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19/06/2009

Adiós a todos. Adiós a Fran (Pamesa), adiós a Ale (Unicaja) y adiós a David (Tau). Habéis sido unos dignos rivales, pero yo jugaba con ventaja en este Playblog. Porque a mí me tocaba escribir del Barça y está claro (yo lo sabía desde hace tiempo, vosotros lo sabéis ahora) que es el mejor equipo de los ocho que han tomado parte en estos playoff ACB.

 

No me malinterpretéis, no estoy sacando pecho ahora que el Barça es ya campeón. Simplemente pienso que se ha impuesto la lógica, que ha triunfado el que más números tenía para hacerlo. Por varias razones, a saber:

 

a)      el Barça tiene la plantilla más larga de la ACB. Puede que en el cinco contra cinco otros equipos estén a la altura de los azulgrana, pero a final de temporada, cuando las piernas acumulan decenas de partidos, la batalla se convierte en un doce contra doce, o al menos en un diez contra diez. Y el Barça es el equipo con más recursos, lo que le ha permitido llegar más fresco al momento decisivo.

b)      el Barça no depende de un solo jugador. ¿Os imagináis a un Tau sin Splitter o sin Prigioni o sin Rakocevic? ¿O que alguno de estos tres jugadores lo hiciera rematadamente mal en cada partido? El equipo vasco reduciría sus opciones casi en un 50%. En el Barça eso no pasa. Siempre hay alguien capaz de salir al rescate, de ser decisivo. Muchos días será Navarro pero otros pude ser Andersen o Ilyasova o Lakovic o Basile...

c)      el Barça es el equipo que mejor prepara los partidos. Pascual y su staff han demostrado estar por encima del resto en este apartado. Eso es importante en la fase regular o en las competiciones del KO como la Copa del Rey o la Final Four pero decisivo en un playoff a varios partidos. El Barça ha ganado con claridad la batalla táctica, ofreciendo respuesta a todos los problemas que le planteaba el rival.

d)      el Barça tenía más hambre que los demás. Tras cuatro años casi en blanco (una Copa es un bagaje muy pobre para un club como el azulgrana), nadie tenía tantas ganas de título como el Barça.

e)      El Barça, por último, ha jugado como un equipo. Da igual que su roster esté plagado de estrellas, todos tienen muy claro que no juegan para sus números, juegan para ganar títulos.

 

Por todo ello, sentí un sentimiento de justicia cuando vi a los jugadores del Barça celebrar el título exultantes en el centro de la pista, todos con sus pequeñas réplicas del trofeo. Se lo merecían.

 

A mí no me dieron ninguna pero para no irme de vacío me voy a colgar yo mismo una medalla. ¿Recordáis lo que escribí en este mismo blog un lejano 31 de mayo? Para los más desmemoriados, aquí os lo reproduzco:

 

“Y después (de eliminar en semifinales al Unicaja) se las verá en la final contra el Tau sin ventaja de campo. Perfecto. Concentración y buena mentalidad desde el minuto uno y un Palau a tope cuando nos visiten los vascos, que seguro que no olvidan cómo les remontaron Navarro y compañía en el playoff de Euroliga. ¿Verdad, David? Esta vez al Barça le sobrará un partido: 3-1 y primer título de la era Pascual. Acepto apuestas en contra”.

 

Sé que es muy feo el pecado de vanidad, pero no he podido resistirme. Hasta siempre, amigos.

Llegando al Palau supe que el Barça tenía mucho ganado antes de empezar su tercer partido de la final. A diferencia de lo visto hasta ahora en los playoff, había largas colas de vehículos intentando acceder al parking de las instalaciones del club. La afición había vuelto y en el caso de la azulgrana sí que se hace bueno el tópico del “sexto jugador”. El Barça sólo ha perdido tres partidos en casa esta temporada, el primero en un desliz (todos los equipos suelen tener al menos uno a lo largo del año) ante el Estudiantes y otros dos frente al Tau. Pero resulta que, tras romper su racha negativa frente a los de Ivanovic, el equipo azulgrana le bailó en los dos últimos (85-62 y 78-62) jugados al amparo de su afición.


