El "Objetivo 24" se ha cumplido, vaya si se ha cumplido. España ha estado en el "Día D", el 24 de agosto, la fecha en la que se repartían las medallas, y la ha elevado a categoría de día histórico, de leyenda.
Porque tardaremos mucho tiempo, si es que algún día lo hacemos, en olvidar el España - Estados Unidos visto en esta mañana de agosto. ¡Qué partidazo! ¡Qué emoción! Ha sido realmente impresionante y cuesta describir con palabras las sensaciones producidas por el titánico esfuerzo español: orgullo, satisfacción, alegría o agradecimiento, quizá.
Este es nuestro baloncesto y éstos son nuestros mejores jugadores. Eso es lo que hemos gritado al baloncesto mundial, lo que hemos demostrado apenas dos años después del tremendo éxito de Japón. Ni siquiera la baja de Calderón en los últimos partidos, la merma física de Garbajosa, el cambio de técnico con el torneo a la vuelta de la esquina o el flojo torneo de un hombre vital como Navarro les ha hecho bajar el pistón a estos formidables jugadores. Al contrario, se han crecido ante las adversidades y vuelven a casa con una plata que sabe a oro, con una final que nunca olvidaremos.

Posiblemente éste sea un momento de emociones dobles, contrastando la alegría del partidazo español con el más que probable adiós de alguna de las estrellas. Difícilmente veamos este mismo equipo en 2009, quién sabe si en algún torneo futuro. Todo indica que se retira Carlos Jiménez, el hombre de las seis medallas, y Pau Gasol ya ha dejado entrever que el año que viene no estará en el Eurobasket de Polonia. Ojalá cambie de opinión, él y otros que se lo puedan estar pensando, porque queremos seguir en lo alto y teniendo alegrías como ésta.


