Segundo día en Varsovia y continúan las sorpresas en los hoteles de la ciudad, mientras las camas de algunos se quedan pequeñas para los jugadores de la selección o se producen invasiones de arañas, el nuestro se ha convertido en una caja de sorpresa.
Después del tema de la ducha, ahora estamos sufriendo con la conexión a Internet. Aquí es como tirar un dad, si sale del 1 al 5 no te conectas y si sale un 6 vuelves a tirar. Además, ya se nos ha averiado el único ascensor que funciona (hay otro literalmente destripado) y nos ha tocado subir por las escaleras varias veces. Claro, algunos tenemos suerte y sólo son dos pisos, pero anoche regresamos con otros compañeros y a ellos les tocó subir hasta ocho pisos... después de un buen paseo. Yo cuando llegué a planta directamente hice la croqueta y me revolqué por la moqueta hasta la habitación, jejeje.
Al final he elaborado mi propia teoría y creo que en el hotel cuando el ascensor funciona no va internet y cuando la conexión funciona es porque el ascensor se ha averiado... fijo que no hay suficiente energía para tanto aparato.
Pero como no todo puede ser malo, aquí el desayuno impresionante. Desde bien pronto aquí uno se puede pegar unos homenajes realmente interesantes. El sábado pecamos de dormilones, pero el domingo nos levantamos más pronto y nos encontramos con todo tipo de carnes, embutidos, postres, etc. Creo que la última vez que comía tanto bacon a los ocho de la mañana era para bajar la resaca que todavía llevaba de la fiesta de la noche.
Después de cargar las pilas, tocaba ir a la rueda de prensa oficial de la selección. Como siempre la FEB estuvo sensacional con los medios. Las facilidades y el trato hacia nosotros hacen que el duro trabajo sea más llevadero, especialmente por tipos como Roberto, todo un crack que siempre nos está ayudando.
A nuestra disposición estaban los jugadores situados estratégicamente en mesas. Por un lado estaba los bases, por otro los aleros y al final estaba la mesa de los pivots. A estos ya no llegué a entrevistar, no vaya a ser que algún fotógrafo tenga la mala idea de coger una instantánea mientras entrevisto a uno de ellos. Entre lo grandes que son Felipe o Marc y lo bajito que es uno la estampa puede, cuanto menos, peculiar, jejeje.
¿Y después de currar qué? Pues comer y caminar. Han pasado ya más dedos días en Varsovia y ni rastro de comida polaca. Estamos a base de italianos, Telepizza (aquí la pizza pica menos, pero la masa es más gorda) y kebabs. Varsovia está plagada de Kebabs, de hecho si me dijeran que a qué huele la ciudad yo diría que a Kebab.
Los hay de todo tipo, muchos abiertos las 24 horas y todos suelen estar llenos. Aquí hay pasión por la comida de estos restaurantes. Nosotros de momentos cumplimos con el dicho de "una y no más, Santo Tomás".
Por la tarde fuimos a la Ciudadela (un timo de paseo por lo feo del lugar) y disfrutamos de la vista de Varsovia desde el río Vístula... Impresionante. Por el camino nos encontramos a un buen puñado de periodistas, estamos creando escuela...y poniéndolos en forma porque ¡qué gemelos se nos están poniendo! De tanto correr ya los tengo como los del mismísimo Roberto Carlos. Quizá mientras andas no notas nada, lo malo es parar en el hotel, eso ya te mata e incluso nos toca hacer estiramientos, se nota que uno se está haciendo viejo.

Por la noche pudimos disfrutar de uno de esos maravillosos ratos que te dejan los torneos. Una agradabilísima cena entre periodistas con buena comida, el lugar ideal para hablar de todo, de lo divino y de lo terrenal. Con genios de la comunicación como Antonio Rodríguez (Digital+) o Carlos Sánchez Blas (Onda Madrid) uno no puede más que sentarse guardar silencio y escuchar las múltiples historias y anécdotas que cuentan. A veces un mal día puede arreglarse con ratos como los pasados en la cena, el momento ideal para desconectar de la locura que puede ser esto.
Por cierto, y hablando de baloncesto, la sensación que deja el día es que Serbia va a dar mucha guerra pero le falta un punto para vencer a España. A modo de anécdota deciros que ayer mientras entrevistaba a Víctor Claver éste se cruzó con Kosta Perovic (con tanto taronja me sentía como en casa) y apenas se saludaron, así me gusta al enemigo ni agua. Hoy toca victoria.