Y este martes le bailó otra vez. El Tau, que parecía ser el único equipo con la llave maestra para abrir las puertas blindadas del Palau, lleva tres partidos dándose cabezazos contra las murallas del coliseo azulgrana. ¿Se le ha olvidado jugar? Claro que no. Lo que pasa es que el equipo de Vitoria ha perdido la ventaja mental que le proporcionaba su enorme racha contra el Barça (siete victorias seguidas) y con ello mucho de su peligro. Ahora se han cambiado las tornas: es el equipo de Xavi Pascual el que ganó el playoff de Euroliga y es el equipo de Xavi Pascual el que se muestra inabordable en su feudo. ¿A qué puede agarrarse el Tau para mantener la fe en sus opciones de hacerse con el título?


La verdad es que a poca cosa. Con Splitter y Teletovic mermados de facultades y el depósito de gasolina en reserva, o eres más fuerte que tu rival a nivel mental o estás medio muerto. El Barça ha llegado al momento definitivo de la temporada con mucha más energía y confianza.
Todo puede pasar en el mundo del deporte, lo sé muy bien desde que el TDK Manresa ganó una Liga ACB hace unos cuantos años. Pero mucho tendrían que cambiar las cosas en dos días para que el Barça no acabe levantando este jueves el trofeo de campeón.


Y lo mejor de todo es que tú, mi querido amigo David, piensas lo mismo que yo.

He preferido dejar reposar las emociones hasta hoy domingo para intentar dar con una explicación a la oportunidad perdida por el Regal Barça en el segundo partido del Buesa Arena. Me he levantado (tarde, es verdad), me he duchado, he comido algo y me he sentado delante del ordenador. Pues bien, allá vamos.

 

1) El Tau salió vivo de Vitoria porque el Barça se lo permitió. El equipo vasco no jugó bien, estuvo muy irregular en su acierto y dio una oportunidad tras otra a su rival para meterse en el partido. Pero tuvo la suerte de tener delante a un equipo que pensó demasiado en el colchón que se había ganado con su victoria en el primer encuentro. A los de Xavi Pascual les faltó ambición e instinto asesino, sobre todo en los minutos finales de la primera mitad y los primeros de la segunda, cuando el Tau estaba ‘grogui'. Era el momento de romper el partido y el Barça no lo aprovechó.

2) El Tau salió vivo de Vitoria porque tuvo más hambre de victoria. A pesar de su difícil situación, el equipo de Ivanovic jugó con más concentración y tensión que los catalanes. Hubo varios ejemplos a lo largo del partido pero el más claro se produjo a cuatro minutos y medio del final, cuando Rakocevic falló dos tiros libres y el Barça le permitió capturar su propio rebote para anotar a continuación una canasta de dos puntos. Jugadas como esa definen un partido.

3) El Tau salió vivo de Vitoria porque es un equipo de carácter. Puede jugar mejor o peor, pero si algo tiene el conjunto vasco es que no se arruga ni en las situaciones más difíciles. Me viene a la memoria la última final de Copa, cuando con Splitter y Rakocevic eliminados supo sacar adelante la prórroga forzada por el Unicaja para acabar ganando el título.

 

¿Qué va a pasar a partir de ahora? Manel Comas apuesta por un quinto partido y no seré yo quien discuta a un sabio como él. Tras lo visto hasta ahora, parece lo más lógico. Pero sigo pensando que el Barça no ha perdido la oportunidad de sentenciar la serie en el Palau. Para ello necesitará sacar todo el carácter que se dejó el sábado en el vestuario y recuperar el apoyo de su afición, muy despistada hasta ahora en los playoff por los éxitos del equipo de fútbol.

 

Si el Palau no se llena el martes y el jueves, apaga y vámonos.

Queridísimo David, ¡cómo me hubiera gustado ver en directo tu cara, o la de Óscar Sanmartín (Diario de Noticias) o la de Rafa Muntión (Radio Vitoria), cuando Basile enchufó su triple desde Vladivostok! Eso duele, lo sabes bien, no tienes más que recordar la baldosa de Herreros.

 

Ya sé que esto no ha hecho más que empezar, pero me da la impresión que mi bola de cristal no funciona tan mal y que el 3-1 para el Barça que pronostiqué tras la victoria en el PRIMER partido contra Unicaja no es algo tan descabellado como muchos pensaron entonces. Sólo lamento no haber aceptado la apuesta en contra que me lanzó colomense, el megacrack del SuperManager (un saludo, sé que leerás estas líneas), hace sólo un par de días.

