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Hola a todos. Perdonad por no haber escrito antes, pero la temporada ha sido extenuante. El baloncesto, porque aún batiendo el record de victorias del club (hemos conseguido dos más que al año anterior), la verdad es que nos salvamos casi al final y eso fue muy tenso. Yo no había tenido nunca la experiencia de flirtear con el descenso y fue algo que me consumió. Además, fuera del baloncesto, mi hijo cumple un año y ¡ha sido también un auténtico agujero negro de tiempo!!! Pero estoy encantado. Con las dos cosas, eh?

El sábado, mientras el Barça y el Unicaja jugaban el segundo partido de semifinales, yo me fui al pabellón de Alcañiz a presenciar las finales comarcales de baloncesto. El presidente del club, Jorge Estopiñán, me invitó y como mis padres viven por la zona y yo veraneo por allí, pues tenía que ir. De verdad, no puedo decir nada del partido entre el actual campeón de Europa y el equipo de Aíto, no lo ví, pero sí puedo decir que me lo pasé francamente bien en el Alcañiz.

 



Descubrí un baloncesto diferente y en el que los profesionales deberíamos mirarnos de vez en cuando. Es increíble cómo personas de 50 años viven, sudan y se esfuerzan al máximo por un partido que, si bien desde mi punto de vista era un partido más, para ellos era toda una final de Liga. Eso sí lo entiendo. Luchar durante todo el año por un objetivo y al final estar a 40 minutos de cumplirlo… Claro que se esfuerzan y se animan, pero lo hacen de manera muy diferente a como lo hacemos nosotros. Para nosotros es casi una obligación, aunque casi todos disfrutemos mucho con lo que hacemos, pero para ellos es una afición, les cuesta dinero en muchos casos… Es algo increíble.

 

 

 

 

Os cuento cómo fue la tarde. Llegué para terminar de ver la final femenina, donde entregué los trofeos. De verdad que me llena de satisfacción ver cómo quieren al baloncesto y cómo luchan por el rebote con uñas y dientes las madres que luego, tiernas, les preparan el bocata a los niños.

Luego empezó el concurso de triples. Allí no tiene carritos, así que son los propios participantes quienes rebotean y preparan la siguiente tira de balones. Realmente me gustó cómo se organizan.

Después la gran final masculina. Es cierto que la primera parte no estuvo bien, le faltó ritmo, pero como me dijeron que el MVP al final lo tenía que elegir yo, pues estuve fijándome bien en todo. El descanso lo cambió todo, a mitad del tercer cuarto me descubrí apoyado en mis rodillas, vibrando con cada acierto y cada fallo. Se puso realmente interesante y casi acaba en prórroga. Al final, el equipo Optica Alfonso fue mejor y, con un final de cuarto muy bueno, se hicieron con el título.

 



Por encima de la entrega de premios, he descubierto que los no profesionales viven en el baloncesto como en las categorías inferiores, con ilusión, rabia y mucho compromiso. Así debería ser.

Y, por cierto, aunque no quiero contarlo, mi hermano me obliga. Me caí de una silla en mitad del partido y fui el hazmerreír del pabellón. No sé si mucha gente me vio, pero los que estaban a mi alrededor, alcaldesa de Alcañiz incluida, se echaron unas risas a mi costa. Por suerte, de eso no hay fotos.

Ah, y que no se me olvide. Jorge Estopiñán, presidente del Club Recreativo de Alcañiz me hizo entrega de seis botellas de aceite, pero no hacía falta, mi regalo fue pasármelo bien. Además, la alcaldesa me entregó un tamborilero típico y un libro conmemorativo.

Al final, llegué contento, me fui contento después de haber disfrutado de una tarde de baloncesto diferente al que veo habitualmente, cargado de regalos que no hacían falta, comprometido con las causas solidarias (se recaudaban fondos para la Fundación Atención Temprana) y con un ligero dolor de culo por la caída.

A ver qué os cuento la próxima vez, pero si queréis darme ideas o preguntarme algo, no dudéis en entrar en mi web: www.albertmiralles.es  y poneros en contacto conmigo.

¡¡¡Gracias!!!

 

La cocina es un mundo interesante, en el que merece la pena meterse. Eso ya lo descubrí hace tiempo, cuando tuve que emigrar, pero ahora que estoy en San Sebastián estoy volviendo a saborear lo que es eso de molestarse en preparar una buena cena. Para los que no lo sepan, aquí en el País Vasco, es habitual que los hombres se junten en una especie de sociedades gastronómicas (aquí las llaman Txokos) para cocinar alternativamente unos y otros. Pues, aunque no lo creáis, en el equipo hemos formado una.
 


