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Vitoria estaba marcada. Hace un año Basile profanó el Buesa Arena con un triple letal en el primer partido de la final, un dolor punzante que venía repitiéndose desde hace años. Muchos recuerdan la remontada del Unicaja en el tercer partido en 2006, con triple decisivo de Garbajosa a 40 segundos, y desde luego nadie olvida el triple de Herreros y aquel “minuto imposible” del quinto partido de 2005, mágico para el Real Madrid y trágico para el Baskonia.

Yo estuve allí, sentado exactamente en el mismo sitio, todas esas veces que el corazón baskonista pareció partirse con la desilusión de la derrota, pero también con un nuevo capítulo épico del baloncesto nacional. La historia había deparado grandes momentos de baloncesto, gestas increíbles en esa misma cancha, ante mis ojos, pero para esas más de 9.000 gargantas no fueron hazañas sino tormentos: hasta ahora, el Baskonia había estado en el reverso oscuro de los finales increíbles. Vamos, que siempre cascaba.

Por fin, su suerte cambió. La mala suerte le volvió a golpear llevando el partido a la prórroga cuando ganaba por cinco a 55 segundos, pero en el tiempo extra encontró su hazaña perdida, ese momento único que llevaba tantos años buscando. Fue el mejor colofón posible a la machada baskonista en una resolución que pasará a los anales de la historia.

 

 

 

 

 

La final más sorprendente

La final parecía predestinada al 3-0, pero a la inversa. A un nuevo paseo del Regal F.C. Barcelona, el rey de la temporada y prácticamente imbatible durante nueve meses. El Caja Laboral llegaba con una semifinal titubeante ante el Real Madrid, una temporada llena de dudas y una plantilla inferior. En octubre, en la Encuesta Oficial a los entrenadores, 17 apuntaban entre los favoritos al Regal Barça, 12 indicaban también al Real Madrid y sólo 3 añadían al Caja Laboral a la lista, siempre acompañado de los dos clubes de fútbol. Durante meses, se ha hablado primero de liga bipolar y dominio absoluto de Regal FC Barcelona y Real Madrid, y luego de insultante superioridad del equipo blaugrana.

Ése era el contexto y es importante recordarlo. A veces, el resultado final o al evolución de los equipos en siguientes competiciones puede hacer perder la perspectiva. Y no debe ser así: la sorpresa de la final, la gesta del Caja Laboral es antológica. No sólo es que haya ganado la final, es que lo ha hecho por 0-3 a un equipo que no había perdido en casa desde enero de 2009 y que contaba con un tremendo balance de 63-5 al llegar a la final.

Antes del tercer partido, indagábamos sobre si estábamos ante la mayor sorpresa de la historia en una final. Seguramente, el 0-3 final así lo confirma: en el contexto exclusivo de una final de liga, no ha habido nada parecido. Si tenemos en cuenta el global de la liga, lo del Manresa en 1998 es insuperable, pero en una final... jamás se ha visto una sorpresa así. Éste es mi Top:

1. 2010, Regal F.C. Barcelona – Caja Laboral (0-3), por todos los motivos comentados antes

2. 1998, Tau Cerámica – TDK Manresa (1-3). La final fue quizá la parte más sorprendente de la gesta del TDK Manresa de Joan Creus, ya que la temporada de aquel Baskonia (1º de la liga regular) fue inconmensurable. Pero los manresanos golpearon primero en Vitoria y sentenciaron luego en casa.

3. 1995, FC Barcelona – Unicaja (3-2). La sorpresa no fue el campeón, absolutamente lógico, sino que el modesto Unicaja tuviera un tiro para ganar la liga y propiciase una final increíble en lo emocionante e histórica. Rozó la gloria, que llegaría finalmente 11 años después.

4. 2005, Real Madrid – Tau Cerámica (2-3). No fue una sorpresa gigante, pues ambos equipos estaban bastante parejos en potencial y posibilidades antes de la final, pero su transcurso fue tan especial que es imposible no destacarla. Una final que respiró épica.

5. 2000, FC Barcelona – Real Madrid (2-3). La “liga de Djordjevic” tenía al Barça como gran favorito pero el Real Madrid supo dominar en el primer y el tercer partido y dar el golpe definitivo en el quinto en los últimos cinco minutos, con Scott como líder sorprendente. Acabó en polémica al levantar Djordjevic los brazos en el Palau y empujarle Nacho Rodríguez.

 

 

 

 

 

El club de los finales increíbles

La historia de las finales ACB conoce ya cuatro canastas que valen un campeonato, acciones en el último partido con puro sabor a título. Éstas son, ordenadas por trascendencia desde mi humilde opinión:

1. Triple de Herreros (Tau Cerámica 2 – Real Madrid 3). El Baskonia ganaba por 69-61 a 40 segundos del final, pero perdió dos balones y los blancos reaccionaron para hacer un parcial 0-9, ganando el título por 2-3. El héroe fue Herreros, con un triple desde la esquina con poco más de seis segundos por jugarse. Fue su último partido profesional.

2. San Emeterio decide en la prórroga (Regal F.C. Barcelona 0 – Caja Laboral 3). Me comentaba ayer un amigo, experto en baloncesto internacional, que jamás había visto un jugador que buscara llevar un partido a la prórroga... y lo ganase. Su 2+1 fue tan espectacular como inesperado y produjo un estallido de euforia en el Buesa sin parangón en la historia reciente. Fue un bombazo.

3. Tomàs Jofresa le roba el balón a Montero y anota. Fue en la 1990-91 y el Joventut logró su primer título de la era ACB, 3-1 y en la cancha blaugrana. Pero tuvo además más connotaciones: la canasta decisiva fue del joven de los Jofresa al robarle un balón a Montero, que había cambiado Badalona por Barcelona ese mismo verano.

4. Kenny Simpson decide en Badalona. En la 86-87, el Barça se proclamó campeón por 3-1 al decidir sobre la bocina Simpson en Badalona. Fue impresionante, porque Simpson no era un jugador demasiado importante y pasa por ser el extranjero más barato de la historia moderna del Barça. Aun así, decidió.