 

La historia dice que el equipo que gana el primer partido se ha llevado el 92% de las finales de la ACB. Pero yo no entierro todavía al Tau, no te pienses, sé que es un equipo capaz de lo imposible, como demostró perdiendo un título tras ir ganando por 8 puntos a 40 segundos de la conclusión del quinto encuentro.

 

Está bien, está bien, dejaré de meter el dedo en la llaga y de sacar pecho, que todavía queda mucho, e intentaré dar alguna clave de lo sucedido en este primer partido. ¿Cómo es posible que el equipo que coge más rebotes, que pierde menos balones, que lanza más tiros de campo y más tiros libres acabe perdiendo un partido? Básicamente por una cosa: porque las muñecas de sus jugadores tiemblan más que la de su rival. Toda la presión que en lo que va de Playoffs había agarrotado el Barça se trasladó a las espaldas del equipo de Ivanovic, que en este arranque de la final puso bastante más esfuerzo y agresividad que acierto. A nivel mental, el Barça salió mucho mejor preparado para la batalla y ello le permitió compensar con unos excelentes porcentajes la superioridad del Tau en casi el resto de conceptos del juego.

 

Cualquiera podía haber ganado, no nos engañemos, pero creo que la victoria del Barça fue justa y premió su valentía y su falta de complejos. El Tau se ha dado cuenta de que el Buesa Arena es un fortín salvo para el equipo de Xavi Pascual. De cómo gestione mentalmente esta innegable realidad dependerá en gran medida la suerte de esta final.

Gary Lineker se hizo famoso, aparte de por sus goles, por definir el fútbol como “un deporte en el que juegan once contra once y en el que siempre gana Alemania”. Si el delantero inglés supiera de basket seguro que para él un playoff Barça-Unicaja sería “un duelo equilibrado en el que el Barça las pasa canutas pero siempre acaba superando a un rival que no le sabe rematar”.


Y es que ya son seis los playoff ACB que han enfrentado a ambos equipos y las seis veces el Barça se ha llevado el gato al agua, algo que no cuadra con la igualdad que generalmente han vivido estas series. La presente temporada es el mejor ejemplo. De sus cinco enfrentamientos (contando con los de fase regular), el Unicaja ha ganado dos y el Barça tres, pero todos ellos por pelos: dos en la prórroga y uno tras sufrir hasta los últimos minutos.


Los más jóvenes no sabrán de qué les hablo, pero los que tengan ya algunos añitos seguro que vivieron el domingo el mismo ‘flash-back’ que yo. Por unos segundos el Palau Blaugrana se transformó en el viejo pabellón Ciudad Jardín y Omar Cook en Michael Ansley. Corría el año 1995 y nunca el Unicaja había estado tan cerca del título ACB. Dominaba 2-1 la final contra el Barça y, con 78-80 en el marcador, disponía de un último ataque para coronarse campeón. Ansley, imparable durante aquel encuentro (37 puntos), decidió jugarse un triple y el balón acabó repelido por el aro ante la desolación de la afición malagueña. Catorce años después la historia se repite.


Me acordé de Ansley y también de Archibald, que tras realizar una última final de Copa memorable, no se atrevió a lanzar desde tres metros en buena posición y sacó fuera el balón para Berni Rodríguez que, muy forzado, recibió un tapón de Mickeal. El escocés había tenido en sus manos el tiro para forzar la segunda prórroga pero se arrugó, igual que se arrugó el domingo Ndong en idéntica situación, aunque en el caso del senegalés su tiro todavía tenía más premio: era para ganar el partido y llevar a su equipo a la final ACB.


El Barça debe dar gracias al cielo por esta maldición de Unicaja que le ha permitido plantarse en la final ACB. El equipo azulgrana sigue sin mostrar su verdadero potencial desde el varapalo de Berlín, atenazado por la presión de cerrar en blanco un año que hasta hace poco pintaba muy bien. A pesar de ello, está ya donde quería y es el momento de sacudirse sus fantasmas. La ventaja de campo y la condición de favorito son ahora para el Tau, lo que debe servir a los chicos de Xavi Pascual para soltarse y jugar mucho más relajados de lo que han hecho hasta ahora en estos playoff.


No voy a ser tan loco como para hacer pronósticos tras mi estrepitoso fracaso como Rappel de pacotilla (la bola de cristal está desde hace días en el vertedero), pero tengo la impresión de que a partir del jueves vamos a ver a un Barça diferente, mucho más fresco de piernas, muñeca y cabeza. Como aquel que superó al Tau en el playoff de acceso a la Final Four de la Euroliga.