La lástima es que a la última sesión no pudieran venir todos, pero los que fuimos estuvimos bien y seguro que vamos a repetir pronto. Espero que podamos coincidir más veces todo el equipo. No hace mucho nos juntamos en mi casa David Doblas, Ricardo Úriz, Sergio Sánchez, Edgar San Epifanio y yo para celebar una de esas veladas en las que, tradicionalmente, los hombres cocinan y pasan el rato. Como me tocaba cocinar a mí esta vez, pensé en hacerles una paellita.

¡Qué buena me sale! Está mal que yo lo diga, pero podéis preguntarle a cualquiera de los que estuviera allí. Disfrutamos mucho. Fue peculiar porque cada uno quería hacer una cosa. Es lo que tiene la paella. Los valencianos y los que entienden el ritual de la paella, lo saben. No es sólo hacerla y comérsela. Es mucho más. Es preparar los ingredientes, que si la bromita con los amigos, que si ahora te meto caña por que dejaste que Moss te cogiera un rebote, que si ahora me la meten a mí por fallar un tiro libre, ahora te digo que eres un patán a los videojuegos (tendría cumplida venganza tras la cena!)... Lo bueno de que haya tan buen ambiente es que permite que, una noche sin más, nos juntemos y usemos el ‘trashtalking’ los unos con los otros. Quiero decir que no aprendí a hacer paellas en los cuatro años que pasé en Valencia. Me enseñó mi padre y, por cierto, mira que estos años me he comido paellas de todos los colores (de muy buenas, de buenas y de no tan buenas, ya sabéis) pero aún no he conseguido encontrar una que esté tan buena como la que hace mi padre. Además, aunque aprendí con él, estos años le he estado dando mi toque personal.

Paella a la Albert, se podría decir. Eso sí, rica, rica, que dice Arguiñano. Realmente, mientras nos metíamos unos con los otros, la paella se iba haciendo y llegó la hora de comérsela y, después, de la paliza.

El público eran David, Edgar y Ricardo. Y los contrincantes, Sergio y yo. Pobrecito. ¿Dónde pensaba que iba? Por muy extraño que parezca, cuando juego a la consola, lo suelo hacer a juegos de fútbol, y soy, ¿por qué negarlo?, muy bueno. Pues Sergio se empeñó en que podía ganarme. Ni por esas. Él se cogió al Liverpool de Rafa Benítez y Fernando Torres. Yo al Barça de Guardiola e Iniesta…

Me sabe mal acabar sólo con cuatro palabras, pero lo siento: LE DI UNA PALIZA.

¡Hola! Quería contaros cómo está siendo mi verano. Un verano que recordaré toda la vida. No sólo por el nacimiento de mi hijo, sino porque estoy preparándome para la próxima temporada de un modo distinto. Estoy teniendo un entrenamiento rural. Ya que estoy pasando mis vacaciones en la zona del Matarraña, en Teruel, me estoy entrenando en un ambiente muy distinto al que solemos tener los profesionales durante la temporada.


Gracias al Ayuntamiento de Valderrobres, que me ha cedido todas las instalaciones deportivas del municipio para mi particular pretemporada, tengo todo lo que necesito para seguir poniéndome a punto. Eso sí, de un modo nada parecido al que tengo durante el año. Entrenar aquí es tener que olvidarse de los lujos, como veis en la foto del pabellón. Es un pabellón humilde, donde cualquier equipo no ACB entrenaría de miedo, sin problema ninguno y con una comodidad bastante grande, pero claro… Una vez te acostumbras a las calidades de jugar en pabellones de equipos ACB, pues claro, todo te parece menos lujoso. Sin embargo, he de decir que, tras unos días de adaptarme a la dureza del aro y a la pista, estoy muy contento de poder entrenarme en ese pabellón, porque eso me ayuda a prepararme en el ambiente de tranquilidad que necesito.

 


 

Además, no sólo hago entrenamientos con balón. Lo que más me gusta de estar entrenándome en esta zona es salir a correr por una vía verde. Me encanta salir a correr por la montaña, aunque es evidente que correr por la montaña no es lo mismo que hacerlo en una pista de atletismo porque el suelo no es del todo firme y porque es increíble salir a correr y respirar aire puro. Está siendo una pretemporada personal especialmente bonita. Los primeros días que salí a correr me paraba cada cinco minutos para mirar el paisaje, los puertos de Beceite (que suben, en algunos casos, hasta los 1.500 metros de altitud) y los ríos. Sólo quien conozca esta zona, o alguna parecida, sabe qué agradable resulta hacer deporte durante un par de horas a tope y, para acabar, darte un chapuzón en un río de aguas cristalinas. De verdad, si hubiera un equipo profesional aquí, me quedaría.


