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15/05/2009

No me ganaré la vida como adivino ni tampoco como pronosticador. Hace poco recomendé en un artículo apostar contra el Regal Barça en el partido por el tercer puesto de la Final Four de Berlín. Espero que nadie me hiciera caso porque como todo el mundo recuerda el equipo de Xavi Pascual supo sacar la cabeza del hoyo anímico en que le había dejado la semifinal contra el CSKA y acabó barriendo de la pista al Olympiacos.

 

Pero como soy cabezota y me cuesta aprender de los errores, voy a recuperar la bola de cristal en este arranque de los playoff ACB. Lo siento por el Pamesa y por Manuel Llorente y por Juan Roig (algún día en Valencia tendrán que hacerle un monumento), pero el Barça estará en semifinales. Todos los indicios están a su favor, empezando por la trayectoria y el juego exhibido por unos y otros esta temporada y acabando por los precedentes de este curso, dos victorias azulgrana más que claras.

 

Sobre la pizarra no veo la manera en que el Pamesa, instalado permanentemente en un quiero y no puedo, sea capaz de hincarle el diente a este Barça, tremendamente superior bajo los aros y también mucho más efectivo desde el exterior. Sólo se me ocurre un camino para que el equipo de Spahija llegue a semifinales: que el equipo azulgrana y el Palau se despisten. Los chicos de Pascual llevan ocho días sin jugar un partido, su parón más largo en toda la temporada, y la afición vive en un estado de éxtasis tras el éxito en la Copa del Rey de fútbol y la clasificación para la final de la Champions. En Barcelona nadie habla del cruce con el Pamesa, se da por hecho que es un trámite, como lo es amarrar la liga de fútbol. Guardiola se ha cansado de repetir en las últimas semanas que eso es un grave error y lo mismo piensa Xavi Pascual, que con buen criterio ha concentrado esta semana a su equipo en El Muntanyà para ahuyentar esa posible sensación de que todo está ya hecho y para mentalizar adecuadamente a sus jugadores.

 

Ojalá los aficionados azulgrana también se den cuenta de que su equipo juega este sábado un partido crucial, que puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso en una temporada donde se han rozado varios títulos pero en la que todavía no se ha ganado nada. Sin ellos llenando las gradas, el Pamesa puede pasar de caperucita a lobo feroz. Y el cuento acabaría muy mal.