05/06/2009

Acabo de tirar mi bola de cristal por la ventana. Por un momento pensé que no me iba a fallar y que el Regal Barça iba a clasificarse para la final por la vía rápida. Un triple de Andersen había colocado al equipo azulgrana por delante a falta de tres minutos para el final cuando en el tercer cuarto había llegado a ir perdiendo por 18 puntos. Pero no fue más que una ilusión. Sólo unos segundos después el Unicaja, gracias a un triple del incombustible Carlos Jiménez, recuperaba el mando que había ostentado desde el salto inicial y la calma necesaria para mantenerse vivo en esta semifinal ACB. Al Barça le falló esta vez el instinto asesino. Tenía a su rival contra las cuerdas pero le perdonó. Y puede acabar costándole muy caro.

 

Sigo pensando, Ale, que el equipo de Xavi Pascual estará en la gran final ACB, pero para ello deberá mostrar este domingo una constancia mucho mayor que la ofrecida en Málaga. Aunque el Martín Carpena apriete y Ndong se transmute en Dwight Howard, no puede ser que el Unicaja te abra una brecha de 18 puntos en siete minutos, Los azulgrana no son los mismos desde la gran decepción de la Final Four. Desde entonces juegan bien a ratos pero sin ofrecer nunca la imagen de solidez que mostraron, por ejemplo, en el playoff de Euroliga contra el Tau. Los de Pascual sólo han ganado con suficiencia y buen juego un partido desde Berlín, y fue ante un Pamesa especialista en diluirse ante las adversidades.

 

El Barça necesita recuperar su velocidad de crucero y ello pasa por jugar con agresividad, confianza e inteligencia. Últimamente siempre falta alguno de estos tres ingredientes. Si encima también falta la afición, el resultado puede ser un plato incomible. Sin Berni ni Haislip y, sobre todo, sin la afición del Carpena, al Unicaja no le veo muchas opciones de dar la sorpresa en el Palau... salvo que el propio Barça se lo ponga en bandeja.

 

Y ello no sucederá si los chicos de Pascual se ven este domingo arropados por su gente, que en las últimas semanas parece haber vivido solamente para disfrutar de los éxitos del fútbol. Si la ‘gent blaugrana', a diferencia de lo que llevamos hasta ahora de playoff, llena de nuevo el Palau, seguro que lleva en volandas a su equipo hacia la final.

Es sólo una impresión personal. De los pronósticos concluyentes me voy a olvidar durante algún tiempo.

Los rivales están empeñados en que el Regal Barça juegue la final de la Liga ACB. Primero fue el Pamesa, que desaprovechó la horrorosa segunda parte de los azulgrana en el arranque de estos playoff, y esta vez el ‘amigo’ fue el Unicaja, que tras dominar buena parte del choque se desinfló en la recta final de manera sorprendente. Aíto, siempre comedido, llegó a hablar de “regalo” cuando atendió a la prensa tras el encuentro. Ya lo decías bien, Ale, en tu previa del partido: el Unicaja es imprevisible y nunca sabes qué cara va a mostrar. Durante muchos minutos mostró la buena pero a la hora de la verdad volvió a ser el equipo errático y poco inteligente que tantas veces hemos visto esta temporada.


Reconozco que le tenía un miedo atroz a este partido. El equipo de Xavi Pascual llegaba tras doce días sin ACB y la afición, empachada por los éxitos del fútbol, sigue instalada en una peligrosísima amnesia respecto a su equipo de basket. Por si fuera poco, fin de semana largo en Catalunya y un solecito que invitaba más a invadir las playas que a esconderse un par de horas bajo el techo del Palau. Lo intuía en la anterior entrada de este blog y sucedió: como el día del Pamesa, menos de 5.000 aficionados en el coliseo azulgrana.


El Barça logró aislarse al principio de la apatía general del entorno (17-7 al final del primer cuarto) pero bastó que Cabezas desperezara a su equipo para que surgieran las primeras dudas. El Unicaja le dio la vuelta al marcador y fue capaz de llegar por delante a los últimos cinco minutos del choque (54-58). ¡Alarma total en el Palau! En circunstancias normales estos son los momentos en que la afición culé aprieta de lo lindo, defiende con sus gritos e incluso baja al parquet a meter algún triple. Pero en estos playoff parece que el factor cancha sea una losa para el Barça, que juega mejor (y se verá el próximo viernes en Málaga) cuando se ha sacudido la presión de empezar en casa. Y cuando hay ambiente de playoff en las gradas, aunque los gritos sean de la afición rival.