Pero no es así, y tengo que pensar en mi futuro. Cada día tengo menos claro dónde jugaré. Hay varios equipos interesados en mí, pero no tengo decidido qué haré. La posibilidad de volverme a marchar fuera de España a jugar está cobrando cada día más fuerza y, aunque intento aislarme de todo entre las montañas.


Por cierto, para terminar, en unos días dejaré este páramo natural donde me entreno y viajaré a Valencia, donde he elegido presentar mi web (www.albertmiralles.es) porque he pasado los últimos cuatro años de mi vida allí. La presentación será el próximo lunes 20. En los últimos días me está preguntado mucha gente por la web, y resulta que he decidido hacerla para que la gente que no me conozca pueda hacerlo mejor, que puedan estar más al día de mi carrera y, sobre todo, porque es una herramienta de comunicación muy grande. Será el lunes a las 12:00 del mediodía en The Times Avenue – English Clubbing, en la Avenida de Francia número 17. Es un sitio muy agradable donde seguro que nos tratarán muy bien y donde, además, quedáis todos invitados.


Hasta después de la presentación de mi web, que os contaré los secretos de cómo se prepara un acto así. ¡¡¡Un saludo a todos!!!

02/07/2009

Hola a todos! Los chicos de ACB.com me hablaron de hacer un blog para contar mis peripecias, pero tuve que decirles que nos teníamos que esperar, porque tenía algo urgente que hacer. Ser padre. Nos ha costado, sobre todo a María, pero el pequeño Albert ya está aquí. Antes de contaros lo poco que duermo y esas cosas, me gustaría agradecer al Pamesa y a su afición cómo me han tratado en estos cuatro años que he estado allí. Allí he dejado amigos en todas las parcelas. Tengo amigos en el club, en la afición y en la prensa. Es una gran ciudad, está creciendo y en ciertos aspectos me sabe mal abandonarla, pero tengo que preocuparme por mi familia. Hasta hace un par de semanas sólo importábamos María y yo, pero ahora también está el pequeño Albert. Y de pequeño no tiene nada.

 

Es curioso, porque se parece a mí en lo grande que es y a su madre en la cara. Menos mal. Tiene unas manos y unos pies bastante grandes y nació casi con medio metro y cinco kilos. Cada vez que lo pienso... ¡Qué pedazo de crío! Ahora, como padre, tengo una reflexión que hacer. Mucha gente piensa que los viajes en una temporada resultan duros. Todos tenemos ejemplos. Sin ir más lejos, este año para ir a Ucrania con el Pamesa. El viaje fue larguísimo, pero no tiene nada que ver con lo duro que es ser papá.

 

Sólo en los últimos días estamos pudiendo dormir de una manera decente. Ya imagino que los que tengan hijos saben de qué va eso de ser padres, pero para mí ha resultado agotador. En los primeros días, Albert Jr apenas nos dejaba parar. Las cosas típicas de los recién nacidos. Es algo divertido cuando pasan unos días y lo miras con cierta distancia, pero en esos momentos es muy duro, sobre todo porque no he parado de entrenar. Reconozco que los días en que nació, bajé un poco el ritmo y me alejé de la pista, me ha parecido muy cuesta arriba eso de entrenarme a muerte y, cuando llegaba a casa, ponerme de papá ideal.

 

 

Mis amigos se están riendo mucho de mí estos días porque, en la pista todo el mundo habla de mí como un jugador rocoso y duro, y los que han venido a vernos para conocer a Albert Jr y a María (que vienen a verlos a ellos y no a mí) han podido ver que soy un manitas con los pañales. Últimamente encesto más pañales en el cubo de la basura que canastas. No esperaba que se me diera tan bien eso de las cremitas y los cuidados con sus polvos de talco y esas cosas, pero resulta que me encanta. Es muy agradable volver a casa y sentir que hay una personita que te mira, que te empieza a conocer y que se ríe. Es algo que no me esperaba que fuera tan bueno.

 

Por lo demás, reconozco que he estado apartado del mundo con esto de mi paternidad, y que es hora de que me centre. Quiero seguir mejorando porque aún no sé dónde voy a jugar, pero sé que lo voy a hacer muy bien, porque estoy preparado. Llevo cuatro años aprendiendo cómo es la ACB, que es muy complicada sobre todo para los interiores y ahora me siento, a nivel personal y deportivo, en el mejor momento de mi vida. 

 

Además, estoy preparando mi propia web (www.albertmiralles.es), que la presentaré dentro de poco en Valencia, junto a algunos de mis mejores amigos. Será el primer paso de mi siguiente etapa.

 

Hasta pronto!!!