andrew Bogut, se llego a “picar” con nosotros y se compró una moto más grande y más rápida, pero hablando con el le hicimos ver que la nuestra se plegaba toda y la podíamos llevar en una maleta….
No podíamos ser menos…

Una buena historia con las motos surgió a la vuelta de una noche de tenis. Varios de los jugadores habíamos ido a ver el partido que Nalbandian finalmente perdió contra el francés Monfils y en el autobús de regreso coincidimos con Rafa Nadal. En nuestro grupo venía Juan Mónaco, joven tenista argentino y amigo de Nadal, y con esa conexión nos pusimos a charlar, al llegar a la villa se le veía cansado y le ofrecimos llevarlo hasta su bloque, Mónaco lo llevó a Rafa en su moto, Pablo Prigioni le llevaba el bolso con las raquetas y Antonio Porta una bolsa de la ropa sucia, yo acompañaba. Al llegar al bloque quedamos para jugar unas partidas de fútbol en la Playstation al otro día pero no pudimos acudir a la cita porque tuvimos sesión de video a esa misma hora.

Bueno, esta historia al final se hizo muy larga y no quiero escribir post demasiado largos, tengo muchísimas historias para contar de los JJ.OO. Y las iré contando poco a poco. Supongo que en el próximo contaré sobre el día que nos compramos unos helicópteros de juguete de MUY mala calidad.


 
Este domingo jugamos contra el Barça en el Palau y la verdad es que viajamos con mucha ilusión por nuestro último juego del domingo pasado en el cual tuvimos una muy buena defensa. Ahora en la semana se ira sumando a los entrenamientos Nico Gianella y veremos qué le queda a Vlado.

Quiero aprovechar este espacio para mandarle un abrazo a mi compañero de pieza en los JJ.OO, Román González que tiene un esguince de rodilla y a Manu Ginobili que después de unos meses inactivo volvió a jugar en San Antonio.

Saludos a todos y nos vemos en el próximo post.