La suerte para el Barça es que ni Pamesa ni Unicaja han sabido aprovecharse de un rival al 60-70% de su potencial. Y cuando perdonas a un equipo como el Barça pasa lo que pasa, surge alguno de sus cracks y te mata. Bastó un minuto de inspiración para que el equipo azulgrana pusiera las cosas en su sitio. Del 54-58 se pasó a un 64-58, con Jaka Lakovic ejerciendo de verdugo de los malagueños. El base esloveno puso por delante a su equipo al robar un ingenuo saque de fondo, después lo despegó con dos tiros libres y apuntilló al Unicaja al capturar un rebote defensivo y lanzar un inteligente contraataque para David Andersen.


Visto lo visto hasta ahora, voy a desempolvar la bola de cristal para intentar adelantaros cómo va a acabar todo esto. Ale, lo siento pero a partir del viernes estarás ya de vacaciones. Jugando con red, el Barça volverá a ser el Barça y liquidará la semifinal en el Martín Carpena. Y después se las verá en la final contra el Tau sin ventaja de campo. Perfecto. Concentración y buena mentalidad desde el minuto uno y un Palau a tope cuando nos visiten los vascos, que seguro que no olvidan cómo les remontaron Navarro y compañía en el playoff de Euroliga. ¿Verdad, David? Esta vez al Barça le sobrará un partido: 3-1 y primer título de la era Pascual. Acepto apuestas en contra.

En el baloncesto, como en todos los deportes, existen numerosos factores que acaban determinando el éxito o el fracaso. Una buena preparación física, el talento natural, el estado de forma, incluso, para qué negarlo, la suerte. Podríamos estirar esta lista mucho más, pero voy a centrarme en un elemento que considero que puede ser crucial en la semifinal que arranca este domingo entre el Regal Barça y el Unicaja. Un elemento que hace unos años el sabio Johan Cruyff definió con gran acierto como ‘el entorno’.

 

Este concepto nos sirve para englobar todas aquellas influencias que le llegan al equipo desde el exterior y que pueden condicionar seriamente su acercamiento a la competición. Pueden ser influencias cercanas (familia, amigos, vecinos, otros trabajadores del club,...) o menos directas pero igualmente importantes (afición, medios de comunicación,...). El jugador está acostumbrado a lidiar con el entorno, a intentar obviarlo para centrarse en su trabajo sin condicionantes de ningún tipo. Pero a veces la cosa se sale de madre y el entorno se convierte en un rival casi tan duro, o más, que el que vamos a encontrarnos en la cancha.

Y esa es la situación del Regal Barça a las puertas de su semifinal contra el Unicaja. El equipo de Xavi Pascual ha realizado una temporada bastante mejor que la de los malagueños y, sobre el papel, es favorito en la serie. Pero llega a este cruce decisivo envuelto en un estado de opinión que no le va a ayudar nada. Me explico. Barcelona vive desde hace unas semanas en una nube de euforia colectiva por los éxitos del equipo de fútbol. Y desde el miércoles por la noche, con la obtención de la Champions League, de esta nube ha empezado a llover una baba que lo está arrasando todo.

 

Para el grueso de la afición azulgrana, ebria de éxito, la temporada ya ha acabado y es hora de disfrutar. Fiesta grande en Canaletes (ya van varias en un mes y medio), rúa de los campeones por unas calles abarrotadas, euforia colectiva sin límites... ¿Alguien se acuerda de que el equipo de basket se juega media temporada a partir del domingo? Me extrañaría que el Palau registrara en el primer partido una entrada mejor que la del día del Pamesa, cuando apenas se superaron los 4.000 espectadores. Los medios de comunicación también tenemos nuestra parte de culpa. Sin ir más lejos, en mi propio diario, que suele distinguirse por tratar el baloncesto con especial mimo, nuestro deporte ha quedado reducido estos últimos días a la mínima expresión ante el huracán Guardiola.

