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Valladolid
Celebración del ascenso (cbvalladolid.com)

Vale que cuando bajas de la ACB te conviertes automáticamente en candidato al ascenso. Vienes de una estructura fuerte, teóricamente te urge subir, a lo mejor andas mejor de dinero que los otros equipos que llevan unos años en la LEB. Pero no era exactamente el caso del Valladolid el pasado verano. Había una indisimulada depresión alrededor del club, como si descender del "Olimpo" de la mejor liga de baloncesto de Europa fuese un golpe demasiado duro de encajar. Estar en la ACB desde su fundación y bajar debe ser un plato muy difícil de digerir.

 

Así es que apareció Porfirio Fisac por allí, dispuesto a volver a tejer la confianza en el Pabellón Pisuerga, a revitalizar a la afición baloncestística con un grupo de jugadores que, teóricamente, aparecían un escalón por debajo de otros aspirantes a subir. El Valladolid estaba bien, pero no era un "dream team". De hecho, la plantilla con la que se inició la temporada era corta, aunque tenía a su favor tener bien apuntalados puestos claves: muchas opciones para subir la bola (Puyada, Chris Hernández, Dumas) y tipo que se pone ciego a coger rebotes cada vez que viene a la LEB, Robert Battle. En el papel de cañonero, Van Lacke, aunque faltaba algo más de tiro exterior, aparentemente.

 

De hecho, la temporada no empezó muy allá. A la altura de la octava jornada, los pucelanos habían perdido tanto como habían ganado (cuatro y cuatro) y la sensación de que era una temporada de transición se extendía. Derrotas como la del Vic en casa amplificaban esa perspectiva, desde luego nada halagüeña. Pero algo cambió ahí dentro y en las siguientes 25 jornadas hubo únicamente cuatro derrotas más, incluyendo dos rachas de siete victorias seguidas. La llegada de Dan Grunfeld mediada la campaña añadió tiro exterior a un equipo que funciona como una máquina fanática a nivel defensivo y que es experto en cerrar los partidos lo antes posible, no dando demasiada opción a finales igualados.

 

La victoria del viernes ante el Ford Burgos y la sorprendente derrota del Melilla ante el Illescas en casa adelantaron un desenlace que se barruntaba durante buena parte de la segunda vuelta, sobre todo después de que el Lucentum Alicante sufriese un repentino derrumbe. Ahora es momento de disfrutar y de pensar en la próxima temporada mientras que otros ocho equipos se disputan la otra plaza de ascenso. Por cierto, para el que no lo sepa, la fase final será en Fuenlabrada este año.