 

Por si fuera poco, el Regal Barça llegará a la cita tras haber estado doce días sin jugar un partido oficial. Sí, es verdad, el miércoles jugó en Siena un amistoso contra el Montepaschi pero me da la impresión de que lo más importante que sacó el equipo de su viaje a Italia (derrota por 97-80)  fue poder asistir en directo... ¡a la final de la Champions! Mientras tanto, el Unicaja no cerró su serie contra el Kalise hasta el pasado domingo y desde entonces vive (como sus aficionados y sus medios afines) sólo pensando en el partido del Palau.

 

Pocas veces el Barça de basket va a encontrarse una afición menos tensionada, unos medios de comunicación menos exigentes, un pasotismo tal respecto a su suerte... En definitiva, un entorno menos favorable. Xavi Pascual tiene ante sí probablemente el reto más difícil que se le ha planteado desde que cogió las riendas del equipo hace algo más de un año. Debe conseguir que su equipo se aísle por completo del entorno y tenga su cabeza en una sola cosa: en salir al cien por cien y hacer su baloncesto, ese baloncesto que debe llevarse a llevarse el título ACB. Porque la temporada, a pesar de lo que pueda parecer, aún no ha acabado.

Foto Cipriano FornasNo estoy en Valencia. De hecho no estoy ni en el diario. Los periodistas también tenemos derecho a tener nuestros dos días de libranza semanal, aunque caigan en lunes y martes. Y ver el partido desde la tele de casa, despatarrado en el sofá y con una cervecita a mano (y también una libreta y un boli), no es tan mal plan para esta noche. Tal vez mi hijo y yo cenemos un poco más tarde que de costumbre, pero el playoff bien vale un pequeño retraso.

 

Robirosa y Solozábal nos ponen en situación y el Pamesa-Barça arranca a las ocho y media. Un par de canastas de Shammond Williams parecen presagiar que el duelo será bien diferente del visto el domingo en el Palau, cuando el equipo azulgrana amasó una enorme ventaja en la recta inicial que casi pierde por completo en los minutos finales. No lo creo, sigo sin verle al Pamesa argumentos para plantar cara a este Barça que, además, ya ha dejado atrás la presión del primer partido de una serie a tres y viene escaldado tras su penoso último cuarto del domingo.

 

Tengo un hambre feroz pero me fuerzo a no ir hasta la cocina a picar algo, ya cenaremos como dios manda cuando acabe el partido. Triple de Lakovic, el Barça ya está por delante. Triple de Andersen, el Barça abre una primera brecha. Triple de Barton, parece que el Barça ha salido enchufado. Triple de Andersen, que ya lleva diez puntos. Triple de Sada, hasta Victor se atreve ante la nefasta defensa exterior del Pamesa. Acaba el primer cuarto: 14-27. Esto va a tener que cambiar mucho si el Pamesa quiere volver al Palau.

 

Pero no sólo no cambia sino que el dominio azulgrana se convierte en tiranía, asentada en un espectacular acierto desde la línea de 6,25. Hasta once triples (de 15 intentos) convierte el Regal Barça en la primera mitad ante un rival desorientado y ramplón, que va camino de encajar una paliza histórica. El marcador del descanso es digno de unos cuartos de final de la liga rusa: 24-53.

 

Las cosas continuarían por los mismos derroteros en el tercer cuarto, con el Barça engordando su ventaja hasta más allá de los 30 puntos. Ha llegado a ganar de 37 (37-74), me apunta Héctor desde el salón. Yo hace rato que estoy en la cocina, preparando la cena y fantaseando (de vez en cuando me acerco al ordenador) con un inesperado viaje de semifinales a Las Palmas.

 

Pongo los platos en la mesa a tiempo de ver el resultado final y de escuchar la sonora pitada con que la Fonteta despide a su equipo. Los playoff a tres partidos dan margen a la sorpresa, pero las más de las veces no hacen más que confirmar lo bueno y lo malo que han apuntado los equipos durante la temporada. El Pamesa se vuelve a quedar este año castigado sin postre, mientras que el Barça vuelve a caminar firme, tras su traspié (que no tropezón) del domingo, hacia la copa y el puro.

El Unicaja queda contra las cuerdas y Regal Barça y Tau salieron vivos de milagro. La puesta en acción del Playoff 2009 dejó en evidencia la peligrosidad del formato a tres partidos. Los tres favoritos acusaron una presión muy superior a las de sus rivales y los malagueños, terceros de la fase regular, han condicionado seriamente sus opciones de seguir adelante.

 

Centrándome en lo que me toca, voy a intentar explicar lo que pasó en el Palau Blaugrana. El resumen podría ser el siguiente: si el Pamesa no logró sorprender al Regal Barça no lo hará nunca. El equipo de Xavi Pascual jugó seguramente su peor encuentro de la temporada, fue de más a menos, se equivocó en los momentos clave y aun así se llevó la victoria. Y sólo porque el Pamesa es uno de los equipos más inocentes y con menos instinto asesino que he visto en los últimos tiempos.

 

El Regal Barça, que desde los primeros compases disfrutó de una ventaja superior a diez puntos -que llegó a ser de 17 (30-13) al inicio del segundo cuarto y de 16 al descanso (46-30)-, se quedó clavado en el último período, en el que sólo fue capaz de anotar una canasta de dos puntos y cinco tiros libres. El peligroso despiste al que me refería en la anterior entrada de este blog se había producido. Los azulgrana no estaban jugando bien y a pesar de todo mantenían una cómoda ventaja sobre su rival. A la que el Pamesa apretó un poco en defensa y Albert Oliver, un día más el mejor de los suyos, decidió que la victoria no era imposible y clavó dos triples seguidos, al Barça se le aparecieron todos los fantasmas. Cortocircuito mental, muñecas de mantequilla, piernas de plomo, ¡CANGUELO!...

 

Era el momento de que la afición echara una mano pero también andaba bastante despistada. Muchos no se habían percatado de que se trataba de un encuentro crucial (como lo será el primero de semifinales si el Barça acaba pasando) y prefirieron irse a la playa o a tomar el aperitivo a la Barceloneta. Media entrada en el Palau (4.300 espectadores) el día en que puedes echar por la borda la temporada. Despiste monumental.

 

La suerte para el equipo de Xavi Pascual fue la falta de carácter de su rival, que desaprovechó varios ataques para limar un poco más su desventaja e incluso para ponerse por delante. El Barça continuó haciendo regalos hasta el final (ataques espesos, tiros libres fallados) pero el Pamesa no supo capitalizarlos. El tapón final de Basile a Rafa Martínez fue el justo castigo a su candidez.

15/05/2009

No me ganaré la vida como adivino ni tampoco como pronosticador. Hace poco recomendé en un artículo apostar contra el Regal Barça en el partido por el tercer puesto de la Final Four de Berlín. Espero que nadie me hiciera caso porque como todo el mundo recuerda el equipo de Xavi Pascual supo sacar la cabeza del hoyo anímico en que le había dejado la semifinal contra el CSKA y acabó barriendo de la pista al Olympiacos.

 

Pero como soy cabezota y me cuesta aprender de los errores, voy a recuperar la bola de cristal en este arranque de los playoff ACB. Lo siento por el Pamesa y por Manuel Llorente y por Juan Roig (algún día en Valencia tendrán que hacerle un monumento), pero el Barça estará en semifinales. Todos los indicios están a su favor, empezando por la trayectoria y el juego exhibido por unos y otros esta temporada y acabando por los precedentes de este curso, dos victorias azulgrana más que claras.

 

Sobre la pizarra no veo la manera en que el Pamesa, instalado permanentemente en un quiero y no puedo, sea capaz de hincarle el diente a este Barça, tremendamente superior bajo los aros y también mucho más efectivo desde el exterior. Sólo se me ocurre un camino para que el equipo de Spahija llegue a semifinales: que el equipo azulgrana y el Palau se despisten. Los chicos de Pascual llevan ocho días sin jugar un partido, su parón más largo en toda la temporada, y la afición vive en un estado de éxtasis tras el éxito en la Copa del Rey de fútbol y la clasificación para la final de la Champions. En Barcelona nadie habla del cruce con el Pamesa, se da por hecho que es un trámite, como lo es amarrar la liga de fútbol. Guardiola se ha cansado de repetir en las últimas semanas que eso es un grave error y lo mismo piensa Xavi Pascual, que con buen criterio ha concentrado esta semana a su equipo en El Muntanyà para ahuyentar esa posible sensación de que todo está ya hecho y para mentalizar adecuadamente a sus jugadores.

 

Ojalá los aficionados azulgrana también se den cuenta de que su equipo juega este sábado un partido crucial, que puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso en una temporada donde se han rozado varios títulos pero en la que todavía no se ha ganado nada. Sin ellos llenando las gradas, el Pamesa puede pasar de caperucita a lobo feroz. Y el cuento acabaría muy mal.